sábado, 18 de diciembre de 2010

DICIEMBRE






Diciembre




I


Alto para fijar el horizonte, para otear la plenitud del día. Campanada de garza aleteando en la cresta de algún ciprés dormido, en busca del anafre o del camino. Un par de sueños despertando auroras. Un par de ojos descubriendo estrellas. Alma escarbando abrojos, serranías. Dos luceros velando en fogarada. La Luna vigilando, bien despierta, al hombre entretejiendo sus jornadas. Un modo de mirar, mirar despacio las sombras infinitas de los árboles, sus quejas, sus lamentos, sus latidos. Compás para medir la lontananza, la distancia entre el sueño y el olvido.

Hallazgo de la vida, dentro, fuera. Atinar con el próximo jalón. Inventar nuevas rutas, nuevas eras, el viraje que a diario nos aguarda. Hurgarse, hundirse, ser sentirse, serse. Llegar a enero vivos todavía. Dar con la vena justa de la gracia o con el alma de la patria en ascuas. Paso de lluvia en torrencial suspiro mientras la madre su bocado implora. Un niño que en harapos llanto apaña. Una manera de sabernos vivos mientras cruzamos noche, tempestad, neblina, vendaval y cangilón, pena, chaparrón, vida o sobrevida.

Diciembre: villancicos, serenatas, cuando bajan los ángeles a tierra para sentirle al hombre su quejido. Diciembre: lumbre, diapasón y canto. El abrazo temprano a nuestra madre que empieza, que prosigue, que culmina. Diciembre: el timbre con que el viento invita a seguirle los pasos a la vida, envueltos en rastrojos de la muerte. Remanso suspendido en la jornada para tomarle el pulso al ventisquero, a la tormenta, al rayo, al huracán.

Sabor a trigo, a leche a miel, a rosas, a durazno, que como un corazón recién nacido al despuntar el día palpita entre los dedos de las hojas por su sola dulzura sostenido. Himno con que cantamos a la vida en busca de una humanidad en paz tras un amanecer de cara al hombre, de espaldas a la noche que nos cruza. Tras un amanecer que al fin alumbre un día con la noche esclarecida de azul mañana que la fe vislumbre.







II


La luz en lontananza que nos mira. Infinito fulgor acurrucado en nuestros pies, en nuestras vagas sombras. Los árboles, la noche, entre los nidos. Un duendecillo en medio de la fronda. Los hombres tras la tierra prometida. Soplo de brisas, canto, resplandor. Fabuloso recuerdo alborozado. El hombre, tierno niño, desenfunda la alegría escondida entre la infancia. Pasos del viento, chispas de luciérnagas. Paso del Tiempo, paso de la gloria con que engañamos a las propias penas.

El hombre encandilado por sus sueños. El hombre a solas con su propia sombra. Noche de luces, noche iluminada. Para un Dios que ría como un niño. Para un hombre que ría como un Dios. Silencio y soledad, clara ternura, añoranza sutil sin aspaviento, hacia la luz total de nuestras cosas, hacia la luz total de la esperanza.

La dulce sombra del común destino mientras murmura alrededor la noche, arrodillada en los fogones yertos. Oscuridad de noche confundida en medio de la lumbre peregrina, encima del estruendo del misterio. Fragancia matutina, gloria breve. La clara majestad de los caminos. El tiempo fatigado de infinitos, el que a la muerte sin cesar nos lleva.


Una luz, un candil intermitente, soledad de un ligero arrobamiento, sólo de asombros infinitos llena, la vida es una gloria suspendida. Descubrirse, encontrarse, hallarse, abrirse, desencerrar la pauta que nos falta. Vivir sin miedo, en libertad, de veras. Toparnos con el corazón silente que nos oye, nos sigue y nos conoce. Dar con el lagrimón de la vereda, latigazo que a todos atribula.

