sábado, 26 de diciembre de 2009

ANGELICAL






ANGELICAL

In memóriam: Merceditas Mora de Jairran

Q. E. P. D.


Luciérnaga, angelita, pajarita,
toda de asombros infinitos llena,
transfigurada en cumbres celestiales
sobre el Tabor triunfal de la alegría.

Luciérnaga alumbrando sementeras,
angelita en diadema de luceros,
pajarita de paz con voz de cielo,
la sencillez espiritual de un nido.

Así te siento, angelical y pura,
hueles a pan de los ardientes hornos
mientras doras de lumbres los caminos.

Te conocí en los juegos de la infancia,
testigo de tu vida cristalina
a pulso de fogón esclarecido.


Pablo Mora




viernes, 25 de diciembre de 2009

Sangre Zurcida





Sangre Zurcida

¿Cuánto sabrá tu asombro de los gatos
cuando serán barridos los bribones
cuándo los traficantes de la guerra
cuándo la enhiesta sombra de la escoria
está tu paz de parte de la guerra
de qué lado los bárbaros están
cómo pasar la seña la palabra
qué haremos con la angustia de la pólvora
valdrá que nos alumbren las luciérnagas
valdrá impostar la voz el griterío
armar a dios al prójimo y al pobre
valdrá el poema urgente necesario
valdrá seguir haciendo la palabra
hasta cuándo la sangre zurcirá?

Pablo Mora



A cuántos





A cuántos

A cuantos crean que me voy de muerte


¿A cuántas lluvias de la muerte estamos,
a cuántos julios, cuántos besos, ramas,
a cuántas lunas, cuántos gritos, tardes,
a cuánto rezo, a cuánto rato, a cuántos?

¿A cuántas sombras de la muerte estamos,
a cuántas simas, prados, cuántas lomas,
a cuántas noches, calles, cielos, árboles,
a cuántas grietas, grifos, silbos, sones?

¿A cuántos tantos de la muerte estamos,
a cuántas gotas, tajos, gatos, togas,
a cuántos marzos, martes, ases, oros?

¿A cuántas copas, cuántos tientos, palmos,
a cuánto grillo, insomnio o arrebato,
a cuántos, cuántos, cuántos, cuántos, cuántos?


En Las Acacias
A mediodía en medio de la muerte

Pablo Mora



domingo, 20 de diciembre de 2009

Luciérnaga







Luciérnaga


En lo que cabe en la palabra vida
entera cabe la palabra amor,
completo el aire, entero el resplandor,
el camino que a diario nos convida.

Lumbre, aire, resplandor, ensueño, vida,
caben en el cariño de una flor,
el suspiro perenne, el ruiseñor,
completamente la final salida.

Testigo fiel de la feliz jornada,
un beso eternamente victorioso,
la presea de un alma enamorada.

La luciérnaga en lumbre iluminada,
en vuelo de gacela muy gozoso,
nos regala su vida, jubilada.

Pablo Mora



Poeta tachirense gana Bienal Literaria "Ramos Sucre"






Poeta tachirense gana Bienal Literaria Ramos Sucre

El pasado martes 15 de diciembre, los organizadores de la décima séptima edición de la Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre, revelaron el veredicto, otorgando el Premio Único en Poesía al escritor tachirense Freddy Ñáñez, con el poemario Postal de Sequía por su “su intensa búsqueda desde un lenguaje distante del yo, más allá del mero ejercicio literario”, poesía urgente “en tiempos donde la Ciudad Escritutaria, insiste en el olvido de nuestro ser”, tal como reza el veredicto.
Freddy Ñáñez, escritor tachirense ha desarrollado una importante labor como promotor cultural de la región, desde la fundación de la Editorial Nadie Nos Edita, la dirección de la Revista Cultural Sujeto Almado, y más recientemente como directivo de la Red Nacional de Escritores de Venezuela y director del Gabinete Ministerial del Poder Popular para la Cultura Táchira. Es autor de los libros: “Todos los instantes” “Un millón de pájaros muertos, “Los hombres que vienen de morir”, “Fuego donde dice paraíso”, “Bajo Palabra” y la antología poética “Suma del Árbol”.
Cabe destacar que esta Bienal, organizada por la Dirección de Cultura y Extensión de la Universidad de Oriente es reconocida como uno de los certámenes literarios de mayor relevancia y trayectoria nacional e internacional. Para esta edición que comprendió los premios en los géneros Poesía y Ensayo, la Bienal recibió 85 obras para la mención poesía y 21 para la mención ensayo donde resultó ganadora la escritora Raquel Rivas.





miércoles, 16 de diciembre de 2009

COLOR DE LA ROSA





COLOR DE LA ROSA

Pablo Mora



“¿’De qué color será la rosa que junto a tu alma alcemos?
Roja será la rosa que recuerde tu paso”.

Pablo Neruda




¿De qué color será la rosa? Roja
será la rosa en el azul del sueño,
roja será la rosa en el empeño
por ver el rumbo que la tierra escoja.

Siendo roja ninguno la deshoja
si no es el pobre cuando frunce el ceño
en su azarosa búsqueda del leño
para el fogón que alguno le despoja.

