jueves, 18 de agosto de 2011

CAMINO DE VÍZNAR







CAMINO DE VÍZNAR


Para Federico García Lorca, quien muriera
fusilado en el barranco de Víznar,
cerca de Granada, el 19 de agosto de 1936.



Camino de Víznar se fue el gitano
tras la dura embestida de la guerra
mientras la luna se quedó en la sierra
pulsando negra pena en dulce mano.

Romance y romancero, ángel humano,
Federico, estandarte de la tierra,
es giralda andaluz que en alto encierra
la claridad para el amor hermano.

En su Granada se durmió su sueño
camino de Santiago en luna llena
con palma y con cigüeña entre su ceño.

La pena del gitano fue más pena
cuando lo vieron transportar su leño
aquella madrugada nazarena.


Pablo Mora





martes, 16 de agosto de 2011

Un vaso de bon vino




Un vaso de bon vino

Pablo Mora

Nació en Trujillo, La Mesa de Esnujaque. Creció en Mérida, Timotes. Se formó, realizó en el Táchira, San Cristóbal. Huelga decir que es trujillano de nacimiento, merideño de crecimiento y tachirense de sentimiento. Si brindó tantas veces ¡Por los Andes! hoy son ellos quienes brindan por él, en su mundo íntimo construido a pulso de júbilo.

Ni alto, ni bajo, es de tamaño mediano. Ni fuerte, ni débil, su complexión es regular. Lo distinguen un mentón anodino, unos maxilares recios, cuadrados; unos pómulos chinescos; una nariz decididamente socrática; unas cejas sin solución de continuidad; una frente amplia; un pelo que poco cuenta; una nuca como despeñadero; la clásica cabeza del andino. Porta en sus actitudes, palabras, ademanes, acentos, el sello definitivo de su tierra. Con paso sereno de estantigua, asendereado caballero, junto al Torbes a sus pies, ve pasar la niebla sobre sus cuarteles, sobre su ciudad, en tanto un cristofué da razón de su soñaje.

De Nación, tímido, perviven, en su alma, rincones de sombra, miedos que no han podido vencer los años. Más retraído que sociable, más apartadizo que contertulio. Un tanto hosco, resulta siempre cordialísimo. Con José Ortega y Gasset, sabe que “todo verdadero poeta nos plagia”.

Serio casi siempre, gusta, sin embargo, de ir poniendo una notita, mínima pero certera, de humor en la vida. Sin explicarse ni la maldad, ni la tristeza, en las gentes, así sean las del Ateneo o la mera plaza. La alegría, dice, es el único bien que, repartiéndolo, aumenta siempre.

Carente de compromisos religiosos, pobre en negocios, apenas si se le vio sacando cuentas. Adicto a la justicia, está con los más. Cree, catador de emociones y de gozos, en la belleza. El sueño, el asombro, explican su vida, sus puntos y comas de poeta. La emoción es la razón suprema, capital, de su vida. Le redimen, de pronto, los instantes, con igual eficacia enjubiladora: el trino de un pájaro, la luz del campo después que pasa la lluvia, el sol de los venados, la alta candidez de la nieve, el pueblo prendido a su ladera, una bella mujer que se pierde entre la niebla, el camino que ya nadie transita. La soledad. El humo dormido. El camino viejo. Los pequeños misterios. El cafetal en flor. La ciudad espiritual. Una velada. El bucare encendido. Una hoja seca. Un ave insomne. Un día azul. Todo. Por ello, orgullosamente, proclama: En cuanto a arte, solamente nos mueve la belleza, dondequiera que aparezca. En punto a política, solo nos compromete el hombre, el mismo en todas partes: siempre, como nosotros, eso sí, de cara al porvenir.