Gozo, bondad y sobre todo paz para la buena voluntad del hombre. Tras esta oscuridad que nos circunda. La cresta de un lucero que nos mira, por el postigo corazón mirando. Pausa para mejores madrugadas. Una pregunta en pie para los hombres. Para el pobre que nunca tiene nada. Para el triste que llora su amargura.












III



Júbilo, alumbramiento, bienvenida. Ara en fulgor para el altar del tiempo. Luz en la voz y luz en las miradas. Gloria en la luz y en el amor del día. Llamarada de paz para la nave colmada de borrascas en la noche. Algo mejor para el mañana incierto. De nuevo niños con asombro puro.

Aire de claridad en la amargura. Cósmica fuerza sobre el mundo alzada. Los pájaros, los árboles, la tarde, al habla con la brisa y con los hombres. Victoria de la noche de luceros saturada, victoria de la vida. La sangre universal cuando concilia la Tierra con los seres y la Nada.

Dios acicateando resplandores. La ternura del hombre florecida. Paz, gozo, amor, en yunta con la vida, para una humanidad en pie de guerra. Latido de corderos y de ángeles anunciando la paz a los pastores. Paso del tiempo, paso de las cosas. Paso del hombre a solas con su sombra.


Estrella en el camino de los magos. Estrella para el hambre de los pobres. Lumbre para escaparnos de la muerte cuando la noche necia nos persigue. Manera de decir que Dios existe sin que nadie conozca sus resabios. Vieja costumbre de jugar a Paz entretanto la tierra se desangra.

Deseo de partir al infinito. De cara hacia el misterio. Para siempre. Luz de la luz, en gozo reverente, deslumbrando los tránsitos finales. Balcón por donde un niño al mundo asombra con sus hombros cargados de juguetes. La noche fulgural donde nacemos cuando a morir apenas comenzamos.












IV



Un niño con nosotros de la mano la puerta del misterio nos descubre. La sombra de la aldea galopando auroras, portachuelos, madrugadas. Definitivamente encandilados frente al día en que el odio no amanezca, seguimos puntualmente el paso al sol, esquivando las garras de la guerra.

Hurgándole el pavor a la jauría, ceñido el hombre de esperanza, sigue hacia la luz fugaz de sus fogones, hacia las cumbres donde duerme en paz. Calienta el pan, la claridad calienta. Apura el vino, la piedad apura. Bendice el fuego, la bondad bendice. Santigua el día, su morral santigua.

De viaje hacia el confín del vuelo, el hombre confía plenamente en su destino, pregunta por la noche al mediodía, al tilín por la suerte de su infancia. Tilín, tilín, tilín, la campanada anuncia la llegada de la aurora, el transparente gozo de la luz, el esplendor triunfal de la alegría.


¡Ay del que viva lejos de su infancia, del que no sepa de ningún lucero, del que ignore el color de las ovejas y del que ausente de su ser delire! ¡Feliz quien con Francisco, atento, asista al canto matinal de los turpiales! ¡Feliz el simple labrador que sueña en ver crecer la flor en sus plantíos!

Diciembre altivo en las fulgentes eras. Diciembre en el fulgor de la alegría. En los ojos azules de los ángeles y en el hambre del pobre y su quebranto. Diciembre, alumbramiento, bienvenida. Diciembre, asombro, arrobo y fogonazo. Diciembre, claridad en la amargura, para el pobre que duerme en el barranco.



Pablo Mora




miércoles, 1 de diciembre de 2010

HALLAQUITAS








HALLAQUITAS

Tengo una patria muy linda

y una hallaquita también.

A mi patria alguien la guiña.

A mi hallaca no sé quien.

¡Que viva mi tricolor!

¡Que viva mi Venezuela!

¡Qué bailen mis hallaquitas

con alpargatas de suela!

