miércoles, 10 de junio de 2009

De angustias, misterios, sobresaltos

Pablo Mora



A Emilio Figueredo Planchart



Venimos de las mismas veredas o las mismas Romas. Cada quien tiene sus giros, sus Girardi. Importante no tenerle miedo a las ideas. Cuidar cada quien sus impresiones. Ir libre por las calles. En el caso del poeta, misión delante, se vale de un lenguaje esencialmente imaginativo, alejado de los parámetros meramente explicativos, dentro del ámbito de la fantasía en aras de una soledad aparentemente atenta. A partir de un conocimiento de sí mismo, persigue una identidad o conciencia colectiva. De repente toma cartas en el acontecer inmediato y produce algún documento afrontando tal o cual imperio o régimen nacional. Estamos, entonces, ante la eterna polémica en torno al compromiso del escritor o la poesía comprometida.
Yendo del sinfronismo, el deseo de sueño, tratando de proponerle adivinanzas o prepararle trampas al tiempo que se esconde en los pañuelos; evadiendo tanta horripilancia, odio, guerra, ansiando la inmortalidad desde que el día amanece, al poeta le da por el compromiso: por ser un soldado armado para protegerse de la muerte con pistolas cargadas, capaces de hacer que cada hombre tenga que inventar cada día su propio día, como a Sartre gustaba.
Ciertamente, el poeta entiende que la palabra está hecha para: Defender la luz del mundo. Ver los árboles. Oír los pájaros. Caminar entre la gente y saludar al sol profundo que brilla en el corazón de los humildes. Mirar el llanto oscuro que hay al fondo de todos los rincones. Verse en el que tiene más de mil años de pedir pan y sueño, en el que no tiene camino que seguir, en ese corazón asomado al espejo de sus enigmas. Detenerse a la orilla sangrante de una lágrima. Acercarse a los que sueñan o sollozan, o tienen hambre y sed bajo el cielo. Adentro de las pequeñas casas de cartón, escuchar el sonido de las lágrimas. Dar con la definitiva claridad del hombre. Irse noche abajo perdido entre las piedras y las flores. entre las sombras y las nubes.
Comprende perfectamente que urge: Limpiar el poder cuando corrompa. Vigilar mientras todos duermen. Unir lo posible con lo imposible. Mantener abierta la palabra. Sacar la flor de las cenizas. Llevar el infinito a cuestas. Salirle al paso a la mirada. Alentar todas las formas. Alumbrar la maravilla. Encender relámpagos. Asombrar al tiempo. Descubrir el secreto. Sentir las sombras. Fundar los sueños. Salvar al hombre. Amar al viento. Decir verdad. Seguir puntualmente al sol. Sentarse en el lugar del hambre. Acordarse del viaje hacia la sombra. Dar tiempo al camino a que regrese. Despertar a latigazos el silencio. Mantenerse como un latido. Llevar a peso las palabras. Reinar sobre la muerte. Revivir cada día. Salvarse juntos. Festejar la vida. Cambiar la vida. Transformar la vida. Asolear la eternidad. Hacer más vivo el vivir. Llegar vivos a la muerte. Dar con la antigua trocha de la paz. Salvaguardar al hombre que florece, la lumbre lubricante de la piedra, la huella que nos lleve al alumbraje. Sentir la muerte girando en los talones. Sentirla girando en los Guantánamos. Sentirla cagando en los hambrones. Hacernos solidarios. Morir de asombros. Descargar nuestros almácigos. Dar con los sueños que inventamos. Vivir mientras el alma nos suene. Morir cuando la hora nos llegue. Ver regresar la primavera. Pasar a tiempo la palabra. Rebelarse contra la muerte. Florecer sobre la tumba. Celebrar la soledad, la lluvia, los caminos...
Quiere hacer corpórea la nada —estupor encarnado, relámpago que te ladra y se apaga, furiosa pasión por lo tangible—. Ser a través del otro. Partirse y abrirse para el otro. Desgarrarse con y para el otro, ser. Hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse. Recoger la palabra. Reverenciar el silencio. Convocar la palabra del otro. Una palabra liberada, purificada, primordial, esencial, resolutiva, signo del ser, una palabra-ser. Indagar, buscar, inventarle explosiones a la palabra. Darle rienda suelta a la palabra. Que la palabra revele el porvenir.
Palabra por palabra, le interesa decir lo que piensa, con la seguridad del sabio, la transparencia del niño o el alarido de los locos. Reconocerse con el otro al encontrarse con la palabra. Sacarla del baúl de nuestras vidas para empezar a compartirla, adulta, fraternal, con el soldado, la patria y la arboleda. Rasgón, terrazgo, espada, triza, tajo; cópula, ramazón o ramalazo, las palabras compiten, competen y complotan. Únicas capaces de recuperar al hombre, aventar la noche, inventar el sol o convocar al vino.
A pesar de la miseria o la grandeza humanas, caña pensante todavía, crédulo o incrédulo, tímido o temerario, ángel o bestia, antes que confesar su miedo o impotencia, se empeña en hablar de una vez para mañana. Pronunciar la palabra decisiva que la vida y la historia nos vayan enseñando. Envueltos, los poetas, en subversiones y versiones, marchas y contramarchas, dan con la palabra necesaria, verifican y Confirman que la civilización no es más que una injusticia armada. Que la poesía es una insurrección. Que el poeta no se ofende porque le llaman subversivo, cuando le dicen insurgente.
Estando así sus miras, la fidelidad del poeta a una u otra concepción política, pasajera, deja de ser determinante para el ejercicio de su papel creador al interior de su libre albedrío, en la perenne lucha por sus propios sueños. Antes que cómplice inútil de cualquier trastienda, antes que falsear la realidad alegremente, antes que hacer de su obra una mera naturaleza muerta, enarbola en alto la fogarada de sus sueños.