Sacamos a Pedro Pablo Paredes a vista de ojos, ponemos en limpio unas cuantas emociones suyas, obedeciendo a su ideal de que la belleza debe ser rescatada. Él se percatará, con toda probabilidad, de estas notas. Enorme tal vez su sorpresa. Si negativa, lo satisfará, cuando menos, lo fieles que somos a su desdén por el énfasis, a su indiferencia por la originalidad. Su ciudad espiritual, su Patria del sueño, de alegre cielo y apacible temple, se llena de silbos y nostalgia debajo de la sien memoriosa. La dulce curva de sus colinas se afina en la niebla de nácar. La emoción nos indica que existimos. De gozo tiembla la comarca en indefinible azulidad. Porque toda dicha verdadera inspira unánime respeto: es amor, enigma, triunfo, plena vida, levantemos un vaso de bon vino por su júbilo, su vida, por la empresa gallardamente cumplida, al pie de la alegría.




viernes, 12 de agosto de 2011

La revolución de Dios


Cuenta Abierta

La revolución de Dios

Pablo Mora


Cuenta Abierta cede la palabra a Cristina Castello, poeta argentina, residente actualmente en París y entrevistada por Rodica Draghincescu para su libro “Escribiendo la vida”: “Aúllan hoy las vísceras del mundo, y yo lo siento en el hueso del alma. Pero todavía, y para siempre, me vibran conceptos del pensador argentino José Ingenieros, a quien leí a mis once años. Por ejemplo, que cuando se pone la proa visionaria hacia una estrella y se tiende hacia tal excelsitud inasible, afanoso de perfección y rebelde a la mediocridad, es que se lleva el resorte misterioso de un ideal. Son palabras que se me adhirieron con persistencia de enredadera y aún palpitan en mí, tanto como el titilar de esa estrella. Así es que no adhiero a ningún «ismo» y abomino de aquellos —la mayoría— sin sustento axiológico, y de carácter puramente instrumental. Nada tengo que ver con las derechas, por cierto, pero reniego de todo lo dogmático que encarcele el alma o la lucidez. Soy una librepensadora, una francotiradora de ideas, sentires y semillas. Yo defiendo valores. Siembro. La bondad, la justicia, la libertad, la igualdad... La belleza, en suma, abarcadora de ética y estética. Dicho en términos no convencionales —pues no lo soy—la mía es una ideología de manos abiertas. Para dar. Lo cual significa andar a corazón abierto y conciencia despierta por los caminos; y también haber expuesto cuerpo y vida —y no es metáfora— por la vida de «mis» demás. ¿Recuerda aquello de John Donne... «cuando muere un hombre sufre mi vida porque yo pertenezco a la humanidad»? De eso se trata.

Sí, la poesía es la revolución de Dios. Es un compromiso con la vida. Es reveladora y develadora. Es un secreto que se hace camino en un mundo brutal, para abrir mentes y corazones. Y claro... en Roma a los poetas se los llamaba vates —que quiere decir adivinos, como bien señaló Philip Sidney en su Apology for Poetry—. Y la escritura toda es revolucionaria, cuando es literatura y no vacío, porque es resistencia y es persistencia de auroras; es conciencia crítica para el mundo, motor para la imaginación y expansión del espíritu. Es un arma. Para el bien y la libertad, y tiene poder para transformar el mundo, particularmente la poesía. Por eso tantos poetas azules padecieron y fueron asesinados en campos de concentración; porque la poesía, como todas las manifestaciones del arte verdadero, es muy peligrosa para el Poder. El Poder quiere esclavos y el arte es un horizonte definitivo de libertad. Y ya sabemos, con el español León Felipe, que hay un tirano que sujeta, y otro tirano que desata. Y entre los dos, el predio de la libertad, hazaña prometeica, de tensión angustiosa y sostenida, de equilibrio y amor.

