domingo, 21 de junio de 2009

Acercamiento a confieso que he vivido

Pablo Mora
Profesor Titular, Jubilado, UNETSan Cristóbal, Táchira,
http://www.poiesologia.com




… somos arrojados a la vida y luchamos para llegar a salvo hasta el final… Escribir es como lanzar botellas con mensajes al mar: no sabes si alguien las encontrará, pero las escribes para mantener la esperanza en el rescate.
Joaquín Mª Aguirre

La única certeza, lo más alto: el asombro, el estupor, el clamor del hombre, su alarido, su asombro inextinguible, el vino, el himno de la vida: itinerario, término, confín. El olvidado asombro de estar vivos. Sabernos arpegio en la garganta de la vida, silencio acurrucado en el camino. Asombro eternamente corredor, en solidaria soledad.
Pablo Mora


El autor
Pablo Neruda (1904-1973), nacido en Parral, muerto en Santiago de Chile, una de las voces mayores de la poesía mundial de todos los tiempos. Desde el combate directo o desde la persecución y el desarraigo o exilio valerosamente arrostrados, la trayectoria de Neruda, Premio Nobel en 1971, encarna, a la vez que a un intelectual orgánico, militante, una de las principales aventuras expresivas de la lírica en lengua castellana, sustentada en un poderío verbal descomunal, inigualable, a partir de una premeditada inmersión en el mundo de las fuerzas telúricas originarias, fincadas en el suelo natal americano.
Progresivamente, entretejió su cantar con el himno amoroso, puesta su mirada en lo cósmico, sin olvidar en ningún momento la opresión y el tiempo encendido e incendiario de la lucha.
De modo que, abanderado de un superior e inconfundible lenguaje, abarca en plenitud los dolores y esperanzas de la vastedad del hombre, hasta consagrarse a la tradición más viva de nuestra suprema poesía.

Prosaísmo
Neruda siempre se propuso ser un poeta cíclico -poeta que abracara en su obra una unidad mayor- que pasara de la emoción o de la visión de un momento a una unidad más amplia. Así, fue su obra discurriendo, desde el primer intento de Crepusculario, pasando de seguidas por El hondero entusiasta -intensa pasión amorosa, insistente voluntad cíclica de poesía-.
Su ambición cíclica de una ancha poesía, que englobara no sólo al hombre, sino a la naturaleza, a las fuerzas escondidas, una poesía epopéyica que se enfrentara y conjugara, en galopante correspondencia, con el gran misterio del universo y también con las posibilidades del hombre, abre un paréntesis, de aparente reducción estilística, que da paso a Veinte poemas de amor y una canción desesperada.
Sin embargo, Neruda está consciente de que este libro apenas si alcanzó para él el secreto, ambicioso deseo de lograr una poesía aglomerativa en que todas las fuerzas del orbe se juntaran, fusionaran. Es cuando se lanza a Tentativa del hombre infinito donde aflora con mayor énfasis tanto la claridad como el humano enigma: el misterio, el abordaje de la oscuridad del ser que va paso a paso encontrando obstáculos para elaborar en ellos su camino.
Andando, andando, Neruda escribe su libro más ferviente y más vasto: el Canto General que tenía como propósito dar una gran unidad al mundo que él quería expresar. Fue este libro la coronación de su tentativa ambiciosa. Sin embargo, sin hacer referencia a los méritos de obras clásicas nerudianas como Residencia en la tierra (1933 - 1935 - 1947), Las uvas y el viento, Odas elementales, Memorial de Isla Negra, Estravagario, Cien sonetos de amor, Plenos poderes, Las manos del día, Las piedras del cielo, hemos de recordar que es Neruda mismo quien en algunas reflexiones improvisadas sobre sus trabajos, en ocasión de inaugurarse el Seminario de Estudios sobre su Obra, en la Biblioteca Nacional de Santiago, entre agosto y septiembre de 1964, con motivo del sexagésimo aniversario de su vida, alude al p r o s a í s m o que muchos le reprochan en relación al Canto General “como si tal procedimiento manchara o empañara esta obra”.
Es cuando se permite auto-reflexionar:
“Este prosaísmo está íntimamente ligado a mi concepción de CRÓNICA. El poeta debe ser, parcialmente, el CRONISTA de su época. La crónica no debe ser quintaesencia, ni refinada, ni cultivista. Debe ser pedregosa, polvorienta, lluviosa y cotidiana. Debe tener la huella miserable de los días inútiles y la execraciones y lamentaciones del hombre.”

Prosaización
Leo Ospavat, crítico literario, ensayista soviético, de quien dijera Neruda le dio a su poesía una perspectiva venidera aplicándole la luz boreal de su mundo, alude a cierta “prosaización” en estos términos:
“Sin embargo, la renovación tan decidida del género poético encierra una amenaza determinada: conduce inevitablemente a que desaparezcan los límites del género, a una sensible ‘prosaización’ de la poesía. Esta tendencia se manifiesta y desarrolla ostensiblemente en la obra de Neruda, al igual que en toda la poesía contemporánea de América Latina, en la que él tuvo una enorme influencia y que, de acuerdo a un testimonio reciente de Cortázar, está hoy más cerca de la prosa que hace un medio siglo. No hay una división exacta. La poesía empezó a irrumpir en el relato, lo que es indiscutible… y hay, además, el proceso inverso, poesías y poemas, desde un punto de vista determinado, pueden denominarse trozos de prosa. Pero, y a pesar de todo, siguen siendo poesías”.

Prosas de Pablo Neruda
Si en algún momento a su poesía propiamente dicha se le tildó de prosaísmo, de prosaización, la obra general de Neruda a medida que transcurría y sorprendía al mundo, vino a ser en realidad “una poesía de la sensación de cada día.” Como justamente la adelanta en Memorial de Isla Negra. Empapada de un marcado hilo biográfico, la poética nerudiana nos subraya la expresión venturosa o sombría de cada día, el rendimiento de cuentas espirituales-existenciales que en ella se propusiera.
Los cinco volúmenes de Memorial de Isla Negra vienen siendo el anticipo, la antesala de sus posteriores Prosas Mayores representadas en Confieso que he vivido - Memorias, Para nacer he nacido y El río invisible -Poesía y prosa de juventud-. Textos fundamentales para una decodificación integral del fenómeno Neruda.

Confieso que he vivido
Confieso que he vivido, Memorias, -Primera edición: 3. V. 1974- obra póstuma ordenada y preparada por Matilde Urrutia, viuda del poeta, y Miguel Otero Silva, escritor venezolano, entrañable amigo de Neruda, para la Editorial Losada, S.A. de Buenos Aires, constituye junto con Para nacer he nacido un extraordinario manojo de prosas de Pablo Neruda, que en su gran mayoría nunca habían sido recogidas en libro, al tiempo que revelan aspectos desconocidos de la rica y compleja personalidad del poeta.

Idea principal
Confieso que he vivido constituye un verdadero autorretrato de Pablo Neruda a partir de 12 Cuadernos esculpidos en una de las más esclarecedoras prosas de las letras hispanoamericanas. El lector asiste, jubiloso, de mano de Neruda, al itinerario vital que signó su vida, al viaje literario que desde el bosque chileno amparó al joven provinciano. Perdido entre ciudades, caminos, soledades luminosas, pasando por la España en el corazón, por la patria en tinieblas, nos conduce al eterno oficio de la poesía, al poder de la poesía, hasta desembocar en la Patria dulce y dura, en la utopía político-poética, rubricada desgraciadamente por las dolorosas y rápidas líneas escritas para las memorias a solo tres días de los hechos incalificables que llevaron a la muerte a su gran compañero, el camarada presidente Allende.
Las memorias implícitas en Confieso que he vivido, cuasi novela para algunos críticos, -quizás doce cuentos náufragos-, vívida hurganza, confidencia espiritual, nos brindan una visión pormenorizada de la vida y la obra del autor, quien, cargado de las lluvias torrenciales de los largos inviernos del sur de Chile, nos hace partícipe de sus largos viajes al Oriente, Europa y Asia; nos explica algunas de sus principales obras, vivencias, encuentros y reencuentros, hasta llegar su querencia eterna, Isla Negra, nublada con la turbulenta política que da muerte a su entrañable camarada, Allende, asesinado por los eternos enemigos del pueblo.

Orden estructural del libro
La obra está dividida en doce cuadernos o capítulos, que parecieran ser títulos de verdaderos cuentos, a saber:
EL JOVEN PROVINCIANOPERDIDO EN LA CIUDADLOS CAMINOS DEL MUNDOLA SOLEDAD LUMINOSAESPAÑA EN EL CORAZÓNSALÍ A BUSCAR CAÍDOSMÉXICO FLORIDO Y ESPINUDOLA PATRIA EN TINIEBLASPRINCIPIO Y FIN DE UN DESTIERRONAVEGACIÓN CON REGRESOLA POESÍA ES UN OFICIOPATRIA DULCE Y DURA
Estilo
Escrita con incomparable gracia, Confieso que he vivido nos entrega, paso a paso, una galería de fantasmas sacudidos por el fuego y la sombra de una vida discurrida a la luz de otras vidas en una dolorosa época compartida.
Se trata de dar razón de una vida hecha de todas las vidas: las vidas del poeta. Como decir que todo poeta requiriese de un par de vidas para rememorar o reconstruir la propia.
Sin intelectualismo alguno, con natural sabiduría, en un lenguaje en prosa único e inconfundible, Neruda nos revela su propia búsqueda, su camino esplendoroso tras la diaria y permanente creatividad que lo entusiasma.
Su vasta experiencia del universo, su rico bagaje experiencial, poético-vital, los refleja en continuo renacer de palabra, revelación y testimonio, de acento, denuncia y esperanza.
En estilo definido y definitorio, nos corrobora que para nacer ha nacido, para volver a ser, para tejer los altos besos del follaje, como una vieja lágrima enterrada que, nacida de la ceniza terrestre, vuelve a ser semilla. Para encerrar el paso de cuanto se aproxima, de cuanto a su pecho golpea como un nuevo corazón tembloroso.
Haciendo honor al título que se propuso, confiesa plenamente que ha vivido, bajo el granado trigal de la herida insomne de un común dolor humano; de la conciencia de ser hombres y de creer en un destino común.
Confieso que he vivido no es más que un atento examen de la vida de Neruda, un extraordinario encuentro con su sombra.
Verdadera comunicación entre su alma, entre su poesía, los caminos, la soledad luminosa, la fraternidad desconocida, la belleza que florece en la oscuridad… o en el camino poblado antes que de luces, de cruces.

Riquísima red de humor
En homenaje que la revista Araucaria rindiera a Neruda, en 1984, Hernán Castellano Girón, aborda el tema de “Neruda humorista”, donde expresa:
“Cabe comentar aquí la riquísima red de humor que cruza y sostiene Confieso que he vivido, la autobiografía de Neruda cuya lectura precisamente nos sugirió la idea de estas notas, hace ya mucho tiempo. Las memorias nerudianas se abren con la descripción de su infancia austral, y el humor tiene aquí primerísima importancia. Cómo no recordar -solo como un ejemplo entre tantos- la descripción de los objetos de la agreste Frontera de esos años (“un candado ciclópeo, una cuchara antártica”), de los insectos deslumbrantes o titánicos como la “Madre de la culebra”, y visiones mágicas como “muchos zapatos echando vapor, como pequeñas locomotoras”, estampas bruñidas en una memoria expresionista del Sur. Este humor toca su ápice cuando, llegado el poeta a Santiago, convive con los protagonistas de la bohemia de aquellos años, astros deslumbrantes como Alberto Rojas Jiménez, Alirio Oyarzún, Romeo Murga y el “Cadáver” Alberto Valdivia. Estos capítulos usan el humor en alto nivel (“Locos de invierno”) como así mismo el episodio del escritor argentino Omar Vignole, con su vaca literaria y sempiterna. Neruda supo guardar la memoria de lejanas risas en lejanas vidas, como rasgos de su propio humor y su propia cosmogonía.”

Las capas arcaicas del idioma
Según lo apunta Lev Ospovat, al señalar algunas claves del itinerario poético de Pablo Neruda, en cuanto hombre infinito que lo es, nuestro poeta debía en mucho su tensa expresividad al uso de las capas arcaicas del idioma, a su anhelo por revivir lo que el poeta ruso Mandelshtam denominaba “naturaleza prima”, “independencia prima del lenguaje poético”.
Viviendo con el idioma, fundamenta su apelación a las fuentes del español, deduciéndola de las necesidades del hombre de América Latina:
“Entre americanos y españoles el idioma nos separa algunas veces. Pero sobre todo es la ideología del idioma la que se parte en dos. La belleza congelada de Góngora no conviene a nuestras latitudes… Nuestra capa americana es de piedra polvorienta, de lava triturada, de arcilla con sangre…
El idioma español se hizo dorado después de Cervantes, adquirió una elegancia cortesana, perdió la fuerza salvaje que traía de Gonzalo de Berceo, del Arcipreste, perdió la pasión genital que aún ardía en Quevedo. Igual pasó en Inglaterra, en Francia, en Italia. La desmesura de Chaucer, de Rabelais, fueron castradas; la petrarquización preciosista hizo brillar las esmeraldas, los diamantes, pero la fuente de la grandeza comenzó a extinguirse.
Este manantial anterior tenía que ver con el hombre entero, con su anchura, su abundancia y su desborde…
Si mi poesía tiene algún significado, es esa tendencia espacial, ilimitada… Yo tenía que ser yo mismo, esforzándome por extenderme como las propias tierras en donde me tocó nacer”.

Páginas modélicas
La apertura del primer cuaderno no puede ser más definitiva: El bosque chileno.
Verdadero poema en prosa, con conjunción de planos poético-existenciales de gran vibracionalidad, nos remonta a la categórica pregunta de Tercera Residencia, donde encontramos de pie al poeta “naciendo en los bosques”:
¿Hasta cuándo la mano del bosque en la lluvia
nos avecina con todas sus agujas
para tejer los altos besos del follaje?
Para concluir más categóricamente aún:
Quien no conoce el bosque chileno, no conoce a este planeta.

El bosque chileno
"...Bajo los volcanes, junto a los ventisqueros, entre los grandes lagos, el fragante, el silencioso, el enmarañado bosque chileno…. Se hunden los pies en el follaje muerto, crepitó una rama quebradiza, los gigantescos raulíes levantan su encrespada estatura, un pájaro de la selva fría cruza, aletea, se detiene entre los sombríos ramajes. Y luego desde su escondite suena como un oboe... Me entra por las narices hasta el alma el aroma salvaje del laurel, el aroma oscuro del boldo... El ciprés de las guaitecas intercepta mi paso... Es un mundo vertical: una nación de pájaros, una muchedumbre de hojas... Tropiezo en una piedra, escarbo la cavidad descubierta, una inmensa araña de cabellera roja me mira con ojos fijos, inmóvil, grande como un cangrejo... Un cárabo dorado me lanza su emanación mefítica, mientras desaparece como un relámpago su radiante arco iris... Al pasar cruzo un bosque de helechos mucho más alto que mi persona: se me dejan caer en la cara sesenta lágrimas desde sus verdes ojos fríos, y detrás de mí quedan por mucho tiempo temblando sus abanicos... Un tronco podrido: ¡qué tesoro!... Hongos negros y azules le han dado orejas, rojas plantas parásitas lo han colmado de rubíes, otras plantas perezosas le han prestado sus barbas y brota, veloz, una culebra desde sus entrañas podridas, como una emanación, como que al tronco muerto se le escapara el alma... Más lejos cada árbol se separó de sus semejantes... Se yerguen sobre la alfombra de la selva secreta, y cada uno de los follajes, lineal, encrespado, ramoso, lanceolado, tiene un estilo diferente, como cortado por una tijera de movimientos infinitos... Una barranca; abajo el agua transparente se desliza sobre el granito y el jaspe... Vuela una mariposa pura como un limón, danzando entre el agua y la luz... A mi lado me saludan con sus cabecitas amarillas las infinitas calceolarias... En la altura, como gotas arteriales de la selva mágica se cimbran los copihues rojos (Lapageria Rosea)... El copihue rojo es la flor de la sangre, el copihue blanco es la flor de la nieve... En un temblor de hojas atravesó el silencio la velocidad de un zorro, pero el silencio es la ley de estos follajes... Apenas el grito lejano de un animal confuso... La intersección penetrante de un pájaro escondido... El universo vegetal susurra apenas hasta que una tempestad ponga en acción toda la música terrestre.
Quien no conoce el bosque chileno, no conoce este planeta.
De aquellas tierras, de aquel barro, de aquel silencio, he salido yo a andar, a cantar por el mundo”.

El arte de la lluvia
Ciertamente, nos convence Neruda que su único personaje inolvidable fue la lluvia, en los días y años de su infancia. La lluvia austral, la que tiene paciencia y continúa, sin término, cayendo desde el cielo gris.
El pacto con la lluvia, con el espacio natural de sus primeros días, perdurará en su vida. Hasta llevarla en su corazón a Estocolmo, en ocasión de la recepción del Premio Nobel de Literatura, 1971:
Fui el más abandonado de los poetas y mi poesía fue regional, dolorosa y lluviosa. Pero tuve siempre confianza en el hombre.

La palabra
De pronto, perdidos en la ciudad, entre pensiones, inviernos, libros y negocios, irrumpe la palabra. Las palabras… las que cantan, las que suben y bajan… Las inesperadas…
En enorme concesión histórica, define, delimita, deslinda:
“... Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan... Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo tanto las palabras... Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen... Vocablos amados... Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema... Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto... Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola... Todo está en la palabra... Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció...Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas... Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada... Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos... Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo... Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas... Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra... Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... Salimos ganando... Se llevaron el oro y nos dejaron el oro... Se lo llevaron todo y nos lo dejaron todo... Nos dejaron las palabras”.

Quiere ser un alquimista
Con Mery Sananes diríamos que el poeta siempre quiere ser un alquimista:
“¿Y con qué toca el poeta el universo? Porque cuando los ojos ven y son vistos, es como si los ojos tocaran. ¿Y cómo no va a tocar el poeta al universo, si está sentado en su silla de oro, con ojos que nadie ve? El poeta toca el universo simplemente con la marea que roza, labio a labio, los infinitos rayos de luz de que está hecho el ojo que ve el universo, mientras afina su flauta con la ley de los pájaros. El poeta nos ofrenda, así en tan poquitas palabras, todo el universo, a través del sonido de una flauta, afinada con la ley de los pájaros, de las alas, del viento, de todo lo que se extiende desde el ojo hasta el universo que lo ve, con la marea que roza, labio a labio, la vida…
¿Juego de palabras? El poeta juega con las palabras porque está apostando a darles vida, a convertirlas en mágicos talismanes que le devuelvan al ojo su capacidad para ver y al corazón la hondura para escuchar el código de los pájaros, afinando las flautas del universo. El poeta siempre quiere ser un alquimista. Porque el hombre, que lo es, ha dejado en el camino o le han arrebatado su capacidad de ser creador, de ser un engranaje único en la estructura infinita del universo. El poeta se la quiere devolver, o señalar, o advertir, para que tenga ojos que alguien vea, y para que tenga una silla para mirar el universo a través de si mismo”.

La vida en Colombo
Entre ciudad y ciudad, tropieza, tropezamos con los hermosos clubes de Colombo (Ceilán), donde Neruda se desempeñase como cónsul. Allí termina de escribir el primer volumen de Residencia en la Tierra. Uno de sus apuntes no puede ser más esclarecedor:
“Mi libro recogía como episodios naturales los resultados de mi vida suspendida en el vacío: ‘Más cerca de la sangre que de la tinta’. Pero mi estilo se hizo más acendrado y me di alas en la repetición de una melancolía frenética, Insistí por verdad y por retórica (porque esas harinas hacen el pan de la poesía) en un estilo amargo que porfió sistemáticamente en mi propia destrucción. El estilo no es solo el hombre. Es también lo que lo rodea, y si la atmósfera no entra dentro del poema, el poema está muerto: muerto porque nunca ha podido respirar”.
Indudablemente que señalamientos críticos como estos abundan en Confieso que he vivido, los que indiscutiblemente arrojan luces y claves de lectura crítica ante una de las más variadas y pletóricas vidas, oscilante siempre entre el lirismo más subjetivo y el descubrimiento asombrado e incesante del mundo y su circunstancia.

Cómo era Federico
Capítulo especial dedica al ingente gitano de todos los tiempos, cuando la vida le brindó ocasión de pronunciar un famoso discurso al alimón entre Federico García Lorca y él, delante de cien escritores argentinos.
Dos toreros líricos para un mismo discurso. Dos genios fundidos en una misma hora. Rubén Darío -uno de los grandes creadores del lenguaje poético en el idioma español- entre ellos, máximo protagonista.
Dos toreros toreando al mismo tiempo el mismo toro y con una única palabra; levantando su vaso en homenaje y gloria al gran nicaragüense, como decir a la Gran Palabra.