PABLO MORA









lunes, 29 de noviembre de 2010

MONTAÑA







MONTAÑA Yo sólo sé que soy de la montaña. De donde son las rocas, los caminos. De donde ruge por la noche el frío sobre escarcha de musgo y de neblina. De donde brota el aire, mensajero del manantial dormido en la espesura. De donde traza surcos el arado hasta llegar al corazón del hombre. De donde brama - monstruo de la noche - y estalla de furor entre las cumbres la tormenta feroz del ventisquero. Pariente de estos seres diluviales también el hombre en las alturas mora. Yo solamente soy de la montaña. Pablo Mora





domingo, 28 de noviembre de 2010

Pavores de la Palestina





Pavores de la Palestina

…que no se detenga.
Templada tu ira, borrón de papel, noche del universo…

Diana Poblet


Y entonces
ya no es sino la paz…

Armando Rojas Guardia



La palabra que no se detenga
Antes sea grito logos despojamiento y explosión
alborada insondable desgarradura epifanía umbral
desafío gozo llamamiento hervor desnudez carnalidad
inacabable rotación complot liberador subversión
compasión expectación incubación conciliación
aguda cómplice sabia comprensiva indetenible
cosmos desplazamiento fulgor revelación

No se detenga
Antes sea correlación soberbia alada
implacable sospecha infinita ingenuidad
huracán jugada prometeica radical
indesignable religación riqueza plenitud
nocturnidad dialogante deidad enamorada
rotación enigma pasional milagro asombro
inescrutable plenitud oscura claridad
tiniebla iluminada desnudez total

Que no se detenga
Antes sea eje solar lucidez de sol
hartura entrega gozo desenfreno
apaciguante intimidad de sombras
aleteo de muchedumbre de luciérnagas
en el sueño del desierto enfurecido
el buitre leonado de la guerra
en los pavores de la Palestina
aullido de Dios sobre el planeta
que no sea sino la paz






Nos acusa, nos grita, nos reclama




Nos acusa, nos grita, nos reclama

Pablo Mora

Siempre se nos ha dicho: La hora más oscura es la que precede al alba. Cuando la noche se vuelve más negra es cuando mejor pueden verse las estrellas. Nunca se pone más oscuro que cuando va a amanecer. Lo cierto es que un año muere, otro nace. El hombre, entre los años, en busca de la luz, de su luz, corre, va regresa, viene. El círculo perpetuo de la vida y la muerte. Uno y diverso, de perfil, sobre sus sombras, acaba el hombre, empieza, palpitando entre su sangre, llega; naciendo, renaciendo, melodía in crescendo, su locura, su fe, sus osadías lo acosan.

Poseso de su angustia, uno, uno más en el concierto, el hombre cavila, proyecta; enervante se sostiene, avanza, se defiende; desenfunda la paz contra la guerra. Hombro a hombro, codo a codo, enarbola los sueños de los árboles, la lluvia seminal de su plantío, el centro genital de su coraje, el canto forestal de sus costumbres. Camina noche, sueño, vida. Amanece en horizonte, desplegado. Estrena año, madrugada, aliento, tendido en la playa de su antigua pena.

Frente al largo espesor de su quejido, se reconoce, salta, se levanta; se sorprende, vivifica y lanza, enhiesto, sonreído. Relumbra, se decide, se esperanza, se reúne; finca su alborozo, su alegría o fija en el tiempo sus oídos. Arde de furia en la trinchera, eleva sus puños mal herido, cuenta salud, aire, olvido, quitándole la cara al miedo.

Cara a cara, se encuentra, dialoga en alto con las horas. Canta, se desborda, multiplica, de nuevo cuenta. A pecho descubierto, ofrece cuerpo, vida, alma y suerte. Aloja su rabia luminosa en las esquinas. Sostiene la mirada de los árboles. Bendice los salmos de las sombras, los imponentes secretos de la niebla, la silenciosa castidad de los cordones, mientras avienta duro el corazón del sueño.