Lejos de pensar como Napoleón que la política es el hado, sabe que en cuanto el poeta se mete en política, ¡adiós poeta! Es J. W. Goethe quien lo precisa: “En cuanto un poeta pretenda actuar en política, tendrá forzosamente que entregarse a un partido, y tan pronto como eso haga, se habrá perdido ya el arte. Tendrá que despedirse de su libre ingenio, de su visión de las cosas, desenfadada y libérrima, para encasquetarse hasta las orejas el gorro de la limitación y el odio ciego.”
“Conciencia Colectiva” en cuanto que su vida y obra “se ajustan a su significación histórica, en la medida que parece resumir los logros, avatares y condición de los intelectuales y escritores latinoamericanos” ( Jorge Etcheverry ), Pablo Neruda es un claro ejemplo de esta limitación y este odio ciego.
Así, en Canción de gesta (1960), exaltación de la revolución cubana y saludo expectante a la revolución continental, demuestra, como el mismo lo admite, que se trata de un libro, de un arma directa y dirigida, una ayuda elemental y fraternal que entrega a los pueblos hermanos para cada día de sus luchas, convencido de que asumía una vez más y con orgullo sus deberes de poeta de utilidad pública. Otro tanto ocurre con Incitación al Nixonicidio y Alabanza de la Revolución Chilena (1973) donde, a nuestro parecer, pareciera no hallarse el padre otoñabundo de otros días y otros libros. Neruda mismo se adelanta a respondernos: “Pongamos frente al paredón de la Historia a un frío y delirante genocida.” Con la artillería poética por primera vez puesta en acción, nos recuerda: “Ha probado la Historia la capacidad demoledora de la Poesía, y a ella me acojo sin más ni más.” Definitivamente, estamos delante de un libro en el que antes que ambicionar la delicadeza expresiva, metafísica, el autor echa fuego hasta por las orejas, en la esperanza de que, refiriéndose a Nixon, “el deber de la poesía es convertirlo, a fuerza de descargas rítmicas y rimadas, en un impresentable estropajo.”
Pensamos que esta obra de Neruda, canción ofensiva y dura como piedra araucana, demuele por completo al Presidente sanguinario, al criminal ardiente, al genocida de la Casa Blanca. Con todo y todo, horadando y horadando a Nixon, el furioso, el lejano chacal indiferente, a verso limpio y corazón certero, esta obra sin duda alguna estará en la mira de la poda crítica que en camino sobre Neruda venga, pues estamos indiscutiblemente delante de una función efímera del bardo araucano, que nos lleva a recordar la reflexión goethiana: En cuanto el poeta se mete en política, ¡adiós poeta!
Pensamos en tantos poetas nuestros que por mezclarse en las luchas de los partidos políticos, junto a uno y otro asesinato, fraude, dolo, corrupción, efusión de sangre, masacre, contubernio o conchupancia, terminaron siendo devorados por la política. ¿Acaso Andrés Eloy Blanco, Alirio Ugarte Pelayo, Héctor Mujica, Miguel Otero Silva no los devoró tal manigua o tal patraña? Importante mantener la sangre fría a pesar de que nos hierva dentro. Ser firmes en nuestro propósito. La voluntad es inquebrantable cuando se tiene fe. Nada ni nadie debe desviarnos de la ruta que nos conduce a lo inexorable. (Emilio Figueredo). Cada quien debe guardar muy adentro y muy bien sus impresiones, sus propios sentimientos, angustias, sobresaltos.
De rondón, nos viene el albatros de Baudelaire: “Como el rey de la nube es el poeta:/ burla al arquero, cruza el mar pujante, / y no puede, proscrito en el planeta, / caminar con sus alas de gigante.” Lejos de toda pequeñez, sin falsas pretensiones, sin necias suficiencias, sin fatuas nimiedades, el poeta, con la fe del proverbio latino, parece decirnos: Aquila non capit muscas. Representante del misterio, del enigma, del asombro y del insomnio, vigila que vigila, el poeta no cesa de preguntar y preguntarse:
Cuándocon qué fuerzade qué modo asumirnuestro destino
No nos resta sino evocar nuestro CREDO: Creo en la locura de los pájaros, en la fresca escarapela de las sombras, en el risueño misterio de la tarde. Creo en que jamás la canción tuvo punto final, convencido de que la existencia no es más que un plagio y de que los poetas escriben las mismas cosas con uno que otro colorido.
Creo en esa continuidad profunda que, de siglo en siglo, traspasa de poeta en poeta; que sólo existe un poema y un poeta y hasta una sola palabra para quienes existen, existieron o existirán. Creo que “nuestra poesía no es nuestra, la hacen a través nuestro mil asistencias, unas veces agradecidas, otras, inadvertidas”.
Creo en la POESÍA, SOCIEDAD ANÓNIMA. En que nadie es nadie, salvo nuestra salvación en la obra común, en el canto coral que ilumina la esperanza. Creo en el equipo de cuantos nos precedieron, nos acompañan y acompañarán. Creo que hay un desconocido que me habita y habla como si fuera yo mismo. Creo ser otro con los otros, de los otros, en otros: seguir, seguir flotando.
Creo que nunca se está solo. Represento a cualquiera y al yo en que a veces creo. Los unos somos otros y todos juntos nadie. Digo: solos, no somos nada, nadie; juntos, inmortales. Me descubro en los otros y los otros son uno.
Intento encontrar otro párrafo. De añadirme a otro párrafo a continuación del punto final de mi ataúd. No entiendo por qué escribo estos versos si sé muy bien que otros los escribieron por mí. Tampoco yo sé bien quién habla en mi conciencia. Me llamo Pablo pero soy Pablo no sé que ni quién. Creo que estoy vivo todavía bajo el granado trigal de la noche insomne, rumorosa de viento alto y de luceros.
Creo en la POESÍA, SOCIEDAD ANÓNIMA. En la obra colectiva y anónima, aún en ciernes, transformando y creando conciencia impersonal.
Creo que habrá de haber lugar para la Poesía, si no quieren pueblos y hombres sucumbir.
El poeta vencerá. Vencerá la Poesía.

