miércoles, 6 de octubre de 2010

Irse

Irse

A las amigas del miércoles de trabajo



Irse apagando en una luz que tiembla.
Irse volviendo polvo lentamente…
sin la piel, sin el roce, sin aliento.

ANTONIA PALACIOS



Irse volviendo polvo lentamente,
llevar las cinco de la tarde a cuestas,
estarse con el día a la intemperie,
saber que alguna noche no estaremos.

Irse quedando sin algún aliento,
pensar que somos un fugaz relámpago,
irse apagando como el sol de siempre,
irse como el venado sin saberlo.

Irse perdiendo en una ausencia eterna,
irse apagando en una luz que tiembla
sin la piel, sin el roce, sin aliento.

Irse tan solamente de la tierra,
perderse como el pájaro en el cielo
tras el fragor de aquella tolvanera.


Pablo Mora





Las Acacias, miércoles, 06 de Octubre de 2010.

Mi vida






Fue la palabra mi plural oficio. Inocencia feroz de la costumbre de ir entre la sombra de los sueños soldando la armadura de los ríos. Fue la costumbre de la insomne urdimbre, antigua sombra de la fértil siembra, ventana al descubierto, asombro, enigma, al borde del crepúsculo en peligro. Italia, aldea y sombra ya me dejan, el silencio, los pájaros, los ciegos, los zaguanes dirán que no me vieron. Capricho, noche y Borges ya se alejan. Muy descaradamente perniciosa mi vida es una fuga repentina.



De Sombra antigua.








