
viernes, 15 de octubre de 2010
lunes, 11 de octubre de 2010
Sube a nacer conmigo, hermano

Sube a nacer conmigo, hermano.
Pablo Mora
Desflora la blanca agenda. Desgaja un instante al tiempo. Pasa la hoja. Quítale un minuto a Alá. Dáselo al hombre. O a tu madre. Comienza lentamente. Comienza el viaje hacia la sombra. Intérnate en el camino nuevo. Una vez emprendido el viaje, sigue puntualmente al sol. Hoja entre los vientos, acuérdate del viaje hacia la sombra. Párpado de hormiga, convéncete del viaje sin regreso. La vida nos llama, nos nombra, nos acusa, nos grita, nos reclama. Siéntate en el lugar del hambre a gritos todavía. Siéntate en el lugar del grito, vivos todavía.
Este presente liso como una tabla, fresco, esta hora, este día limpio como una copa nueva. Álzalo. Ofrécelo a la vida. Llévalo a la calle y al jardín. Paséalo. Ponlo frente al sol. De cara al porvenir. En santa paz. Tintinéalo. Recuérdalo. Nada en él de cobarde o de maldad —del pasado no hay una telaraña—. Fanal, aurora, amanecer, camino. Un camino entre el vientre de la hoja. Camino caminando con el viento o viento deshojado en el camino.
Tocamos con los dedos el presente, cortamos su medida, dirigimos su brote, está viviente, vivo, nada tiene de ayer irremediable, de pasado perdido, es nuestra criatura, está creciendo en este momento, está llevando arena, está comiendo en nuestras manos. Vivo, en nuestras manos, echémoslo al voleo. Niño, virgen, transparentemente azul, librémoslo de mal. Dejémoslo correr. Grabémoslo, hondo, en el fogón. Cuidémosle su tino, sus ansias, ilusiones. Sus alas, todas, libres tras los cielos.
Cógelo, que no resbale, que no se pierda en sueños ni palabras, agárralo, sujétalo y ordénalo hasta que te obedezca, hazlo camino, campana, máquina, beso, libro, caricia, corta su deliciosa fragancia de madera y de ella hazte una silla, trenza su respaldo, pruébala, o bien escalera! Defiéndelo. Consiéntelo. Quiérelo. Hazlo surco, arado, sueño, cabecera. Hazlo árbol, fuego, girasol, lucero. Arroyo, fogonazo, campanada. Vereda, resplandor y compañero
Sube en el presente, peldaño tras peldaño, firmes los pies en la madera del presente, hacia arriba, hacia arriba no muy alto, tan sólo hasta que puedas reparar las goteras del techo, no muy alto, no te vayas al cielo, alcanza las manzanas, no las nubes, ésas déjalas ir por el cielo, irse hacia el pasado. Alcanza tu mañana. Arriba! Arriba! Hacia la estrella! A ésta bájala hasta el suelo! A pesar de huracán o ventisquero, con el arma cargada de esperanza, al frente, a la vanguardia, de primeros. Álzate temprano. Ábrete camino. Sube la cima donde ondean —de noche— las luciérnagas.
Tú eres tu presente, tu manzana: tómala de tu árbol, levántala en tu mano, brilla como una estrella, tócala, híncale el diente y ándate silbando en el camino. Tú eres tu camino, tu aldabón. Ándate silencioso, fraternal. Asegura, furente, la batalla. Elévate, soldado, en el fragor. A pesar del presagio, corre, vuela, en el viento, en la sierra, en la arboleda. ¡Tú sólo eres un sol, alienta, brilla! ¡Tú siempre tu presente, sueña, alumbra! ¡Sube a nacer conmigo, hermano! (Poesía, Sociedad Anónima).
pablumbre@hotmail.com
domingo, 10 de octubre de 2010
rimbaud
sábado, 9 de octubre de 2010
Ernesto Che Guevara

Ernesto Che Guevara
A 43 años de su asesinato
Es la hora de los hornos y no ha de verse más que la luz.
José Martí
A 43 años de su asesinato
Es la hora de los hornos y no ha de verse más que la luz.