Jaculatoria patria

Pablo Mora



La vida nos acechanos remeda hamaca enreda amarra
amasa enselvainsomnia y nos enlluvia

Freddy Pereyra


rézame embrújame céntrame concéntrame tómame madrúgame canélame entrebáilame tenme entiémpame empiélame empléame entrepiérname envuélveme aprisióname elígeme tempráname encandílame claréame lévame llámame cállame diferénciame recórreme distíngueme enyémame enjuévame ábreme recíbeme átame desátame persígueme arrópame suspírame ladérame agítame nicotíname acósame dientéame resucítame circúlame madérame acúname vientréame siénteme encímame enséñame ensiéname líbrame galópame azúlame hembréame hermáname mañáname espíname acéchame hamácame amárrame pubísame avísame amásame ensélvame enrédame abrígame lámeme alméame enciéndeme saetéame estoquéame insómniame enllúviame alégrame emborráscame ventájame enhójame deshójame enrámame
ármame desálmame amórame arómame achíname enchínchame enlúname resábiame aguitárrame astíllame ampárame enrúmbame embálame enrámame recórreme empálmame enmúgrame encuéntrame enlúchame encúbreme estréllame asómbrame desgárrame enguérrame siéntame arrodíllame sujétame carcélame cabálgame revélame aquiétame afírmame enceguéceme marinéame rásgame arrincóname enzaguáname aléjame azuléjame azafráname luciernágame castáñame coróname corazóname espárceme arbólame puéblame algazárame avelláname alborózame conténtame camíname gózame estrújame ultrájame bullaranguéame desgárrame esperánzame golpéame lácerame quémame guerréame fréname desenfréname acentúame extenúame persígname apresúrame jardinéame solápame
endiósame endiáblame cascájame encántame hechízame solicítame necesítame neblíname charáguame charángame escopétame agállame visióname engáname enrúlame cópiame cronópiame defiéndeme declárame inclúyeme fortaléceme inclíname ordéname álzame levántame despiértame espúmame empúñame respírame acométeme resóplame retúndame enarbólame volcáname oriéntame irrádiame aguíjame llégame abúndame felíname preténdeme absórbeme torréntame fecúndame escárbame abalánzame enráyame broncéame embróncame revuélveme titáname enmárchame esgrímeme desencadéname yérgueme víbrame truéname atorbellíname échame deséchame entiérrame destiérrame desentiérrame empátriame sálvame

Madrid de marzo en gota roja

Pablo Mora



En llamas en guerra sitiada De muerte sin alba sin falda agostada Sin hijos en sangre sin cara de lejos de tarde morada Sin velos mañana bandera preñada sin niños humana alada Sin modo ni cuándo sin fuerza crispada albar alzada llegada atada Esclava cañada garganta en casa dormida prendida matanza estocada Hazaña alcoba posada gallarda oronda llagada vendada De espaldas cegada con rabia chillando en sombra herida armada Ventana de viaje acera mandada Ay murientes por tu espada Hoy dolientes por tu herida
Furiosa distinta en paños desnuda seguida arbolada En lágrima en lucha sin clases labrada En bragas en calle en bala hincada asediada Ceniza sin habla en armas en urnas en tumbas celada En misa de prisa en brisa de tiza de liza albada De caza suntuosa gloriosa violada A solas del Sol maldita al arma pobreza con hambre con lumbre legumbre alumbraje costumbre tristumbre asonada Cristal inglesa de rifle salvaje paisaje coraje sin manto sin traje jornada Amarga herida lejana vecina en llanto atada Patraña pregunta calaña respuesta cabaña bosque buscada Ay murientes por tu espada Hoy dolientes por tu herida
Sin manos tendida lacerada soñada Con uñas con pies con codos a trozos a tajos de golpe afueras trincheras esquinas celadas Al hacha en soga paloma en medio doblada De triste de amores sin luna blindada rampante empinada De rabia espiga querella sin tregua de vida debida con vida en ruinas al mapa de escombros de máscara al cielo infierno sin dueño plegaria campana quejido lamento cuartel muchacha mujer mortaja postigo mañana calada Sin miedo hirviendo gritando subiendo bajando cruzando ardiendo crujiente oyendo creyendo leyendo mirando callada Presente futura otoño madura menguada Cercana nacida la madre la hermana soldada Encinas pinares los signos asombros los muertos la helada Los moros las diosas las sombras los dioses los ojos las caras las señas el sueño el tallo la piedra cascajos acedias tejados amante despierta acerada en prosa en gota rota Ay murientes por tu espada Hoy dolientes por tu herida
Estrella gitana flamenca granada Madrid España españas empaña entraña espada Madrid maraña a secas de cara descalza de frente azulada Madrid Atocha Madrid el Hombre Madrid Plural Madrid la Fragua Madrid la Torre Madrid Palabra Madrid Ahora Madrid Entera Madrid Granada Madrid Castilla Canaria Juntada Madrid Guernica Madrid Sevilla Madrid Vigilia Madrid de Marzo Ay murientes por tu espada Hoy dolientes por tu herida
Madrid amiga insomne paz manchada Pasante o paciendo Osa y Madroño Madrid andén Madrid mirar mirada Mirad España rota Mirad España Mirad Madrid Miradla