En furia cordial se descontenta ante el hierro, el cemento, la grasa o la tormenta; la tarde, el fragor, el desespero; asido a su hermana gota jornalera, al pan que se esconde en los aleros. Lluvia tras lluvia, el suburbio se subleva. Llueve la grieta, la pobreza, el adobe llueve. Hambrientas, se arrinconan las miradas, se arropan furentes las tristezas; se persignan a gritos los silencios. De repente, estalla, se desata la lluvia entre los sueños y arrasa, intensa, choza, caserío, vereda, ahorro, sementera.

El hombre siempre, siempre el tiempo. Todo pasa. Todo queda. Irrepetible, el instante perpetúa el camino, algo intemporal que el hombre saborea antes de que pase. La eternidad, deseo de que un instante eterno sea: presente sea, futuro sea. Presente como el mar, como el mar que no se arruga, no cambia, no pasa. Como el mar, presente el hombre siempre. Niño ayer, infante, camino de la vida o de la mar. De nuevo existe, canta, sueña, cree. Desde los manantiales del olivo, locura al cinto, en lucha con su pena, andando, andando, andando, andando, andando.

Proviene de una despeñadura enloquecida. Insinúa una suave sonrisa divinal. Respira la celeste mirada de su sol. Consume la agónica tristeza de las hojas. Interpreta la silenciosa huracandad del tiempo. Cavila debajo de la noche y la tormenta. Desangra en las cinco parcelas de la Tierra. Navega entre borrasca, grito y alborada. Agoniza en la nieve, en el llanto y en el plato. Cabalga con toda la tristumbre de los montes. Transita en tempestades mundanal miseria. Maldice las horrendas torturas del hermano. Consagra la levadura eterna de los panes. Conoce los pasos permanentes de la sombra. Despliega temores, ramalazos y portentos.

Se agita en el fuego bravío de la mar. Se afinca en la locura en lucha con su pena. Mendiga la lumbre de la gota en el alambre. Quisiera recuperar el curricán perdido. Tritura las indómitas fieras que lo acosan. Renace de entre la podredumbre de la fosa. Se entrega en las redes de un tiempo submarino. Violenta volcánico la luz de otras estrellas. Arremete contra la infancia alada de las rosas. Se enrumba delirante al acecho de otra aurora. Se astilla ante el antiguo malecón del puerto. Desgarra el alma fulgurante de la flor. Se inclina sobre los fogonazos de sus huesos. Se aferra a las entrañas de su viejo pan. Llovizna sobre la polvareda de sus sueños. Desguaza furente el huracán en alta mar. Desgaja las indomables fauces de la sombra. Se eterniza sepultado en la fragua de la guerra. Se esfuma entre las ventanuras del azul. Nos acusa, nos grita y nos reclama.

Uno y diverso, de perfil, sobre sus sombras, acaba el hombre, empieza, palpitando entre su sangre, llega; naciendo, renaciendo, melodía in crescendo, su locura, su fe, sus osadías lo acosan. Poseso de su angustia, el hombre cavila, proyecta; enervante se sostiene, avanza, se defiende; desenfunda la paz contra la guerra. Enarbola los sueños de los árboles, la lluvia seminal de su plantío, el centro genital de su coraje, el canto forestal de sus costumbres. Camina noche, sueño, vida. Amanece en horizonte, desplegado, tendido en la playa de su antigua pena. Frente al largo espesor de su quejido, se reconoce, salta, se levanta; se sorprende, vivifica y lanza, enhiesto, sonreído. Relumbra, se decide, se esperanza. Arde de furia en la trinchera, eleva sus puños mal herido, cuenta salud, aire, olvido, quitándole la cara al miedo.