domingo, 3 de octubre de 2010

Autonomía Universitaria





Autonomía Universitaria


Pablo Mora*



En el hormigón de la autonomía es donde ha de fluir y plasmarse el mejor concepto de salud universitaria. Al interior de la moderna concepción de la "Economía del Conocimiento", la autonomía de la Universidad ha de resultar intrínseca, constituir un simple acto de reconocimiento, una propiedad inherente a la institución en sí. La Universidad, corporativa, universal, científica, es, por naturaleza, per se, autónoma, en cuanto que a la autonomía le compete el Poder del Saber: del saber científico, riguroso, sistemático, creativo. A la Universidad, por ende, ipso facto, le compete el desarrollo del pensamiento crítico, de la independencia de criterio, constructiva y eficiente, de las potencialidades físico mentales de los sujetos en cuestión, dentro de la mayor fluidez de un organismo por antonomasia deliberante.
Ya sea que la Universidad enfatice sus acentos en la docencia, la investigación, la extensión o en el servicio al progreso en general, la "Economía del Saber", el poder de la sociedad postindustrial basado justamente en el saber, nos lleva a la conclusión de que, si bien hemos de reconocer el valor intrínseco de la autonomía, "no obstante, la autonomía tampoco puede ser ubicada como pretexto para no asumir el reto de la eficiencia". (José Luis Reyna).
La autonomía representará cada vez más el reto a la eficiencia, mejor, la eficiencia será el reto permanente para la autonomía, el reto mayor de nuestra Universidad. Sobre todo, en función de la sobrevivencia de nuestra sociedad en vías de autodesarrollo. Ser autónoma la Universidad significará más que estar en disposición de competir, estar en condiciones de "producir" y producir sinérgica, creativa y solidariamente.
A pesar de todas las desviaciones endógenas y exógenas que amenazan a la Universidad, a pesar de los múltiples perfiles o especificidades que cada día caracterizan a nuestras Casas de Estudios Superiores: desde la "universidad gendarme", de "producción" o de "extensión" hasta la "profesionalizante", "tecnocrática" o "vendedora", hemos de reflexionar sobre las ventajas, razones, bondades o inconvenientes de los distintos modelos universitarios vigentes.
Frente a tal abanico de modelos, hemos de tener la convicción de que la ponderación y el análisis de los mismos han de arrojarnos las mejores luces para que seamos capaces de asimilar los beneficios de unos y otros en pro del esclarecimiento de una reconversión intelectual, delante de una crisis universitaria que nos demanda responsabilidad para adelantar, con visual prospéctica, la mejor "reforma universitaria que debe pasar necesariamente por la crítica de métodos y contenidos de la enseñanza, como también por una definición actualizada del concepto de la autonomía rediseñando la relación entre sociedad y universidad". (Camilo Taufic).
Sólo, así, podremos reconocer los alcances del poder del saber, es decir, de la autonomía misma, lejos de conformismos, presiones o prejuicios que nos hagan olvidar la superior misión de la dedicación a la verdad, fundamento de la libertad, la eficiencia y la eficacia, razón de ser de toda universidad.
Sólo, entonces, autonomía significará capacidad de autodeterminación conforme a propia ley; autosuficiencia compartida en función de integración; competencia, producción, acción, animación, reactivación, reconversión, conforme a la ley del saber, es decir, a las leyes de la eficiencia y la eficacia.
Sólo, entonces, la Universidad, connaturalmente autónoma, concebida como institución al servicio del orden y avance social, podrá atender las demandas y necesidades humano - colectivas, a partir de una racionalidad que permita definir una real independencia y un libre desarrollo del saber, en función de una madurez institucional —de una revitalización— que garantice la fluidez de la vida interior y de los valores del hombre integral tanto en sus producciones materiales como en sus realizaciones espirituales, es decir, el pleno desarrollo del estado autónomo.
Realmente una autonomía progresiva universitaria debería depender tanto de la vigilancia y auditoría externas, como de la potencialidad académica interna. Indudablemente que tal autonomía, basada en iniciativas internas, no puede dejar de contar con la anuencia racional de los poderes externos, quienes deben reconocer que, gracias al fortalecimiento de las fuerzas académicas universitarias, se enriquecerá aún más el devenir político de sus propias ideologías y aspiraciones y el de la ideología y la identidad nacional.
En una palabra, la autonomía universitaria debe corresponder a la convergencia del binomio de fuerzas endógenas y exógenas, capaces de lograr el equilibrio necesario para la concepción, afianzamiento y proyección del verdadero Proyecto Nacional, requerido por la sociedad en un momento dado, en una coyuntura de prospección como la presente.
En los países modernos se crea un verdadero ligamen funcional entre el progreso socioeconómico y la actividad de la universidad, obligada por los acontecimientos a tomar parte en los objetivos del desarrollo de las naciones. Prácticamente, la socialización de la universidad la hace marcadamente responsable del progreso económico y cultural de la comunidad nacional.
De donde la tendencia más generalizada sea la de concebir a la institución universitaria como un auténtico servicio social, dentro de una función crítica, donde ella no puede prestar la atención a todas las necesidades que le sean propuestas, sin antes juzgarlas previamente. He aquí el desafío: ¿Cómo conciliar, por ejemplo, la libre función de la investigación de la universidad con los intereses sociales que se le exigen?. Parece ser que el asunto fundamental sea el de armonizar su sumisión a los intereses de la sociedad, expresados por el poder político, con una autonomía efectiva. Sin una cierta separación, una cierta distancia, un puente catalizador, en relación con el sistema, su acción se esteriliza ineluctablemente. He ahí el dilema: sumisión al poder o independencia: conciliar dos variables, en búsqueda de una autonomía progresiva y efectiva.
O está la universidad al servicio de los intereses particulares de un grupo privilegiado. O está al servicio de su investigación, su misión y visión, su eficacia y eficiencia, en consonancia con los intereses globales del estado, con las exigencias del Poder del Saber, bajo previa función crítica constructiva. (Hervé Carrier).
Vigencia de la cultura nacional enmarcada en un campo intelectual definido, conjunción de fuerzas avaladas por concesiones racionales en pro de un Proyecto Nacional de largo alcance, dentro de una utopía concreta, han de constituir los pilares fundamentales en que debe afianzarse una verdadera autonomía universitaria de cara al porvenir.



* Profesor Titular, Jubilado, Universidad Nacional Experimental del Táchira.
pablumbre@hotmail.com