A San Cristóbal, en sus 443 años de fundada

Pablo Mora


Tierra hecha luz para fijar sendero desde el hondón del pedestal andino. Regazo de emoción al peregrino bajo la mar brumosa del lucero. Manojo en flor. Alforja y alfarero para el tenaz troquel de su destino. Gruta de luz. Verdor azul marino. Colina de esperanza, aljibe, alero. Semilla germinada en la espesura del surco campesino. Pentagrama vegetal entre notas de blancura, donde se funde en musical proclama el himno esplendoroso de su altura fraguado por su fértil panorama. Emporio palpitante de hidalguía. Fecunda espiga de raigambre hispana. Azul recodo que el amor hermana en cauces de sonora poesía. San Cristóbal de bruma y serranía para colmar de envidia la sabana, la del frondoso valle que desgrana el manantial lunar de su alegría. Suelo apacible de risueño cielo para enjugar el llanto de la brisa. Comarca para el temple del anhelo donde el afán humano se desliza y se trueca el amor por el desvelo. Ciudad que con los siglos se eterniza. Gallardo surtidor. Altiva antena erguida en el temblor de su paisaje. Esparta por la espada y el coraje con sangre de martirio entre su vena. Marcial campana. Índice que ordena campañas Admirables en su viaje para rasgar la noche del ultraje cuando la patria en gritos se encadena. Al irrumpir tu aurora a ras del día entras en el estruendo de la historia por trochas de tambor en rebeldía. Y vibra en el clarín de tu victoria el numen de tu fresca bizarría por los cálidos aires de la gloria.
Yo sólo sé que soy de tu montaña. De donde son las rocas, los caminos. De donde ruge por la noche el frío sobre escarcha de musgo y de neblina. De donde brota el aire, mensajero del manantial dormido en la espesura. De donde traza surcos el arado hasta llegar al corazón del hombre. De donde brama ˜monstruo de la noche˜ y estalla de furor entre las cumbres la tormenta feroz del ventisquero. Pariente de estos seres diluviales, también el hombre en las alturas mora. Yo solamente soy de tu montaña. Aire de abril para mi luz andina, para mi cafetal, para mi aldea, florida de tristeza y conticinio, de soledad, de musgo y de vereda. Abril, amor, para el tejado azul, para el zaguán también adormecido de esperar tu presencia azul marina y las fugas de amor en primavera. Desde niño anhelaba tu color: el de mi cerro y mi colina azul, cabalgando risueño por el cielo. Aire de abril, amor, para la lluvia, trenzada de neblina aquí en mi aldea. Abril por fin para nacer contigo.
Manuel Felipe, ya nadie apacienta ningún sueño detrás de los rebaños; los viejos cántaros nos son extraños así el crisol del horno los presienta. La neblina quizás apenas sienta la ausencia de los sueños aledaños y en el rojizo almendro de tus años tal vez ningún turpial ya ni se asienta. Tal es el precio de la vida, hermano: echar un barquichuelo en la quebrada, echarlo de mañana, bien temprano, luego irse con la tarde alucinada y estarse con la luna de la mano para caer en cuenta de la nada.

Lámparas en el túnel

Pablo Mora



Quaerite ergo primum regnum Dei, et iustitiam eius: et haec omnia adiicientur vobis.
[Mateus 6.33].

