jueves, 20 de enero de 2011

Larga travesía





Larga travesía
Pablo Mora



Proviene de una despeñadura enloquecida. Insinúa una suave sonrisa divinal. Respira la celeste mirada de su sol. Consume la agónica tristeza de las hojas. Interpreta la silenciosa huracandad del tiempo. Cavila debajo de la noche y la tormenta. Desangra en las cinco parcelas de la Tierra. Navega entre borrasca, grito y alborada. Agoniza en la nieve, en el llanto y en el plato. Cabalga con toda la tristumbre de los montes. Transita en tempestades mundanal miseria. Maldice las horrendas torturas del hermano. Consagra la levadura eterna de los panes. Conoce los pasos permanentes de la sombra. Despliega temores, ramalazos y portentos.
Se agita en el fuego bravío de la mar. Se afinca en la locura en lucha con su pena. Mendiga la lumbre de la gota en el alambre. Quisiera recuperar el curricán perdido. Tritura las indómitas fieras que lo acosan. Renace de entre la podredumbre de la fosa. Se entrega en las redes de un tiempo submarino. Violenta volcánico la luz de otras estrellas. Arremete contra la infancia alada de las rosas. Se enrumba delirante al acecho de otra aurora. Se astilla ante el antiguo malecón del puerto. Desgarra el alma fulgurante de la flor. Se inclina sobre los fogonazos de sus huesos. Se aferra a las entrañas de su viejo pan. Llovizna sobre la polvareda de sus sueños. Desguaza furente el huracán en alta mar. Desgaja las indomables fauces de la sombra. Se eterniza sepultado en la fragua de la guerra. Se esfuma entre las ventanuras del azul. Nos acusa, nos grita y nos reclama.
Uno y diverso, de perfil, sobre sus sombras, acaba el hombre, empieza, palpitando entre su sangre, llega; naciendo, renaciendo, melodía in crescendo, su locura, su fe, sus osadías lo acosan. Poseso de su angustia, el hombre cavila, proyecta; enervante se sostiene, avanza, se defiende; desenfunda la paz contra la guerra. Enarbola los sueños de los árboles, la lluvia seminal de su plantío, el centro genital de su coraje, el canto forestal de sus costumbres. Camina noche, sueño, vida. Amanece en horizonte, desplegado, tendido en la playa de su antigua pena. Frente al largo espesor de su quejido, se reconoce, salta, se levanta; se sorprende, vivifica y lanza, enhiesto, sonreído. Relumbra, se decide, se esperanza. Arde de furia en la trinchera, eleva sus puños mal herido, cuenta salud, aire, olvido, quitándole la cara al miedo.
Dialoga en alto con las horas. Canta, se desborda, multiplica, de nuevo cuenta. A pecho descubierto, ofrece cuerpo, vida, alma y suerte. Aloja su rabia luminosa en las esquinas. Sostiene la mirada de los árboles. Bendice los salmos de las sombras, los imponentes secretos de la niebla, la silenciosa castidad de los cordones, mientras avienta duro el corazón del sueño. Desmenuzando las horas de su vida: luz, sombra, sangre, trigo, repulsión, dulzura. Barco de larga, larga travesía, ola lenta de fuertes resonancias, cabalga el hombre a pelo sobre el mar; el hombre en el Pegaso de la mar cabalga que cabalga las estrellas a caballo en las crines de la mar… “El río es como un viaje para el sueño del hombre / y el hombre es, como el río, un gran dolor en viaje.” (José Ángel Buesa).