sábado, 2 de octubre de 2010

Nuestra Misión






Nuestra Misión

Pablo Mora


Y pasan los siglos de los siglos, los días de la totalidad de los siglos, como lo expresa Roque Dalton. Vienen a nuestro encuentro los años o con ellos vamos. Atardeceres y nostalgias. Cenits y nadires. Saudades, melancolías y asechanzas. Tristumbres, ansiedades e ilusiones. Un borrador apenas para que lo cumpla el sueño del niño que somos o que fuimos. Razón la de Ernesto Sabato: “No hay otra manera de alcanzar la eternidad que ahondando en el instante, ni otra forma de llegar a la universalidad que a través de la propia circunstancia: el hoy el aquí”. Solo universaliza quien en su aldea ahonda. Yendo a los intríngulis del bien y el mal, no queda sino resistir entre la decisión y la muerte. “El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria.” Nada más cierto.
Sobresaltados, “amurallados por el miedo” nos despertamos ante el fin del mundo que arremete contra el hombre. Contadas son las presunciones, las alternativas. Entre ellas, adelanta Cristina Castello: “Si la humanidad no quiere autoaniquilarse, el camino sería un contrato social planetario, con instancias de gobernabilidad y acciones colectivas en pro de la naturaleza. Así, podría inaugurarse la existencia, como una posibilidad humana de transitar el tiempo.”
“Hemos fracasado. Sobre los bancos de arena del racionalismo demos un paso atrás y volvamos a tocar la roca abrupta del misterio.” (Urs von Balthasar). Razón tal vez asista a Sabato cuando sostiene: “!Qué diferente habría sido la situación si el ‘socialismo utópico’ no hubiera sido destruido por el ‘socialismo científico’ de Marx!” Mientras agrega lapidariamente: “No hemos de hundirnos en la depresión, porque es, de alguna manera, un lujo que no pueden darse los que se mueren de hambre… Tenemos que abrirnos al mundo. No considerar que el desastre está afuera, sino que arde como una fogata en el propio comedor de nuestras casas. Es la vida y nuestra tierra que están en peligro… La vida del mundo hay que tomarla como la tarea propia y salir a defenderla. Es nuestra misión… Cuando nos hagamos responsables del dolor del otro, nuestro compromiso nos dará un sentido que nos colocará por encima de la fatalidad de la historia… Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto la humanidad haya perdido.”
Los umbrales de la noche nos sorprenden en vigilia. Una cosa es cierta, mentira el resto, como a la flor, la muerte nos acecha. Dejemos a la muerte al descubierto, al pie de todo asombro. Mientras alguien padezca, la rosa no podrá ser bella; mientras alguien mire el pan con envidia, el trigo no podrá dormir; mientras llueva sobre el pecho de los mendigos, no sonreirá el vino. Matemos la tristeza. El rumor de un pueblo que despierta ¡es más bello que el rocío! El metal resplandeciente de su cólera ¡es más bello que la espuma! Un Hombre Libre ¡es más puro que el diamante! A punta, a copa de vino, libertemos al fuego de su cárcel de ceniza. Encendamos la hoguera donde se queme este mundo sombrío. Seamos un relámpago perpetuo.
Dios hizo el sueño; el hombre, el vino. Cabalguemos sobre el vino. Partamos sin espuelas y sin freno rumbo al azul. Por el azul huyamos sin sosiego al paraíso de los sueños. Demos de beber a las botellas. Roguemos porque a las noches no les dé sueño. Bebiendo cielos, como copas de árboles, lleguemos a los dioses. Bebamos nuestro júbilo de ser del vino orfebres. En esta hora incierta de los hombres, entre la herida universal del orbe, golpe a golpe, hacia adelante, rema y rema. Subsanemos hambre en libertad. Sobrevivamos. Trascendamos en sobre vida. Grabemos el sueño entre los árboles para que vaya andando en el aire, como ellos, hacia arriba. Compartamos la luz del mundo, el pan del mundo al mismo tiempo que la noche oscura. Condenémonos juntos o salvémonos todos con las mismas manos, con el mismo vino y con las mismas sombras.







viernes, 1 de octubre de 2010

Cambio de armario






Cambio de armario
Pablo Mora

Tarea individual, colectiva: abrir el presente al futuro, antes que pretender conservar el pasado en el presente, sosteniendo los valores tradicionales. Tarea fundamental preparar el camino en aras de lo nuevo, superando los viejos valores, salvo aquellos indispensables. El momento actual venezolano constituye un reto, una invitación, un desafío al juego de la vida, de la libertad y de la creatividad, condición de la plena realización del hombre y de la renovación social. Hemos de dar paso, cabida, a la esperanza, al goce, la celebración.

Ciertamente, tiene plena razón Rubem, A. Alves, cuando nos repite: “La visión de la libertad y su celebración en el presente, exige conjuntamente el empeño político. Podemos alegrarnos del nacimiento de un niño, pero delante de nosotros cabe todavía mucho sufrimiento. La impotencia llegará a ser fuerza cuando aquello que hoy es fuerza sea reducido a la impotencia.”

Soñamos con la paz. Y una paz que no provenga sólo de la compra o de la venta. La alegría es gratuita, pudiéndose encontrar placer y satisfacción fuera de la mera organización institucional. La rutina cotidiana, la organización, la disciplina, nos han entorpecido, haciéndonos incapaces de sentir. Hemos de abolir en cambio toda atadura social innecesaria, represiva. Hasta F. Engels en “La evolución del socialismo” nos recalca: “La sociedad no es más que un conjunto de errores; eliminarlos es la tarea de la razón. Por ello es necesario descubrir un sistema social nuevo y más perfecto e imponerlo a la sociedad sin propaganda…”

En este sentido, no es fácil definir la paz, pasando a ser mero hecho o sueño utópico. Hasta la libertad viene a ser una ilusión utópica. Yendo, por ejemplo al ámbito de la ecología, nuestra sociedad está basada en la devastación de los recursos naturales y la acumulación de los desechos en el ambiente. Una publicidad de la Standard Oil, con marcado realismo o cinismo, llega a decir: “Quitemos el sulfuro del petróleo en Venezuela para tener limpio el aire de nuestra casa”. De pretender la realidad actual continuar con estas esperanzas, no alcanzarían a realizarse jamás, pues casi siempre la competencia de la realidad es la que hace imposible la realización de las utopías.

Ante esta perspectiva y a la luz de los reñidos resultados electorales nacionales, camino del 2012, cabe recordar el denominado “cambio de armario” por razones del cambio climático en un ingente número de países del globo. Contar con un cambio de armario ordenado es disponer a tiempo de ideas claras y distintas, si bien entre nosotros las estaciones apenas si aparecen de rondón o no, dando cabida a la improvisación que, por fortuna, a veces dispone de valencias positivas en nuestro mundo. Podríamos pensar que, metafóricamente, llegó la hora nacional para que unos y otros, el país nacional, todos en plena libertad, pensemos en la mejor salida patria para nuestro porvenir. Estamos en un momento justo para que entre todos, sumando voluntades y esperanzas aprovechemos esta oportunidad para examinar lo que hay y lo que falta, preparando el camino en aras de nuestros nuevos sueños, dando paso al goce y la celebración, atentos al llamado de la creatividad y la libertad.
pablumbre@hotmail.com





viernes, 24 de septiembre de 2010








CARTA ABIERTA

Pablo Mora


al alimón con la Esperanza



Esta tierra sobre los ojos, sobre el alma, este aprieto, esta noche continua, este desasosiego, esta derrota que comienza, se aleja, se recuerda, viene y va. Te quiero, país, tirado abajo del mar, coronado de soles y neblinas, sombra de la guerra, lleno de vientos, puteando y sacudiendo banderitas, repartiendo escarapelas en las calles. Te estás quemando a fuego lento. Qué carajo si la casita era un sueño. Te quiero, país tirado a la vereda, caja de fósforos vacía. En cada casa, cafetín, taguara o plaza, hay alguien que nació haciendo discurso para algún otro que nació para escucharlos y pelarse las manos. Te quiero, país tan triste en lo más hondo del grito, tan golpeado en lo mejor de la sonrisa, tan grifo en la hora de la autopsia. Te quiero, a pesar de la sangrienta demencia que de antiguo atenta con la tribu, a pesar del águila rapaz y su avaricia loca, toda espumeante de historia, tragedias y misterios, exhalando el vaho putrefacto de los siglos, sorbiendo la polvareda de las necias apetencias, alcantarilla de los grandes asesinos en el desesperado despresamiento de los siglos, en el despellejamiento abismal de las brechas, trojes o caminos.



Te quiero a pesar del cómplice silencio para distraer el hambre de los humildes o arrancarle el fruto de sus sienes. Te quiero en las largas, confusas llanuras, serranías, en las que levanta, amasa y cuece el hombre su pan escaso, esparcido por el viento, buscando la pulpa ausente de los frutos idos. Te quiero a pesar de las babeantes, incompletas verdades, vertiendo su estiércol, retrasando nuestra marcha hacia el pan de cada día. Pero te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo ha de salir de este sentir. Te quiero, país desnudo que sueña; país insomne que lucha; país despierto que grita; país resuelto que espera; país de sol y de brega; país de siembra y cosecha; país de pulso y de fuego; país de barranco, de lumbre y de gloria; de palabra, pueblo y pólvora; de béisbol, ringside, furia y sampablera.


Me acuerdo de un amanecer alpino, en pleno invierno, soñándote despierto, entre la noche de la guerra, del hambre y de la lluvia, alzándote en los brazos, ofreciéndote a la vida, a punta de herejías, fabricándote, llevándote. Tapándome la cara, me acuerdo de la primera luna allá en Palermo, bajando del Amparo, camino de la aldea. Tapándome la cara, te imagino, desperezado, después de esta avalancha, calmada la borrasca, con zapatos rotos o nuevos, cuesta arriba, fuerte el corazón y el brazo, victorioso, desafiando porvenires, conquistando soles. Te quiero, país, pañuelo arrugado, maltratado, de estrellas impasibles, con sus calles cubiertas de carteles. Te quiero, sin vuelta, sin derecho, sin remedio, nada más que de cerca y amargado. Y de noche, insomne. Vámonos, patria, a caminar, yo te acompaño.


(Poesía, Sociedad Anónima) Pablo Mora



martes, 21 de septiembre de 2010

INVOCACIÓN A LA PAZ





INVOCACIÓN A LA PAZ

Pablo Mora


En el Día Internacional de la Paz


ANCHA SOLEDAD de los desiertos. Sol en los tejados. Silenciosa frescura del aljibe. Vellón azul rondando por el aire. Voz en alta llamarada. Milagro para el rayo en muerte de la guerra. Canto de la brisa, el sol y las quebradas. Amor que no puede caminar como una hoja.
Una hoja entre el viento que camina o un camino entre el vientre de la hoja que se va. Hoja y camino. Camino caminando con el viento. Incógnita en el tiempo. Una pregunta en pie para los hombres. Colina para otear a Dios. Hondonada para hallar la luz. La cresta de un lucero, por el postigo corazón mirando.
Susurro de los árboles, tu sueño. Tu corazón, del tamaño del mar que conocemos. Tu cabellera, los ríos, las quebradas, los riachuelos. Diminuta, te escondes en los sauces que duermen a los lagos, en los cipreses de la tumba ajena, en los aljibes de las casas solas; en los zaguanes del amor del viento o en las pestañas de la madre pobre.
Hojarasca entre la noche de los pájaros. Tronco fatigado por el tiempo y la tormenta. Latido de fogata crepitando entre la fronda.
Lumbre y mujer para la misma sombra. Sueño y silbido para el mismo abismo. Amanecer y tarde florecidos, floreciendo en las sienes de la flora. Lucero y arrebol, azules horas. Cocuyo entre rastrojos vespertinos, iluminando el resplandor tardío, las noches de vigilia arrobadora.
Júbilo, alumbramiento, bienvenida. Ara en fulgor para el altar del tiempo, para elevar el corazón festivo. Trino con que cantamos a la vida, cuando la suerte nos ofrece el huerto para sembrar de estrellas el camino.
El pan, el oro, la solemne sombra en esplendor divino, la alegría. Infancia en llama, en canto, en lejanía que el transparente corazón la nombra. La soledad que en la vereda asombra al trigo, al viento, al lirio en noche fría. Ardiente claridad la poesía que el huracán del corazón alfombra.
Encanto de la luz, la Navidad que alumbra el triunfo matinal del hombre y el silencioso arroyo del deseo. En glorias del amor, la huracandad con que la brisa de la luna asombre la encantadora música de Orfeo.
Conoces nuestra locura como nadie más conoce. Nos visitas muy de madrugada o cuando cae el sol sobre el tejado. Contigo "supimos los misterios de las cosas como si fuéramos espías de los dioses". Sus secretos descubrimos.
Conoces todas las nieves, todos los riscos, todos los gestos de los hombres, todo el espesor del viento, la justa medida de la espera junto a la luz total de nuestras cosas. Fabricas los sueños del jardín. Doblegas la furia de la guerra. En cada atrinchera nos proteges; nos cubres en cada retirada y avanzas con nosotros, la primera.
Has asistido a mil batallas y tienes otras mil por combatir. Ilesa saldrás en cada portachuelo. Ninguna polvareda nublará tu paso, menos las luces de tus blancos senos.
Mientras seamos capaces de asistir a un terremoto sobre un rayo de luna o a una tempestad en una gota de sol, crecerá tu sombra, Hilandera Majestuosa, la de todos los hilos de los sueños.
Desde los Decretos de Belén y de la Sala de Actos del Smolni, con el mundo entero por testigo, tranquilidad no del orden existente, sino la de un orden nuevo, en busca de una humanidad nueva.
La de elevar al hombre nuestro sueño.
La de tan amarte y tan morirte, P A Z.