al principio fue el caos la tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la luz del abismo pero el espíritu de dios se cernía sobre la superficie de las aguas dijo dios haya luz y todavía envueltos en la noche seguimos esperando
importante una almohada donde recostar el alba recuperar el hilván con que zurzamos el espacio de la caída donde vida sea arte arte vida fija la mirada en el libreto asomarnos al canto de los árboles escuchar el aplauso de los pájaros acabar con el vértigo la urgencia acabar con la guerra que nos cruza con la noche que nos cruza con el hambre que nos cruza paridora de soles cruce el alba acabar con la crisis que nos triza con el caos que nos acosa con el caso del ocaso con el saco de la cosa con el asco del ocaso que te acosa con la tisis que nos crispa acosar al caos al ocaso de las cosas pasto sea de demonios el asco de los dioses el alba un día sea inevitable la fuerza del grito la sombra del silencio la palabra de pie como el rocío noche esclarecida de azul mañana que la fe vislumbra todo ocaso va viene se repliega caos cosa caso asco saco acaso acoso
grabar el sueño entre los árboles desentrañar los secretos al asombro estar en el centro de la vida de por vida tener mucha imaginación para ver la realidad asumir absurdos enigmas laberintos y zozobras perpetuar la gloria del mundo en un grano de maíz mantener la espada en la trocha que corresponda abrir compartir la luz al mismo tiempo que la noche oscura encender lámparas en el túnel de la infamia enloquecida empuñar las manceras del arado en el lugar apropiado en el momento apropiado y en la circunstancia apropiada
allí donde no había cielos ni tierra estaba el verbo y el verbo se estremeció y de sí creó universos divino poder divina majestad grande relación de los días comienzan los días reláfica que despertó consciente ¡menudo verbo! Despertó la tierra despertaron los árboles despertó la palabra en el verbo cuenta por fin creado el tiempo cuentan los días y las noches las nubes existen el verbo esgrime palabras de piedra sacrosanto verbo tifón de tiempo verso y verbo palabra y flor todo en un orden empieza por el centro orden divino acento primigenio sale entonces un primer sol y siete soles pueblan un solo cielo siete cielos poblados cada uno de siete soles y desde entonces cada trece días siete cielos nuevos desde y hasta el infinito hablando en voces de preguntas se abren las manos en medio de la tierra y se entendieron y se unieron y se llenaron los campos y las montañas abrieron sus caminos y sucedió y es cierto que los valles dormidos despertaron y los ríos penetraron el corazón del valle y los de las montañas y hablaron los ríos el océano brotó de una de las apasionadas conversaciones entre el río y la montaña y de agua se poblaron las tierras el caldo prioritario calentó las calderas del tiempo y grano a grano se desliza la vida primera candela de conciencia sonidos y silencios sumidero del espacio por allí escapa el verbo su invención es casi inmortal y si no hay viento es necesario crearlo entonces verbo hace viento sucede que viento no muere y viaja y se anima y nacen todas las cosas los animales enjambres de cosas para el verbo carne fuego sangre agua luz sonidos metal músculo cerebro sueño creación universo
todo átomo de todo cuerpo atrae a todo otro átomo tanto de su cuerpo como de cualquier otro con una fuerza que varía en razón inversa a los cuadrados de las distancias entre el átomo atrayente y el átomo atraído energía compartida danza de electrones se trabaja crea se recrea en intercambios simétricos de compartida sinergia estructuras disipativas nada fijo todo flujo repentino reordenamiento interactivo selección natural nueva entidad irreversibilidad acontecimiento posibilidad orden a través de la fluctuación interacción conocimiento tácito en lo más hondo la verdad cada palabra en las demás ˜dios es una letra˜ en un hombre todos los hombres formando el universo desde una misma butaca viviendo la vida homología fundamental fluir de la energía lo repentino y nuevo el contacto locura circular a la intemperie compleja realidad del universo áreas comprometidas disponibles para un futuro no programado distorsiones de cualidad trama encantada al azar al margen de la conciencia nadie escoge adivina termina adivinando
ver lo que todos ven y nadie piensa recuperar recuerdos palabras expresiones ideas sucesos imágenes cantos galerones melodías escudriñar activamente los dispositivos abiertos semiabiertos reconocibles (in)imaginables tocar el cerebro como se toca el piano expresar las ideas con palabras y oraciones adecuadas lejos de todo guirigay sampablera baturrillo papiamento comprobando adelantando avanzando retrocediendo evaluando juzgando ponderando descomponer el contenido en palabras-pasos simples comprensibles traducirlo en lenguaje propio que algo diga a quienes permanecen en otro mundo estén dormidos o sigan durmiendo dar con el hallazgo intuirlo en el reposo después del insomne largo rodeo duro laborioso en fecunda fructífera tormenta demostrar la superioridad del deslave subliminal ante el consciente porque el yo crea su cerebro ˜producto de la mente˜ mientras más fe tengamos en nuestra mente mejor trabaja preocupa tanto mutilar castrar el pensamiento divergente no aceptar la oposición lógica fundada neutralizar al desestabilizador anárquico sancionar la discrepancia razonada desorden caos sinsentido el que canta fuera del coro desentona aun cuando sea el único entonado importa con plena libertad mental crear la imagen la metáfora ˜su reino su justicia˜ lo otro lo demás ha de venir por añadidura

Sociedad del Conocimiento

Pablo Mora


Entre las fuentes primordiales del poder social: la violencia, la riqueza y el conocimiento, recayendo en este último la clave de poder de más alta calidad, lo que hace que su atención y redistribución sea más que fundamental. Frente a la riqueza económica y la fortaleza militar, el trípode del poder se afianza sobre todo en el conocimiento. Tal como lo advierte Francis Bacon: “El conocimiento en sí es poder.” Lo que hace que Alvin Toffler concluya en que el conocimiento será la clave del crecimiento económico en este siglo XXI. La clave del “Cambio de poder” al que asistimos, batalla en la que cada una de las instituciones humanas está comprometida. Entre ellas, la universidad, que desde sus inicios tuvo como misión buscar la verdad y formar al hombre a través de la ciencia para que sirviera a la sociedad, constituye uno de los epicentros indispensables de la cultura o cultivo del conocimiento al que nos hallamos enfrentados.
Mario Bunge, filósofo de la Ciencia, reivindica una Sociedad del Conocimiento frente a una de la información: “La información en sí misma no vale nada, hay que descifrarla. Hay que transformar las señales y los mensajes auditivos, visuales o como fueren, en ideas y procesos cerebrales, lo que supone entenderlos y evaluarlos. No basta poseer un cúmulo de información. Es preciso saber si las fuentes de información son puras o contaminadas, si la información como tal es fidedigna, nueva y original, pertinente o impertinente a nuestros intereses, si es verdadera o falsa, si suscita nuevas investigaciones o es tediosa y no sirve para nada, si es puramente conceptual o artística, si nos permite diseñar actos y ejecutarlos o si nos lo impide. Mientras no se sepa todo eso, la información no es conocimiento… La cantidad de información accesible es mucho mayor y la velocidad con que se la puede conseguir ha aumentado enormemente. Antes la gente pasaba horas o días buscando una información. Ahora puede encontrarla muy rápidamente a través de Internet. Pero esa mayor facilidad tiene un lado negativo, que es la sobrecarga de información. Debemos ahora protegernos contra esa sobrecarga, crear filtros para que no nos llegue tanta información mala o impertinente. Necesitamos más tiempo para reflexionar y menos para buscar información.” Ciertamente, se necesita más tiempo para la reflexión, la asimilación, la crítica, la ponderación; para reflexionar en silencio y soledad, para estudiar, para buscar por cuenta propia, para asombrarse, curiosear, es decir, escoger, elegir, investigar y conocer.
Se trata de que la universidad sea verdadera mediadora en esta Sociedad del Conocimiento, contribuyendo a la construcción de una nueva sociedad, más justa y humana, más solidaria y responsable de su porvenir, articulando razón y liberación. Empeñada en una acción decidida y eficaz en la construcción de una nueva sociedad en aras de la paz, el consenso, la participación. Dispuesta a la democratización del conocimiento, a fin de mejorar la calidad de sus servicios a los ciudadanos, donde los valores humanos —el humanismo integral— sea razón de ser de su gestión y proyección, en un mundo en constante cambio.
www.poiesologia.com
http://www.analitica.com/cyberanalitica/matriz/5795852.asp