España en el corazón
De mano de Federico, Neruda se hace encontradizo, entre otros, con Miguel Hernández, de quien afirma: “… la vida no me ha dado contemplar un fenómeno igual de vocación y de eléctrica sabiduría verbal”.
Recuerda los encuentros diarios en casas y cafés con Alberti, Altolaguirre, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre. Con el árbol viejo de España, Antonio Machado. De Juan Ramón Jiménez -viejo niño diabólico de la poesía- sostiene que fue el encargado de hacerle conocer la legendaria envidia española.
A España en el corazón (1938) -su libro sobre España- le dedica históricas líneas. Impreso por Manuel Altolaguirre, en un desafío a la muerte, cerca de Gerona, en un viejo monasterio, apenas vio la luz, se precipitó la derrota de la República. En una hoguera-concluye Neruda- fueron inmolados los últimos ejemplares de aquel libro ardiente que nació y murió en plena batalla.
Con el tiempo, este Himno a las Glorias del Pueblo en la Guerra -canto inmenso de un metal que recoge guerra y desnuda sangre- formaría parte de TERCERA RESIDENCIA (1947) con todo el esplendor, en ramalazo en fogarada, explicando por qué su poesía no nos habla del sueño de las hojas:
EXPLICO ALGUNAS COSAS
Preguntaréis: ¿Y dónde están las lilas?¿Y la metafísica cubierta de amapolas?¿Y la lluvia que a menudo golpeabasus palabras llenándolasde agujeros y pájaros?
Os voy a contar todo lo que me pasa.
Yo vivía en un barriode Madrid, con campanas, con relojes, con árboles.
Desde allí se veíael rostro seco de Castilla como un océano de cuero.
Mi casa era llamadala casa de las flores, porque por todas partes estallaban geranios: erauna bella casacon perros y chiquillos.
¿Raúl, te acuerdas?¿Te acuerdas, Rafael? ¿Federico, te acuerdasdebajo de la tierra,te acuerdas de mi casa con balcones en dondela luz de junio ahogaba flores en tu boca?
¡Hermano, hermano!
Todoeran grandes voces, sal de mercaderías,aglomeraciones de pan palpitante…
Y una mañana todo estaba ardiendo,y una mañana las hoguerassalían de la tierradevorando seres,y desde entonces fuego,pólvora desde entonces,y desde entonces sangre…
…mirad mi casa muerta, mirad España rota…
Preguntaréis ¿ por qué su poesía no nos habla del sueño, de las hojas, de los grandes volcanes de su país natal?
Venid a ver la sangre por las calles,venid a verla sangre por las calles,venid a ver la sangrepor las calles!

El laurel de mi poesía
Página de antología la que dedica en el Cuaderno 8 a la pampa salitrera, donde retorna al oficio de su vida: la Poesía.
Mi poesía y mi vida han transcurrido como un río americano, como un torrente de aguas de Chile, nacidas en la profundidad secreta de las montañas australes, dirigiendo sin cesar hacia una salida marina el movimiento de sus corrientes. Mi poesía no rechazó nada de lo que pudo traer en su caudal; aceptó la pasión, desarrolló el misterio, y se abrió paso entre los corazones del pueblo.
Me tocó padecer y luchar, amar y cantar; me tocaron en el reparto del mundo, el triunfo y la derrota, probé el gusto del pan y el de la sangre ¿Qué más quiere un poeta? … He llegado a través de una dura lección de estética y de búsqueda, a través de los laberintos de la palabra escrita, a ser poeta de mi pueblo. Mi premio es ese momento grave de mi vida cuando en el fondo del carbón de Lota, a pleno sol en la calichera abrasada, desde el socavón del pique ha subido un hombre como si ascendiera desde el infierno, con la cara transformada por el trabajo terrible, con los ojos enrojecidos por el polvo y, alargándome la mano endurecida, esa mano que lleva el mapa de la pampa en sus durezas y en sus arrugas, me ha dicho, con ojos brillantes: “te conocía, desde hace mucho tiempo, hermano”. Ése es el laurel de mi poesía, ese agujero en la pampa terrible, de donde sale un obrero a quien el viento y la noche y las estrellas de Chile le han dicho muchas veces: “no estás solo, hay un poeta que piensa en tus dolores”.

La poesía es un oficio
Nunca pensó, cuando escribió sus primeros solitarios libros, que al correr de los años se encontraría en plazas, calles, fábricas, aulas, teatros y jardines, diciendo sus versos, recorriendo prácticamente todos los rincones de Chile, desparramando su poesía entre la gente de su pueblo, entre el mundo entero que conoció hasta las arrugas de sus versos.
En torno a la poesía como oficio, al poder de la poesía, nos dejó este canto:
LA POESÍA
...Cuánta obra de arte... Ya no caben en el mundo... Hay que colgarlas fuera de las habitaciones ... Cuánto libro... Cuánto librito... Quién es capaz de leerlos? ... Si fueran comestibles... Si en una ola de gran apetito los hiciéramos ensalada, los picáramos, los aliñáramos... Ya no se puede más... Nos tienen hasta la coronilla... Se ahoga el mundo en la marea... Reverdy me decía: "Avisé al correo que no me los mandara. No podía abrirlos. No tenía sitio. Trepaban por los muros, temí una catástrofe, se desplomarían sobre mi cabeza"... Todos conocen a Eliot... Antes de ser pintor, de dirigir teatros, de escribir luminosas críticas, leía mis versos... Yo me sentía halagado... Nadie los comprendía mejor... Hasta que un día comenzó a leerme los suyos y yo, egoísticamente, corrí protestando: "No me los lea, no me los lea"... Me encerré en el baño, pero Eliot, a través de la puerta, me los leía... Me sentí muy triste... El poeta Frazer, de Escocia, estaba presente... Me increpó: "Por qué tratas así a Eliot?"... Le respondí: "No quiero perder mi lector. Lo he cultivado. Ha conocido hasta las arrugas de mi poesía... Tiene tanto talento... Puede hacer cuadros... Puede escribir ensayos... Pero quiero guardar este lector, conservarlo, regarlo como planta exótica... Tú me comprendes, Frazer"... Porque la verdad, si esto sigue, los poetas publicarán sólo para otros poetas ... Cada uno sacará su plaquette y la meterá en el bolsillo del otro ... su poema... y lo dejará en el plato del otro... Quevedo lo dejó un día bajo la servilleta de un rey... eso sí valía la pena... O a pleno sol, la poesía en una plaza... O que los libros se desgasten, se despedacen en los dedos de la humana multitud... Pero esta publicación de poeta a poeta no me tienta, no me provoca, no me incita sino a emboscarme en la naturaleza, frente a una roca y a una ola, lejos de las editoriales, del papel impreso... La poesía ha perdido su vínculo con el lejano lector... Tiene que recobrarlo... Tiene que caminar en la oscuridad y encontrarse con el corazón del hombre, con los ojos de la mujer, con los desconocidos de las calles, de los que a cierta hora crepuscular, o en plena noche estrellada, necesitan aunque sea no más que un solo verso... Esa visita a lo imprevisto vale todo lo andado, todo lo leído, todo lo aprendido... Hay que perderse entre los que no conocemos para que de pronto recojan lo nuestro de la calle, de la arena, de las hojas caídas mil años en el mismo bosque... y tomen tiernamente ese objeto que hicimos nosotros... Solo entonces seremos verdaderamente poetas... En ese objeto vivirá la poesía...”.

La primavera es insurreccional
La crítica y la autocrítica, lo llevan a hilvanar un himno a los deberes de la poesía y del poeta.
“Tal vez los deberes del poeta fueron siempre los mismos en la historia. El honor de la poesía fue salir a la calle, fue tomar parte en éste y en el otro combate. No se asustó el poeta cuando le dijeron insurgente. La poesía es una insurrección. No se ofendió el poeta porque lo llamaron subversivo. La vida sobrepasa las estructuras y hay nuevos códigos para el alma. De todas partes salta la semilla; todas las ideas son exóticas; esperamos cada día cambios inmensos; vivimos con entusiasmo la mutación del orden humano: la primavera es insurreccional.
Yo he dado cuanto tenía. He lanzado mi poesía a la arena, y a menudo me he desangrado con ella, sufriendo las agonías y exaltando las glorias que me ha tocado presenciar y vivir. Por una cosa o por otra fui incomprendido, y esto no está mal del todo”.

Allende
Neruda sabía perfectamente que su pueblo ha sido el más traicionado de este tiempo. Que aquel presidente estaba condenado a conducirse como un iluminado, como un soñador, quedándose su sueño de grandeza en sueño… Que las obras y los hechos de Allende, de imborrable valor nacional, enfurecieron a los enemigos de nuestra liberación.
“Mi Pueblo ha sido el más traicionado de este tiempo. De los desiertos del salitre, de las minas submarinas del carbón, de las alturas terribles donde yace el cobre y lo extraen con trabajos inhumanos las manos de mi pueblo, surgió un movimiento liberador de magnitud grandiosa. Ese movimiento llevó a la presidencia de Chile a un hombre llamado Salvador Allende para que realizara reformas y medidas de justicia inaplazables, para que rescatara nuestras riquezas nacionales de las garras extranjeras.
… Escribo estas rápidas líneas para mis memorias a sólo tres días de los hechos incalificables que llevaron a la muerte a mi gran compañero el presidente Allende. Su asesinato se mantuvo en silencio; fue enterrado secretamente; solo a su viuda le fue permitido acompañar aquel inmortal cadáver. La versión de los agresores es que hallaron su cuerpo inerte, con muestras visibles de suicidio. La versión que ha sido publicada en el extranjero es diferente. A renglón seguido del bombardeó aéreo entraron en acción los tanques, muchos tanques, a luchar intrépidamente contra un solo hombre: el presidente de la república de Chile, Salvador Allende, que los esperaba en su gabinete, sin más compañía que su gran corazón, envuelto en humo y llamas.
Tenían que aprovechar una ocasión tan bella. Había que ametrallarlo porque jamás renunciaría a su cargo. Aquel cuerpo fue enterrado secretamente en un sitio cualquiera. Aquel cadáver que marchó a la sepultura acompañado por una sola mujer que llevaba en sí misma todo el dolor del mundo, aquella gloriosa figura muerta iba acribillada y despedazada por las balas de las ametralladoras de los soldados de Chile, que otra vez habían traicionado a Chile”.

Vivo todavía
Ése, Pablo Neruda, vivo todavía bajo el granado trigal de la herida insomne de un común dolor humano; de la conciencia de ser hombres y de creer en un destino común.
Quien cree con Nazim Hikmet en el futuro de la poesía como la exigencia más indispensable.
Quien suscribe que “habrá de haber lugar para la poesía, si no quieren pueblos y hombres sucumbir antes de tiempo”.
Quien confía en Matilde Urrutia, su mujer, provinciana como él, a quien le dedica cuanto escribe y cuanto tiene…La que trajo para él de la tierra, con pies y manos y ojos y voz, todas las raíces, todas las flores, todos los frutos fragantes de la dicha.
Quien atestigua que Vallejo sobrevive y que a pesar de toda guerra literaria, sufre de aquel amigo que murió y que era como él buen carpintero con derecho al honor, a la muerte y a la vida, rubricando que los próximos años serán de color azul.
Quien a Gabriela Mistral besa su noble frente y reverencia su extensa poesía.
Quien añora libros sin escuelas y sin clasificar, como la vida.
Quien piensa que al poeta debemos exigirle sitio en la calle y en el combate, así como en la luz y en la sombra.
Quien sabe que el honor de la poesía fue salir a la calle, fue tomar parte en éste y en el otro combate. Y que no se asustó el poeta cuando le dijeron insurgente.
Quien sostiene que tanto Residencia en la tierra como Las uvas y el viento, libros de grandes espacios y mucha luz, tienen derecho a existir en alguna parte… Y que de todos sus libros, Estravagario no es el que canta más, sino el que salta mejor. Libro morrocotudo, con sabor a sal que tiene la verdad.
Quien se enteró después de estar haciéndolo, que lo que él escribía se llamaba poesía. Y que es memorable y desgarrador para el poeta haber encarnado para muchos hombres, durante un minuto, la esperanza.

CODA
Definitivamente, Confieso que he vivido es una de las obras de Neruda en las que vida y poesía se iluminan recíprocamente, a la luz de la historia de una conciencia en su enfrentamiento con el mundo. Junto con Para nacer he nacido y El río invisible, abarcan en plenitud los dolores y esperanzas de la vastedad del hombre, hasta consagrarse a la tradición más viva de nuestra suprema poesía.
Al tiempo que ser una aproximación autobiográfica, es un reflejo de la aspiración humana por confesarse el hombre ante el olvidado asombro de estar vivo.
En Confieso que he vivido el autor, dejando escurrir entre sus dedos la arena del tiempo, conjuntamente toma el pulso a su propia vida como a su entorno epocal. Las vicisitudes de un hombre se entrecruzan paralelamente con las llagaduras, lamentaciones y esperanzas del hombre. Verdadera galería de fantasmas sacudidos por el fuego y la sombra de su época.
Espléndido viaje espiritual, Confieso que he vivido viene a ser referencia obligada, texto fundamental para la comprensiva decodificación del hormigón Neruda. La vida de un hombre poeta que tal vez no vivió en sí mismo, tal vez vivió la vida de los otros: una vida hecha de todas las vidas: las vidas del poeta. Poesía, Sociedad Anónima, en luminosa solidaridad
Pablo Neruda, Padre otoñabundo, Catatumbo de sangre americana, Camarada, araucano obligatorio, relámpago en fulgor esclarecido, con todas las buenas intenciones, regando por el orbe su semilla, iluminando por dentro y por fuera al mundo en su destino.
Pablo Neruda, desde que saliera a andar, a cantar por el mundo, vivo, confeso y convencido de que la Poesía -esposa, hermana o madre- lo acompañó; de que juntos fueron al combate, a la huelga, al desfile, a los puertos, a la mina, desde la más enrarecida altura hasta la simple mesa de los pobres, hasta la bandera insigne de los hombres comunes… mientras se fue gastando y ahora nos confiesa que ha vivido y vive mientras el tiempo va dejando correr eternamente las aguas de su canto, la eternidad en vuelo victorioso.

BIBLIOGRAFÍA
CASTELLANO GIRÓN, Hernán: "Neruda humorista". En: Revista Araucaria. No. 26 - 1984.
ESPINO BARAHONA, Erasto Antonio: "El río invisible". En: Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid. No. 27http://www.ucm.es/info/especulo/numero27/neru_rio.html
MORA, Pablo: "A la sombra de un canelo". En: Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid. No. 21. http://www.ucm.es/info/especulo/numero21/canelo.html
____________ "Eco nerudiano". En: Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid. No. 27.http://www.ucm.es/info/especulo/numero27/neru_eco.html
___________ "El asombro". En: Venezuela Analítica. Opinión y Análisis. Lunes, 25 de septiembre de 2006. http://www.analitica.com/va/arte/oya/2158476.asp
___________ Poiesología, San Cristóbal, Táchira, Venezuela, FEUNET, 2005.
NERUDA, Pablo: Antología esencial, Buenos Aires, Editorial Losada, S.A., 1971.
___________ Confieso que he vivido -Memorias-, Buenos Aires, Editorial Losada, S.A., 1974.
____________ Para nacer he nacido, Barcelona, Editorial Seix Barral, S.A., 1977.
____________ Poesie d’amore. A cura di Giuseppe Bellini. Milano, Nuova Accademia Editrice, 1963.
OSPOVAT, Lev: "El hombre es infinito". En: Revista Araucaria. No. 29 - 1984.
RIVERA, Maica: "Joaquín Mª Aguirre: 'Mis relatos son mensajes lanzados al mar con la esperanza de un rescate'”. En: Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid. http://www.ucm.es/info/especulo/numero32/cnaufrag.html
SANANES, Mery: "De la palabra, la cultura y el conocimiento". Revista Intento Nº 3, órgano de difusión del Doctorado en Ciencias Sociales de la FACES/UCV. http://www.poesia.org.ve/poema.php?codigo=1172

© Pablo Mora 2006
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid
El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero34/confieso.html

PADRE

(1906-1993)



También mi padre fue un caballo viejo.
Muchas veces durmió a la intemperie.
Anduvo con la vida desde lejos
hasta que dio la muerte en su querencia.

Madrugaba temprano a los corrales,
la noche lo encontraba de regreso.
Cuando apenas soltábanle las riendas
la nueva madrugada lo enlazaba.

Muy orondo cruzaba las corrientes.
¡Mire si hubo torrentes en su vida!
Su brida nunca le brindó descanso.

Mi padre guindó el tiempo en sus aperos.
Con casi ochenta y siete galopazos,
logró alcanzar a Dios en su carrera.


Pablo Mora
San Cristóbal, agosto, 1993.