Josefa Teresa







Josefa Teresa

Pablo Mora



El limonero henchido de recuerdos de la primera casa perdida entre la fronda. La tristeza de las piedras que hospedaron las recuas de la aldea. La siempreviva, el amor ardiente, los caminos, las veredas. Los borbollones del río crecido en la cintura de los sueños. La calle donde la vida se quebrara en dos, de viaje hacia la nieve. Las locuras mayores de la infancia. Las golondrinas, arrendajos, gonzalitos y turpiales. El primer barquito echado en la quebrada. Las cinco de la tarde, cuando nos guindamos de una estrella. La sopa de frijoles o el picadillo de pescado.
El primer llanto anudado en la garganta. El latido emergiendo del postigo. La lluvia, la floresta, la neblina. La orfandad, la sombra, los zarzales. El fogón tiznado del olvido. Los místicos rebaños. Los riscos, los soles, las madejas, los regresos. El abrazo bañado por la luz del candelabro. La soledad de nuestro sino. La vieja casa, refugio de penas y alegrías. El mundo y sus caprichos. Su caspiroleta, su risa, su sonrisa y coscorrones. Su ceño donde escondía su gracia y su fiereza niña, la infinita lejura, el horizonte. Su celo para que nadie llegara a contagiarnos. Su usted sí es. Váyase a dormir temprano. Mucho cuidado. Que Dios lo bendiga y lo haga bueno. No regrese tan tarde. Córtese ese pelo, esa barba, esos bigotes.
Sus repisas, aderezos y corotos. Sus materos, sus flores, sus almohadas y pañuelos. Sus eternas colchas. La joven pareja estampada en el tendido, sobrecama o cubrecama. Su alma, sus besos, su gracia, su alegría y su tristeza. La hermana de la lumbre en su ternura, desmoronando la angustia de los hombres, manteniendo su pulso en plena llama ante la dura ramazón del odio. Camarada de siempre, jornalera.
La plana primera con que apostabas con el tiempo tus cabellos; la clineja que arropaba tu garganta niña y el aire despeinando el sueño. Tu ternura, tu donaire, tu mirada en lontananza en busca del lucero. El carriel, las zapatillas y la canastica tricolor, multicolor, guindando oronda en tu cintura. La niña que contigo anduvo, el padre que te compró el primer anillo, los tantos besos que te brindó el Sol, las tantas lágrimas que te largó la vida. El niño que te hizo madre, el pobre que apiadó tu gracia, el lirio que alzaste en tu jardín. Josefa Teresa sin que casi los jardines te advirtieran.
El pobre, el alba, el niño, el hambre, el hombre que gime entre la guerra, que muere en el desierto o tirita en la trinchera; que a tientas busca el pan; que roba entre los hombres, que grita Libertad; que tiene hambre, maldice, se ahoga y se arrepiente; respira, se abotona y se santigua. El Hambre, el Hombre… el hombre que te trajo para que conocieras a tu madre por la risa. El niño que estuvo en tu mirada y ahora navega por el mundo vuelto trizas. Entre la noche de la guerra, del hambre y de la muerte, como gota de lluvia deshojada, al pie de un árbol encendido en llanto, la sombra antigua de la madre, desde la lejanía, nos mira, nos aguarda, a las costas de la divina antigüedad nos ata. Entre el trémulo salmo de la aldea, errante, quejumbroso, solitario entre la noche, zigzagueando sombra, vendaval, tras la muda paloma de los lejanos terebintos, largo dolor en viaje confortado, prosigue el hombre a solas con su sombra.





Universidad Liberadora








Universidad Liberadora

Pablo Mora


Frente a los signos de la actual coyuntura nacional y a la luz de las modernas perspectivas educacionales de Aprender a Crear, que suponen la progresiva nacionalización del Poder del Saber —y del saber ético—, hemos de proponemos analizar un Curriculum Integral para la futura Universidad Venezolana, bajo el perfil de una Universidad Creativa, capaz de profundizar en las raíces de su misión y de su visión con una clara conciencia de una Filosofía Educativa que afiance sus principios en la idea de hombre, ciencia y sociedad, al tiempo que responda por la formación del perfil cívico-político profesional de los venezolanos por venir.

La Razón Poética se confronta con la Razón Científica en cuanto un modo de ver el mundo, que abra las compuertas a la sensibilidad, la creación y la vocación individual-organizacional a través de la interdisciplinariedad como vehículo de sinérgica dinámica de convergencia; como Metodología de Acción digna de un proceso de enseñanza-aprendizaje en interomnicomprensividad significativa. A partir de estos postulados se define la Creatividad como razón de ser de la Universidad por venir, en cuanto Principio Educativo por antonomasia. Razón de ser que equivale a una Lectura del Mundo como opción de elección de una Educación Liberadora a la luz del Humanismo Científico Integral, al interior de un Proyecto Histórico Creador en sintonía con nuestra atmósfera cultural.