Dialoga en alto con las horas. Canta, se desborda, multiplica, de nuevo cuenta. A pecho descubierto, ofrece cuerpo, vida, alma y suerte. Aloja su rabia luminosa en las esquinas. Sostiene la mirada de los árboles. Bendice los salmos de las sombras, los imponentes secretos de la niebla, la silenciosa castidad de los cordones, mientras avienta duro el corazón del sueño. Desmenuzando las horas de su vida: luz, sombra, sangre, trigo, repulsión, dulzura. Barco de larga, larga travesía, ola lenta de fuertes resonancias, cabalga el hombre a pelo sobre el mar; el hombre en el Pegaso de la mar cabalga que cabalga las estrellas a caballo en las crines de la mar.

pablumbre@hotmail.com





viernes, 19 de noviembre de 2010

Bolívar poeta de la acción





Bolívar poeta de la acción

Pablo Mora

Resonará tu gloria

Padre, una plegaria en esta hora grisácea, oscura, de la patria. Padre, en esta hora menguada, turbia, devaluada, de la patria, tu Patria, nuestra Patria, te invocamos, te pedimos nos ayudes: A salvar nuestra palabra, nuestra palabra primordial. A captar los latigazos del instante. A no perder la capacidad de reacción. A creer firmemente en "la insurrección como garantía de los pueblos". A "presenciar todas las agonías". A crear al hombre necesario. A encontrar la exacta dimensión de esta rabia. A enterrar y gritar valientemente, a tiempo. A confirmar, Padre, ante la historia que "la civilización no es más que una injusticia armada".

En esta hora lluviosamente nocturna de la patria, tu Patria, nuestra Patria, ayúdanos, Padre, a saber que "hacia la esperanza nos conduce tu sombra, el laurel y la luz de tu ejército rojo a través de la noche de América con tu mirada mira. Tus ojos que vigilan más allá de los mares, más allá de los pueblos oprimidos y heridos, más allá de las negras ciudades incendiadas, tu voz nace de nuevo, tu mano otra vez nace; tu ejército defiende las banderas sagradas; la Libertad sacude las campanas sangrientas, y un sonido terrible de dolores precede la aurora enrojecida por la sangre del hombre". (Pablo Neruda).

Enséñanos a recordar que "nadie es la patria". Ni América. Ni tú. Ni nadie. Sino todos, jineteando sueños como el barco ebrio del Vidente, perdido entre los mares, en espera de aquella aurora, cuando "armados de una ardiente paciencia, entraremos en espléndidas ciudades". (Arthur Rimbaud).

Tú, General, querido compañero, que padeciste tanto desengaño, pide que cesen este ciego daño y este dolor de pueblo, verdadero. Que cesen este aire lastimero y esta ceniza y este fuego huraño y este vivir en medio del engaño y el miedo que recorre el mundo entero. Pero si entre la sombra amenazante en vano se ha esperado y el camino se equivoca o lo cierran un instante. Entonces, General, no pidas sino ordena al pueblo que otra vez levante tus banderas y cumpla su destino. ( Dionisio Aymará ).

Llama de eternidad en cada altura, Caballero implacable de la gloria, en ti la Patria es bronce por tu gloria y antorcha desplegada en tu bravura. Testigos: Carabobo y Angostura, Pativilca, Junín y La Victoria y el mundo que renueva tu memoria desde el páramo audaz a la llanura. Porque en el pulso americano vive tu sangre de raigambre y fortaleza que fulge con los siglos y pervive. Y en tu lección de patriarcal grandeza se ilumina tu nombre y sobrevive con la huella tenaz de tu firmeza.

Autóctono crisol americano, centinela y baluarte de Los Andes, donde tu espada hacia la gloria blandes para inflamar el corazón indiano. Tu acento repercute en nuestro Llano junto a la lumbre que en el mundo expandes, cuando en tus luchas con lirismo escandes la fragua encallecida de tu mano. Resonará tu gloria en las montañas desde el troquel del vendaval andino hasta el clamor del mar y sus entrañas. Y afianzará la Patria su destino, renovada al fragor de tus hazañas, mientras vibre tu espada en el camino.