miércoles, 17 de junio de 2009

A propósito de la obra de Pablo Mora

Aunque nativo de Santa Ana del Táchira (1942) buena parte de la existencia de Pablo Mora ha transcurrido en San Cristóbal. Una afortunada frase de Heidegger en El ser y el tiempo permite explicar la actitud ódica de Pablo Mora: “El mundo es a la par suelo y escenario”. Este bardo no sólo ha captado la pulsión del vivir histórico y del vivir cotidiano de la polis sino ubicado con propiedad en medio de la rosa de los vientos de las corrientes estéticas e ideológicas, entrantes de manera continua por la gran puerta internacional de esa ciudad fronteriza, irguió en certeza sensible una obra lírica de interpretación y actuación sobre su entorno, de gran significancia y alcance. Heredero de la tradición en la gaya ciencia de la juglería de un Manuel Felipe Rugeles o de un Juan Beroes sus composiciones contribuyen a enriquecer el patrimonio literario de los Andes venezolanos. A partir de una actitud ódica de identificación con su mundanidad inmediata y a la vez de apertura al pensamiento artístico universal de estas décadas, Pablo Mora ofrenda su poesía a sus contemporáneos. En ella ha aposentado el registro de sus vivencias, las intuiciones de su corazón, las cogitaciones de su talento, la firmeza de su exigencia. Ha compuesto, con sus palabras impregnadas de libertad imaginativa, una lírica de alta latitud calológica.
San Cristóbal al margen de la explosión desarrollista macroeconómica pero nucleada en torno al soledoso cultivo de su armonía entre su corporeidad arquitectural y su paisaje, entre los bienes materiales y espirituales, cuenta con un próvido poeta quien la entiende a través del amor y la lleva, existencialmente, en sus cantos.Capitán de Poetas, Pablo Mora finca su trabajo en una actitud ódica identificada con su mundanidad inmediata y de apertura. Su verdad se puede llamar humanismo, hombre, humanidad. Conduce ahora las voces de sus huestes líricas al través de las páginas de A coro en el asombro y con ello no hace otra cosa sino aportar al mundo de la poesía del mundo un canto coral para enriquecimiento de la belleza y de la espiritualidad de sus lectores.
Lubio Cardozo (Venezuela)
Ligado a la vida universitaria y también excelente prosista, Pablo Mora es sin duda el autor más prolífico de la poesía tachirense en la actualidad.
Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses (Venezuela)
Poesía sobria y honda es la suya que recala en las raíces del hombre, buceando en su destino común y, a veces, tan trágico. Hay un dejo de nostálgica ternura en muchos de sus versos que perduran a través de largos ramalazos mágicos.
… Me ha llegado su “Almácigo 3”. Cuidadas han sido las simientes que me llegan desde su Almácigo primero. Protegidas con esmero y amor. Los frutos están a la vista en este “Almácigo 3”, donde se entremezclan los ecos de la infancia, lunas distraídas, raíces que recalaron en el hombre, en sus miserias, en sus esperanzas, en sus miedos y fantasmas. Pero por sobre todo anidan en él las preguntas sobre lo ya ocurrido, lo por venir; antenas vigilantes rodean la noche del poeta. Y por momentos transforman su vigilia en angustia y crispación. Pero también, sobrevienen los sueños. Y la vida. Y por sobre todo ello, urticante, febril, anunciándose con golpes de luz y sombra: la POESÍA.
Luisa de Pasamanik (Argentina)
Su poesía (Almácigo) golpea con certidumbre, rasga las vestiduras y obliga a pensar, lo que no es poco en estos tiempos de tanta cordura aséptica no entrometida. Lejos de adensarse en la placidez sentimental, su estro es espada fulgurante que restalla en el aire y quiere cortar y medir cada espacio de nuestros días. No obstante ello, ciertos rasgos del paisaje intiman con el alma y trascienden del espíritu al entorno del cántico.
Luis Ricardo Furlan (Argentina)
Pablo Mora es un hombre sencillo pese a que ha merecido elogios de muchos intelectuales y críticos de Iberoamérica e inclusive de Europa, quienes han reconocido la profundidad y el rico contenido de su obra poética.
Alexander Contreras (Venezuela)
Es una poesía honda y preocupada la suya, una poesía que responde a una conciencia rigurosa y a un sentido humano, pero al mismo tiempo posee una expresividad muy original, de efectos muy medidos como en los excelentes poemas que cierran el cuaderno se comprueba: “Raíces” y “Función”: me parecen piezas de gran aliento, abordando una problemática que no puede ser más actual.
Leopoldo de Luis (España)
Su poesía como siempre sigue alentando con absoluta libertad expresiva, dentro aún de las modalidades clásicas en que la resguarda.
Luis Ricardo Furlan (Argentina)
Sus poemas de Almácigo me gustaron por su sobriedad y su brevedad. Los poetas que parece usted apreciar (Neruda, Vallejo, Whitman) son también de los que yo prefiero. El ritmo interno (por lo repetitivo) en Serie me parece un acierto. Su dominio del vocabulario poético, el tratamiento sincero de los temas, la fuerza apoyada en la sobriedad, el no huirle al compromiso, todo ello me parece muy positivo y resumido en su Corolario que es un texto ejemplar por decir en poquísimas palabras lo que muchos sienten y piensan.
J. Garavito (Francia)
Usted ha elegido como prueba de fuego el molde clásico y perenne del soneto. Y sale airoso de la prueba. Juega con el soneto como quien a la vez que es poeta auténtico domina además la técnica del oficio.
Fray Jerónimo Verduzco, O. P. M. (México)
Bastante más que Almácigo es este bien cuajado sembradío de sonetos que usted sabe trabajar con arte y señorío no a todos concedido. Lo felicito; y veo que con plumas como la suya todavía hay rato para que el soneto no muera, como tantos incapaces desearían.
Pedro Pablo Barnola, S. J. (Venezuela)
Decisamente una poesia da leggere e da ritrovare nelle parole e nei significati, anche per le modulazioni che si inseriscono come un sottofondo vocale che rende più vibrante il contenuto.
Otello (Mario) Martinelli (Italia)
“Almácigo 3”, una nueva obra del Poeta Pablo Mora, adquiriendo nuevas resonancias vitales, capaces de alimentar los momentos humanos. “De frente a la vida”, contando su aventura vivida, como para sentir las palabras del tiempo pasado y rever los lugares recorridos, como un noticiero de sí mismo. Una obra de valor poético con una visión humana de fuerte ahondamiento cultural, que Pablo Mora ha escrito con sensibilidad y atención al dolor que el poder impone para aprovecharse del trabajo ajeno, organizando la horripilante industria de la guerra.
Otello (Mario) Martinelli (Italia)
Dentro de “Almácigo 3” nuestro joven poeta afirma y depura al mismo tiempo sus condiciones y características creadoras. Se mueve con notable soltura en el desenvolvimiento de todos los temas, desde los más intimistas como son los del amor, hasta los menos intimistas como parecen ser los francamente protestatarios. En la elaboración de aquéllos y de éstos, el verso ha adquirido indudable precisión y eficacia comunicativa. De manera especial en el poema breve, del que Pablo Mora se nos presenta en este libro como muy significativo representante. Almácigo 3 es libro que se lee con deleite. Y que, desde luego, consolida la posición del autor dentro de la más nueva poesía venezolana de nuestros días.
Pedro Pablo Paredes (Venezuela)
Con “Almácigo 3” Pablo Mora amplía la temática de sus libros anteriores, imbuida profundamente por el amor a la tierra —de ahí sus títulos reiterados— y por la presencia del hombre cuya existencia gravita al desamparo de este tiempo, acorralado entre las amenazas de exterminio y el resplandor de la esperanza, también amenazada. En este libro la poesía de Pablo Mora, abiertamente autobiográfica, emotiva y ubicada en su tiempo y espacio precisos, se nos presenta más segura, más honda y depurada, en relación con sus libros anteriores, que fueron bien recibidos por la crítica, por cuanto en ellos fue tratada con autenticidad una temática profundamente humana y trascendente. Con este nuevo libro, Pablo Mora ratifica una vez más su condición de poeta consecuente con sus propias vivencias y con el mundo que lo rodea tenazmente.
Dionisio Aymará (Venezuela)
Enemigo del odio y de la guerra, soldado de la paz y mago del amor, el poeta viene de descargar sus cañones para que el hombre tenga derecho a la convivencia y la fraternidad. Ama la semilla, la siembra, el árbol que levanta sus brazos para atrapar el cielo. El poeta ama la espiga. Por eso sus primeros libros tomaron el nombre de Almácigo. Ahora este Almácigo 4 En tiempo de Guerra porque el hombre vive en guerra permanente. Siembra el odio y la destrucción. Para que las flores no estallen en mil colores, como palacios de las mariposas. El poeta Pablo Mora viene cargado de veinte años de versos en espuma. En nieve, en trigo, en maíz, en pomarrosas, en caimito, frailejón, cafetos, orquídeas y caña de azúcar. Viene con el alba y con la aurora, para enterrar los crepúsculos. Para que no llegue la noche, cuando el hombre se encierra en su castillo de maldad, para planear la guerra. Este poeta nuestro. Poeta del pueblo. Poeta del amor. Poeta del hombre. Este es el poeta del corazón.
Francisco Guerrero Pulido (Venezuela)
Almácigo 2: Internarse en su lectura es no dejarla hasta haberle dado fin, tan bellamente se desliza, tan ruiseñor de ventanal dolido, tanta espera de vuelos resplandecientes! Pablo Mora nos va a seguir dando su estremecido canto consustanciado y entremezclado con misterio, enigma y realidades.
Delia de Horta de Merello (Uruguay)
El endecasílabo, adquiere una estructura formal perfecta, incluso, en los sonetos en rima libre —perfectos también. Unos y otros, son piezas muy logradas. Autor de la obra “Almácigo 2”, reúne en ella numerosos sonetos, esas piezas que son consideradas como la más pura expresión del “Arte mayor de la Poesía”, en la que como verdaderos maestros brillan nuestros clásicos, Quevedo, Góngora, Lope, Garcilaso, Boscán, etc., y he aquí que Pablo Mora logra, en estos poemas suyos, plasmar estampas rutilantes —muestra de ese Arte mayor—, para cuya fiel interpretación se requiere poseer, como él la posee, mucha imaginación, mucho sentido de la armonía y también —unido a la riqueza idiomática— una sensibilidad extraordinaria siempre abierta a la percepción del emotivo instante, en el cual el aliento poético se manifiesta como un don angélico, en el poeta.
José Jurado Morales (España)
Los Trípticos dedicados a España, a Jesús, a la Madre, a Bolívar, pero sobre todo a César Vallejo son poemas que nos obligan a aceptar, sin discusión, la presencia de Pablo Mora, dentro del reducido círculo de los excelentes poetas venezolanos. En Tríptico a César Vallejo, Mora consigue concretar con belleza y creatividad el alma de este peruano universal. La atrapa en versos que definen la vigencia del glorioso mestizo, uno de los más grandes poetas de la América Hispana.
Vladimir López Negretti (Venezuela)
Una de las antologías más interesantes en torno a uno de los modos de expresión de nuestra poesía es esta muestra que tiene al soneto escrito en Venezuela como su tema: El soneto en Venezuela, cuyo autor es Pedro Pablo Paredes. (Caracas, Monte Ávila Editores, 1985. 213 p.). Al conjunto ofrecido en la primera y segundas ediciones de El soneto… —ambas impresas en 1962— se han añadido ahora cuatro nuevos textos escritos por María Luisa Alonso, Elio Jerez Valero, Pablo Mora y Germán Pérez Chiriboga. De honda belleza nos ha parecido el del joven poeta Mora —“Color de la rosa”— cincelado con sabiduría verbal, equilibrado, sin las tensiones angustiosas de su poesía.
R. J. Lovera De-Sola (Venezuela)
En su obra sobresale una temática profundamente imbuida en la soledad del hombre, en la angustia y el dolor y la presencia agónica del hombre de este tiempo. El poeta consagra su fe, por una parte, y por la otra su tremendo desasosiego frente a un mundo donde a menudo falta la justicia y sobra la crueldad. Con Pablo Mora, hombre de permanente disciplina intelectual y al mismo tiempo de conmovida sensibilidad, el Táchira reafirma su decisiva contribución a la poesía venezolana.
Dionisio Aymará (Venezuela)
Uno de los poetas nativos del Táchira que son cifra permanente en el mundo de las letras venezolanas. Uno de los poetas de mayor presencia en las nuevas generaciones literarias de Venezuela.
Ramón J. Velásquez (Venezuela)
Sus almácigos denuncian su calidad de poeta ligado a la tierra y vinculado a la raíz sufriente del hombre campesino. Los conservaré a mi lado y sabré buscar en ellos cuando tenga sed el agua que derrama su manantial montañés.
Manuel Rodríguez Cárdenas (Venezuela)
Mora nos comunica su particular visión de los acontecimientos, los hechos en su dimensión más honda, más profunda, la artística función del hombre puesto en la esfera de los sucesos y echado sobre los caminos de la imaginación para perfeccionar el cauce y la voz.
Antonio Ruiz Sánchez (Venezuela)
Tu poesía es un cordón de imágenes sabias, trazadas como una jugada de ajedrez que va derecho al jaque mate, sin que lo vulgo del juego matemático le quite esa alma poética que anima lo que escribes. Eres un gran poeta.
Waldemar Dante (Chile)
Profundos temas engalanan este poemario Almácigo. Su último poema “Función” (Responso al Petróleo) es en síntesis un gran manojo de verdad, dolor y desazón. Hacía un tiempo que no llegaba a nosotros un canto del hombre en defensa del hombre que a veces no encuentra o no sabe por qué vivir.
Delia de Horta de Merello (Uruguay)
Su poesía es una voz viva, que se nos queda con auténtica emoción. Y en otros planos, este Responso al Petróleo, también nos viene como una foto reciente y profética, a los mexicanos y no sólo a nosotros, sino a tantos y tantos ilusos países flagelados, que no beneficiados, por el oro negro. Ya lo dijo nuestro López Velarde: “El niño Dios te escrituró un establo / y los veneros de petróleo / el diablo…”.
Soledad García (México)
He leído con placer Almácigo y Almácigo 2. Me gusta tener la producción del Grupo “Parnasillo”, que afianza su presencia, día a día, en las letras venezolanas. Aunque vivo muy alejado de las nuevas promociones de poetas (veo que Ud. es del 42), me apasiona el conocimiento de los actuales movimientos literarios. Reciba mi reconocimiento y un cordial abrazo.
Pedro Grases (España)
Siguiendo los caminos de algunos de tus poemas llego al titulado: “Función (Responso al Petróleo) y creo que no se puede decir más de este monstruo inhumano que está destrozando la luz primitiva del alma de los hombres y convirtiendo la Tierra en un estercolero, porque detrás del Padre-Petróleo llegará el Hijo de Puta de las Centrales Nucleares y las multinacionales del oro destrozarán nuestro planeta con sus ambiciones, a no ser que los seres del espacio, los extraterrestres, detengan la bestialidad que el capitalismo está desencadenando y que puede conducir a una guerra nuclear.
Manuel Pacheco (España)
Lo felicito por sus versos llenos de impulso juvenil y savia nueva. Me ha encantado “Función”, pleno de fuerza expresiva.
Mario Briceño Perozo (Venezuela)
Almácigo 2, dividido en tres partes denominadas “Del Hombre”, “Del Amor” y “De la Vida”, contiene 52 sonetos, a través de los cuales se canta una temática variada, tratada con singular afectividad y emoción. Así, el poeta nombra la montaña, donde nacieron sus primeras miradas; la neblina, que estuvo tan íntimamente vinculada a su infancia. Así, también, el poeta nombra la heredad, la penumbra, el corazón, la lejanía, el paisaje, todo ello vital y profundo. Cabe mencionar igualmente la serie de Trípticos, en todos los cuales campea la espontaneidad, se convocan las memorias amadas, los nombres y los sitios que de alguna manera constituyen la existencia. Pablo Mora, con estos sonetos, extrae desde el fondo de su ser esa luz grande que es el amor y que se proyecta sobre todos los seres y las cosas.
Dionisio Aymará (Venezuela)
De la noche insomne es un libro que revela, como uno de sus temas fundamentales, la libertad del hombre. Un hombre oprimido por todo lo que sucede en esta vida y que debe de alguna manera escapar o evadir esa realidad.
Tina Tarantini (Venezuela)
Almácigo 3, más que un refugio de lentiscos es la totalidad de sentimientos expresados por un hombre que ha compartido y siente las penalidades del labriego y se asoma a la puerta de su morada, donde un mundo de silencio se empoza en sus pupilas. Mora arremete contra la soledad, eco del misterio y revelación de la búsqueda.
Ana Cecilia Guerrero (Venezuela)
Almácigo 4 En tiempo de guerra de Pablo Mora tiene sabor humano. Versos cocidos con el alma. La paz la guerra la guerra la paz, juego de palabras unamuniano para rescatar verdades. Un diez para este libro hermoso de Pablo Mora.
Juan Manuel Polo (Venezuela)
En este libro Almácigo 4, su lucha por la paz se trueca en armazón y ariete sentimental contra la agresión y la hecatombe, un afirmarse en que no habrá “tiempo de saber de su espesor” si los hombres no se persuaden de que la próxima guerra será la postrera… Pablo Mora, nos parece, alcanza, en este poemario, su más preciso aliento en la estructura que inmortalizara Garcilaso: “No importa el llanto o la primer caída, / la vida es solamente el compromiso / de estar donde la vida misma quiso: / al lado de la vida de por vida.” Es ésta una hermosa declaratoria de fe humana en la humanidad. Contra la muerte y los traficantes de la guerra Pablo Mora subleva sus batallas aladas, los huracanes y ventiscas que arrojarán lejos llantos y dolor. Hombro a hombro
se conciliará el hombre con su infancia
se cubrirán de flores los desiertos
Gustavo Pereira (Venezuela)