Trátase de asumir una lectura andragógico-creadora sobre nuestro hábitat, visto como proceso ecológico a partir de la búsqueda de la completitud humano-social; de optar por un profesional capacitado para afrontar los problemas interdisciplinariamente, con clara visión crítico-participativa; apuntando a la gestación de una Nueva Universidad, cuyo rol mayor es el de ser árbitro de los conflictos y perspectivas del desarrollo social venezolano, para afrontar los desafíos del mundo moderno y jugar un papel fundamental en la creación de un estilo integracionista en la Academia latinoamericana mediante la construcción de una verdadera globalidad solidaria.

Trátase de buscar aportes globales significativos capaces de enfrentar las manifestaciones ezquizoides reflejadas en la conducta de la Planificación Nacional y Latinoamericana, desde una clave de lectura donde nuestra complejidad social nos permita una tolerancia positiva, donde cada quien pueda hablar su mejor lenguaje en el más amplio marco, en función de una comprensiva diversidad enriquecedora, delante de la vorágine de las presiones del capitalismo "salvaje" dependiente, donde interdisciplinar, interactuar solidariamente, constituya el mayor alerta de la presente y futura hora nacional-continental.

Ante la avalancha de situaciones inesperadas que aguardan detrás del nuevo milenio; en medio de los críticos avatares socio-político-económicos que la circundan, la Universidad es objeto de interrogantes acerca de si está suministrando eficaz y eficientemente, con éxito, las respuestas que el mundo de hoy le exige. Llamada a la producción de conocimientos, a la comunicación del saber; a propiciar la formación y enriquecimiento de los seres humanos, nuestra Universidad se halla ante un desafío que la obliga a repensar seriamente su misión y responsabilidad.







lunes, 17 de enero de 2011






A

OMAR CONTRERAS

q. e. p. d.

Sabrán que fui de nieves y laderas,

de lagunas y cielos despejados,

de retos, de riberas y hondonadas,

de triunfos, brisas, glorias y esperanzas.

Sabrán que fui de cumbres soñador,

de vientos, portachuelos, lontananzas,

de vuelos, de crepúsculos, de auroras,

de glaciares, de azules y de mares.

Sabrán de mis montañas y mis llanos,

de mis azules sueños victoriosos,

del pabellón de besos amarillos.

Sabrán que fui meciéndome en la luz

hasta que El Chimborazo dio en mis manos

mientras yo me asomaba a sus entrañas.

Pablo Mora

Las Acacias, 17 de enero de 2011




martes, 11 de enero de 2011

La terredad de un pàjaro es su canto





La terredad de un pájaro es su canto...

La terredad de un pájaro es su canto,
lo que en su pecho vuelve al mundo
con los ecos de un coro invisible
desde un bosque ya muerto.
Su terredad es el sueño de encontrarse
en los ausentes,
de repetir hasta el final la melodía
mientras crucen abiertas los aires
sus alas pasajeras,
aunque no sepa a quién le canta
ni por qué,
ni si podrá escucharse en otros algún día
como cada minuto quiso ser:
más inocente.
Desde que nace nada ya lo aparta
de su deber terrestre,
trabaja al sol, procrea, busca sus migas
y es sólo su voz lo que defiende
porque en el tiempo no es un pájaro
sino un rayo en la noche de su especie,
una persecución sin tregua de la vida
para que el canto permanezca.

EUGENIO MONTEJO
Venezuela


lunes, 3 de enero de 2011

Regreso al mar







Regreso al mar


Siempre es el mar donde mejor se quiere,

fue siempre el mar donde mejor te quise;

al amor, como al mar, no hay quien lo alise

ni al mar , como al amor, quien lo modere.