Eco Nerudiano

Pablo Mora

Centenario de Pablo Neruda


Hijo de la lluvia, nacido para nacer, para volver a ser, debe volver y ser. Para llevar en su mano la paloma que duerme reclinada en la semilla. Para rodear con su mano la nueva sombra del ala que crece. Para nacer en los bosques de la ceniza terrestre y tejer los altos besos del follaje. Debe volver y ser. Tenderse en la noche para que lo arrastre la rabia del viento, los vientos de la noche, tenebrosa de vientos. Vientos de la aurora del viento.
Árbol de largas ramazones, con los ávidos ojos florecidos de lejanía, ilumina las palabras, con su silencio mineral de tiempo y de especie, de fuego, brasa y espíritu, de agua, estrella y dolor. Corazón de pan, de harina de trigo rumoroso, que el tiempo lava y desenvuelve, ordena y continúa, su poesía parte y regresa. En la casa de su poesía no permanece nada sino lo que fue escrito con sangre para ser escuchado por la sangre.
Su poesía regional, dolorosa, lluviosa -lluvia y humareda- tuvo siempre confianza en el hombre. Su único personaje inolvidable fue la lluvia. Fue galopando en el viento sobre el caballo de la lluvia. Su poesía, venida de alturas insondables, secreta y oscura, en sus orígenes, solitaria y fragante, como el río, busca ruta entre los montes y sacude su canto cristalino en las praderas. Riega los campos y da pan al hambriento. Camina entre las espigas, semillas para la América. Sacian en ella su sed los caminantes y canta cuando luchan o descansan los hombres.
Canto y fecundación, la poesía trabaja haciendo harina. Es una insurrección. El poeta, el hombre que nos entrega el pan de cada día; el panadero más próximo, que no se cree dios. Nuestras estrellas primordiales, la lucha y la esperanza, si queremos que florezca la oscuridad. Al poeta -nos reclama- debemos exigirle sitio en la calle y en el combate, así como en la luz y en la sombra. El honor de la poesía fue salir a la calle, fue tomar parte en este y en el otro combate. No se asustó el poeta cuando le dijeron insurgente. La poesía es una insurrección. No se ofendió el poeta porque lo llamaron subversivo. Esperamos cada día cambios inmensos; vivimos con entusiasmo la mutación del orden humano: La primavera es insurreccional.
No vivió en sí mismo; vivió la vida de los otros. Su vida, una vida hecha de todas las vidas: las vidas del poeta. Quien no conoce el bosque nerudiano, no conoce este planeta. Su ambición, una poesía que englobara, no sólo al hombre sino a la naturaleza, a las fuerzas escondidas; una poesía epopéyica que se enfrentara con el gran misterio del universo y también con las posibilidades del hombre. Con las palabras, las que cantan, las que suben, las que bajan… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen…
Su poesía, grandiosa, de dimensiones sobrehumanas. Siempre, un acto de paz. El poeta nace de la paz como el pan nace de la harina. Su poesía procede de la oscuridad del ser que va paso a paso encontrando obstáculos para elaborar con ellos su camino. La poesía -advierte- no muere, tiene las siete vidas del gato. La molestan, la arrastran por la calle, la escupen y la befan, la limitan para ahogarla, la destierran, la encarcelan, le dan cuatro tiros y sale de todos estos episodios con la cara lavada y una sonrisa de arroz.
Su camino se junta con el camino de todos. De pronto ve que desde el sur de la soledad ha ido hacia el norte que es el pueblo, el pueblo al cual su humilde poesía quisiera servir de espada y de pañuelo, para secar el sudor de sus grandes dolores y para darle un arma en la lucha del pan. No busca el misterio, es el misterio. Su poesía es parte material de un ambiente infinitamente espacial, de un ambiente a la vez submarino y subterráneo. Conversa a pleno día con fantasmas solares, explora la cavidad del material escondido en el secreto de la tierra, determina las relaciones olvidadas del otoño y del hombre.
Alta ciudad de piedras escalares. Madre de piedra espuma de los cóndores. Alto arrecife de la aurora humana. Escala torrencial párpado inmenso. Ola de plata dirección del tiempo. Campana patriarcal de los dormidos. Sube conmigo amor americano. Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta. A través de la tierra juntad todos los silenciosos labios derramados. Afilad los cuchillos que guardasteis, ponedlos en mi pecho y en mi mano, acudid a mis venas y a mi boca, hablad por mis palabras y mi sangre.
América en tu mano, Amerikúa, canto de sol y terribles presagios, noche triste de espigas y de versos negros, no se rinde la novia sumergida. En la garganta pastoril de América, en el sur los dignos antepasados de tu estirpe se remontan a las alturas de Los Andes, se codean de tú a tú con los cóndores, para encontrarse verso a verso entre tus fauces, piedra con piedra en tu mundo hijo de Wiracocha, de Moctezuma, Guaicaipuro. Estrella dulce aquella diosa india. América enterrada guardaste tanta hambre, águila herida habla con las palabras de la sangre, acude a las venas de la lucha, entre hierros y volcanes derramada la herida, se hace un silencio de agua diluido en la esperanza.