José Martí
a ras de sueño y sierra y mar y tierra
a ras de mundo a ras de eternidad
a ras de che el orbe el mundo entero
a ras de suelo… Ernesto sempiterno
más allá de la paz y de la gloria
a ras del cielo de su fiera América
bien calzadas las botas de batalla
Ernesto con los pies sobre la tierra
hay que amar con horror para salvarse
de esta muerte que llueve hielo o fuego
hay que amar con valor para salvarse
para ser otro y otra a ras de sueño
y volver por el aire al aire libre
hay que amar con el che para salvarse
más allá de la paz y de la gloria
a ras del cielo de su fiera América
bien calzadas las botas de batalla
Ernesto con los pies sobre la tierra
con timbre de sudor y de combate
furente empuñadura de guerrero
símbolo vivo va regresa viene
redoblado terrestre solidario
ciclópeo fusil amanecido
raíz tormenta cumbre sol y bruma
fecunda abrasa asombra triunfa calma
asoma arenga ataca arroba acuerda
fogata y fogonazo y fogonero
relámpago su temple al infinito
tenaz y trashumante y peregrino
ferviente guardador de la trinchera
voz de poder y magna valentía
espumas de tu rostro redivivo
la miel y el agua pura y solidaria
en la magia infinida de tu sombra
tu rabia y tu ternura y continentes
coronas que tejiste al firmamento
la música que escondes en tus odios
tus asaltos tus vuelos tus acechos
dejástela en la furia de los pobres
de verde oliva en vestimenta alada
de alegre fuego de apacible frente
de pie junto a la estrella de tu gloria
Pablo Mora
En tiempo de décima

REALIDAD
Este pueblo de montaña
tiene amor y despedida,
con un samán a la entrada
y una acacia a la salida.
Manuel Felipe Rugeles
Grito de sol, de neblina,
dulce corteza de trigo,
amor que siempre persigo
en mi lumbre azul marina.
Tu presencia campesina
mis arrebatos empaña,
tierra en que el hombre se amaña
desde el claror de su infancia
donde fulge de fragancia
este pueblo de montaña.
Este pueblo de alborada
donde el campo se silencia
en refulgente querencia
es amor en clarinada.
Sus bueyes, su brisa alada,
su ardorosa bienvenida,
la eternidad de su vida,
su coraje arboladura
nos dicen que su ventura
tiene amor y despedida.
Tiene amor y tiene vida,
tiene un fragor cristalino,
porta fuego en su camino,
atalaya esclarecida.
Su trajinar nos convida,
fuga en clarín desatada,
tierra fértil, tierra arada,
donde sueña el campesino
y se cobija el molino
con un samán a la entrada.
Con un samán a la entrada,
clara herencia milenaria,
lumbre en sagrada plegaria,
se eleva al cielo arbolada.
Con una gracia encantada,
en su costado encendida,
va este pueblo por la vida
esgrimiendo su saludo
con un samán como escudo
y una acacia a la salida.
Pablo Mora
Premio Peña Manuel Felipe Rugeles
VASITO DE AGUA DE COCO
Cuando empecé la subida,
vasito de agua en la mano,
mi madre me digo en vano:
váyase yendo en la vida.
El niño aquel que venía
desquiciado, medio loco,
vasito de agua de coco
cuando la luz sorprendía.
Brillaba mi poesía
en la flor de la vereda.
No hay quien conmigo pueda,
ni la tromba huracanada,
soy mucho menos que nada
en mi locura que queda.
Vasito de agua de coco
con tu sabor endulzado,
me fui en la vida de lado,
¡malhaya mi amor tan poco!
Así fue como de loco
me encontré con mi tristeza,
la misma que en tarde reza
por su aldea y por su lampo.
Grítenme piedras del campo
cuando griten su belleza.Siervo sin tierra mi padre
madrugándole a la aurora
—triste vasija que llora
las lágrimas de mi madre—.
¿Dónde la luna que encuadre
las soledades sin vino?
Zarzas, ortiga y espino,
amaneceres en vano,
fueron dándole la mano
a las llagas del destino.
De vuelta ya de la vida
torna mi infancia a su aldea,
la antigua lumbre que arrea
a mi locura dolida.