No hay quien como la mar familiarice

ni quien como la ola persevere,

ni el que más diga en lo que vive y muere

nos dice más de lo que el mar nos dice.


Vamos de nuevo al mar; quiero encontrarte

la hora más azul para besarte

y el lugar más allá para quererte,


donde el agua es al par agua y abismo,

en la alta mar, en donde el aire mismo

se da un aire al amor y otro a la muerte.



Andrés Eloy Blanco





domingo, 2 de enero de 2011

Horas nuevas







Horas nuevas


Pablo Mora

¡Oh tiempo, llegado de las grandes praderías! Giras. Nos acabas. Nos estragas. Nos malgastas. No eres el que pasa. No eres el que se va. Somos nosotros los que nos alejamos. Somos nosotros los andantes, nómadas, ermitaños de un alba sin nombre todavía. Eres el silencio que se sienta a escuchar las pomarrosas. El arroyo que escucha el piafar, la turbulencia. La nueva edad, la de las flores distantes de la guerra —estandartes en la fronda—. La del viento que entona su victoria. La del amante dormido junto al mar. La del sol que se duerme sobre el monte. La del grito guerrillero, planetario, jugando por fin y solamente a la palabra. La de la montaña que ha de libertarnos. La del alma despojada de odios para que la vida sea siempre mañana.¡Oh tiempo, cósmico movimiento, según el antes y el después! ¡Imagen móvil de la eternidad! ¡Orden de las sucesiones! ¡Devenir! ¡Invención! ¡Creación! El de crear, el de crecer, el de engendrar. ¡Oh tiempo, el de las grandes galerías! Pasado el huracán, el torbellino, el desespero, torna, apacible, el rostro de las aguas. La tierra muda de corteza. Salvaje, nómada, la lluvia vuelve a sus trigales. Y el tiempo silba a ras de vida, a ras de suelo, a ras de huerta, a ras de siglo. En el perfil del siglo medita la esperanza o la espesura.¡Oh tiempo inmensurable, benignas sean las horas nuevas! Benigno el campo, los hogares. Benignos los arados. Benigno el pan multiplicado en paz y en libertad. Benigna la sierra, la arboleda. Un pueblo hambriento confía en tus pasos. Es tiempo de escribir con mayúscula el amor. Es tiempo de que el prado sea más verde. De que aminore el mal, el miedo, la prisión. De que en medio del océano resplandezca Paz. De que aparezca otra ley, otro campo, otra ciudad. Otro pueblo, otro trabajo, otra razón. Otro palacio, vida y dignidad.“¡Oh tiempo, llegado de las grandes herejías!”. ¡Oh formas de la noche intemporales! ¡Oh ausencias insepultas! ¡Oh distancias! ¡Paso del tiempo. Paso de las cosas! ¡Paso del hombre a solas con su sombra! ¡Oh tiempo, no absoluto, atado al cambio, al movimiento! Somos “un fue, y un será y un es cansado”. ¡Oh tiempo planetario, cósmico, secular, eterno, danos tiempo para el tiempo. Senos mensurable, cómplice, propicio, camarada, salvador!Inmensa nuestra noche. Nuestra vigilia, inmensa. Nuestra huida de la muerte. Nuestro asombro o noche sepulcral. Donde tanto fue diezmado, desguazado, consumido, arrebatado. ¡Salva, Oh tiempo, nuestra Paz! ¡Aconseja nuestro viaje, nuestro adiós! ¡Oh tiempo, tú que huyes, talas, rompes, tú que estragas, acabas y malgastas, danos tiempo, tiempo simplemente, para buscarle tiempos a los tiempos, para ponerle trampas a la muerte.Vivos todavía. Bajo el granado trigal de la noche insomne, rumorosa de viento alto y de luceros. Bajo la sombra de la noche, mensajera de misterios. Cabe la lumbre de un amanecer repleto de luciérnagas. Vivos todavía en enero. Al compás de un mismo sueño. Dispuestos a alcanzar el horizonte. Desde estas alboradas soñolientas. Desde el relente de este portachuelo. Vivos bajo el caudal enloquecido.

pablumbre@hotmail.com