Roja será la rosa en el camino,
en el viento, en la muerte, en la arboleda,
la Tierra toda vestirá de rojo.

Sólo, entonces, el hombre peregrino,
en medio de esta horrenda polvareda,
marchará alegre y sin ningún sonrojo.








RETO BOLIVARIANO







RETO BOLIVARIANO


Pablo Mora


¡Creo en ti, perenne Hijo de la Gloria!
¡Inmarcesible Rayo de la Guerra!
¡Comandante invencible de Los Andes!
¡Espada vencedora de los Dioses!
Creo en el Ávila, fanal primero
donde irradió el fulgor de tu existencia.
En el vientre que arrulló tu gloria
y en el maestro que templó tu mente.
En el pueblo que siguió tus pasos
y en la nodriza negra de tu infancia.

Creo en la Roma en que juraste un día
dar tu sangre por nuestra Libertad.
En el mar en que acampaste cuando
la Patria te confió el primer mandado.
En la ternura que le diste a Fanny
con el aliento de tu amor a prisa.
Creo en la flama de amor de Manuelita,
en la fulguración de tus soldados
y en la estampida de palomos briosos
en busca del Jinete redivivo.

Creo en la nívea pila bautismal
al fraguarte inmortal Libertador,
en la pila sagrada de Los Andes.
En el Llano que se fue contigo,
erguido fiel por nuestra libertad.
En la lealtad del corazón
del negro en llamas que inmoló la Patria.
Creo en el Mariscal en que creíste
y en la desgarradura de Berruecos.
Creo en tu arrojo que envidiaste a Piar
y en el Piar que tuviera que morir
para abrir paso a tu esperanza egregia
en medio de la lucha sin cuartel.













Creo en Petión, el de la noble mano,
al enjugar la lágrima al esclavo.
En la furiosa huracandad de Pisba,
acicate feroz de tus soldados,
en el alumbramiento de la helada,
hijo de aquél que se quedó en la cuesta.
Creo en la majestad del Chimborazo
donde de pie entendiste al viejo Tiempo.
En tu rostro desafiando el mar
cuando, lejos, clamabas por la Patria.
En los ásperos callos de tus manos
para el hambre de América harapienta.

Creo en tus brazos y en tus puños creo
desde la eternidad encabritados.
En el samán que te albergara creo,
en tus noches, tus selvas, tus caminos.
Creo en el tamarindo de Angostura
donde amarraras tu esperanza al río.
En el entrecejo de tus iras
y en el crispado acento de tu verbo.
Creo en tu hamaca, compañera fiel
en cada escaramuza libertaria.
En la orfandad de tus monturas viejas,
añorándote a ti, ¡Oh Padre Nuestro!

Creo en las plateadas herraduras,
hechizos del galope redentor.
En tu espada que atizó la gloria,
sembrando sobre sombras libertad.
Creo en Palomo y su inmortal relincho
cuando, gozoso, te sabía campal.
También en los secretos que confiabas
a tu mula Orejona y obediente.
Creo en el tremedal de Casacoima:
regazo en el delirio de tus sueños.
Creo en Pichincha y creo en Boyacá
y en Junín, Carabobo y Ayacucho.













Creo en la cruenta imagen que tenías
de aquella América rapaz del Norte.
En el recio camarada Rooke
quien a la noche le ofrendó su brazo.
En la Gran Colombia que fundaste
y en el sueño de América, la Patria.
Creo en tu pensamiento, fulminante
hoguera de visiones sempiternas.
Creo en Jamaica y creo en Angostura
donde fijaste el rumbo a nuestra América.

En la América tuya tan dolida,
ágora ayer: la comunión del mundo.
En Tinjacá y en tu Nevado perro,
en tu pobreza y tu camisa rota
para la desnudez de Santa Marta.
En el fulgurar de tu relámpago
perdido en la hondonada del vacío.
En el alarido de la noche
con la última proclama de la unión.
Creo en la redención de nuestro suelo
por tus huestes apenas comenzada.

En nuestra soledad iluminada
por tu ejército ahora clandestino.
En la reciedumbre de tu furia
amparada en melífera ternura.
Creo en tu sangre guaicaipura y éuscara,
hermana de la sangre de Lautaro,
¡Oh Fénix trashumante, la esperanza
de los partos solares por venir!


















Creo en la Guerra de Tupac Amaru,
la Guerra a Muerte que empuñara el Ande.
En Martí cuando corrió a buscarte
en la noche sangrienta de tu América
y en la montaña que soñó tribuna,
entre relámpago y furente rayo,
y un manojo de pueblos en tu puño,
rendidos los tiranos a tus pies.
Creo en el Che, en Camilo y en Sandino
para tu valentía encarnaduras.
Creo en todos los hijos de la Tierra
capaces de fraguar la nueva aurora.

En la hospitalidad de estas neblinas
creo, remanso de tu luengo insomnio.
Definitivamente creo en Ti,
¡Omnipotente Padre de la Patria!
Y aunque tú ya una Patria nos dejaste,
creo en la Patria que nos falta hacer.
Creo en ti, ¡Adalid de Libertad!
Desde estos ventisqueros de los Andes,
donde una América de pie te espera
para salir a libertar más patrias
así tengamos que retar a Dios
con tal de no seguir arando el mar.