Liberación literaria de América

Con Lubio Cardozo concluimos en que claramente se destacan, sobresalen, dos aspectos, dos rieles definitorios de la expresión verbal del Libertador: por una parte, todos coinciden en el análisis, con las contradicciones comprensibles, de poseer la escritura de Bolívar una estructura nueva, original, aportativa, diferente de la prosa española de su momento de marcado marmóreo perfil neoclasicista. La construcción de un lenguaje oral/escrito novedoso, originario desde América, revolucionario en medio del estatismo literario de su tiempo ocupado por el marmóreo estilo neoclásico. Y por otra parte, con el verbo bolivariano se logra la emancipación literaria de América. Hacer la independencia también del castellano literario de Hispanoamérica.

Así como Bello con su poesía americanista abrió nuevos rumbos a la poesía del Continente, y con su Gramática (1847) independizó la lengua por cuanto reveló al mundo las peculiaridades lingüísticas del Castellano de América con tanto derecho aquí como el Castellano de España, así también Bolívar independiza la escritura, la literatura, con su fulgurante, luminosa prosa magnífica. Los dos habían nacido en Venezuela, en Venezuela pues nació la independencia toda de Hispanoamérica.

La ruptura violenta con el sistema colonial español inspiró a Bolívar la creación de un lenguaje moderno identificado en su naturaleza con el más revolucionario sistema político de entonces, el republicanismo democrático. Era necesario establecer una diferencia expresiva y nutrirla con el espíritu del devenir del nuevo mundo surgido de las ruinas del colonialismo hispánico. Nacía, pues, en Bolívar un lenguaje original, fresco, inédito, con el que alcanza a liberar (literariamente) un Continente.

Al calor de la epopeya y de las armas, las letras resplandecieron, siendo capaz de conmover —poeta en fin— a los suyos y al mundo con su pluma, su vida o su palabra.

Llegó a decir Neruda: "Yo conocí a Bolívar una mañana larga en Madrid, en el Quinto Regimiento. Padre —le dije— eres o no eres? o quién eres? Y, mirando el Cuartel de la montaña, dijo: Despierto cada cien años cuando despierta el Pueblo". "Una de las cosas felices que me han ocurrido en la vida —dijo Jorge Luis Borges— es haber conocido a Don Quijote". Ojalá cada venezolano pudiera decir: Yo conozco. Yo conocí a Bolívar: una de las cosas felices que me han ocurrido en la vida.

En este orden de ideas, el Capítulo “Genio poético prometeico” de nuestro libro “Poiesología” (Fondo Editorial UNET, 2005) constituye un resumen de los textos fundamentales donde se estudia un aspecto de la polifacética obra de Bolívar, su literatura. Un señalamiento esquemático de textos respectivos de los principales estudiosos de Bolívar Escritor, lo cual indudablemente merece una tesis más amplia de este rasgo tan vital y tan compenetrado con la acción libertaria, de este sorprendente menester del Libertador per se y del libertador de la escritura latinoamericana, como un aspecto necesario de reconocerse e incluirse dentro del complejo mundo de cosas nacidas al calor de la epopeya independentista.

Bolívar, poeta de la acción

Habiendo bebido en la "fuente de la sabiduría de la acción", en cuanto poeta de la acción, la vida de Bolívar fue su mejor obra, una vida "poética" (poiética) en el sentido griego de la palabra. Con los más ínclitos matices, hipérboles, figuras, resplandores, su obra maestra fue su propia vida. Su sola obra, su sola acción conformada radicalmente dentro de una ética y una poiética, sin lugar a dudas.

Porque lo poético no reside sólo en la palabra: es una manera de actuar, un verdadero modus vivendi o faciendi, un verdadero modo de obrar, de vivir; una manera de estar en el mundo y convivir con los seres y las cosas. "Abarca lo psíquico, lo histórico, lo colectivo, lo imaginario", en decir de Stefania Mosca. "Más que modo de conocimiento, la poesía es en primer lugar modo de vida —y de vida integral". (Saint-John Perse). Lo poético no hace "diferencia entre vida, realidad, misterio, religión, ser, alma, poesía... Lo poético es la vivencia de todo eso, el sentir lo que las palabras tratan de decir... Nos expresamos siempre. Son tantas las formas. Viviendo, al soñar, reír, enmudecer, en una conversación...un gesto, una frase". (Rafael Cadenas). Una vida en plenitud es vida en poesía, en plan de creación. Puede vivirse de la poesía, para la poesía. Pero puede, como Bolívar, vivirse en poesía. Vivir la poesía. Vivir en creación. Puesto que una forma de definir la poesía es como "momento de gran liberación". (Mario Biondi). Liberación de sí mismo en aras de una liberación colectiva.