Esperó largo tiempo, solo, con el corazón acongojado por la oscuridad de la noche extranjera. De pronto apareció una luz y otra luz. El camino se llenó de luces. Presenció las maravillosas danzas rituales y escuchó hasta que salió el sol la deliciosa música que invadía el camino. El poeta no puede temer del pueblo. La vida le hizo una advertencia, le enseñó para siempre una lección: la lección del honor escondido, de la fraternidad que no conocemos, de la belleza que florece en la oscuridad.
Subió hasta las ruinas de Macchu Picchu. Se sintió infinitamente pequeño en el centro de aquel ombligo de piedras; ombligo de un mundo deshabitado, orgulloso y eminente, al que de algún modo él pertenecía. Sintió que sus propias manos habían trabajado allí en alguna etapa lejana, cavando surcos, alisando peñascos. Encontró en aquellas alturas difíciles, entre aquellas ruinas gloriosas y dispersas, una profesión de fe para la continuación de su canto. Del aire al aire, como una red vacía, fue entre las calles y la atmósfera, llegando y despidiendo. Puso la frente entre las olas profundas, descendió como gota entre la paz sulfúrica, y, como un ciego, regresó al jazmín de la gastada primavera humana.
Su poesía y su vida transcurrieron como un río americano. Su poesía no rechazó nada de lo que pudo traer en su caudal; aceptó la pasión, desarrolló el misterio, y se abrió paso entre los corazones del pueblo. Le tocó padecer y luchar, amar y cantar; le tocaron en el reparto del mundo, el triunfo y la derrota, probó el gusto del pan y el de la sangre. Su premio, ese momento grave de su vida, cuando en el fondo del carbón de Lota, a pleno sol en la calichera abrasada, desde el socavón del pique subió un hombre como si ascendiera desde el infierno, con la cara transformada por el trabajo terrible, con los ojos enrojecidos por el polvo, y, alargándole la mano endurecida, le dijo con ojos brillantes: “te conocía desde hace mucho tiempo, hermano”. Ése el laurel de su poesía: ese agujero en la pampa terrible, de donde sale un obrero a quien el viento y la noche y las estrellas de Chile le han dicho muchas veces: “no estás solo; hay un poeta que piensa en tus dolores”.
Se consustanció con su pueblo. De ahí que afirmara rotundamente: “Asumí el deber antiguo de los poetas: la defensa del pueblo, de la pobre gente explotada.” “El amor debe poner sobre la mesa sus cartas de fuego.” Aspiró a que cada uno de sus cantos sirviera en el espacio como signo de reunión donde se cruzaran los caminos. De ahí que un día y siempre se encontró con el partido, su partido. El que le dio la rectitud que necesita el árbol. Le enseñó a dormir en las camas duras de sus hermanos. Pero sobre todo le hizo ver la claridad del mundo y la posibilidad de la alegría. El que le convenció de que él no terminaba en sí mismo. Por eso, en Estocolmo declaró tajantemente:
... En la verdad o en el error, hasta sus últimas consecuencias, decidí que mi actitud dentro de la sociedad y ante la vida debía ser también humildemente partidaria. Lo decidí viendo gloriosos fracasos, solitarias victorias, derrotas deslumbrantes. Comprendí, metido en el escenario de las luchas de América, que mi misión humana no era otra sino agregarme a la extensa fuerza del pueblo organizado, agregarme con sangre y alma, con pasión y esperanza, porque sólo de esa henchida torrentera pueden nacer los cambios necesarios a los escritores y a los pueblos. Y aunque mi posición levantara y levanta objeciones amargas y amables, lo cierto es que no hallo otro camino para el escritor de nuestros anchos y crueles países, si queremos que florezca la oscuridad, si pretendemos que los millones de hombres que aún no han aprendido a leernos ni a leer, que todavía no saben escribir ni escribirnos, se establezcan en el terreno de la dignidad sin la cual no es posible ser hombres integrales.
Yo escogí el difícil camino de una responsabilidad compartida y, antes de reiterar la adoración hacia el individuo como sol central del sistema, preferí entregar con humildad mi servicio a un considerable ejército que a trechos puede equivocarse, pero que camina sin descanso y avanza cada día enfrentándose tanto a los anacrónicos recalcitrantes como a los infatuados impacientes. Porque creo que mis deberes de poeta no sólo me indicaban la fraternidad con la rosa y la simetría, con el exaltado amor y con la nostalgia infinita, sino también con las ásperas tareas humanas que incorporé a mi poesía.
Sucede que voy a vivirme -nos reitera-. Sucede que soy y que sigo. Se trata de que tanto he vivido que quiero vivir otro tanto. Déjenme solo con el día. Pido permiso para nacer. Para nacer he nacido. Para volver a ser. Debo volver y ser. Volver a ser furia y perfume. ¿Quién puede enseñarme a no ser, a vivir sin seguir viviendo? Fui de rumbo en rumbo, con calor, con frío y con prisa y todo lo que no vi lo estoy recordando hasta ahora, todas las sombras que nadé, todo el mar que me recibía… Estoy en mi sitio de siempre. Tengo un árbol con tantas hojas que aunque no me jacto de eterno me río de ti y del otoño. Yo llegaré con mi equipaje a cosechar el primer vino en los sombreros del Otoño. Alguna vez si ya no somos, si ya no vamos ni venimos, estaremos juntos, extrañamente confundidos. En América sacudida por tanta amenaza nocturna no hay luna que no me conozca, ni caminos que no me esperen… el movimiento perpetuo de un hombre claro y confundido, de un hombre lluvioso y alegre, enérgico y otoñabundo… El pueblo me identificó y nunca dejé de ser pueblo.