Todo acto es político, y la poesía, para mí, es un viaje hacia adentro, una interioridad, una manera de conocimiento: « ¿Qué es escribir? Es algo que no puedes hacer hasta que no saques la última línea de ti mismo», dice un poeta ruso. Y de eso se trata. Pero yo siento que el acto poético no es sólo el momento de escribir, sino el intento por encontrar lo verdadero y la medida del amor hacia la humanidad. En cuanto a mí, sin poesía estaría perdida en el mundo, porque me perdería de mí.”




martes, 2 de agosto de 2011

El Viaje - Charles Baudelaire





El Viaje - Charles Baudelaire
I

Para el niño, enamorado de mapas y estampas,
El universo es igual a su vasto apetito.
¡Ah! ¡Cuan grande es el mundo a la claridad de las lámparas!
¡Para las miradas del recuerdo, el mundo qué pequeño!

Una mañana zarpamos, la mente inflamada,
El corazón desbordante de rencor y de amargos deseos,
Y nos marchamos, siguiendo el ritmo de la onda
Meciendo nuestro infinito sobre el confín de los mares.

Algunos, dichosos al huir de una patria infame;
Otros, del horror de sus orígenes, y unos contados,
Astrólogos sumergidos en los ojos de una mujer,
La Circe tiránica de los peligrosos perfumes.

Para no convertirse en bestias, se embriagan
De espacio y de luz, y de cielos incendiados;
El hielo que los muerde, los soles que los broncean,
Borran lentamente la huella de los besos.

Pero los verdaderos viajeros son los únicos que parten
Por partir; corazones ligeros, semejantes a los globos,
De su fatalidad jamás ellos se apartan,
Y, sin saber por qué, dicen siempre: ¡Vamos!

¡Son aquellos cuyos deseos tienen forma de nubes,
Y que como el conscripto, sueñan con el cañón,
En intensas voluptuosidades, mutables, desconocidas,
Y de las que el espíritu humano jamás ha conocido el nombre!

II

Imitamos ¡horror! al trompo y la pelota
En su danza y sus saltos; hasta en nuestros sueños
La Curiosidad nos atormenta y nos envuelve,
Como un Ángel cruel que fustigará soles.

¡Singular fortuna en la que el final se desplaza,
Y no estando en parte alguna, puede hallarse por doquier!
¡Donde el Hombre, que jamás la esperanza abandona,
Para lograr el reposo corre siempre como un loco!

Nuestra alma es nave de tres palos buscando su Icaria;
Una voz resuena en el puente: "¡Atención!"
Una voz desde la cofa, ardiente y loca, clama:
"¡Amor... gloria... felicidad!" ¡Infierno! ¡Es un escollo!

Cada islote señalado por el vigía
Es un El dorado prometido por el Destino;
La imaginación, que acucia su orgía
No halla más que un arrecife al amanecer.

¡Oh, el infeliz enamorado de tierras quiméricas!
¿Habrá que engrillar y arrojar al mar,
A este marinero borracho, inventor de Américas
Para el cual el espejismo toma el remolino más amargo?

Como el viejo vagabundo, chapaleando en el lodo
Sueña, husmeando en el aire, brillantes paraísos;
Su mirada hechizada descubre una Capúa
En cuanto lugar la candela alumbra un tugurio.

III

¡Asombrosos viajeros! ¡Qué nobles relatos
Leemos en vuestros ojos profundos como los mares!
Mostradnos los joyeros de vuestras ricas memorias,
Esas alhajas maravillosas, hechas de astros y de éter.

¡Deseamos viajar sin vapor y sin velas!
Para ahuyentar el tedio de nuestras prisiones,
Haced desfilar nuestros espíritus, tensos como un lienzo,
Vuestros recuerdos enmarcados por horizontes.

Decid, ¿qué habéis visto?

IV

"Hemos visto astros
Y olas; hemos visto playas además;
Y, malgrado muchos choques e imprevistos desastres,
Nos hemos hastiado, a menudo, como aquí.

El esplendor del sol sobre el mar violáceo,
El esplendor de las ciudades en el sol poniente,
Encendían en nuestros corazones el impulso inquietante
De sumergirnos en el cielo con su reflejo fascinante.