Definitivamente, Bolívar fue un poeta. A tiempo completo. A flor de vida. A flor de patria. A flor de libertad perenne. Todo porque la libertad vive en la poesía misma. La poesía mide nuestra Libertad. Bolívar vivió en olor de poesía. Abierto al camino de la libertad por la poesía, en ella establece, funda su acción liberadora, subversiva. La poesía, en él, se convierte en verdadero instrumento de lucha, en consonancia con los deseos colectivos, con las aspiraciones colectivas de su hora.

León Felipe nos lo aclara y confirma: "El genio poético prometeico es aquella fuerza humana y esencial que, en los momentos fervorosos de la historia, puede levantar al hombre rápidamente de lo doméstico a lo épico,/ de lo contingente a lo esencial,/ de lo euclidiano a lo místico,/ de lo sórdido a lo limpiamente ético… Tiene esta virtud en la hora de las grandes revoluciones humanas. De ordinario es una fuerza general, latente, pero aun dormida va ganando a los hombres y a los pueblos para las grandes metáforas, para los grandes transbordos de la historia. Suele existir como un símbolo y es comúnmente la conciencia de un grupo de hombres personificada en un héroe imaginario, nacional o universal… la gran curva revolucionaria del mundo la han trazado los grandes poetas...bajo la curva infinita de su vuelo”. ¿Quién entre nosotros, si no Bolívar, más capaz para el más grande transbordo de la dependencia y sumisión hacia las luces de la independencia, de la libertad?

No hay más que una hazaña en toda su hazaña poético-revolucionaria Si alguien puede escribir la palabra día en un día, la palabra semana en una semana, la palabra mes en un mes, la palabra año en un año, Bolívar escribió la palabra vida en una vida, la palabra gloria en una obra, en una admirable, esplendorosa vida.

pablumbre@hotmail.com




miércoles, 17 de noviembre de 2010

Si yo muero





Si yo muero pregunten a la tardequién era ese que vestía de asombrosy de noche tan sólo de lucero.Si yo muero pregunten a la nochequién era ese que arropaba sueñoscuando la luna le guiñaba el ojo.Si yo muero pregunten a la lunaquién era ese que juntaba sombrasal pie de sauces, sueños y lagunas.Si yo muero pregunten a los sueñosquién era ese que solía venira lomo de alba por los grises cielos.Si yo muero pregunten a los cielosquién era ese que apostaba vidadel lado allá del viento y sus latidos.Si yo muero pregunten a los vientosquién era ese que dormía luciérnagascuando la noche se dormía en sus sienes.Si yo muero pregunten a la nochequién era ese de la noche insomne,de almácigos y asombros descubiertos.Si yo muero pregunten al almácigoquién era ese que dormía en la huertamuy pendiente del paso de los soles.Si yo muero pregunten a los solesquién era ese que pasaba el díaal lado del gemido de las rosas.Si yo muero pregunten a la rosaquién era ese que dormía a los vientoscuando la lluvia muertes presagiaba.Si yo muero pregunten a la lluviaquién era ese enamorado a solasque hacía el amor con una pomarrosa.Si yo muero pregunten al amorquién era ese que guindaba estrellassobre las crines de su yegua azul.Si yo muero pregunten a Plateroquién era ese niño que queríael mundo recorrer a paso de hombre.Si yo muero pregunten a los hombresquién era ese que vistiendo asombrostan sólo supo de la noche insomne.Si yo muero pregunten a la nochequién era ese que estrenaba azulesal pie de la ventana de sus sueños.