No hay pena desconocida
que no distingan mis pasos:
ramazón y ramalazos,
el delta de mi amargura
por donde va mi ventura
a golpe, sangre y leñazos.
Siempre en la tarde me espera
—guijarro del infinito—
el terrenísimo rito
del hombre, fragua y hoguera.
Y al ir a la sementera
encuentro sólo la risa,
ínfimo leño de brisa,
tizón para la esperanza,
y mi lamento no alcanza
a traicionar la sonrisa.
Pablo Mora
Desventura
Este pensar sin pensar
tiene mucho de un anhelo
que por volar solo al cielo
al fin quedó sin volar
y cuando surge del mar
del mar de su desventura
su impaciencia se apresura
por dar con su corazón
donde canta una canción
su más íngrima ternura.
Pablo Mora
Este pueblo de montaña
tiene amor y despedida,
con un samán a la entrada
y una acacia a la salida.
Manuel Felipe Rugeles
Grito de sol, de neblina,
dulce corteza de trigo,
amor que siempre persigo
en mi lumbre azul marina.
Tu presencia campesina
mis arrebatos empaña,
tierra en que el hombre se amaña
desde el claror de su infancia
donde fulge de fragancia
este pueblo de montaña.
Este pueblo de alborada
donde el campo se silencia
en refulgente querencia
es amor en clarinada.
Sus bueyes, su brisa alada,
su ardorosa bienvenida,
la eternidad de su vida,
su coraje arboladura
nos dicen que su ventura
tiene amor y despedida.
Tiene amor y tiene vida,
tiene un fragor cristalino,
porta fuego en su camino,
atalaya esclarecida.
Su trajinar nos convida,
fuga en clarín desatada,
tierra fértil, tierra arada,
donde sueña el campesino
y se cobija el molino
con un samán a la entrada.
Con un samán a la entrada,
clara herencia milenaria,
lumbre en sagrada plegaria,
se eleva al cielo arbolada.
Con una gracia encantada,
en su costado encendida,
va este pueblo por la vida
esgrimiendo su saludo
con un samán como escudo
y una acacia a la salida.
Pablo Mora
Premio Peña Manuel Felipe Rugeles
VASITO DE AGUA DE COCO
Cuando empecé la subida,
vasito de agua en la mano,
mi madre me digo en vano:
váyase yendo en la vida.
El niño aquel que venía
desquiciado, medio loco,
vasito de agua de coco
cuando la luz sorprendía.
Brillaba mi poesía
en la flor de la vereda.
No hay quien conmigo pueda,
ni la tromba huracanada,
soy mucho menos que nada
en mi locura que queda.
Vasito de agua de coco
con tu sabor endulzado,
me fui en la vida de lado,
¡malhaya mi amor tan poco!
Así fue como de loco
me encontré con mi tristeza,
la misma que en tarde reza
por su aldea y por su lampo.
Grítenme piedras del campo
cuando griten su belleza.Siervo sin tierra mi padre
madrugándole a la aurora
—triste vasija que llora
las lágrimas de mi madre—.
¿Dónde la luna que encuadre
las soledades sin vino?
Zarzas, ortiga y espino,
amaneceres en vano,
fueron dándole la mano
a las llagas del destino.
De vuelta ya de la vida
torna mi infancia a su aldea,
la antigua lumbre que arrea
a mi locura dolida.
No hay pena desconocida
que no distingan mis pasos:
ramazón y ramalazos,
el delta de mi amargura
por donde va mi ventura
a golpe, sangre y leñazos.
Siempre en la tarde me espera
—guijarro del infinito—
el terrenísimo rito
del hombre, fragua y hoguera.
Y al ir a la sementera
encuentro sólo la risa,
ínfimo leño de brisa,
tizón para la esperanza,
y mi lamento no alcanza
a traicionar la sonrisa.
Pablo Mora
Desventura
Este pensar sin pensar
tiene mucho de un anhelo
que por volar solo al cielo
al fin quedó sin volar
y cuando surge del mar
del mar de su desventura
su impaciencia se apresura
por dar con su corazón
donde canta una canción
su más íngrima ternura.