Las más ricas ciudades, los más amplios paisajes,
Jamás contenían el atractivo misterioso
De aquellos que el azar forma con las nubes.
¡Y siempre el deseo nos tornaba inquietos!

—El gozo acrecienta del deseo la fuerza.
¡Deseo, viejo árbol, al cual el placer sirviéndole de abono,
Entretanto acrecienta y endurece tu corteza,
Tus ramas quieren ver el sol de más cerca!

¿Crecerás siempre, gran árbol, más vivaz
Que el ciprés? —Sin embargo, nosotros, con cuidado,
Recogimos algunos croquis para vuestro álbum voraz,
¡Hermanos que encontráis bello todo cuanto viene de lejos!

Hemos saludado ídolos engañosos;
Tronos constelados de joyas luminosas;
Palacios adornados cuya feérica pompa
Sería para vuestros banqueros un sueño ruinoso;

Vestimentas que son para la vista una embriaguez;
Mujeres cuyos dientes y las uñas están pintados,
Y juglares sabios que la serpiente acaricia."

V

Y después, y después. ¿Todavía, qué más?

VI

"¡Oh, cerebros infantiles!"

Para no olvidar el tema capital,
Hemos visto en todas partes, y sin haberlo buscado,
Desde arriba hasta abajo la escala fatal,
El espectáculo enojoso del inmortal pecado:

La mujer, esclava vil, orgullosa y estúpida,
Sin reír extasiándose y adorándose sin repugnancia;
El hombre, tirano goloso, lascivo, duro y ávido,
Esclavo de la esclava y arroyo en la cloaca;

El verdugo que goza, el mártir que solloza;
La fiesta que sazona y perfuma la sangre;
El veneno del poder enervando al déspota,
Y el pueblo amoroso del látigo embrutecedor;

Muchas religiones semejantes a la nuestra,
Todas escalando el cielo; la Santidad,
Cual un lecho de plumas donde un refinado se revuelca,
En los clavos y la cerda, buscando la voluptuosidad;

La Humanidad habladora, ebria de su genialidad,
Y enloquecida, hoy como lo estaba ayer,
Clamando a Dios, en su furibunda agonía:
"¡Oh, mi semejante, oh mi señor, yo te maldigo!"

Y los menos necios, atrevidos amantes de la Demencia,
Huyendo del gran rebaño acorralado por el Destino,
Refugiándose en el opio inconmensurable!
—Tal es del globo entero el eterno boletín."

VII

¡Amargo sabor, aquel que se extrae del viaje!
El mundo, monótono y pequeño, en el presente,
Ayer, mañana, siempre, nos hace ver nuestra imagen;
Un oasis de horror en un desierto de tedio!

¿Es menester partir? ¿Quedarse? Si te puedes quedar, quédate;
Parte, si es menester. Uno corre, el otro se oculta
Para engañar ese enemigo vigilante y funesto,
¡El Tiempo! El pertenece, a los corredores sin respiro,

Como el Judío Errante y como los apóstoles,
A quien nada basta, ni vagón ni navío,
Para huir de este retiro infame; y aun hay otros
Que saben matarlo sin abandonar su cuna.

Cuando, finalmente, él ponga su planta sobre nuestro espinazo,
Podremos esperar y clamar: ¡Adelante!
Lo mismo que otras veces, cuando zarpamos para la China,
Con la mirada hacia lo lejos y los cabellos al viento,

Nos embarcaremos sobre el mar de las Tinieblas
Con el corazón gozoso del joven pasajero.
Escucháis esas voces, embelesadoras y fúnebres,
Que cantan: "¡Por aquí! vosotros que queréis saborear

¡El Loto perfumado! Es aquí donde se cosechan
Los frutos milagrosos que vuestro corazón apetece;
Acudid a embriagaros con la dulzura extraña
De esta siesta que jamás tiene fin!"