Almácigo 4 En tiempo de guerra: un mensaje cálido de paz, de fraternidad y una ancha bocanada lírica. Su voz, indudablemente, lleva consigo reminiscencias de tradición y al mismo tiempo permanente novedad. Adjunto encontrará un programa de la última temporada de Yolanda. La razón es que en el proemio va el hermoso soneto que Ud. le consagrara. Para nosotros es un honor. Ya ve, pues, que su poema nos ha merecido siempre una honda estimación. De Yolanda, su permanente gratitud por la hermosa exaltación de que la hizo objeto.
Manuel Rodríguez Cárdenas (Venezuela)
Mil gracias por el envío de su denso y conmovedor y conmovido poemario Almácigo 4 En tiempo de guerra. No es frecuente embarcarse en una empresa lírica de esta magnitud. Es más frecuente que publiquemos un librito con varios poemas breves o extensos. Pero dedicar toda una obra a un solo tema de enorme trascendencia con gallardía y con tales interpelaciones a la conciencia de un Continente, de un mundo, es tarea cuasi colosal. Lo felicito de corazón.
Fray Jerónimo Verduzco, O. F. M. (México)
“En tiempo de Guerra” nos muestra a un Pablo Mora más maduro aún, más compenetrado con los aconteceres que golpean a la sociedad mundial. Él lanza un Canto a la Paz, sueña con la paz, para que los niños tengan su cuota de felicidad ahora y después. “se conciliará el hombre con la infancia / se cubrirán de flores los desiertos” Para que el hombre siga guardando en su interior la pureza, los sentimientos incontaminados, la primitiva dulzura, la inviolable ternura… En alguna oportunidad enfoques realizados por quien firma fueron leídos ante el público uruguayo, en el afán de dar a conocer valores de hermanos latinoamericanos… No más guerras. Corazón adentro, gracias Pablo Mora por tu mensaje de Paz y Esperanza!
Delia de Horta de Merello (Uruguay)
Visitar su página web de poesía es visitar un archipiélago del sueño y la resistencia dentro de la Red. La poesía ha encontrado su medio y su soporte técnico en Internet; su fugacidad eterna, su movilidad, su aleatoriedad, su multiculturalidad, tienen unas posibilidades infinitas que permiten y permitirán a la poesía, ser el recurso definitivo de los hombres libres y de aquellos que hoy luchan por la libertad y la justicia en todos los puntos cardinales de la tierra.
Omar García Ramírez (Colombia)
Pablo Mora propone la instauración de una nueva disciplina que venga a cubrir los vacíos en el estudio de la razón poética: la poiesología, “estudiaría los signos de la creatividad y las leyes que la regulan en relación con la naturaleza, el hombre y el arte; al interior de la ciencia, la técnica y la tecnología”… Si el hombre camina hacia la extinción —la autoextinción— le quedan tres alternativas: que éste sólo sea un destino aparente; el nihilismo; la responsabilidad. Esta última suena a inocente y utópica, pero, ¿queda algo más? Todo esto lo dice Pablo Mora en Fondo Humanitario Internacional.
Marcos Taracido (España)
Pablo, soldado de la palabra, desnudo solitario insomne, en vela, velando a pensamientos desatados, es semilla del hombre, es trigo, pan, espiga, sueño, niño, que se hunde en el ser para sentir que es; se maravilla del discurso del agua, se asoma al canto de los árboles y escucha el aplauso de los pájaros, a pesar del estruendo de los hombres. Pablo, el hombre de asombro deshojado, con el gesto de asombro en la danza espectral de los insomnes, en el silencio en que se apaga el mundo, en el silencio en que el insomne flota, desgrana cuarenta poemas en versos libres, en los que juega con la palabra, revive la palabra, estremece la palabra.
Carmen Teresa Alcalde (Venezuela)
Para abordar la poesía de Pablo Mora es necesario acercarnos a su espíritu de alquimista literario. Ha sabido, este denso poeta de avanzada, orquestar, si se quiere, perfectamente, la vida misma, con todas sus virtudes y defectos, en una sinfonía pura titulada “Almácigo”, que no es otra cosa sino su redención definitiva ante el caos en que se veía inmerso por su preocupación inminente: la vida humana… Pablo Mora es el camarada y amigo que nos invita a despertar del ensueño para protagonizar la nueva revolución. Sus poemas manifiestan rabia, descontento y sin embargo incitan a luchar por la paz social: El hombre, “un gran dolor en viaje”, a pelo, en la yegua de la poesía…
Manuel Rojas (Venezuela)
Gracias por tus libros que me acompañarán siempre. “Almácigos” fértiles que harán, un día, bosques de belleza escrita.
Dora Castellanos (Colombia)
Pablo Mora, hasta donde lo hemos visto y leído, presenta una particularidad especial. Consiste ésta en que, libro tras libro, a él le resulta indiferente el verso que utiliza. De esta manera maneja con la misma familiaridad el verso tradicional, sujeto a medida, rima, etc. Y el verso contemporáneo que es en casi todos sus elementos constitutivos, irregular.
Pedro Pablo Paredes (Venezuela)
De un espíritu sólido en la fe de los hechos de la palabra, Pablo Mora demanda toques de campanas e implora la presencia de nuevos haces de luz. Poesía de reconciliación y utopía, de historia y conciencia humanística. De la noche insomne es síntesis de un importante trabajo sostenido desde 1978 por Pablo Mora bajo el título de Almácigo, que ya alcanzó el volumen número seis. En ese conjunto de obras el poeta aboga por un ideario universal y universalista que toma al hombre como centro de interés, con recursos estilísticos de especial cuidado, siempre con la metáfora como espada, siempre con el canto como bandera. Constituye Pablo Mora una de las voces poéticas contemporáneas de primer orden y que tendremos que estudiar con mayor profundidad y seguir leyendo con apasionamiento.
José Pérez (Venezuela)
Disfruté mucho los textos de De la noche insomne por descubrir en ellos mucha afinidad con mi idea de que la mejor poesía es la que se escribe en prosa, o por lo menos sin pensar que se escribe en verso. Aparte de insomne, la tuya es una poesía vidente, tal vez la única poesía vidente que nos es dado leer por estos lados. Lo que envidio más en tu impetuosa estrofa es la fe en la posibilidad de construir el porvenir y el amor telúrico desenfadado y sin banderas. En comparación, mis modestos versos resultan los de un escéptico e irónico trasnochado, que está de regreso del futuro.
Juan Calzadilla (Venezuela)
Lo más trascendente en Pablo Mora es su poesía. Su poesía se semeja a la música en tanto su discurso sonoro plagado de imágenes se origina en fonemas o palabras o motivos que él hábilmente desarrolla hasta transformarlos en un todo sonoro, en un discurso absoluto que cultiva al oyente. Sus versos han trajinado los campos, los tiempos y los espacios más variados. Sus poemas van desde el grito desgarrador del desposeído al canto íntimo del amor erótico, pasando por expresiones matemáticas, postulados, axiomas, las galaxias, cantos como el Color de la Rosa, Esperanza y La mano, sin que falten los Mandamientos, Decálogos y Moralejas y en especial nuestro Canto Universitario, hoy Himno de la UNET.
Rubén Rivas (Venezuela)
Inventario en invierno —contemplación del quehacer deshumanizado del hombre en su universo semi-destruido— encierra una visión desgarrante de la fiera realidad que desfigura el mundo actual. Hay en el poema una intencional reiteración de la guerra, el dolor y la desesperanza. El amor y la paz, sin embargo, aparecen transformados en una añoranza: “Por fortuna existe la montaña”. El poema termina con una esperanza real y concreta, fundada en la construcción del devenir próspero de una sociedad en paz, con el trabajo de todos los hombres. Este poema refleja una gran depresión de Pablo Mora, para el momento en que lo escribió, quizás delante de miles de noticias desalentadoras de la paz mundial, notándose a todo lo largo del poema esa descripción (inventario) de la guerra. Al final del poema, sin embargo, aflora un estado de ánimo alentador y optimista en la búsqueda de esa paz quebrantada.
José Luis Briceño Viloria (Venezuela)
Se le identifica en todo con su poesía, con su universidad, con su magisterio de la amistad, del servicio, de la participación y de la esperanza. Innato en Pablo Mora el servicio a la poesía. Innato en Pablo Mora el servicio, con su poesía, a la cultura, que es como decir a la humanidad, pues no hay más cultura que la humanidad misma. En Pablo Mora el verso es vivo, porque lo arranca con la savia de una flor, con la sangre de una mujer, con el fuego de una piedra, con la pureza de una explosión, con el cambio de una dinámica revolucionaria. Su palabra poética suena profunda y a la vez elevada, se proyecta en germen de siembra y vuela con la pluralidad de las estrellas. Se la conoce en España, Italia y en naciones de Latinoamérica. Su militancia en una revolución sin nombre, que nadie hace porque los jóvenes se oxidan pronto al absorberlos la rutina, vive en prédica permanente del trabajo —verdadero factor revolucionario— con esmero real y sin tregua. El compromiso principal lo concreta Pablo todos los días en totalidad de entrega a la cátedra, a la comunicación social y, por supuesto, a la poesía, que es la esencia del todo, según el decir de Jean Aristeguieta.
Valerio Niño (Venezuela)
El Mora de la palabra propia y madura nos evoca al mismo Vallejo y a Neruda, sobre todo en la manera de asumir el compromiso de estar vivo y de entender la vida como una lucha constante, una entrega permanente por alcanzar el deber inalienable de saber ser hombre: hombre comprometido consigo mismo, con su pueblo, con su historia… Hay un trasfondo filosófico que se refleja en su concepto peculiar del sueño, la muerte, la existencia humana y el mundo. La directriz, el tema predominante es el sueño, el cual página tras página va cobrando una densidad asombrosa, hasta el punto que desencadena una obstinación —feliz, poéticamente—, una sed intensa de soñar, una sed de sueño; empero, esta temática se incorpora en una totalidad todavía mayor, donde se acogen otros temas recurrentes como la libertad y el destino de la patria, la política, el recuerdo, el desamor, los recursos naturales, la geografía del país, los viajes, la soledad, etc., todo lo cual nos confirma la necesidad de lo expresado por Rilke, en el sentido de que “los versos no son sentimientos sino experiencias. Para escribir un verso hay que haber visto muchas ciudades, hombres y cosas”.
Julio César Arboleda (Colombia)
Los versos del poema Es preciso de “Asombro al descubierto” tal vez resumen —en síntesis granítica, genitiva, de la poesía de Pablo Mora— la profunda desgarradura humana. La extensa vocación rebelde y desgarrada por hablar con el Padre Nuestro Sideral. El trabajo que empezó con su primer libro “Almácigo”, publicado en 1978 y que, transplantado a tierra fértil, ha producido ya casi veinte libros. En toda su obra los elementos fundamentales —acrisolados— están en ese poema: Llegó el momento de morir de asombros / La hora de descargar nuestros insomnios / La hora de transplantar nuestros almácigos…
Ibar Varas (Chile)
Universalidad humana, pareciera gritar Pablo Mora con su obra. Universalidad que converge en la sensibilidad de un hombre que tal vez hubiese preferido se le asignara otra tarea para su vida. No obstante, es lo que le ha correspondido y lo realiza con una fuerza intempestiva y con una sensibilidad que hiere a quien lo mira a través de sus textos. Luego de realizar una observación del mundo que le rodea y de visualizar sus posibilidades dentro de ese mundo, termina por desear un utópico retorno al mundo infantil y bucólico en su aldea nativa.
Edgar Mora T. (Venezuela)
De la noche insomne —poesía-vértigo; poesía-alucinación; poesía-aluvión— es desenfreno lírico, nominalista, que sólo puede provenir del lenguaje y su libertad. A la libertad del hombre por la libertad del niño, clamaban los anarquistas. Pablo Mora sabe que la libertad poética sólo es posible cuando el hombre percibe que su libertad individual puede ser alienación, manipulación, domesticación. Por eso su voz es la de todos los hombres que temen al exterminio del industrialismo y su costra de insensibilidad. El poeta vuelve a los orígenes de la palabra, como en Sumer y en Grecia, a la mitopoiesis, al vértigo delirante, al lúdico encantamiento, a la imaginación desbordada, a la intuición.
Ibar Varas (Chile)
En su estadía en las tierras limítrofes con el Brasil, su poesía evolucionó con nuevos matices, adquirió el temple del acero para crear los fulgores de la guerra, la impetuosidad de las lluvias tropicales y los misteriosos encantos nocturnales, transfigurándose su estructura vital en el insomnio que proyecta y dirige su destino existencial, en el insomnio que permite conversar con los dioses de la noche.
Rubén Darío Becerra (Venezuela)
A través de los cincuenta y cinco poemas que componen el poemario Asombro al descubierto, se nos muestra el poeta en un desafío a sí mismo, sumergido en la fe y en la esperanza, siempre primaria, con un depurado estilo, a veces sincopado, pero siempre con una pureza de expresión, en lúdica síntesis de gran fuerza espiritual y un idioma reforzado con vocablos de auténtica creación literaria. Por lo demás, Pablo Mora mantiene con fidelidad absoluta y cotidiana su carácter de poeta y como tal vive; es por eso por lo que su autenticidad lírica no deja lugar a dudas.
María Luisa Alonso (España)
Pablo Mora vive en la provincia del extremo occidental del país, el Táchira, Venezuela, mas cruzan por sus libros vientos universales, preocupaciones por la paz, por la guerra nuclear. Con un lenguaje turbador, lúdico en muchas oportunidades, sabe enraizar lo tipológico con la genuinidad. Los valores eternos del hombre con la tradición literaria de los Andes, amalgamadas inquietudes epocales con su circunstancia regional.
Lubio Cardozo (Venezuela)
Pablo Mora le canta a la Paz, que es una manera de denunciar la guerra, de combatirla más allá del simple miedo a la muerte… En Almácigo 4 En tiempo de guerra está presente la advertencia del bardo tachirense para quienes pretenden convertir al mundo en un horrible maremágnum de muerte.
Vladimir López Negretti (Venezuela)
Pablo Mora nos incita a la Paz, a la Justicia, a la Libertad, a la Vida. Entonces, la desesperanza es aparente: como la realidad cuando la oculta la niebla.
Ibar Varas (Chile)
Para Pablo Mora está destinado el triunfo. El triunfo que da la sinceridad con que se expresa, esa manera de comunicarse con el lector, original y profunda, humana. En el amplio abanico de sus manifestaciones es, de alguna manera, alguien que nos reconcilia con la verdad!
Delia de Horta de Merello (Uruguay)
El mundo cruje, la explosión voraz amenaza, el tiempo depende de la guerra, así se conmueve Pablo Mora, mientras enciende los semáforos de la Paz, advierte y desmenuza sus reflexiones esperanzadas. Oportuno su mensaje, dramático su grito.
Luis Ricardo Furlan (Argentina)
Cuarenta mil millardos de millas de hombres luz no es por cierto un poemario más del autor, es sencillamente un único poema dividido en cinco cantos triunfales —ora romance, ora delirio, ora clamor— que se hurta extrañamente de su repertorio. Poema con el cual honra en cada sílaba la negritud y la gallardía del África. Según su autor, la admiración por esa negritud, implícita en nuestra sangre y en nuestra alma, no es por cierto intelectual, sino un súbito infarto que reanima la memoria de un gen rebelde. He aquí un despertar volcánico, inmemorial, la invasión de un latir infatigable. África, ese lamento mudo, esa danza sin razón que ilumina y oscurece nuestra historia, es también alfa y omega de esta vertiginosa obra.
Freddy Ñáñez (Venezuela)
La poesía de Pablo Mora es el despertar del pueblo andino que se precia de ser lumbrera del sentir venezolano, trinchera en las luchas políticas y foro permanente en la retórica y las bellas letras. Pablo, como amigo, como poeta y como académico abarca un amplio dominio del intelectual, hecho para vencer las barreras, despeinar los nubarrones e imponer su voz cantante, allá donde su presencia es inexcusable. Pablo acaudilla la voz del escritor provinciano, a veces injustamente golpeado por irreverentes letrados de la metrópoli. Es un poeta fecundo. En él, la tónica social vence al lirismo pasional. La preocupación social, el destino del hombre actual, sale en primer plano. Pablo es un hábil sonetista, a través de este metro rescata del olvido a los hombres que impusieron su ideología al precio del sacrificio; pero también la vida del hombre y sus rastros.
Max Efraín Pérez (Venezuela)

Ha levantado su ódica sobre su corazón, su bondad, su humanismo, su exigencia. Compone con sus palabras desatadas, libres cual su desborde imaginativo, una lírica tupida, hermosa. Dona con sus versos una escogencia: su retante encuentro con el devenir cotidiano, hombres, sucesos, entorno, para compartir en sus páginas su alacridad o su desdicha. Intercalando a veces en sus estrofas versos de poetas amigos o lejanos rinde así su homenaje al canto mismo como obra colectiva del Dasein, bajo su eslogan “Poesía, Sociedad Anónima”. También, en algunos de sus opúsculos, retoma el hilo de la lírica de la georgicidad.
Lubio Cardozo (Venezuela)
Poesía, Sociedad Anónima, interpretando a Pablo Mora, en cuanto somos una sola voz quienes escribimos ahora conjuntamente con los que escribieron antes de nosotros y con los que escribirán después. Sociedad Anónima que significa la solidaridad humana que todos tenemos, la posición de humanidad solidaria ante la espiritualidad de la especie. Poesía, Sociedad Anónima, no sólo referida al presente sino también con trascendencia futura, entendiendo la Poesía como una especie de metalógica o metalenguaje o metaespiritualidad que está, como si dijéramos, dentro de la herencia de la especie, al interior de una herencia poética. En fin, Sociedad Anónima que significa la solidaridad humana que todos tenemos, la posición de humanidad solidaria ante la espiritualidad de la especie.
María Luisa Alonso (España)
Tu poesía es. Cualquier adjetivo (de los cuales abomino) la limitaría. Me impresiona.
Cristina Castello (Argentina)
Rézame: Excelente jaculatoria.
J. M. Arbeláez (Colombia)
Reconcilia con los clásicos. En un entorno donde, habitualmente no se lee este tipo de poesía, a mí me parece un ejercicio y un esfuerzo por encontrar, medir, pesar las palabras y sus sonidos. Me ha gustado mucho además por la originalidad que hace de contrapunto al clasicismo de su forma.
Olga Muñoz (España)
Me ha encantado tu Ancha soledad. Tu estilo inconfundible nos dice mucho de la angustia del hombre por entender su papel y su destino. Siempre logras llamar la atención sobre estos temas trascendentales y difíciles de tratar. Tu prosa poética muy bien hilvanada. Me ha gustado tu texto.
Ildefonso Méndez (Venezuela)
Piedra Abril: Profunda elegía imaginaria, Pablo, en el espejo de un César Vallejo que siempre fue un referente de honduras. Un poema realmente bueno.Luis E. Prieto (España)
Estimado profesor: Aunque luzca un tanto surrealista, he tenido la oportunidad de leerlo y de conocer sus escritos en las páginas virtuales de la revista Especulo, esa extraordinaria publicación de la Universidad Complutense de Madrid. Para mi sorpresa, descubrí que usted, un colega profesor de la U.N.E.T., institución a la que alguna vez fui invitado en la época en que yo era Director de Extensión Universitaria de la Universidad Simón Bolívar, era colaborador regular de Especulo; y que en algunos de sus artículos: “Esbozo de una razón poética” y “Leer es elegir”, entre otros, planteaba temas muy cercanos a interrogantes que, desde hace años, no cesan de acompañarme. Yo, al igual que usted, también contemplo el espacio académico como un lugar en el que la palabra de la poesía no debería estar ausente. Y yo, al igual que usted, creo también en que las razones de la academia no tienen por qué contradecir las razones poéticas que nombran la realidad de nuestro mundo humano… Siento que coincidimos en nuestras propias perspectivas ante los hechos humanos y las palabras; y que, seguramente, a usted igual que a mí, el vocerío hueco y pedantón de muchos colegas enfermos de especialismo: esa diferenciación de forzados cenáculos, puede hacérsele igualmente insufrible.
Rafael Fauquié (Venezuela)
Pablo Mora, el orfebre de la palabra, el capitán de la poesía, el artista que devela al hombre sencillo que lleva en su ser, tatuado de rimas, métrica y libros, es capaz de ahondar en el cotidiano vivir para salvar la esperanza y denunciar la desesperanza en cada una de sus obras, entre rasguños poéticos y trajines cotidianos. Pablo Mora vive, sueña y crea. Entre páginas de tinta se escucha el cabalgar de la poesía viva y de verso en verso se descubre al autor, quien con voz de tenor acaricia el acento humano del poema inmortal. Abstraído del mundo, para alzarse en alas del tiempo y de una imaginación pródiga. En sus manos un leve temblor acompaña el índice hacía su creación, mientras entre pausadas y rápidas entonaciones habla del hombre que sucumbió ante el mágico universo de la poesía.
Susana Moncada (Venezuela)
Las palabras del poeta Pablo, son palabras que tallan su lenguaje hasta el asombro desde la muerte hasta la lumbre, desde el almácigo hasta la profunda intemperie de quien lleva el sol en los ojos. Pablo, acumulas la mayor cantidad de eternidad posible en el tejido de tus voces, en el fuego que urdes trama a trama con el llamado de las diosas, una vez más y por siempre, realizas tu oficio de diamante en el ejercicio de la vida viva. Todos sabemos quién eres, mientras tú lo descubres íngrimo y solo después de entreverar el verso con la esencia.
Jazmín Sambrano (Venezuela)
Tu paciente trabajo alfarero moldeó al fin los guijarros de las palabras hasta convertirlas en recinto de una razón poética. Síntesis diluviana de las infinitas razones por las cuales el hombre decide, una madrugada cualquiera, trastocar los vocablos que le fueron entregados para ordenarlos al compás de su desesperanzado corazón. Pero labranza también del poder de la palabra, cuando sale al aire puro de las mañanas a ver si ha germinado su siembra persistente de flor. Recorrido a contrapelo, desde todas las aristas de un cristal que aún está en formación. Travesía en tormenta de un bajel empeñado en echar peces a la mar. Razón que no sazón, que atañe más a ese oficio diario de aliñar abecedarios, con gajitos de suspiros, para llenar con ellos un azafate de pan de jobo.
Razón poética porque invoca, desde las honduras de los pozos, o desde el vuelo de un azulejo, ese deber de recomponer el lenguaje para que hable otra vez la lengua del hombre, recupere su condición alquimista, su contenido de pólvora, su esencia vegetal. Expediente y código, señuelo y llamarada. No es un texto para solazarse en la palabra, sino para irrumpir en la lámpara del alma, para apacentar alumbrajes que no sombras. Para hacer de la razón poética la gramática del hombre.
Ojalá, Pablo, nadie las encierre en las cercas de una página, o las convierta en simple melodía que se entona en los atardeceres. Ojalá se disperse y se esparza en la cuenta abierta de la humanidad, en la sociedad anónima del hombre, en el contrato a tiempo indeterminado con la esperanza, el porvenir. Que tome las rutas de las aguas, los aguaceros, los vendavales, hasta trastocar la lengua que incomunica, la que espanta, la que empuña la muerte, la que se sacia en la miseria, se aposenta en el dolor. Y haga de la razón poética el mágico engranaje que abra las compuertas de la vida represada, hasta hacerse combustible de los tiempos que serán. Cuando la palabra se distinga por el acento de su ritmo, el color de su paisaje, el sortilegio de su musicalidad, y abrirla sea como acampar en un recinto de mieles, un huerto de pomarrosas, un eterno almácigo de amor.
Mery Sananes (Venezuela)
Prólogo de “Palabra insomne”
Pablo Mora, poesía de Azul y tierra. Yo elijo su palabra como se escoge un puñado de semillas, cara al cielo. Es uno de los más grandes poetas de esta América doliente y "anhelada" por el Hitler 2004 de la América imperial. Su palabra es himno al Absoluto por cada ser y por todos los seres. Por una Humanidad en siempre alba.

Cristina Castello (Argentina)


Poeta y amigo Pablo Mora: he abierto tu hermosísima página web y me he dado cuenta que sabes obtener el más grande y luminoso éxito que ha dado al hombre este recurso del ingenio y la sabiduría universal. Tu página es bella, muy bien y poéticamente confeccionada. Es un extraordinario panegírico de la poesía. Es sencillamente hermosa, para usar uno de los más comunes adjetivos de Fray Luis. Le enseñas a la gente que en verdad el poema es el alma de la tierra, de esta tierra donde estamos, sufrimos, amamos, lloramos, pero donde tenemos el inmenso privilegio de leer un poema. Leyendo tu página me he trasladado a "El Diamante", la magnífica estancia de tus mayores, refrescada por los sauces altivos, protegida por las recias barandas donde se empataban rosas, azucenas, bellísimas, claveles y helechos. La música de tu página me hace recordar que al norte está la sonoridad espumosa del Quinimarí, y al sur el rumor de la quebrada misteriosa, llena de recelos, pero que en sus aguas rodantes va hablando de misterios, fantasías y cosas ocultas. Tu página es muy pedagógica para quienes nos atrevemos a decir y aceptar que el mundo no pudiera existir si no existe la poesía, a lo Gustavo Adolfo Bécquer.

J.J. Villamizar Molina (Venezuela)

Escribe para la prensa como auténtico escritor. Sabe manejar su pensamiento y, en consecuencia, sabe sacar como debe ser siempre la pluma. Pablo Mora sabe leer y, porque sabe leer, naturalmente sabe escribir bien. Lo mismo en la crónica que en el ensayo, y lo mismo en el ensayo que en la crítica y en el poema. Pablo Mora es escritor, pues, y es poeta.
Pedro Pablo Paredes (Venezuela)
Pablo Mora, es una voz y todas las voces, nuestras voces.

Cristina Castello (Argentina)



Palabras antes de las palabras


Entendemos que la Poesía y la Crítica son dos movimientos convergentes desplazados en el tiempo. Al acto creador, responde la voz del crítico, que no es más que la de un lector responsable, quien toma las armas del intelecto conmovido, sacudido por el choque con la palabra ajena que comprende suya instantáneamente.
El gran descubrimiento —un descubrimiento al que solo algunos pocos tienen acceso— es que las palabras que recogemos de los textos son nuestras, siempre han sido nuestras. Son reconocidas, en un acto de desvelamiento, de sacudirse el polvo del desconocimiento, como propias.
El acto final, la mística final, es la comunión total y absoluta entre creador, palabra y receptor. Esta fusión rompe las barreras a través de la profundidad emergente del acto comunicativo, en el que las distancias se anulan y el espacio de la comunicación se hace tiempo denso, instantaneidad del tiempo recuperado, de la existencia reencontrada.
El Creador se hace tal en la Palabra. El Lector se hace Creador en la Palabra. Y la Palabra hace creadores a ambos en la explosión de la Belleza-Verdad.
Esta Trinidad sin misterio es la que permite navegar por los mares de la historia poética reconociendo como parte de la Patria olvidada cada fragmento de belleza que se encuentra diseminada por las obras y las palabras de otros.
Somos Ulises; regresamos a la Patria de la Belleza navegando por mares de experiencia, vivencias necesarias para comprender-reconocer nuestros destinos en los augurios que nos interrogan en cada encuentro poético.
¿Por qué siempre escucho mi voz en la Belleza? ¿Por qué me asaltan como recuerdos tantos pasajes hermosos escuchados por primera vez? Porque la Poesía me hace crecer, me hace avanzar hacia un destino interno que se me hace reconocible en cada transformación, en cada etapa de mi propia y necesaria metamorfosis. Solo cuando estoy preparado para reconocer la Belleza, ésta me asalta.
Golpes de Verdad y Belleza son los que hacen girar la ruedas de la vida; impulsos de reconocimiento en la Palabra del Otro que se me ofrece como espejo. Hermandad estética; fraternidad de la vida.
¿Quizá la Belleza inicial del Universo explosionó llenando cada ínfima partícula de sus efectos? Puede que la Ley General que rige el movimiento del Universo, la Ley del Todo, sea la que logre restituir la armonía perdida y que, finalmente, el Universo al completo estalle en un schilleriano coro de voces surgidas de todos los rincones. ¡Alegría!
Y rebeldía...
Sí, Belleza que sacude, que hace evolucionar y revoluciona. No más parálisis estética. Poesía dinámica; poesía como la vida: movimiento. Poesía-impulso, energía que ayude a salir del sopor, del letargo, del olvido, de lo inhumano.
Quizá se necesite una nueva ciencia, la Poiesología, para comprender estos movimientos que son del Alma, de los Pueblos y de la Historia.
Los que se acerquen a estos textos del Poeta y Profesor Mora deben estar preparados para un viaje intenso, conmovedor. Un viaje que traspasa al lector la percepción del conjunto. Una escritura que busca el mismo efecto que la pincelada impresionista: que la sabiduría de la mirada realice la fusión final.
Los textos aquí reunidos nos piden que mantengamos con ellos la misma relación dialógica que el autor ha mantenido con la Poesía: encuentro metabólico con la Palabra.
La auténtica Crítica es también Creación. Solo es posible en el Diálogo, en un encuentro de tú a tú. La Crítica no juzga la Obra real; convierte el encuentro en fecundo diálogo. La verdadera dimensión de la Obra de Arte está en su capacidad para hacernos hablar, para que venzamos la tentación ponzoñosa del silencio.
Creo que Pablo Mora estaría de acuerdo conmigo en señalar que el camino de la Verdad poética, esa verdad especular que nos enfrenta a nosotros mismos en los versos del Otro, solo es accesible por los senderos de la epifanía, como un destello que nos reconcilia con el Otro y nos funde en el abrazo simbólico del reconocimiento de la debilidad y la grandeza humanas.

Joaquín Mª Aguirre Romero
Universidad Complutense de Madrid



"Palabras antes de las palabras" (Prólogo), en Pablo Mora: Poiesología, Fondo Editorial UNET (Universidad Nacional Experimental del Táchira), San Cristóbal (Venezuela), 2005, pp. 5-6. ISBN: 980-6300-19-X


En el verso automático nunca hubo tanta profundidad y belleza, tanta universalidad y tanta rareza. Pablo Mora logra mantener viva la perseguida espontaneidad dentro de los límites (nunca unívocos) del poema, en él podemos hablar ya de una poemática al servicio de lo maravilloso. Todas las formas literarias de las que ha sido capaz sucumben a los estertores de su genuina voz. Es un músico siniestro, una canción atea que castiga la palabra con la percusión infatigable de su fe. Ante el ritmo frenético de sus versos uno logra ver, como si se tratase de un espejo, las dos caras del asombro. Sin duda alguna con él se rompe el mito generacional, el porvenir es más suyo que nuestro: Pablo lo apuesta todo, vive la poética de un azar deslumbrante, cada libro anuncia otro, un futuro vigor. Su mayor hazaña, en un mundo en llamas, fue haberle erigido un altar al hombre.

Freddy Ñáñez (Venezuela)

Para qué la poesía

Pablo Mora Profesor Titular, Jubilado, UNETSan Cristóbal, Táchira, Venezuela



Que cada palabra lleve lo que dice.Que sea como el temblor que la sostiene. Que se mantenga como un latido.
No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni añadirbrillos a lo que es.Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad. Seamos reales. Quiero exactitudes aterradoras.Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.
Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame la impostura, restriégame la estafa. Te lo agradeceré, en serio. Enloquezco por corresponderme. Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.
Rafael CadenasArs poética (De Intemperie - 1977)


Para mantener abierta la palabra
Para reinar sobre la muerte
Para revivir cada día
Para sentir junto con los otros
Para sacar la flor de las cenizas
Para vigilar mientras todos duermen
Para que le sirvan
Para apuntalar el sueño
Para servirse
Para alimento espiritual
Para unir lo posible con lo imposible
Para salvar del diario morir
Para hacer más vivo el vivir
Para la Poesía y la Verdad
Para la vida
Para transformar la vida
Para limpiar cuando el poder corrompe
Para cambiar la vida
Para alentar todas las otras formas
Para la fidelidad al relámpago
Para la memoria de los pueblos
Para la salvación del hombre
Para el asombro antiguo
Para un no sé qué
Para descubrir los secretos del mundo
Para llevar el infinito a cuestas
Para salir a la percepción de la mirada
Para alumbrar la maravilla
Para todos y por todos
Para despertar a latigazos el silencio
Para defender el milagro de la vida
Para amar a los otros


Para mantener abierta la palabra
“En la poesía el hombre se une a los fundamentos de su existencia. Ser humano es ser una conversación” (Heidegger). Es decir, una comunión, base de la vida humana, del vivir humanamente. Misión del poeta es conservar en custodia el poder encarnado en el lenguaje. “Escribir poesía es un proceso de descubrimiento, de revelación de la música inherente, la música de correspondencias, la música del paisaje interior. Corre paralelo con lo que en la vida de una persona se llama individuación: la evolución de la conciencia hacia la totalidad, no un aislamiento de la percepción intelectual, sino una percepción que abarca todo el ser, un conocer, un tocar, un “estar en contacto”. (Dense Levertov). Lo que hace pensar a W. H. Auden que “la poesía es lenguaje en el más personal, el más íntimo de los diálogos. Un poema sólo tiene vida en cuanto un lector responde a las palabras que el poeta escribió.”
“La tarea del poeta es aclarar para sí y por lo tanto para los demás las interrogantes temporales y eternas que estén activas en la época y comunidad a la que pertenece.” (Ibsen). “Tenemos la lucha diaria, inevitable y mortalmente seria de apoderarnos de la palabra y ponerla en el contacto más directo posible con todo lo que se siente, ve, piensa, imagina, experimenta.” (Goethe). “La tarea del poeta es mantener abierta la comunicación entre el hombre y su imaginación, el hombre y sus sentidos, el hombre y el hombre, el hombre y el bien natural, el hombre y los dioses.” (Swedenborg, Levertov).
“La palabra -así la poesía- aparece como medio necesario de la comunicación, que consagra el momento en que se funde un lenguaje nuevo, el momento en que el nosotros se realiza en la alianza del yo y el tú... El mundo en que vivimos es un mundo de la palabra... Nada es para nosotros verdadero mientras no podamos anunciarlo al mundo como a nosotros mismos... Escritura es liberación. (Saint-Beuve) Tal es el camino del escritor: la disciplina de la expresión lo libera de los espectros que lo frecuentan... La decisión para la expresión marca el umbral que permite pasar de la pasividad de la roedura interior a la actividad creadora... El poeta es el hombre que vuelve a reconquistar, a encontrar la palabra gracias a una ascética que se la libra.” (Georges Gusdorf).
Para reinar sobre la muerte
Según Gustavo Pereira, acaso la más sagrada pretensión de la poesía sea la de “enseñar, conmover, deleitar, agradar o instruir; sobre todo iluminar, es decir, hacer visible lo oculto, develar otra realidad -o la verdadera realidad.”
“La poesía -y el poeta- se enraízan en esos deslumbramientos tormentosos que han permitido al hombre elevarse desde las sombras de su sinuoso pasado: el asombro, el amor, la fraternidad, la dignidad, el afán de justicia, de lucidez, de libertad... Toda cosa o criatura que habite o viva en el universo sobrepuesta a su propia consumición, henchida de germinaciones, todo estallido o iluminación en un cuerpo consciente o en una solitaria y errabunda piedra espacial pueden ser también parte o esencia de esa rara melancolía y esa pródiga alegría íntima que muchos llaman poesía, pero que acaso no sea más que la desconocida e inalcanzable región de un sueño que los hombres hemos inventado para reinar sobre la muerte.” (G. Pereira).
“El objetivo de la poesía, en un mundo cada vez más reducido a la maquinización y sus falsías, es también contribuir a la rebelión colectiva... La injusticia social es, entre todos, el peor de los males humanos, puesto que permite reinar a la muerte. La poesía es, como se sabe, el reino de la vida... La verdadera poesía -escribió Eluard- no se puede vincular con lo que declina y muere.” (G. Pereira).
Para revivir cada día
Alegría, alborozo, en orden a la obra colectiva en cierne. Sociedad Poética que nos confirma que la existencia no es más que un plagio (Moravia) y que todos los poetas escriben las mismas cosas con uno que otro colorido. Poesía, Sociedad Anónima. Tal vez la única continuidad de la Poesía sea ese hormigón profundo que, de siglo en siglo, establece una solidaridad poética universal. Sólo existe un poema y un poeta y hasta una sola palabra para los hombres y los libros que existen, existieron o existirán. Un mismo hombre converge con el otro, océano de por medio, con la misma angustia, con el mismo dolor, para ver eidéticamente la misma gota de lluvia deshojada en la trinchera, en la vanguardia, en las barracas de la guerra cotidiana.
Un pedazo de pan para los pájaros. Un alarido entre la guerra. La imagen vegetal de la lechuga. Un alpargata recibiendo sol. La sílaba final del viento... Sed de viento, de maíz, de pan. Palabra, cosa, huella, sombra y pólvora. Risa loca, risa engatillada. Atropellada rabia... El paso de Mercurio adolescente. O Marte espantadísimo del hombre... Siempre sola, oculta, detrás del misterio mientras murmura alrededor la noche... Crezca en tus manos la raíz del hombre. La paz sea contigo hasta en la guerra.
"Comarca de utopía para morar". Errabundaje, trashumancia del hombre que mira hacia la estrella. Lucha al pie del hombre, diariamente, por saber para qué se hizo, para qué sirve la palabra; si sirve para algo la alegría, si creen las espigas en el hombre, si vale la palabra todavía... La palabra siempre. En la punta del tiempo navegando. Cabalga que cabalga en las tinieblas
La medida justa del misterio humano... arma cargada de futuro... Jaula de cristal, hembra jadeante... Espuma de la noche, temblor de espuma, pie de sol enfurecido. Piedra de los dioses, sueño de la piedra, piedra de los sueños... Fecunda entraña de la luz... Lo más alto del hombre, el asombro... ¡Antes del Alma fue la Poesía!
Por sinfronismo, por el deseo de que algún día, en alguna parte, alguien reviva nuestros sueños, alegrías, pesares, arrecheras, creencias y esperanzas. Por arte y juego, por jugar al adivino y proponerle adivinanzas o prepararle trampas al tiempo que se esconde en los pañuelos. Por evasión, a pesar de tanta horripilancia en la nariz o en la bragueta. Por ansia de inmortalidad, quedando bien sembrado aquí en la tierra como nuestro perro en el jardín, donde nos oye, desde que el día amanece. Por compromiso, porque quien escribe debería ser un soldado armado para protegerse de la muerte con pistolas cargadas, capaces de hacer que cada hombre tuviese que inventar cada día su propio día, como a Sartre gustaba. (Raúl H. Castagnino).
Para sentir junto con los otros
La tarea del poeta consiste en una investigación continua desarrollada en dos planos: el del conocimiento lo más completo de cada aspecto de la realidad, en confrontación con la sensibilidad del poeta mismo y su weltanshauung o modo de interpretarla y de transformarla, y el de la expresión o creación propiamente dicha, la que antes no existía: la poesía per se, la novedad, la invención. Nace, así, el evento poético, que indaga sobre la vida, sus fases, sus afectos, problemas, relaciones, todo lo que envuelve y mancomuna a los hombres en el gran misterio de la vida: la solidaridad, la amistad y la igualdad humanas.
"Es muy difícil dar una opinión sobre el provecho de la poesía individualmente: depende de factores particulares del poeta. Puede ser la concreción de una necesidad esencial, una manera de ver y mostrar el mundo, una manera de sentir junto con los otros... Socialmente, significa incluir a los lectores y entonces tiene que ver con lo que el poema transmite, convoca. Existe, como casi todos conocemos, aquella clásica controversia sobre 'el arte por el arte o el arte para la sociedad'. Actualmente se considera ingenua la ideología que afirma que la poesía (la literatura) es un arma y puede cambiar la sociedad. El tiempo ha demostrado que la literatura no evita el hambre, la injusticia o la corrupción. Tampoco cabe cuestionar al arte -la literatura, en este caso -porque tenga como fin su propia poética, su intención estética específica (lo que se ha llamado 'torre de cristal'); el verdadero artista muestra siempre un mundo diferente y la literatura cumplirá su destino, cualquiera sea el camino con el que el artista la instrumente. La cultura, el arte, han nacido de una necesidad humana y cualquiera sea la interpretación de esa necesidad (psicológica, estética o espiritual), allí donde hay arte, hay un testimonio del espíritu humano, una prueba de la esencia creadora del hombre." (Graciela D. Bracaccini).
Para sacar la flor de las cenizas
Le preguntaron a Borges: ¿para qué sirve la poesía? Y él respondió: “¿y para qué sirven los amaneceres?” A Ernesto Mejía Sánchez preguntó Jorge Bustamante sobre la utilidad de la poesía, y él a su vez respondió: "La poesía no sirve para ganarse la vida, sirve para ganarse el alma.” Por su parte, Ludwig Zeller, le respondió: “Siempre he creído que la poesía -no sólo en las palabras- es la que da sentido a la vida. Que ella tenga una resonancia en lo inmediato o no, no tiene importancia. Yo creo que es una forma de iluminación con que los seres podemos sobrellevar lo cotidiano, acercarnos a la magia, al mundo paralelo de los sueños. ¿Qué más se puede pedir?” A pesar de que para Kepa Murua “la poesía huye hacia la nada sin sentido ni conciencia alguna”, Jaime Sabines afirmó poéticamente: “La poesía sirve para sacar la flor de las cenizas.”
Para vigilar mientras todos duermen
Definitivamente hay que vigilar. No nos queda sino vigilar mientras todos duermen. (E. Montejo). La labor del poeta es la de la vigilancia. La tarea de la poesía: vigilar. Que la eternidad no es más que el mar andando con el sol. O una calle, el mundo de madrugada, no más que la vigilia del poeta. Sentemos día y noche a la Belleza sobre las rodillas, a pesar de que amarga la sintamos y tengamos que injuriarla. Escuchemos las estrellas, sentados al borde de la noche o el camino. Enconchémonos nomás en el misterio. Hagamos lo imposible con tal de ser videntes. Abordemos lo desconocido por medio del desequilibrio de todos los sentidos. Necesario ser Vidente. Hacerse Vidente. Volverse Vidente. Vigilante. Por un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos.
Vuelve, Arturo, Vidente Amigo. Recuérdanos siempre la Vigilia, su vigor y su ternura. Que nunca, esclavos, maldigamos la vida; antes, libres, cantemos, vigilemos la marcha de los pueblos. Seguros de que, al amanecer, armados de una ardiente paciencia, entraremos en las espléndidas ciudades.
Amanece con el alba, barco ebrio, mariposa de mayo, perdida en las crines de los huracanes de Marsella, compartiendo el fulgor de Aldebarán. Ermitaño augusto, vigoroso camarada, esquiva naufragios y centellas, vuela libre tu alma centinela. Armémonos contra la injusticia. Demos por sagrado el desorden de nuestro espíritu, por ineludible el insomnio y la noche que nos cruzan.
Indispensable llegar a lo desconocido. Porque en el tiempo no fuiste un pájaro sino un rayo en la noche de la especie, una persecución sin tregua de la vida, una raza que canta en la tormenta, relumbra, vela, brilla, resplandece, para que el canto siempre permanezca.
Para que le sirvan
Rafael Cadenas, consagrado poeta venezolano, ha dicho: “La poesía mora lejos del poder... lejos de fanatismos... Lejos está asimismo de grandiosidades porque ellas alejan a la gente de su realidad básica extraviándola peligrosamente. Lejos de utopías, pues por impositivas, aunque con buena intención, suelen llevar a destructividades que no se preveían, ejemplarizando la horrible paradoja del bien que se trueca en mal. Lejos de nacionalismos porque, parafraseando a un socialista francés, llevan en sí la guerra “como la nube lleva la tormenta”. Lejos de ideologías que ponen barreras entre los hombres impidiéndoles que se den la mano, como quiere Salvador Pániker, por encima de lo simbólico “a un nivel más hondo y más real”.
“Hace años -precisa Cadenas- una poeta muy querida me hizo en una entrevista la pregunta que ya es cuasi ritual de para qué sirve la poesía, pregunta que por reiterativa nos lleva a sospechar que se trata de un quehacer enigmático, puesto que siempre está indagándose su función. Yo le contesté: “A la poesía se le sirve más bien, cuando hay suerte”. Y sus servidores son los poetas. A través de ellos hace su aparición. En ocasiones se quita su traje y se viste de prosa, entonces es ésta la que le sirve de portadora, y asoma en la novela, en el cuento, en el ensayo. Los autores le dan forma y pasa a vivir en los lectores que la recrean. Al hacerlo, en cierto modo son también poetas. A veces se ausenta y hay que salir a buscarla; esto puede ocurrirle a un poeta o a una época en un país. Ella es como una gran construcción creada por todos los poetas, y me parece inseparable del trabajo interior de cada uno de ellos. No la concibo separada de esa tarea. En tal sentido tiene un lado extraliterario. Machado, de nuevo Machado, la ve como un yunque de constante actividad espiritual, y también psíquica, podría agregarse.”
Para apuntalar el sueño
En su célebre Defensa de la poesía, para Shelley la teoría de la poesía -ars artium- llega a ser igualmente teoría de la actividad creadora en general, la que soporta y nutre la vida; llegando el espíritu poético a ser el verdadero motor del mundo, puesto que, en suma, el mundo nace como poesía, siendo ésta responsabilidad hacia los otros, absorbiendo el nuevo conocimiento de las ciencias, adaptándolas a las necesidades humanas, coloreándolo con la luz de la imaginación, con las pasiones, transformándolo en la sangre misma de la naturaleza humana. Puesto que, según Shelley, la poesía es “el centro y la circunferencia del conocimiento, pues comprende todas las ciencias y todas a ella se deben referir.” Ya Cervantes nos advertía que ella -la poesía- se ha de servir de todas las ciencias, mientras todas se han de autorizar con ella.
Desde otra óptica, la poesía en sentido lato si bien no tiene que ver directamente con la política, se ofrece como la práctica más eficaz de la que se puede disponer, en cuanto la capacidad del individuo de crear un mundo utópico, mediante el florecimiento de las potencialidades humanas y de la creatividad en sí, privilegiando al extremo la conciencia de sí, en detrimento de un compromiso político como tal. De una u otra forma, letras, poesía y ciencia andarán siempre de la mano apuntalando el sueño de los hombres.
Para servirse
“La poesía, a mi parecer, es como una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa, a quien tienen cuidado de enriquecer, pulir y adornar otras muchas doncellas, que son todas las otras ciencias, y ella se ha de servir de todas, y todas se han de autorizar con ella; pero esta tal doncella no quiere ser manoseada, ni traída por las calles, ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios. Ella es hecha de una alquimia de tal virtud, que quien la sabe tratar, la volverá en oro purísimo, de inestimable precio...
La excelencia de la poesía es tan limpia como el agua clara, que a todo lo no limpio aprovecha: es como el sol, que pasa por todas las cosas inmundas sin que se le pegue nada: es habilidad que tanto vale, cuanto se estima: es un rayo que suele salir de donde está encerrado, no abrasando, sino alumbrando: es un instrumento acordado que dulcemente alegra los sentidos, y al paso del deleite, lleva consigo la utilidad y el provecho.” (Miguel de Cervantes Saavedra).
Para alimento espiritual
“Si bien como alguna vez escribió Borges: No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil, en estos tiempos pragmáticos la poesía es el poco alimento espiritual con que contamos, y el que a su vez nos permite soñar que es algo que a nadie le pueden quitar.” (Juan Guillermo Ríos Becerril).
A pesar de la contundente expresión de Auden en cuanto a que “la poesía no hace que sucedan cosas... no hace que ocurra nada”, a través del diálogo que el poeta establece con el Tiempo y la Historia -como en el caso de Auden mismo-, al través justamente de esa mirada espaciotemporal, confirmamos con Joseph Brodsky que “los poetas se han puesto sobre la tierra para crear la civilización”, constituyéndose en su verdadero centro y raison d’etre humana. A pesar de que “tal vez sólo se trate de sentir la vida en nosotros. La vida, lo desconocido, el misterio, la naturaleza, el ser, el Tao, el Self o como quiera llamarse eso que no tiene nombre y sobre lo cual nada se puede decir.” (R. Cadenas).
Para unir lo posible con lo imposible
“La poesía y su fruto, el poema, están indisolublemente unidos a la natural inconformidad humana. Mientras la filosofía requiere principios, argumentación lógica, verdad develada y desocultada; la poesía sugiere y, desde la intuición, une lo posible con lo imposible; lo real y lo irreal; los sueños y la vigilia.
El lenguaje poético se resiste a las normas de cualquier tipo. En su ímpetu deplora el sentido común... Su mayor cualidad reside en ser el centro mismo de la claridad y las aspiraciones del hombre, de su abismo y de sus sueños más altos. El ser de la palabra poética no se acomoda a las cosas que pueblan la superficie... Cuando el poeta necesita nuevos referentes, cuando el lenguaje le parece inadecuado o impropio para decir y decirse, penetra en la búsqueda azarosa de nuevas palabras. Esta búsqueda insaciable de riesgo, de sufrir condena, desde Prometeo, ha impulsado al poeta a su más formidable manifestación: el poema; el poeta se ha liberado. La más esplendorosa autonomía de lo humano reside allí, en la creación. El jamás será esclavo de la palabra. Lengua y lenguaje lo han humanizado. Es por la palabra que el hombre toma conciencia de su libertad. En la comunión con otros la palabra es el vino y por eso los hombres se purifican bebiendo y hablando.
Vivencias, sentimientos no constituyen aisladamente la gestación y culminación del poema. A lo sumo, podríamos reconocer en ellos un átomo germinal de poesía, que de no fundirse con la vida misma no podríamos alcanzar la explosión poética... Cuando la vivencia, la intuición u otra categoría personal se hace LENGUAJE, sólo en ese caso, adviene el POEMA. Nace el poema... El poema dice lo que dice. La poesía no es explicación de las cosas ni ella misma necesita explicación. El misterio del poema se resuelve en su transparencia.” (Ibar Varas).
Para salvar del diario morir
Para Sabines la poesía es un “acto gratuito, un misterio tremendo al que hemos buscado durante años en nuestra juventud, en ese encuentro tremendo de las palabras con el misterio de la vida. La poesía es un suceso, un acontecimiento, una ocurrencia de todos los días... como una maldición o como una bendición que nos salva del diario morir... Vivimos una gran soledad, y la poesía como un gesto amoroso, es un puente que tendemos entre una isla y otra isla. La isla de Sara, la isla de Jaime; un puente entre nuestras propias vidas. La poesía no es más que un puente que tendemos entre una soledad y otra”.
Deber, mandato ya del alma, de los dioses, los hombres o las cosas, la poesía, frente a todo individualismo, aboga por la libertad del hecho creador en busca de goce, vida y libertad para la humanidad entera.
Para hacer más vivo el vivir
El poeta moderno habla desde la inseguridad. No tiene más asidero que la vida. Seguramente una voz queda le dice en los adentros: La época de las causas ya terminó. Ya no puedes aferrarte a religiones, ideologías, movimientos, ni siquiera literarios. Se acabaron las banderas. Pero este desengaño lo libera para luchar en otra clave por lo que religiones, ideologías, movimientos dicen defender: lo religioso, lo humano, lo valedero.
Esa voz, que parece la del nihilismo, podría ser más bien la voz de la vida que desea recuperarnos.
¿Qué se espera de la poesía sino que haga más vivo el vivir?(Rafael Cadenas).
Para la Poesía y la Verdad
La indisoluble unidad que en su vida tuvieron la realidad y la poesía, la literatura y la vida, su realidad, su experiencia vital, llevaron a Goethe a componer su autobiografía bajo el nombre de Poesía y Verdad. Su poesía defínese como el resultado de una imperiosa necesidad orgánica, base de su experiencia psíquica, habiendo llegado a afirmar a modo de explicación: “Mi verdadera dicha cifróse siempre en mi pensar y crear poéticos... El fondo poético es el fondo de la propia vida... No soy yo quien hace el poema, sino ellos los que me hacen a mí.”
Para él, en fin de cuentas, el único modo de llegar a alcanzar la realidad de la vida era mediante la poesía y el arte, transformando aquello que lo alegraba o lo hacía sufrir, o de cualquier otro modo le ocupaba el ánimo, en un poema. Desde el comienzo de su vida el poetizar fue para Goethe una real necesidad: necesidad de liberarse “en una canción, en un epigrama, en una rima cualquiera, de lo que le atormentaba” íntimamente. “En todo tiempo, afirma, proporcionóme el mayor deleite la reproducción poética de cuanto percibía en mí mismo, en los demás y en la naturaleza.”
Requirióse de un poeta genial para que un binomio tan peculiar pudiera realizarse en plenitud: el de poesía-verdad. Goethe comprende que el mejor poema es vivir. Su vida-obra tórnase, así, fuente inagotable de amor a la belleza, a la naturaleza, a la Poesía y a la Verdad. Sin “prisa y sin reposo”, ciegamente feliz, su vida fue “de lo útil a lo bello, por lo verdadero.” Lo que le permitió decir: “De la naturaleza, por dondequiera se la mire, brota siempre lo infinito.”
La poesía -ha dicho Eugenio Montejo- asume hoy, en nuestra era industrial, una condición subterránea que en su replegamiento encarna la esencia que toma el lugar de la creencia abandonada de Dios como redención de la vida. Ante una desvalorización de la conciencia en el plano público, la gente necesita verdades a las cuales aferrarse, y una de ellas es la poesía, porque le ofrece una verdad. La poesía es una verdad.
Para Montejo: “Pertenecemos más a nuestra época que a nuestro país, pues hay familias poéticas, identidades verbales que no siempre coinciden con las demarcaciones geográficas”. De ahí que nos insista en volver a los dioses profundos; en deletrear el áspero silencio; en la inmediatez y la trascendencia, en la soledad del horizonte, en el silencio redondo de la tierra, en el sonido forestal del mundo, en el rumor de alguna vieja caracola, en el canto de un gallo muerto en otro siglo, en el alumbraje, la resilencia o la “nostalgia cósmica”, “para estar a la hora en nuestra cena/ aunque las migas sean amargas.” Insistencias todas más que verdaderas.
Para la vida
“No sirve para alcanzar el poder, pero sirve para responder al poder con sentimientos cercanos. No sirve para enseñar a nadie nada, pero sirve para mostrar lo que acontece por el mundo. No sirve para matar, no sirve para morir, no sirve para rezar ni para jugar con fuego. Pero sirve para emocionar, para vivir en otros cuerpos, para vivir sintiéndose vivido, para sentir la belleza y hondura de las palabras que nos explican cómo somos. No sirve para gritar, no sirve para llorar, pero sirve para sentir el deseo, para alzar la voz en silencio, para que su tristeza te atraviese el pecho. No sirve para liberar a nadie, no sirve para juzgar a nadie. Pero sirve para hablar con libertad, para proclamar la inocencia de las cosas, para rebelarse contra la locura de la historia. No sirve para bailar, para emborracharse. Pero sirve para celebrar la vida, para embriagarse de otros sentidos, para moverse por otros lugares. Da vida a los muertos y nombra lo que a menudo no tiene nombre. No sirve para la muerte. Sirve para la vida. Es nada, pero al final sirve.” (Kepa Murua).
Sirve para llevar a Dios a misa. Para que la primavera camine al mercado entre panaderías y palomas. Para que a la mesa lleguen recién casados los sabores del mar y de la tierra. Para que las gaviotas repartan el aroma de la rosa en las arenas. Para salir a todas las calles del mundo a repartir pescado. Para saber por quién la lluvia y los pájaros del mar llorarán mañana. Sirve para esconderle los dados a los dioses. Para que hablen los pueblos por su canto. Para dar con todos los azules de la tierra hacia la luz total de nuestras cosas. Para darle la mano a las manos temblorosas de la lluvia e irse cantando entre la dicha y la dureza, la cólera o ternura. Sirve para saber que no tenemos más remedio que vivir, ni más recuerdo que la vida. Para decidir dónde plantar los árboles, de nuevo. Para dejar escrito en la piedra el sueño del domingo.
Sirve para medir el hambre. Para saber bien en qué lugar hay sangre, dónde queda la razón, dónde la palabra, dónde la injusticia. Sirve para que ni un hombre pase sin que reine y sigan naciendo hasta llenar el mundo, sin que nadie los divida sino el sol o la noche, la lluvia o las espigas. Para que el mundo se pueble de palomas, y el hombre recuerde las sombras que nadó, hasta que quiera saltar al agua para caer al cielo. Sirve para distribuir las flores del mañana e ir galopando en el viento sobre el caballo de la lluvia. Para abrir cajones, llenar platos, destapar versos y botellas, vigilias, madrugadas y retratos, hasta que alguna vez si ya no somos, si ya no vamos ni venimos, estemos juntos, extrañamente confundidos, sirviéndole a la vida. La poesía es siempre un acto de paz. El poeta nace de la paz como el pan nace de la harina. (Poesía, Sociedad Anónima).
Para transformar la vida
Del 14 al 21 de junio de 2003, con la presencia fervorosa y masiva del público de Medellín y con la participación de 60 poetas de 50 países, se realizará el XIII Festival Internacional de Poesía de Medellín. Convocado y organizado desde sus inicios en 1991 por la Revista Latinoamericana de Poesía Prometeo, que reúne a un grupo de poetas de Medellín, el Festival Internacional de Poesía de Medellín, demostrando que la poesía no es el privilegio de una élite sino el pan espiritual indispensable para la transformación de la vida, es un vigoroso proyecto poético, con connotaciones culturales, sociales, políticas y democráticas, en el que han participado poetas de todas las generaciones, regiones del mundo, tradiciones poéticas y tendencias expresivas, leyendo sus poemas en más de 40 lenguas, ante un público que en las doce versiones anteriores del evento pudo alcanzar casi un millón de personas. En un país donde la juventud es la víctima principal de la guerra, el Festival reúne a miles de jóvenes para escuchar el pensamiento poético, preservador de la vida, de boca de muchos de los mayores poetas de este tiempo, viajeros que llegan puntuales a la cita anual en Medellín, desde todos los confines de la tierra.
El Festival se propone, como principal objetivo, contribuir en el ascenso de la conciencia colectiva, mediante las potencias creadoras del espíritu que irradia la poesía, en un medio cultural lleno de vacíos y precariedades. Es una verdadera práctica de lucha por la paz y la coexistencia plural entre los colombianos, la convocatoria de multitudes en torno a la palabra poética en un tiempo de terror, como también lo es el debate y la presencia solidaria de los poetas del mundo en respaldo de una solución negociada a la guerra. Es una expresión de la resistencia cultural contra todas las formas de la muerte. Manifestación viva de la conjunción de culturas del planeta y por lo tanto contribuye poderosamente a la fundación de un ser más plural y universal; al fortalecimiento de una red universal de festivales poéticos, publicaciones y proyectos, para el desarrollo de la influencia de la poesía en el mundo.
Para limpiar cuando el poder corrompe
John Kennedy, al aludir a cierta analogía entre la poesía y el poder elaborada por el poeta Robert Frost, sostiene: "Cuando el poder conduce al hombre hacia la arrogancia, la poesía le recuerda sus limitaciones. Cuando el poder empequeñece los intereses del hombre, la poesía le recuerda la riqueza y la diversidad de su existencia. Cuando el poder corrompe, la poesía limpia. El artista que es fiel a su visión personal de la realidad se convierte en el campeón ultimo de lo individual y de la sensibilidad contra una sociedad opresiva y un estado interventor". (David de Ferranti).
Para cambiar la vida
Octavio Paz recuerda: “La poesía ha dicho Rimbaud, quiere cambiar la vida. No piensa embellecerla como piensan los estetas y los literatos, ni hacerla más justa o buena, como sueñan los moralistas. Mediante la palabra, mediante la expresión de su experiencia, procura hacer sagrado al mundo; con la palabra consagra la experiencia de los hombres y las relaciones entre el hombre y el mundo, entre el hombre y la mujer, entre el hombre y su propia conciencia. No pretende hermosear, santificar o idealizar lo que toca, sino volverlo sagrado. Por eso no es moral o inmoral; justa o injusta; falsa o verdadera, hermosa o fea. Es simplemente poesía de soledad o de comunión. Porque la poesía que es un testimonio del éxtasis, del amor dichoso, también lo es de la desesperación. Y tanto como un ruego puede ser una blasfemia”. “El poeta, agrega Paz, tiende a participar en lo absoluto, como el místico, y tiende a expresarlo.”
“La poesía es la revelación de la inocencia que alienta en cada hombre, en cada mujer, y que todos podemos recobrar apenas el amor ilumina nuestros ojos y nos devuelve el asombro y la fertilidad. Su testimonio es la revelación de una experiencia en la que participan todos los hombres, oculta por la rutina y la diaria amargura. Los poetas han sido los primeros que han revelado que la eternidad y lo absoluto no están más allá de nuestros sentidos, sino en ellos mismos. Esta eternidad y esta reconciliación con el mundo se producen en el tiempo y dentro del tiempo, en nuestra vida mortal... la eterna vivacidad: eso es lo que importa.” (Prócoro Hernández Oropeza. F. Nietzsche).
Para alentar todas las otras formas
Difícil arrear y arriar la Poesía. Sea porque alguien a ciegas la persiga; sea porque se la quiera institucionalizar por vía de Casas o Talleres, justamente de Poesía. Máxime si se llega a pensar que se trata de un género “en peligro de extinción” o una causa al borde del olvido. Ni género en peligro, ni causa camino del olvido, la Poesía, por el contrario, “el poema es el lugar por el que se escapa el alma de un pueblo” (Miguel Ángel Asturias). Nunca como en nuestra época, en la que la tecnología rige nuestra vida cotidiana, dejará la Poesía de ser la más alta expresión de la espiritualidad, puesto que “no hay arte sin poesía” (Eugène Delacroix), siendo el lenguaje poético el que apuntala toda y cada una de las artes.
A pesar de las tantas dificultades por amoldarla, amonestarla, amojamarla, amordazarla, amojonarla -institucionalizarla-, la Poesía se niega rotundamente a ser víctima de Decreto alguno. Voces autorizadas, como la de Washington Benavides, aseguran que “la poesía goza de buena salud”, en cuanto instrumento de toma de conciencia de pueblos, comunidades, aldeas, en compromiso con el arte y el hombre y el hambre.
Lejos de cualquier pretendida globalización del fenómeno poético o de que se llegue a calificar a la Poesía de mero “aparato ideológico”, lo que se evidencia es una gama universal, plena de lumínicas especificidades, de maravillosas posibilidades, de infinitas formas de asombro, inspiración, creación, osadía, testimonio, comunicación.
Koïchiro Matsuura, actual Director General de la UNESCO, sostiene que “la poesía ocupa, entre las diferentes formas de expresión humana, un lugar importante y particular... la poesía es algo más que un género literario establecido y codificado: alienta todas las otras formas de expresión literaria y artística... la poesía es poco exigente: una voz o una hoja de papel bastan para darle vida. La encontramos en todas las épocas y en todos los lugares, prueba de su universalidad y de su naturaleza trascendental. Una cultura se reconoce en sus poetas porque son ellos quienes consiguen dar forma concreta a sus pulsiones más secretas, a sus sueños más íntimos y a sus aspiraciones comunes... La poesía es igualmente un medio incomparable para la comprensión intercultural... dentro de su vocación universal de diversidad cultural y de paz en el mundo”.
Para la fidelidad al relámpago
“La poesía tiene como objeto inmediato, básico, producir una fractura y ésta consiste en quebrar la escala consuetudinaria, la escala repetitiva, empequeñecida de lo real. La poesía es un modo de vida o es nada: si es un modo del lenguaje, de la expresión, es por tanto un modo del ser, no del hacer. Cada poema tiene algo de relámpago. Yo no diría que el poema "es" un relámpago, sino que hay en él un relámpago. Evidentemente, la poesía, como forma de experiencia, es para mí la mayor intensidad posible.
El poema responde a un estado de disponibilidad, es decir, de ser capaz de abrirse, de recibir o de crear en un momento dado, mediante una imagen insólita, inesperada, no repetida. ¿Qué favorece un estado de disponibilidad? Varias cosas, sobre todo un elemento que la mayor parte de la gente ha olvidado, ha desterrado de sus vidas: la capacidad de detenerse. La poesía (como afirmaba Rilke) es experiencia. Creo además que es visión del mundo. La poesía siempre es decir de otra manera. Este "decir de otra manera" es para mí la mayor posibilidad que tiene el hombre. ¿En qué consiste el símbolo? Simplemente, en la posibilidad de decir una cosa mediante otra. La posibilidad de que algo diga otro algo. Esa otredad que radica en las cosas, pero que está en la entraña, en la médula de la poesía.
Incluso algunos poetas no entienden que la poesía es una fuerza que se impone, inevitablemente, en quien la crea. El poema no se "produce", no es un objeto de consumo. El poema se crea. Sí es una creación porque toma lo que hay y de ello hace algo que no hay. Esa es la más alta dimensión del hombre, que todos llevamos escondida en alguna parte.
En uno de los inolvidables poemas de Las flores del mal, Baudelaire dice que el mundo es como un bosque de símbolos: hay voces que llaman y voces que responden, entrecruzándose. Aquí se podría aplicar tal mirada: un poema mueve a otro.
Todo poema viene a insertarse en un mundo de poesía, arrastra consigo ese mundo. ¿Cómo no ver esa interrelación? Y sin embargo, paradójicamente, el poema es también autónomo: hay que verlo en su propia ley interior, al mismo tiempo que es preciso verlo en toda la poesía. Es la visión de Mallarmé: escribir un solo libro entre todos. Escribimos un solo poema. Lo que entonces surge es de todos y de nadie en particular. Es el hecho poético...” (De La fidelidad al relámpago. Una conversación con Roberto Juarroz).
Para la memoria de los pueblos
“Más que una vocación, la poesía es un destino. En ella se encuentra un cincuenta o sesenta por ciento de oficio, de rigor, de disciplina. Un poeta es una gente “descarnada”, es decir, una persona que va por el mundo sin piel, con la carne viva. Por lo tanto, las cosas que suceden le afectan más que a otros. No tiene nada que lo cubra, que lo proteja, y entonces, como respuesta a la vida, se da a la poesía. Un ejercicio impúdico, en el que el hombre se tiene que desnudar para escribir. Darse totalmente en cuerpo y alma. Hay que tener el oído bien despierto, alerta los ojos y toda la piel al descubierto. El instante en que usted escribe es de verdadera comunión con las personas y con la vida. Hasta con los muebles y las cosas. Escribir es el verdadero sentido de la vida. La poesía es liberadora. Sobre todo de las tensiones humanas. Creo que uno es como una caldera que está ardiendo y que va aumentando la presión cotidianamente, hasta que explota o hasta que se le abren las válvulas. La poesía es una de las válvulas que tenemos para liberar la caldera de la presión que vivimos, tanto de la alegría como del dolor. Las palabras llegan. ¡Ellas llegan! ¡Muchas veces ellas llegan aunque no las llame, pero me doy cuenta al momento de escribir!” (Jaime Sabines). “La poesía es una reflexión de la vida real. Es como un artículo en un periódico, una observación de lo que se vive en el mundo. Y algunos de mis poemas vienen de esa melancolía por el paraíso perdido y la tragedia de la guerra. La poesía es también un grito del corazón. (Indran Amirthanayagam). La poesía es la memoria de los pueblos y la gran fabricante de fantasmas.” (Octavio Paz).
“Aplastado por el cosmos, el hombre se yergue y lo desafía, el poeta desafía al universo. Por la poesía se iguala o supera al cosmos. La poesía es revelación, es vida en esencia, es el universo que se pone de pie. En realidad, la poesía nos hace ver todo como nuevo, como recién nacido, porque ella es descubrimiento, iluminación del mundo. Cuando sentimos que nos salen alas en la garganta y que todo nuestro cuerpo tiembla, estamos en presencia de la poesía. La poesía da vida a la muerte y más vida a la vida. La poesía es la vida de la vida, por eso podemos decir que es el juego de la vida y de la muerte. La poesía siente más que nada el destino del hombre, y cuando creéis que está cantando, ella está llorando la libertad que es el paraíso perdido o, mejor dicho, el paraíso nunca hallado del ser humano.” (Vicente Huidobro).
“La poesía es resistencia frente a un mundo que se vuelve cada vez más cruel, cada vez más terrible, deshumanizante, porque todo lo que pasa no está fuera de lo humano, y creo que la palabra es una forma de resistencia muy clara frente a todo esto. Lo extraordinario es cómo la poesía pese a todo, a las catástrofes de todo tipo, humanas, naturales, viene del fondo de los siglos y sigue existiendo. Ese es un gran consuelo para mí. Va a seguir existiendo hasta que el mundo se acabe si es que se acaba alguna vez.” (Juan Gelman).
Para la salvación del hombre
“Definir la poesía es una imposibilidad, una utopía, algo que no puede hacerse. Yo preguntaría: ¿se puede definir la vida? ¿Se puede definir la muerte, la música, el amor? No en vano... se habla de ese no sé qué. Y no hace mucho Pedro Salinas decía: Todo comentario a una poesía se refiere a elementos circundantes a ella: estilo, lenguaje, sentimientos, aspiraciones, pero no a la poesía misma. La poesía es una aventura hacia lo absoluto.
La poesía no se explica por circunstancias exteriores. Mucho más que las vinculaciones entre poesía y biografía interesa la relación entre la poesía y la vida interior. Creo que entonces terminaríamos por comprender que toda vida, si se la vive en profundidad, puede desembocar en la poesía. La poesía no es un oficio o una profesión, sino una forma de vida. ¿Un destino? Sí, es un destino. Pero es destino si el destino comprende azar, necesidad y también libertad, lo cual es señalar de alguna manera que no hay destino en la poesía sin creación.
La poesía equivale, para el poeta, a alguna forma de salvación. En primer lugar, la de sí mismo. Esa salvación equivale a la salvación del hombre: en sí mismo y en los demás. ¿Tiene la poesía un futuro? Yo preguntaría: ¿es suplantable la muerte, el hombre, el misterio, el infinito? ¿Es suplantable la palabra en relación con todo eso? Si las respuestas son no, la poesía sí tiene un futuro. El futuro de la poesía es como su pasado: para ella no existe el tiempo. La poesía es.” (Fragmentos de: Juarroz, Roberto: "Poesía y Creación - diálogos con Guillermo Boido").
Para el asombro antiguo
Borges ante el espejo de su sombra
A veces en las tardes una cara nos mira desde el fondo de un espejo; el arte debe ser como ese espejo que nos revela nuestra propia cara. Aquí también esa desconocida y ansiosa y breve cosa que es la vida. Más allá de este afán y de este verso me aguarda inagotable el universo. Dejo que me sucedan los días, acostado en la oscuridad. Aún, siquiera parcialmente, soy Borges… no sabré quién fue Borges. ¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día ulterior que sucede a la agonía. Piensa que de algún modo ya estás muerto. Si pudiéramos comprender una sola flor sabríamos quiénes somos y qué es el mundo. Oh destino el de Borges, haber envejecido en tantos espejos, haber buscado en vano la mirada de mármol de las estatuas, haber examinado litografías, enciclopedias, atlas, haber visto las cosas que ven los hombres, la muerte, el torpe amanecer, la llanura y las delicadas estrellas, y no haber visto nada o casi nada sino el rostro de una muchacha de Buenos Aires, un rostro que no quiere que lo recuerde. Oh destino de Borges, tal vez no más extraño que el tuyo.
Gracias quiero dar al divino laberinto de los efectos y de las causas…por el fulgor del fuego que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo… por el hecho de que el poema es inagotable y se confunde con la suma de las criaturas y no llegará jamás el último verso… por la música, misteriosa forma del tiempo.
La mano jironada de un mendigo agrava la tristeza de la tarde. La noche es una fiesta larga y sola. La calle es una herida abierta en el cielo. Ajedrez misterioso la poesía, cuyo tablero y cuyas piezas cambian como en un sueño y sobre el cual me inclinaré después de haber muerto. Los días son una red de triviales miserias, ¿y habrá suerte mejor que la ceniza de que está hecho el olvido? Qué importa el tiempo sucesivo si en él hubo una plenitud, un éxtasis, una tarde. Creo en el alba oír un atareado rumor de multitudes que se alejan; son lo que me ha querido y olvidado; espacio y tiempo y Borges ya me dejan. Dios ha creado las noches que se arman de sueños y las formas del espejo para que el hombre sienta que es reflejo y vanidad. Por eso nos alarman. Ver en la muerte el sueño, en el ocaso un triste oro, tal es la poesía que es inmortal y pobre. La poesía vuelve como la aurora y el ocaso.
Pido a mis dioses o a la suma del tiempo que mis días merezcan el olvido, que mi nombre sea Nadie como el de Ulises, pero que algún verso perdure en la noche propicia a la memoria o en las mañanas de los hombres. Yo que soy el que ahora está cantando seré mañana el misterioso, el muerto, el morador de un mágico y desierto orbe sin antes ni después ni cuándo.
Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar, hay una calle próxima que está vedada a mis pasos, hay un espejo que me ha visto por última vez, hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo. Entre los libros de mi biblioteca (estoy viéndolos) hay alguno que ya nunca abriré. Este verano cumpliré cincuenta años; la muerte me desgasta, incesante.
Las cosas no sabrán nunca que nos hemos ido. Morir es una costumbre que sabe tener la gente. A todos, tarde o temprano, nos va entregando la vida. Los gauchos aprendieron los caminos de las estrellas. Fueron pastores de la hacienda brava. Eran sufridos, castos y pobres. La hospitalidad fue su fiesta. Alguna noche los perdió el pendenciero alcohol de los sábados. Morían y mataban con inocencia. No dieron a la historia un solo caudillo. Vivieron su destino como en un sueño, sin saber quiénes eran o qué eran. Tal vez lo mismo nos ocurre a nosotros.
Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas. Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro, a mi álgebra y mi clave, a mi espejo. A veces en las tardes una cara nos mira desde el fondo de un espejo. Pronto sabré quién soy. Quiero ser recordado menos como poeta que como amigo. Quiero morir del todo; quiero morir con este compañero, mi cuerpo. Agua, te lo suplico, acuérdate de Borges, tu nadador, tu amigo.
Para un no sé qué
Y todos cuantos vagan, / de ti me van mil gracias refiriendo, / y todos más me llagan, / y déjame muriendo/ un no sé qué que quedan balbuciendo. (San Juan de la Cruz). Y como la sal está en el trigo, la mar en ti en su principio, la cosa en ti que fue de mar, te ha dado ese sabor de mujer feliz y a la que uno se acerca... (Saint-John Perse). Me han sucedido muchas cosas, como a todos los hombres. He encontrado placer en muchas cosas: nadar, escribir, contemplar un amanecer o un atardecer, estar enamorado. Pero el hecho central de mi vida ha sido la existencia de las palabras y la posibilidad de entretejer y transformar esas palabras en poesía. (J.L.Borges). La poesía es en mí una necesidad y escribo porque no encuentro remedio para no escribir. La sentí, como sentí mi condición de hombre, y como hombre la conllevo, procurando a cada paso dignificarme a través de sus martillerazos. Me he metido con toda ella dentro de esta tremenda España popular, de la que no sé si he salido nunca. En la guerra, la escribo como un arma, y en la paz será un arma también aunque reposada. Vivo para exaltar los valores puros del pueblo, y a su lado estoy tan dispuesto a vivir como a morir. (Miguel Hernández). Para Aristóteles la poesía ocupa un lugar intermedio entre la historia y la filosofía. La primera reina sobre los hechos: la segunda rige el mundo de lo necesario. Entre ambos extremos la poesía se ofrece "como lo optativo". "No es oficio del poeta -dice García Bacca- contar las cosas como sucedieron, sino cual desearíamos que hubiesen sucedido". El reino de la poesía es el "ojalá". El poeta es "varón de deseos". En efecto, la poesía es deseo. Mas ese deseo no se articula en lo posible, ni en lo verosímil. La imagen no es lo "imposible inverosímil", deseo de imposibles: la poesía es hambre de realidad. (Octavio Paz). La ciencia propiamente dicha nada tendrá que pretender, al declararse súbitamente la poesía ciencia en sí, ciencia de las ciencias, capaz de bastarse, en posesión de reglas caprichosas, que se diferenciarán de un poeta a otro, a pesar de provenir de una ley primordial, la ley de los dioses. (Saint-Pol-Roux). La física, la infortelemática, la computopía y la teología son y seguirán siendo ramas de la poiesología, de la Poesía. (Pablo Mora). Creo en la futura armonización de estos dos estados, aparentemente tan contradictorios, que son el sueño y la realidad, en una especie de realidad absoluta, en una sobrerrealidad o surrealidad, si así se puede llamar. Se cuenta que todos los días, en el momento de disponerse a dormir, Saint-Pol-Roux hacía colocar en la puerta de su mansión de Camaret un cartel en el que se leía: EL POETA TRABAJA. (André Bretón). El crepúsculo -instante transitorio- es como la morada natural del estado de espíritu que nos puede abrir el poema. El máximo poeta de los llamados «crepusculares» italianos, Sergio Corazzini, describió este estado: «Santitá delle sere / che non hanno domani», es decir, la santidad de los atardeceres que no tienen mañana. Este instante de visión nítida -el poema- tiene la claridad transitoria e inusual del poniente que luce y morirá como todos nosotros. Quietos, nos deja al borde de la plegaria ante el mundo natural. (Pere Gimferrer).
Para descubrir los secretos del mundo
“La poesía existe. Tal vez no sepamos entenderla, tal vez la vida que llevamos no nos deje sentirla, tal vez la vivamos sin darnos cuenta o dándonos cuenta, tal vez, tal vez. La poesía existe así como existe la violencia, lo mismo que existe el amor. Vivimos entre años-oscuridad y años luz y sin embargo la poesía existe y un día tendremos que comprenderla, tal vez, tal vez.” (Neftalí Beltrán).
Desciende por favor a sus entrañas. Verás que el corazón de los poetas es un injerto de desierto y luna. Amigo de la sombra y sus caudales, de la sombra difusa de la muerte, de las maneras de morir al día. Revelarás el triunfo del poeta: saberse polvo, polvo enamorado, velando a pensamiento desatados. Vive fuera de sí o muy adentro. Sabe el tamaño exacto de la pena. Conoce el lado oscuro de la rosa y la terrible majestad del pan. De lumbre en lumbre, en orfandad suprema -hijas de los trigales y las piedras- su cólera y ternura vagando andan por campos, farallones y veredas. Vigilia del asombro detenido, marchándose de prisa sin moverse, estatua en soledad, en estampida. Remontando hacia adentro de la lumbre, entre umbrales, abrojos y neblinas, subterránea fuente al descubierto.
“El poeta representa el drama angustioso que se realiza entre el mundo y el cerebro humano, entre el mundo y su representación. El que no haya sentido el drama que se juega entre la cosa y la palabra, no podrá comprenderlo. El poeta conoce el eco de los llamados de las cosas a las palabras, ve los lazos sutiles que se tienden las cosas entre sí, oye las voces secretas que se lanzan unas a otras palabras separadas por distancias inconmensurables. Hace darse la mano a vocablos enemigos desde el principio del mundo, los agrupa y los obliga a marchar en su rebaño por rebeldes que sean, descubre las alusiones más misteriosas del verbo y las condensa en un plano superior, las entreteje en su discurso, en donde lo arbitrario pasa a tomar un rol encantatorio... El poeta os tiende la mano para conduciros más allá del último horizonte, más arriba de la punta de la pirámide, en ese campo que se extiende más allá de lo verdadero y lo falso, más allá de la vida y de la muerte, más allá del espacio y del tiempo, más allá de la razón y la fantasía, más allá del espíritu y la materia. Allí ha plantado el árbol de sus ojos y desde allí contempla el mundo, desde allí os habla y os descubre los secretos del mundo. Hay en su garganta un incendio inextinguible Hay además ese balanceo de mar entre dos estrellas. Y hay ese Fiat Lux que lleva clavado en su lengua.” (Vicente Huidobro).
“La poesía cruza la tierra sola,/ apoya su voz en el dolor del mundo/ y nada pide/ -ni siquiera palabras.// Llega de lejos y sin hora, nunca avisa;/ tiene la llave de la puerta./ Al entrar siempre se detiene a mirarnos./ Después abre su mano y nos entrega/ una flor o un guijarro, algo secreto,/ pero tan intenso que el corazón palpita/ demasiado veloz. Y despertamos.” (Eugenio Montejo).
“La poesía existe o no existe; eso es todo. Si es, es con tal evidencia, con tan imperial y desafectada seguridad, que se me pone por encima de toda posible defensa, innecesaria. Su delicadeza, su delgadez suma, es su grande invencible corporeidad, su resistencia y su victoria. Por eso considero la poesía como algo esencialmente indefendible. Y, claro es, en justa correlación, esencialmente inatacable. La poesía se explica sola; si no, no se explica. Todo comentario a una poesía se refiere a elementos circundantes de ella, estilo, lenguaje, sentimientos, aspiración, pero no a la poesía misma. La poesía es una aventura hacia lo absoluto. Se llega más o menos cerca, se recorre más o menos camino; eso es todo. Hay que dejar que corra la aventura, con toda esa belleza de riesgo, de probabilidad, de jugada... Cuando una poesía está escrita se termina, pero no acaba; empieza, busca otra en sí misma, en el autor, en el lector, en el silencio... Estimo en la poesía, sobre todo, la autenticidad. Luego, la belleza. Después, el ingenio.” ( Pedro Salinas).
“Antes que sucumbir, la tierra se renovará por sí sola. Pero el hombre no sabe si sobrevivirá. Dirán: la poesía no ha erradicado la miseria, no ha evitado la guerra, no salvará al mundo. No nos ha salvado la poesía de la mezquindad de unos, devenida en miseria de todos. Pero ella nos rodea y constituye, aunque tantos resisten a su acción y su espíritu. La poesía puede salvarnos de nosotros, a pesar de nosotros. Para trascender la tragedia, el hombre tendrá que ser Otro. Porque la poesía existe, la humanidad a la que la exigencia del sueño habrá hecho sobrehumana, se reconocerá a sí misma. Para abolir la matanza. Y celebrar de nuevo en hermandad y cumplida justicia la existencia.” (Revista Prometeo)
“La poesía sigue en pie... no lucha porque no está dicotomizada... no se radicaliza porque va más allá de los contrarios... no se polariza porque es TODO... todo lo unifica, todo lo abarca, todo lo existe, todo lo sabe, todo lo goza, todo lo religa...”. (Jazmín Sambrano).
Sabe de noche, sabe de alborada. Del supremo quejido del obrero. Del fresco amanecer de la vacada. Del llanto del turpial sin hijo y nido. Del asomo del niño en el barranco. Del manso arroyo donde el cielo ríe. Del tardo abuelo en busca de una estrella. De la triste moneda del mercado. De ninfas, girasoles y arrebatos. Del sagrado silencio de las piedras. Del grito bochornoso, el pueblo bravo. De la muerte sonora de la patria. De la palabra, el pueblo y de la pólvora. De la pobre miseria enriquecida. Del siglo que despierta ensangrentado. De la aventura, el riesgo, la emboscada. De la belleza en que se enciende el alba. Del lugar en que el grito nos religa.
Momento en el que el hombre ofrece un caudal de indicios necesarios como para que la lluvia crea en él. Manera de subir al horizonte para contemplar la humana peripecia. Fórmula de atisbar, descubrir y denunciar la locura en que galopan los insomnios. Artilugio que pretende la construcción o destrucción del mundo.
Quijotada forjadora, ingenuo sueño, orgía mística, dolor humano, alma y lo que ocurre en ella: chanza, juego, danza. Memoria universal, lugar del alumbraje, laberinto creador, agonía de recuerdos. Soledad del laberinto, doloroso trance. Noche profunda, vagabunda, lujuriosa.
Libertad. Vacío, tempestad, silencio, mar. Cita, emoción, ofrenda, elevación. Intercambio, comprensión, goce, comunión. Vínculo, amor, muerte, vida. Diálogo, reflexión, espejo, cavilación. Retrato del mundo y sus costumbres. Ágora del lirio y la tragedia... La palabra.
Para llevar el infinito a cuestas
“La poesía es la soledad de un Dios sin reposo. Es el árbol que se amotina en el bosque en busca de perspectiva. Es el rompeolas de los mares enfurecidos. Es una enfermedad que no mata pero no deja vivir a quien la sirve. La poesía jamás presenta excusas porque carece de aciertos y de errores. Es una lágrima que de alguna manera origina al mar.
La poesía es la desviación de los vientos y el acierto de las dudas. Anda por cualquier parte convencida de haber llegado a la tierra prometida, a sabiendas de su fabulada inexistencia. Le gusta viajar por los caminos sin dioses y sin voces que la obliguen a ningún itinerario.
La poesía carece de antes y de después. No encaja en ningún prólogo ni en epílogo alguno. La poesía es el ansiado encuentro consigo mismo que jamás se logra. La poesía es la bala en acción, una plomada que cae, se adentra en el cerebro y envenena con sus fuerzas gravitales a la razón.
La poesía es asunto diferente. Muchos la intentan y pocos la logran. La hieren, la perturban, la simulan, la engañan, la venden... ¡ah!, cómo la someten a las condiciones del mercado, cómo la dilapidan y convierten en su propia caricatura. La poesía es el océano retador: poquísimos lo atraviesan y muchísimos apenas llegan a mojarse en sus orillas.
La verdad y la belleza asedian a la poesía en busca de la eternidad. Pero toda verdad es efímera y siempre está en tránsito de convertirse en equívoco y a cada instante se muere. La belleza se formaliza, se desgasta, aburre y se hace moda y también perece. La poesía y el azar mutualizan sus aciertos en medio de desesperados encuentros y ambos salen preñados de perennidad. En consecuencia la poesía no muere: nace.
La poesía es la máxima candela. Penetra y atormenta a las almas de sus devotos. Santifica la locura de quienes luchan y agonizan en sus retadores compromisos. Ilustra la sabiduría que se alcanza siguiendo los cánones del silencio. A cuestas lleva el infinito, al que suele adornar con victorias y derrotas, sin importarle el lauro o la condena. La poesía derrocha desnudez y la oscuridad, por mucho que quiera, no podrá cubrir sus formas. Es una piedra inconclusa, donde, confluye toda al paso de los ríos de la aurora.” ( Extractos de: Barrios, Jesús Enrique: “De poesías y poetas”).
Para salir a la percepción de la mirada
“Está presente en la obra poética eso llamado por Heidegger “la temporalidad”. Es el tiempo de la existencia el único paraíso conocible hecho con el drama de su naturaleza diádica, del bien y el mal, lo bello y lo feo, el goce y el dolor, lo justo y lo injusto, la libertad y la miseria, en fin. Constituye la substancia de la temporalidad la vivencia. Pero ¿qué entendemos por vivencia? Creó este vocablo José Ortega y Gasset para verter al castellano el término alemán Erlebnis. Compleja palabra cuya traducción literal sería ese extraordinario logos llamado “aventura”. Mas a su vez Erlebnis viene de leben, vivir, y de Leben, vida. Relacionase entonces vivencia con la aventura de vivir; valga decir, entender la existencia cual una andanza, un peregrinaje por este magnífico y mistérico regalo de la oportunidad de estar sobre la tierra, esta errancia donde el hombre se halla con eso mentado asombro, esos espacios del tiempo cuando se topa el humano con la excelsa sorpresa, la maravilla conmocionadora del espíritu y lo marca, deja esa huella perenne llamada memoria. Define, pues, la vivencia vida vivida y permanece cual ventana en el recuerdo, diferente de la experiencia objetiva más bien sujeta ésta a la cotidianidad y a la rutina. Son en realidad las vivencias las verdaderas hebras estructurantes del espíritu en cuanto éste tiene de tiempo, de “advenir sido” (Heidegger). Las asume el hombre como su fortaleza, su armadura de existir. Hilvanan ellas la historia interior de cada vida, el resto en el olvido se pierde. Necesariamente entonces el receptáculo de las vivencias la elocución; en el caso del trovador éste al través de la kalós, la belleza, la dignifica para verterlas transformadas en poseía.” (Lubio Cardozo).
“La poesía en el poema, lo poético, nutre todas las estructuras de la composición, el léxico, los tropos, las figuras, el verso y la estrofa (si los hay), la musicalidad. La poesía comprende la belleza, la engloba, pero va más allá de ella. Incorpora el pensar, ideas, visiones, a su entidad; no obstante a todos ellos los subyuga para salir a la percepción de la mirada y del oído, a accionar la inteligencia (interpretando una frase de Plotino se podría decir en este caso, la inteligencia se hace entonces ser de la poesía y el ser de la poesía se hace a su vez inteligencia. Enéada sexta. VI, 2) a ser percibida, sentida, intuida; a ser placer, conocimiento, misterio y sobrecogimiento.” (Lubio Cardozo).
Para alumbrar la maravilla
En torno al Festival Internacional de Poesía, en la ciudad de Medellín, sostiene uno de los asiduos participantes, el poeta uruguayo Clemente Padín: ”En instantes en que toda una campaña internacional de desprestigio y desvalorización de la sociedad colombiana, llevada a cabo por los mismos que promueven el “Plan Colombia”, intenta forzar a la opinión pública mundial a aceptar una intervención militar solapada e indirecta, la poesía, mejor dicho sus cultores, los poetas, deciden con su presencia masiva forzar ese bloqueo contra la esperanza y la paz.”
Justamente sus propios promotores siempre han estado convencidos de que el Festival fue fundado en 1991, en medio de un clima de violencia y muerte, como expresión de la capacidad movilizadora de la poesía para reconstruir el tejido social lacerado por la explosiva disgregación y proponer nuevas alternativas a la vida humana. Indudablemente, una multitudinaria cita de las más diversas y desencontradas tendencias poéticas del mundo entero; “la mayor y más grande concentración de artistas de la palabra en un solo punto” en observación de Padín. El éxito rotundo del Festival, la consolidación de las organizaciones de poetas y los festivales internacionales de poesía existentes en el mundo; el surgimiento constante de nuevos proyectos similares, La Academia Mundial de la Poesía, cuyo corazón late ya en Verona, permiten prever una influencia cada vez mayor de la poesía en la sociedad humana, máxime cuando ya comienza a afirmarse que este siglo será poético o no será.
El tiempo da, así, la razón a Jorge Zalamea, autor de “La poesía ignorada y olvidada”, quien en 1966 sostenía que al menos cuantitativamente no había para ese entonces una crisis poética sino, por el contrario, una explosión poética, donde el público, las masas, respondían a ese fenómeno, explicando tal panorama con estos enfáticos, proféticos términos: “Ante la demanda popular de poesía, los poetas, consciente o inconscientemente, se han percatado de que su obra no puede estar ya limitada por las pastas del libro sino que tiene que retornar a sus más primitivos orígenes: la poesía comunicada al aire libre, de boca en boca, en comunión del poeta con sus oyentes.”
La poesía, que desde su primigenia madrugada fue el cauce natural del hombre para descifrar su lento asombro; la poesía, por la que paulatinamente el hombre busca afianzarse, proseguirá eternamente predicando y develando lo enigmático, lo irredimible; lo lumínico, lo inimaginable, lo asombroso, lo inaudible que reposa en la oquedad fulgente del camino. Parte de asombro, lunas y ocultamientos, en aparente complicidad, “se hermanan para alumbrar la maravilla... descubrir la dicha oculta... exultar la certeza sensible”, volver al hallazgo de estar vivos, de ser definitivamente “un gran dolor en viaje”.
Para todos y por todos
“La poesía debe ser hecha por todos”. Insistía Lautréamont, reencontrándose con afluentes de antiguos proverbios africanos como el que nos recuerda Gustavo Pereira: “El hombre se hace hombre por los otros”. En efecto, Carlos Yusti observa que la sentencia de marras alude a un sentido más vital que literario: “La poesía como una manera de obrar y hacer (ético y estético) en la vida ordinaria”. Juan Calzadilla, al respecto, apunta: “La poesía como actitud transmisible, como género cotidiano y como actividad pública de los sentidos necesita de la presencia de un autor anónimo que vuelva realidad el postulado según el cual la poesía debe ser hecha por todos, aunque sea UNO solo quien finalmente la haga.” La antigua nostalgia de una poesía hecha por todos y para todos, tal como lo enfatiza Octavio Paz, “conciencia histórica, conciencia de la separación y tentativa por reunir lo que fue separado... Poesía, momentánea reconciliación: ayer, hoy, mañana; aquí y allá; tú, yo, él, nosotros. Todo está presente: será presencia.” A modo de cuerpo místico creador, donde unos militamos ante aquellos triunfantes, gozosos o purificantes. Visión del mundo comulgatoria, dentro de una Sociedad Anónima o Comunión Poética, auténtica Poesía Colectiva o Poesía, Sociedad Anónima integrada por los poetas que fueron, que son o que vendrán.
Si el hombre se hace y crece en comunión con los demás hombres tal como se nos ha repetido, con mayor razón los poetas en Comunidad Poética enarbolan una Conciencia Colectiva, hermanados en una tarea común de liberación: “reivindicando las potencias del arte, de la poesía, en su sinceridad, en su capacidad de cuestionar, de descubrir, de proponer, de exaltar, de sublimar a los seres humanos y de ayudarlos a vivir la vida como belleza, como don de la providencia, como obra del amor por la humanidad y del trabajo.” Copartícipe de una misma experiencia cósmica, de un cósmico dolor, el poeta desemboca en una convivialidad creadora; expresándose en el lenguaje de la tribu de que nos habla Albert Béguin, ligando indisolublemente su destino individual en el destino de los demás. El poeta, en unidad cósmica, da expresión al espíritu de su pueblo, como lo aconseja Jacquetta Hawkes, porque “hubo una época en que la poesía era del pueblo. Hasta que no vuelva a ser del pueblo, la poesía no volverá a ser la poesía.” (Jaime Jaramillo Escobar).
“La poesía reafirma siempre, es su misión, la integridad, la autonomía, la dignidad del ser humano. Si la poesía lograra un día vencer su batalla, si llegara finalmente a salvar el alma humana, si un día la unidad de las creencias, la primacía del espíritu fuera aceptada por todos como regla fundamental de cada sociedad, la poesía habría ganado su batalla y las dificultades morales que siempre han dividido a la humanidad tan trágicamente al fin se resolverían... Los modos de la poesía son infinitos, tantos cuantos son los poetas del pasado, de hoy en día y del futuro.” (Giuseppe Ungaretti).
Definitivamente, aunque sea uno quien finalmente la haga, la poesía debe ser hecha por todos. (Lautréamont). Un poema es una suma de hombres y una combinación de palabras. (Homero Aridjis). Los unos somos otros. Solos, no somos nada, nadie; juntos, inmortales. En el interior de cada hombre están todos los hombres. (J. M. Briceño Guerrero). El otro Borges que es y no es Borges sabía perfectamente que todas las obras son obra de un solo autor intemporal y anónimo dentro de “la utopía del libro infinito ya escrito o del libro que por otro uno escribe o por uno otro termina”. O como se lo pregunta Mario Benedetti: “Quién hubiera dicho/ que estos poemas de otros/ iban a ser/ míos... quién hubiera dicho/ que estos poemas míos/ iban a ser/ de otros.” En verdad, la poesía debe ser hecha y hecha por todos y para todos.
Para despertar a latigazos el silencio
Para recoger la rabia y la ternura de los sueños. Para escudriñarle los secretos a las piedras. Para adentrarnos en la memoria de los soles. Para recordar la vida de alguien que se llamó Fray Luis y era poeta. Para llegar al corazón del hombre que nos mira desde arriba, de la estrella. O desde abajo, nos grita, nos pide le ayudemos. Para afinarle la guitarra a alguna tarde. Para dar con el nombre esacto de las cosas. Para descifrar la semiótica de las flores, las estrellas, los temblores y los pobres. Para levantarse a las tres de la madrugada a torear la muerte, llena de una larguísima tristeza con tantos pasos para dar con uno. Para sabernos vivos todavía “bajo el granado trigal de la noche insomne, rumorosa de viento alto y de luceros”. Para templarle la cuerda a la esperanza en busca de un pedacito más de vida. Para saludar a la nieve allá en Saluggia o recordar que a veces el azul está de luto. Para sentir los taladros de la muerte, las pisadas nocturnas del labriego o los pasos de Dios sobre el planeta. Para saber que al hombre lo vigila el corazón. Para convencernos que roja será la rosa en el azul del sueño. Para llegar al mar y a tanta llamarada viva. Para caer en cuenta que, calladamente, todo, el hombre va dejando.
Para acompañar la vida a sol y sombra, donde sea preciso. Para confiar en la vida repentina o en “la dicha de vivir completamente”. Para dar con la lluvia deshojada. Para la soledad, el musgo, el conticinio. Para cobijar el soñar de la demencia. Para la verdad que sólo conocen las estrellas. Para vigilar nuestra rebelde sembradura. Para el fogonazo o la luz total de nuestras sombras. Para revelar el mundo, el hombre; para protegernos de la muerte con pistolas cargadas, capaces de hacer que cada hombre tenga que inventar cada día. Para contarle a Manuel Felipe que nadie le canta a la neblina o apenas si se ven las mariposas. Para caer en cuenta de la nada. Para que el niño de la Tierra tenga al lado de un Platero su guitarra. Para que la ancha pena dolorida se esfume diariamente en la alegría. Para entonar el sideral concierto del turpial. Para alojar en el alero a la antigua serenata. Para que a Jara lo lleve una paloma entre sus alas. Para abrirle las puertas a la noche por donde pase la ilusión del alba. Para que el arco iris vesperal al hombre de la estrella nos remonte. Para que la aurora sea capaz de convertirse en Dios. Y el canto de la alondra instaure la alegría en el viejo dividive. Para que el arma se deponga pronto y se empuñe la paz de la mañana. Para que cese el cósmico dolor de la galaxia. Para que a tantas guerras desbocadas las detenga un bordón amanecido.
Para saber que está completamente prohibido llorar sobre los vivos y menos aún sobre los muertos. Para abrazarnos a la Paz desde las barricadas de la guerra. Para prestarle al Comandante su montaña, su sierra, sus morteros; su soledad, su naufragio, sus planos, sus trincheras, sus secretos; su escondite, sus manos, sus portentos; para empuñar fusiles nuevamente. Para prestarle su mochila, su escopeta, su carabina, su boina, su barba, su estrella, su bandera o arrechera; su revólver, su camisa, guayabera y documentos. Sus botas, su pistola, su dolor, su ternura, su sonrisa, su tormento y recovecos; su frente, su fusil y sus morteros; su fuerza, su foco, su asma, su garganta y su pañuelo. Su morral, su memoria, sus veredas; su nobleza, su magia y suerte y comunión y poesía y espera; el tiempo que le falte para una Nueva Era.
Para respirar juntos el silencio del silencio del silencio del silencio del silencio... ¡Para aquella Gruta Clara y Luminosa! ¡Toda nosotros, toda violencia, toda muerte! Para la aspiración. Para la espiración. Para la queja, la aflicción, para el deseo. Para que sople el viento blandamente. Para respirar el aire que quedó en la infancia. Para juntar todos los pasos y oír la algazara de los sueños. Para los silencios de las sombras que esconden a su Dios. Para el azul que ennegrece en las colinas. Para la aldea sin molinos, para sus casas de cal, sus cafetales, sus veredas, sus esquinas, húmedos de llorar por dentro, de tanto ser testigos. Para el silencio de la arboleda. Para espiar cada aurora y comprobar claramente que el día no existe, que la noche se apoderó del mundo. Para enredar las trinitarias con el melindre, la harina y el azúcar del silbido penetrante de la flauta pequeña de los ángeles. Para cantarle a la fogata. Para la serena mirada de la abeja en medio de la plegaria de la violeta y el responso de la araña. Para ese párpado de hormiga que apenas somos. Para el letargo de las horas, donde yacen el alarido, la conciencia, las carnes vulneradas. Para despertar a latigazos el silencio. Para los estambres, las astillas y estallidos. Para estrenar truenos, trenos, trinos, tiros, franjas, fraguas, fragores, fogonazos...
Para defender el milagro de la vida
Para expresar asombros y nochuras. Enterrar la muerte. Inventar la vida. Abrirle los postigos a la noche. Cerrar los ojos a la luna. Dar con el árbol del primer camino. Con la vereda que nos vio salir. Tomarle el pulso al hambre. Saber del diapasón del pobre. De las creencias de Dios y sus costumbres. De los rituales del viento y sus cofrades. De la imagen horrenda del futuro. De la luciérnaga y su antiguo enigma. Saber de la escritura de las piedras. De la alta transparencia de los mudos. Del colosal silencio de los grillos. Para tantearle a los sueños sus luceros. Conocer las entrañas de las hojas. El corazón del bosque y sus vitrales. El páramo, sus cuitas y plegarias. Desenterrar el misterio de la rosa. Ahuyentar la sombra y sus reveses. Escapar del ladrido de la calle. Del hosco muñón del peregrino. Del puñal que en la acera nos espera. O del barco que acecha nuestras costas. Dar con el ámbar del primer arroyo. Traspapelar la terquedad del lunes. Aullar juntos delante de los cielos. Para escucharle al pobre su alarido. Compartir esperanzas con el árbol. Esperar a que baile el arco iris.
Para seguir ensayando la palabra. Para creer firmemente en la insurrección como garantía de los pueblos. Para oír todos los suspiros y proteger el pueblo con palabras. Para dar la mano y enseñar el camino. Para gritar valientemente, a tiempo. Para confirmar que “la civilización no es más que una injusticia armada.” Para seguir siendo seres en marcha. Para saber que basta un lucero para que haya noche. Para vivir mientras el alma nos suene. Para morir cuando la hora nos llegue. Para que caiga la palabra en otra franja fecunda que es como decir la vida.
Para registrar ventoleras, arrebatos y miserias. Expulsar el despojo mutilado. Ser libres así el fuego nos cercene. Quitar algunas comas al crepúsculo. Ver la noche sin que nadie contradiga. Para morir de pie a pesar de los milagros. Eludir la risa ensangrentada. Salvar la luz, sin la cual la tierra gemiría de espanto. Dar con una migaja de soledad marina. Con el grano de arena que a las costas de la divina antigüedad nos ata. Para atravesar, siempre a la intemperie, incertidumbres, agonías, interrogantes y tragedias. Dar forma al vacío de modo que éste sea posible; ojos al poema para que pueda cruzar la calle; alas a Dios para que pueda llegar al hombre. Para robarle sin que sepa una sonrisa al sol en la arboleda. Mirar el cielo solamente en el momento necesario. Cruzar, no la aurora, sino el alma en que ampara su soñar. Para ventilar, aupar, asolear la eternidad cada día. Verse en el cielo gris, en la trémula víspera del júbilo. Escuchar a la soledad y dirigirle la palabra. Llegar con los ojos abiertos a la mirada final.
A punta de hombre, tempestad y grito. Por obra y gracia del asombro a secas. Por el relámpago final del hambre. Por la luciérnaga y su insomne lumbre. Contar con la vigilia para el día. Con porvenir para fraguar enigmas. Defender el milagro de la vida. La fogata que lleve al alumbraje. A tiro limpio, la bondad del hombre.
Para “que cada palabra lleve lo que dice.” (R. Cadenas).
Para amar a los otros
“Si hay una cosa de contornos indefinidos, de definición imposible, es la poesía. Sin embargo, es instantáneamente reconocible porque es comunicación al estado puro, libertad absoluta de lenguaje, lugar donde se confunden lo real, lo posible y lo necesario. La poesía acompaña a la humanidad desde la noche de los tiempos. Es practicada y apreciada en todas las edades, en todos los contextos culturales. Mientras ilustra la vida y la historia de los pueblos y se nutre de las modas y preocupaciones del momento, aporta en sí un elemento universal más allá de las fronteras de tiempo y de espacio. Así podemos sentir una emoción inmensa al escuchar un poema escrito en otras latitudes de las que ignoramos todo pero que refleja sin embargo la humanidad de nuestra propia existencia... Que se abran las puertas a este supremo y esencial arte. Puesto que amar la poesía nos ayuda a amar a los otros.” (Koïchiro Matsuura).
“La Poesía es un elemento que no tiene contornos definidos; no le conocemos longitud, altura, ciclo molecular, peso específico. Mas le conocemos su sabor exacto: es un sabor a trigo, a leche y miel, a rosas, a durazno, que como un corazón recién nacido palpita entre los dedos de las hojas por su sola dulzura sostenido.” (Tiberio León)

BIBLIOGRAFÍA
ARANGO, Gonzalo. Traición al Libertador. En: Magazín Dominical. Diario El Espectador, Bogotá, Colombia, No. 19. Julio 24 de 1983.
AUDEN, W. H. Breve defensa de la poesía. Traducción de Delia Juárez. En Travesía de la Literatura Inglesa. URL: http://www.nexos.com.mx/internos/saladelectura/travesia/wh_auden.asp
BANSART, Andrés: La poesía frente a la relación hombre-tecnología. Caracas, Equinoccio, Editorial U S B, 1983.
BARRIOS, Jesús Enrique. De poesías y poetas. En Revista ACTUAL. Dirección General de Cultura de la Universidad de Los Andes. Número 29, Tercera época. Mérida, Venezuela, Mayo - Agosto de 1994.
BRAVO, Luis. La poesía de Roberto Juarroz. Un rigor para la intensidad. En Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid. URL:http://www.ucm.es/info/especulo/numero11/juarroz.htmlhttp://members.tripod.com/geliros/prologo24.htmhttp://members.tripod.com/geliros/prologo2.htm
BUSTAMANTE, Jorge. Entrevista con Ludwig Zeller. En Jornal de Poesia. Banda Hispanica. URL:http://www.secrel.com.br/jpoesia/bh6zeller.htmhttp://www.jornada.unam.mx/1999/mar99/990314/sem-jorge.html
CADENAS, Rafael: Anotaciones. Caracas, Fundarte, 1991.
CARDOZO, Lubio. La idea de poesía. En Revista Actual. Dirección de Cultura, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela. Julio - Diciembre 2001. III Etapa, Número 47 - 48. URL:: http://poesia.org/cuenta.php?codigo=235
CASTAGNINO, Raúl H. ¿Qué es la literatura? Buenos Aires, Editorial Nova, 1972.
DE FERRANTI, David: Cuando el poder corrompe, la poesía limpia. 29 de abril, 2002. URL:http://lnweb18.worldbank.org/External/lac/lac.nsf/_i8lm2msr9ehkmuar5dolmasrgc77mur0_/2F8E4E752590F78D85256BBC00517A4D?OpenDocument
GOETHE, Johann W. Obras Completas. Tres Tomos. Madrid, Aguilar, 1957.
GONZÁLEZ DUEÑAS, Daniel - Toledo, Alejandro. La fidelidad al relámpago. En AGULHA - Jornal de Poesia. URL: http://www.secrel.com.br/jpoesia/agjuarroz.htmlhttp://usuarios.lycos.es/Angel_ros/entrevista.htmhttp://www.poesia.org/poeta.php?codigo=149
GUSDORF, Georges. La palabra. Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 1971.
HEANEY, Seamus. La fuente curativa. Traducción de Pura López Colomé. En Fractal. URL:: http://www.fractal.com.mx/F12heane.html
HERNÁNDEZ OROPEZA, Prócoro. Jaime Sabines, un conflicto con su mismidad. La poesía salva del diario morir. En Revista Inter-Forum. URL:http://www.revistainterforum.com/espanol/articulos/060302artliter.html
LEVERTOV, Dense. El poeta en el mundo. Caracas, Monte Ávila Editores, 1979.
MANRIQUE DE LARA, J. B. Poesía Española de Testimonio. Madrid, Espesa, 1973.
MATSUURA, Koïchiro. Mensaje del Director General de la UNESCO en ocasión del Día Mundial de la Poesía (21.03.02). URL:http://www.unesco.org/poetry/agenda.php?langue=espanol
MONTEJO, Eugenio. Adiós al siglo XX. Sevilla, Editorial Renacimiento, Colección “Azul”, 1997.
MORA, Pablo. A coro en el asombro. Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses. No. 171. San Cristóbal - Táchira, Venezuela, 2000. URL:http://www.fut.es/~mpl/pablo/antologia.htm
__________ Franja Fecunda. San Cristóbal, Táchira, Venezuela, 1989.
__________ Para recoger. En Poéticas. URL:http://www.mundofree.com/poeticas/P_pablomorarecoger.htm
MURUA, Kepa. La poesía si es que existe. En Espacio Luke. URL: http://www.espacioluke.com/2002/Junio2002/kepa.html
PAREDES, Pedro Pablo. Leyendas del Quijote. Universidad de Los Andes. Ediciones del Rectorado/ Mérida, 1976.
PEREIRA, Gustavo. El peor de los oficios. El libro menor. Academia Nacional de la Historia. No. 173. Caracas, 1990.
PORTUONDO, José Antonio. Concepto de Poesía y Otros Ensayos. México, Grijalbo, 1974.
RÍOS BECERRIL, Juan Guillermo. Fervor por Borges. Un acercamiento a la poesía de Jorge Luis Borges. En Unidad UPN. URL:http://www.unidad094.upn.mx/44/Fervor.htm
SARTRE, Jean Paul. ¿Qué es la Literatura? Buenos Aires, Losada, 1976.
SHELLEY, Percy Bysshe. La difesa della poesia. Traducción al italiano de Emilio Cecchi. Lanciano, Carabba, 1933. Traducción española de Agustín Esclasans. Barcelona, 1942.
VARAS, Ibar. Lenguaje y Poesía. Pensar y decir el mundo. Ensayo mecanografiado. Inédito.

© Pablo Mora 2002Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid
El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/paraque.html