Pablo Mora
viernes, 8 de octubre de 2010
El hombre

El hombre
Proviene
de una despeñadura enloquecida
Insinúa
una suave sonrisa divinal
Respira
la celeste mirada de su sol
Consume
la agónica tristeza de las hojas
Interpreta
la silenciosa huracandad del tiempo
Cavila
debajo de la noche y la tormenta
Desangra
en las cinco parcelas de la Tierra
Navega
entre borrasca grito y alboradaAgoniza
en la nieve en el llanto y en el plato
Cabalga
con toda la tristumbre de los montes
Transita
en tempestades mundanal miseriaMaldice
las horrendas torturas del hermano
Consagra
la levadura eterna de los panes
Conoce
los pasos permanentes de la sombra Despliega
temores ramalazos y portentos
Se agita
en el fuego bravío de la mar
Se afinca
en la locura en lucha con su pena
Mendiga
la lumbre de la gota en el alambre
Quisiera
recuperar el curricán perdido
Tritura
las indómitas fieras que lo acosan
Renace
de entre la podredumbre de la fosa
Se entrega
en las redes de un tiempo submarino
Violenta
volcánico la luz de otras estrellas
Arremete
contra la infancia alada de las rosas
Se enrumba
delirante al acecho de otra aurora
Se astilla
ante el antiguo malecón del puertoDesgarra
el alma fulgurante de la flor
Se inclina
sobre los fogonazos de sus huesos
Se aferra
sobre la polvareda de sus sueños
Desguaza
furente el huracán en alta mar
Desgaja
las indomables fauces del misterio
Se eterniza
sepultado en la fragua de la guerra
Se esfuma
entre las ventanuras del azul
nos acusa
nos grita
y nos reclama
Pablo Mora
jueves, 7 de octubre de 2010
La máquina de coser

La máquina de coser
Pablo Mora
Gracias, hijo, pues los disparos a la memoria hacen mucha falta, en medio de este cotidiano desgarramiento, esta llamarada, esta brasa, hoguera, bazofia cotidiana; en medio de esta mezcla de heces, sobras o desechos Algunas tienen muchos más afeites, aderezos, adornos, periquitos... La de mi madre era como Singer Light: no de lujo, sino caserita, de entre casa. ¡Era poema vivo, un poema rodante, en pie! Parte de mi infancia, en mi nostalgia vive.
A ciencia cierta no alcanzo a recordar cuántas sueños mi madre con su SINGER cosería. ¡Ah y la bendita bobina! ¡Lío mayor aquel de embobinar y los tremendos enredos que a veces se formaban, sin uno entender ni un comino! Ver en aprietos a la madre. No era nada fácil dejar de llorar… Lo mejor el sistema de “guardado” que convierte a la máquina en una mesa útil para cualquier otra actividad.
Venida de 1850, sesquicentenaria, e inundando a medio mundo, la SINGER constituye un anticipo de la tal globalización. Isaac Merrit Singer, quien da el nombre a la máquina de marras, fue el responsable de la combinación de varias patentes en el campo de las máquinas de coser y de sentar las bases para la producción en serie de estas máquinas.
Ahora, en esta noche, entiendo de dónde mis puntadas, mis hilvanes, mis colchas, mis costuras... mis costumbres... por allí se engavetó mi infancia. ¡Esta Singer da cuerda a mi locura! ¡Qué vacilón, qué gozadera era sentarse a darle al pedal! Ahora me pregunto de quién, cómo y cuándo mi madre aprendería a manejarla. Ellas constituyen de verdad una reliquia familiar, en la que se funden una y otra clase social. Ayer casi todas de metal y de madera; hoy, más bien de material sintético, plástico.
Con ella, la primera mochila, el primer pantalón, cuando nos hicimos a la vida.
Nos encantaba darle al balancín. Además el sonido que hacia nos daba más que sueño.
Esta máquina es un auténtico objeto de culto en mucho hogares... los niños jugaban a acelerar el pedal.... el cambio del cuero que movía las poleas... las agujas..... el ensartar ... su sonido... el colocar el hilo dentro del carrete que estaba guardado en la base. Todo, un arte muy temprano, muy especial. En nuestras casas debe haber una... aunque la correa de cuero que mueve las poleas se haya dañado y esté arrinconada por allá en el fondo de la mar
La misma donde mi madre tejiendo que tejiendo sueños y esperanzas, como una venadita, alcanzó las riendas del horizonte... viva todavía, bajo el granado trigal de la noche insomne, rumorosa de viento alto y de luceros... mientras yo no hacía sino oler y oler aquel perfume, aquel aceite venido desde lejos... de no se sabe dónde. La infancia, la sombra antigua que a las costas de la divina antigüedad nos ata. ¡Cómo que si guarda cuentas y cuentos esta SINGER! La de nuestra tía Julia que, sordomuda, se sabía el acento de todas las puntadas. La olorosa Singer que todavía ronronea en nuestras almas... Complacido, guardo en mi corazón la pareja de novios bordada por mi madre en una bella sobrecama. ¿Y de la Singer que un día regalé a los míos qué decir? De vez en cuando también es juguete de mis nietos.
Pablo Mora
Gracias, hijo, pues los disparos a la memoria hacen mucha falta, en medio de este cotidiano desgarramiento, esta llamarada, esta brasa, hoguera, bazofia cotidiana; en medio de esta mezcla de heces, sobras o desechos Algunas tienen muchos más afeites, aderezos, adornos, periquitos... La de mi madre era como Singer Light: no de lujo, sino caserita, de entre casa. ¡Era poema vivo, un poema rodante, en pie! Parte de mi infancia, en mi nostalgia vive.
A ciencia cierta no alcanzo a recordar cuántas sueños mi madre con su SINGER cosería. ¡Ah y la bendita bobina! ¡Lío mayor aquel de embobinar y los tremendos enredos que a veces se formaban, sin uno entender ni un comino! Ver en aprietos a la madre. No era nada fácil dejar de llorar… Lo mejor el sistema de “guardado” que convierte a la máquina en una mesa útil para cualquier otra actividad.
Venida de 1850, sesquicentenaria, e inundando a medio mundo, la SINGER constituye un anticipo de la tal globalización. Isaac Merrit Singer, quien da el nombre a la máquina de marras, fue el responsable de la combinación de varias patentes en el campo de las máquinas de coser y de sentar las bases para la producción en serie de estas máquinas.
Ahora, en esta noche, entiendo de dónde mis puntadas, mis hilvanes, mis colchas, mis costuras... mis costumbres... por allí se engavetó mi infancia. ¡Esta Singer da cuerda a mi locura! ¡Qué vacilón, qué gozadera era sentarse a darle al pedal! Ahora me pregunto de quién, cómo y cuándo mi madre aprendería a manejarla. Ellas constituyen de verdad una reliquia familiar, en la que se funden una y otra clase social. Ayer casi todas de metal y de madera; hoy, más bien de material sintético, plástico.
Con ella, la primera mochila, el primer pantalón, cuando nos hicimos a la vida.
Nos encantaba darle al balancín. Además el sonido que hacia nos daba más que sueño.
Esta máquina es un auténtico objeto de culto en mucho hogares... los niños jugaban a acelerar el pedal.... el cambio del cuero que movía las poleas... las agujas..... el ensartar ... su sonido... el colocar el hilo dentro del carrete que estaba guardado en la base. Todo, un arte muy temprano, muy especial. En nuestras casas debe haber una... aunque la correa de cuero que mueve las poleas se haya dañado y esté arrinconada por allá en el fondo de la mar
La misma donde mi madre tejiendo que tejiendo sueños y esperanzas, como una venadita, alcanzó las riendas del horizonte... viva todavía, bajo el granado trigal de la noche insomne, rumorosa de viento alto y de luceros... mientras yo no hacía sino oler y oler aquel perfume, aquel aceite venido desde lejos... de no se sabe dónde. La infancia, la sombra antigua que a las costas de la divina antigüedad nos ata. ¡Cómo que si guarda cuentas y cuentos esta SINGER! La de nuestra tía Julia que, sordomuda, se sabía el acento de todas las puntadas. La olorosa Singer que todavía ronronea en nuestras almas... Complacido, guardo en mi corazón la pareja de novios bordada por mi madre en una bella sobrecama. ¿Y de la Singer que un día regalé a los míos qué decir? De vez en cuando también es juguete de mis nietos.
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