A puro sol escribo, a plena calle, a pleno mar, en donde puedo canto, sólo la noche errante me detiene… Y no me canso de ir y de volver, no me para la muerte con su piedra… y sé que sigo y sigo porque sigo y canto porque canto y porque canto… A plena luz camino por la sombra... Ni un hombre más que pase sin que reine. Ni una mujer sin su diadema… Creo que los que hicieron tantas cosas deben ser dueños de todas las cosas. Y los que hacen el pan deben comer! Y deben tener luz los de la mina! Y de alguna manera decidir dónde plantar los árboles, de nuevo.
Compatriotas del mundo, kinchiltunes de amor, llegó la hora del trece, calendario perfecto de los tiempos de la serpiente de plumas encantadas, hasta las hondas lejanías del guillatún. La machi está alegre por el vendaval mientras él viene del surco del sentir, llega a la tierra de su voz para cantar una canción desde sus alas crecientes.
Dice amor y el mundo se puebla de palomas. De suavizadísmos vestigios construyó con hacha, cuchillo, cortaplumas, madererías de amor y edificó pequeñas casas de catorce tablas para que en ellas vivieran los ojos de su amada, el volumen azul de su dulzura, y allí donde respiran los claveles desplegará un traje que resista la eternidad de un beso victorioso.
Algo pasa y la vida continúa, ya todo lo que falta será azul, lo que ya necesita es florecer. Y eso es trabajo de la primavera.
Nacido para nacer, para volver a ser, debe volver y ser. Como una vieja lágrima enterrada que vuelve a ser semilla.
Canelo, relámpago, raulí, siempre junto a su pueblo, su camino, su palabra, su esperanza y el azul de todo lo que falta, no tiene más remedio que vivir.
Este presente liso como una tabla, fresco, esta hora, este día limpio como una copa nueva. Álzalo. Ofrécelo a la vida. Llévalo a la calle y al jardín. Paséalo. Ponlo frente al sol. De cara al porvenir. En santa paz. Tintinéalo. Recuérdalo. Nada en él de cobarde o de maldad -del pasado no hay una telaraña-. Fanal, aurora, amanecer, camino. Un camino entre el vientre de la hoja. Camino caminando con el viento o viento deshojado en el camino.
Tocamos con los dedos el presente, cortamos su medida, dirigimos su brote, está viviente, vivo, nada tiene de ayer irremediable, de pasado perdido, es nuestra criatura, está creciendo en este momento, está llevando arena, está comiendo en nuestras manos. Vivo, en nuestras manos, echémoslo al voleo. Niño, virgen, transparentemente azul, librémoslo de mal. Dejémoslo correr. Grabémoslo, hondo, en el fogón. Cuidémosle su tino, sus ansias, ilusiones. Sus alas, todas, libres tras los cielos.
Cógelo, que no resbale, que no se pierda en sueños ni palabras, agárralo, sujétalo y ordénalo hasta que te obedezca, hazlo camino, campana, máquina, beso, libro, caricia, corta su deliciosa fragancia de madera y de ella hazte una silla, trenza su respaldo, pruébala, o bien escalera! Defiéndelo. Consiéntelo. Quiérelo. Hazlo surco, arado, sueño, cabecera. Hazlo árbol, fuego, girasol, lucero. Arroyo, fogonazo, campanada. Vereda, resplandor y compañero.
Sube en el presente, peldaño tras peldaño, firmes los pies en la madera del presente, hacia arriba, hacia arriba no muy alto, tan sólo hasta que puedas reparar las goteras del techo, no muy alto, no te vayas al cielo, alcanza las manzanas, no las nubes, ésas déjalas ir por el cielo, irse hacia el pasado. Alcanza tu mañana. Arriba! Arriba! Hacia la estrella! A ésta bájala hasta el suelo! A pesar de huracán o ventisquero, con el arma cargada de esperanza, al frente, a la vanguardia, de primeros. Álzate temprano. Ábrete camino. Sube la cima donde ondean -de noche- las luciérnagas.
Tú eres tu presente, tu manzana: tómala de tu árbol, levántala en tu mano, brilla como una estrella, tócala, híncale el diente y ándate silbando en el camino. Tú eres tu camino, tu aldabón. Ándate silencioso, fraternal. Asegura, furente, la batalla. Elévate, soldado, en el fragor. A pesar del presagio, corre, vuela, en el viento, en la sierra, en la arboleda. ¡Tú sólo eres un sol, alienta, brilla! ¡Tú siempre tu presente, sueña, alumbra! ¡Sube a nacer conmigo, hermano!
Pablo Neruda, Padre otoñabundo,Catatumbo de sangre americana,al fin el mundo supo de tu sombraal borde de tus últimos latidos.
Vástago de raigambre diluviana,interrogaste al tiempo en cada auroray frente al mar, clavada tu mirada,velaste con tu propia rebeldía.
Fueron tus resistencias permanentesy con todas las buenas intencionesregaste por el orbe tu semilla.
Camarada, araucano obligatorio,por el sol de tu sueño planetariotendrás siempre una América en tu mano.
Julio, 2004
© Pablo Mora 2004 Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid