martes, 27 de octubre de 2009

tras la sombra del otro



Tras la sombra del otro
(Marian Medrano)


¿Poesía que encamina al reconocimiento del YO con el OTRO? Importante saber en qué lugar estamos, dónde fuimos, suspiramos o estuvimos. Y entender muy bien el mar, al hombre a la palabra y a la vida Estar donde la vida misma quiso: al lado de vida de por vida... ¿Escritor que impulsa hacia el destierro de la inercia, lo pasivo, lo monótono y el dolor? En realidad lo es Luchar. Atravesar. Desafiar. Resistir. Sobrevivir. Jugar con la muerte. Sueño, juego, paso, triunfo, resplandor, asombro. La forma en que acontece el tiempo, el otro río...


Sombra Antigua, miscelánea poética, instaurada por nuestro poeta tachirense Pablo Mora; Sombra Antigua manifiesto que rememora, el banquete de la vida, el destruir de paradigmas inseguros producto de una sociedad que teme vivir y busca morir día a día, el renacer del asombro que lleva a la liberación: Procuremos no ser objetos que sólo sufren golpes, sino que los devuelven, a diferencia de un vegetal, de una piedra o un perro. No olvidemos el fantasma de la tribu: 8+14=22, entre 2=11 Glorifiquemos al infierno con la fatalidad del juego Un arte que deforme lo real para formarlo Un arte que parta de la vida, vuelva a la vida y cree la vida Un arte para gritar a tiempo...


Se podría decir que su tema está cohesionado por palabras medulares como: libertad, sueños, olvido, alborada, renacer, soledad, hombre, Dios, asombro, sombra, luz, guerra, paz, tristeza, alegría, muerte, vida, gritar, mar, arena y la presencia de un híbrido vocablo, Tristumbre (tristeza e incertidumbre). En el arte de Mora, se puede alegar la fusión que realiza entre antiguos escritos - de Rimbaud, Goethe, Nietzshe, Huidobro, Borges, Cortázar, Perse, Pereira, Rugeles, entre otros- y sus pensamientos altivos, que valoran las creaciones originales y parte de ellas para la inspiración de las suyas, junto a la evocación va su sutil esencia.


La combinación de sus palabras, lo armónico, lo franco. Tiene mil significados, con singular cara, que lleva al lector a desprenderse de la razón, para poder sentir realmente lo que el escritor desgarra de su alma, para ofrecer la extrañeza; se sueña, se sonríe, se siente en cada palpito, la melodía constante, ejemplo de ello será la composición de palabras con la terminación ame, eme, rézame, rásgame aléjame azuléjame desgárrame despiértame cronópiame desencadéname náceme enraízame amórame Es un llamado al amor, a la entrega, comprender que todo se da en el espacio dado sin tiempo preciso.


En resumen, Sombra Antigua, lleva al lector a una búsqueda que va más allá del espacio; porque es cierto que las palabras son vida, luz, altivez; a través de ellas nos lanzamos al encuentro con la libertad, al reconocimiento del ser y la otredad. Pablo Mora, no enaltece el Yo, llama al Nosotros. Aunque al principio se siente solo, y convoca a los otros, siempre se va a sentir uno; nos sorprende, nos hace vibrar, despertar y hasta que los ojos ardan, porque aprendemos a utilizarlos.


martes, 20 de octubre de 2009

A mal tiempo, buena cara


A mal tiempo, buena cara
Pablo Mora
"La risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano." (Víctor Hugo). "La risa es salud y alarga la vida." (Jim Carrey). "El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa." (Federico Nietzsche). "La risa es el lenguaje del alma." (Pablo Neruda). "El tiempo que pasa uno riendo es tiempo que pasa con los dioses.” (Proverbio japonés).
En efecto, la risa disminuye la presencia del colesterol en la sangre, pues equivale a un ejercicio aeróbico; favorece la digestión al aumentar las contracciones de todos los músculos abdominales; contribuye a aplacar la ira, a un cambio de actitud mental que favorece la disminución de enfermedades; aumenta el ritmo cardíaco y el pulso y, al estimular la liberación de las hormonas “endorfinas”, permite que éstas cumplan una de sus importantes funciones, como es la de mantener la elasticidad de las arterias coronarias; también ayuda a reducir la glucosa en sangre; la risa nos libera del temor y de la angustia. En fin, algunas teorías médicas atribuyen efectos beneficiosos para la salud y el bienestar a la risa, dado que libera endorfinas. Un estudio demostró que algunos indicadores relacionados con el estrés disminuyen durante los episodios de risa.
Por contraste, se puede morir de risa, por aquello de que omne quod est nimium vertitur in vitium: se trata de una muerte provocada por un prolongado e incontrolado ataque de risa. Probablemente el primero en la historia en morir de un ataque de risa fue Calcante, en el siglo XII a. C. Un adivino sentenció que Calcante nunca llegaría a probar el vino de sus uvas. Llegada la vendimia, Calcante, invitó a su rival a beber, pero al repetir éste la profecía, Calcante soltó tal carcajada que murió asfixiado. Se dice que el pintor griego Zeuxis murió de risa en el año 398 a. C. mientras pintaba una escena cómica. Otra variante de la historia narra que murió de risa cuando una anciana le encargó una pintura de Afrodita, pidiendo al pintor que la usara a ella como modelo. Algunos autores afirman que Aretino murió cuando su hermana le contaba un relato erótico. En ese momento, le entró un ataque de risa que hizo que cayera de espaldas preso de una apoplegía. El 24 de marzo de 1975, Alex Mitchell, un albañil de 50 años de edad de King’s Lynn, Inglaterra, literalmente se murió de risa mientra miraba un episodio de la serie The Goodies. Después de veinticinco minutos de risa continuada, Mitchell finalmente se derrumbo en el sofá y murió como consecuencia de un ataque cardíaco. Su viuda le envió después una carta a los Goodies, agradeciéndoles por haber hecho que los últimos momentos de vida de Mitchell hubieran sido tan agradables.
Sea que reconozcamos a la risa como una catarsis, así como que los monos inventaron la risa, lo cierto es que la risa, bella, contagiosa, júbilo, alegría, salud, ha sido tema de estudio de filósofos como Nietzsche, para quien la risa es posibilidad para construir un filosofar del futuro; así como para Bergson, para reír es necesario no sentir, dejar de sentir, de modo que por unos instantes la vida se aligera, la carga emocional se torna más liviana, ayudando a disminuir la angustia existencial que a diario nos circunda. ¿Por aquello de que a mal tiempo, buena cara?


pablumbre@hotmail.com


jueves, 15 de octubre de 2009

Era azul


Era azul como el sueño de la tarde
mariposa vegetal engalanando
la fosforescencia de los cocuyos y los grillos

Al lado de los troncos los bejucos
y las cumbres de las flores
coronando las canas de los árboles
dialogando con cielo azul marino

Una pompa de jabón me devolvió la infancia
y pendiente de mi sueño
me conseguí con el centro del mundo
que sólo conocen los dioses por ahora

Cuando de todo esto no quede sino polvo
la osamenta de la ciudad se la llevarán
las quebradas en sus aguas turbulentas moribundas
en busca de otras galaxias subterráneas celestes
submarinas

Acumulemos sueños y verdades
porque al final no importan tanto las sombras
como las luces del camino

Y dirán los montes los ríos las cascadas
las veredas la luna el sol y las estrellas
Sólo quedó la forma de su huida

Porque toda piedra alguna vez fue estrella




Pablo Mora



martes, 13 de octubre de 2009

Haremos el amor




Haremos el amor hasta que llegue el alba

Venturosos los que acogen al amor
en su morada
de ellos serán el pan el vino
la sal y las mieles contra el olvido

¡Que no caiga la semilla en la arena!

¡Que haya siempre leña
en casa de los amantes!

¡Que la mujer llegue a la cima
y el hombre ya la esté esperando!

¡Que en las manos de la mujer
crezca la raíz del hombre!

¡Que nadie muera
que no haya amado!

¡Que nunca sea torturado
el testículo del hombre!

¡y el pezón de la mujer
que siempre sea la flor!

que no sea torturado

que sea siempre la flor


De: Introducción a la pareja. Ibar Varas, Chile





viernes, 18 de septiembre de 2009

HICIMOS LA MOCHILA








HICIMOS LA MOCHILA
y nos volvimos vagabundos
Apoyamos las palabras sobre la sangre
Cargamos los dados en la apuesta
Arrestamos al viento al sol las mariposas

Supimos del alma del silencio
de la piedra que alguna vez fue estrella
del sagrado terror de la locura

Fuimos un retrato del alma de la tierra
Dejamos pasar la noche por encima de nosotros
mientras las islas no se cansaban de bañarse

Nos hicimos a la lluvia
Matamos la tristumbre
Rompimos alfileres paraguas y repisas
Inventamos ratos penas alegrías y tardanzas
Echamos un vistazo al mundo

Nos provocó quedarnos solos en la tierra

Faltó ponerle trampas a la muerte


PABLO MORA
VENEZUELA




Nuevas intenciones




Nuevas intenciones

Pablo Mora


Desde este cruce de sueños, siglos y caminos. Desde estas lomas, estos vientos, estas severas soledades, encendidos de frío, de furia y de esperanza. De pie. En vasijas de barro, bebamos el agua, nuestro vino. Podrá faltar el aire, el agua, el pan. La fe, jamás. Cuanto menos aire, más. Cuanto más sedientos, más. Ni más ni menos. Más.


Desde nuestra misma antigüedad. Frente a este amanecer en fogarada. Sin aspavientos, sin bajar los brazos, sin bajar la alegría. A rodear este esfuerzo. A superar este pleito. Venidos del tifón en infección batiente, irrumpamos contra la sangrienta demencia que atenta con la tribu.


Detrás el mito y su atroz corriente. El águila rapaz y su avaricia loca. Toda espumeante de historia, tragedias y misterios, exhalando el vaho putrefacto de los siglos, sorbiendo la polvareda de las necias apetencias, alcantarilla de los grandes asesinos en el desesperado despresamiento de brechas, trojes o caminos.


Hasta ese horrendo desaguadero de la muerte, una pálida cargazón de cadáveres revolotea en la garganta de la fiera. Todo frente al cómplice silencio para distraer el hambre de los humildes o arrancarle el fruto de sus sienes. Blancos simios, responsables de la lívida, azulosa desolladura de las grandes heridas, tatuadas en el hondón del callado petroglifo, el que lanza a la conciencia y a la fronda descubierta el grito sempiterno, adolorido.


Largas, confusas estaciones en las que levanta, amasa y cuece el hombre su pan escaso, esparcido por el viento, buscando la pulpa ausente de los frutos. Unos y otros disimulando las razones del hambre, eludiendo los hechos ineluctables de la vida, las cosas entrañables del hombre y de sus hambres. Babeantes, incompletas verdades, vertiendo su estiércol entre nosotros, retrasando nuestra marcha hacia el pan de cada día.


Hombres de toda condición, de toda opinión, de toda fe, de toda creencia, de toda parcialidad, hombres de idéntica miseria bajo los pendones y los símbolos de los expoliadores: ved en qué se trocaron los nidos en que albergasteis el exceso de ternura de vuestra condición.


Al cantar el gallo. Al romper el día. Al abrir el sol. A filo de madrugada. Viaje admirable, alucinado, para la sangre en rebeldía al borde de la trocha tempranera. Veinte, cuarenta, sesenta hombres, hombres en fila, huellas en el polvo, rostros inconclusos. Cálidos, amargos, en vigilia, cándidos, furentes, engranajes listos, entrecejo insomne, briznas al viento, con lágrimas salobres. Si nos diéramos las manos y formáramos la rueda, sin mirarnos la cara, sin saber quién es quién... sesenta, cien, mil, doscientas veces mil, doscientas cincuenta mil veces mil manos fueran el perímetro exacto, con un poco de tierra, para vivir otra vez. A madrugar. A liberar. A restaurar. A sembrar. A crecer. Al agua. Al sol. A la espiga. La luna alumbra nuevas intenciones. (PSA).



jueves, 17 de septiembre de 2009

Hijos del mañana




Hijos del mañana


17 Septiembre 2009

por Pablo Mora



Somos Hijos del Mañana, con nostalgia de futuro, hoy, cuando la derrota, el descontento, el desengaño, se han enseñoreado sobre cada hombre y cada pueblo. Contundente experiencia compartida, que nos atrapa, conjuga, fraterniza. Porque una única luz nos imanta o ilumina, nos hermana un único dolor… “un´unica luce ci calamita, ci affratella un unico dolore” en feliz decir de Roberto Mussapi. El mismo común dolor humano, genérico, unamuniano. Puesto que “sólo el dolor común nos santifica”.
Hacemos la mochila y nos tornamos vagabundos. Apoyamos la mirada en un par de tardes. Cargamos los dados de la apuesta. Arrestamos al viento, al sol, las mariposas. Algo sabemos del alma del silencio. De la piedra que alguna vez fue estrella. Del sagrado terror de la locura. Vamos tan sólo siendo retrato del alma de la tierra. Dejamos pasar la noche por encima de nosotros mientras las islas no se cansan de bañarse. De vez en cuando nos hacemos a la lluvia. Matamos la tristumbre. Rompemos ratos, alfileres, paraguas o repisas. Inventamos penas, alegrías y tardanzas. Echamos un vistazo a la antigua aldea, al primer camino. Sin fusiles, sin paz y sin silencio, con el asombro sólo de testigo, tomamos el cielo por asalto, sacamos un mundo de la nada, dejándolo a las órdenes del sol, de manos del silencio de la luna. Nos provoca de repente quedarnos solos en la tierra. Falta ponerle trampas a la muerte.
Qué grato encontrarse con la niebla de vuelta a las primeras madrugadas, sentir el surco entre la propia mano al estrecharle el corazón al sueño. Qué grato preguntar a la neblina por la primera plana de la escuela y, fijada la vista en lontananza, tomarle las lecciones al destino. Ya casi vespertinos en la cuesta, en cúmulo, las sedes reunidas se vuelcan todas hacia el mismo aljibe. Provoca, entonces, empezar la siembra y desde una colina de la aldea darle un abrazo fuerte a la existencia.
La casa vieja del limón dormido el tiempo lleva en su morral ahora, la vida corre, se desgaja, implora el sueño antiguo en el rupestre nido. El bosque espeso —cafetal florido— al aire brinda su fragante flora y entre el amor ardiente se desflora ante el paso del hombre confundido. Limón y cafetal, jardín y sueño —pertrechos en la guerra de la vida— desgrana el alma en impaciente empeño y al borde de la sombra en estampida, el hombre frunce compungido el ceño al verse en el recuerdo de salida.
Errabundos, soñamos con la paz de los primeros días. Lentamente, todos los caminos se hacen nuestros. Entre el herbaje vamos siendo. Entre tempestades, descubierta el hambre, renacemos a la vida. De ida o de regreso, damos con el viejo patio de la vieja casa, donde un árbol, único entre los árboles de la casa ya muerta nos espera, solo entre zarza herida, olvidado de todos, simple memoria viva, profunda de la tierra.
A pesar de la noche de la guerra, como gota de lluvia deshojada, la sombra de una casa aguardará al hijo del mañana al pie de un árbol encendido.