Por el acento familiar barruntamos al espectro;
Nuestros Pilades, allá, nos tienden sus brazos.
"¡Para refrescar tu corazón boga hacia tu Electra!"
Dice aquella a la que en otros días besábamos las rodillas.

VIII

¡Oh, Muerte, venerable capitana, ya es tiempo! ¡Levemos el ancla!
Esta tierra nos hastía, ¡oh, Muerte! ¡Aparejemos!
¡Si el cielo y la mar están negros como la tinta,
Nuestros corazones, a los que tú conoces, están radiantes!

¡Viértenos tu veneno para que nos reconforte!
Este fuego tanto nos abraza el cerebro, que queremos
Sumergirnos en el fondo del abismo, Infierno o Cielo, ¿qué importa?
¡Hasta el fondo de lo Desconocido, para encontrar lo nuevo!


martes, 12 de julio de 2011







Así hablaba Facundo

Pablo Mora


“Cada mañana es una buena noticia, cada niño que nace es una buena noticia, cada hombre justo es una buena noticia, cada cantor es una buena noticia, porque cada cantor, es un soldado menos.... Cuando me marché de mi casa, niño aún, tenía siete años, mi madre me acompañó a la estación, y cuando subí al tren me dijo: Este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el primero fue darte la vida y, el segundo, la libertad para vivirla. Se gana y se pierde, se sube y se baja, se nace y se muere. Y si la historia es tan simple, ¿por qué te preocupas tanto? No perdiste a nadie, el que murió, simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón. Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas, el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso, una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que le destruya hay millones de caricias que construyen la vida. Cuando un pueblo trabaja dios lo respeta. Pero cuando un pueblo canta, dios lo ama. Nacemos para vivir, por eso el capital más importante que tenemos es el tiempo, es tan corto nuestro paso por este planeta que es una pésima idea no gozar cada paso y cada instante, con el favor de una mente que no tiene limites y un corazón que puede amar mucho más de lo que suponemos.

Ama hasta convertirte en lo amado, es más, hasta convertirte en el amor. De mi madre aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede empezar de nuevo; ahora mismo le puedes decir basta a los hábitos que te destruyen, a las cosas que te encadenan, a la tarjeta de crédito, a los noticieros que te envenenan desde la mañana, a los que quieren dirigir tu vida por el camino perdido. Ahora mismo le puedes decir basta al miedo que heredaste, porque la vida es aquí y ahora mismo. Vive de instante en instante, porque eso es la vida. No te sientas aparte y olvidado, todos somos la sal de la tierra. En la tranquilidad hay salud, como plenitud, dentro de uno. Perdónate, acéptate, reconócete y ámate. Recuerda que tienes que vivir contigo mismo por la eternidad.

Si estás atento al presente, el pasado no te distraerá, entonces serás siempre nuevo. Tienes el poder para ser libre en este mismo momento, el poder está siempre en el presente porque toda la vida está en cada instante. ¡Pero no digas no puedo ni en broma, porque el inconsciente no tiene sentido del humor, lo tomará en serio, y te lo recordará cada vez que lo intentes! No te quejes, recuerda que naciste desnudo, entonces ese pantalón y esa camisa que llevas, ya son ganancia. Cuida el presente, porque en él vivirás el resto de tu vida. Libérate de la ansiedad, piensa que lo que debe ser, será, y sucederá naturalmente.

Quizá el mayor desafío del ser humano en los albores del tercer milenio sea constatar que no estamos solos, que compartimos universo. Nos encontramos en la más preciosa aventura jamás vivida: la suerte inmensa de reunirnos, festejar, reír y materializar, desde nuestra individualidad, un universo de colaboración entre sus seres, quienes, gobernados desde nuestro universo interior, vivimos el sueño de ser amor universal. Recuerda que tienes que vivir contigo mismo por la eternidad. Si estás atento al presente, el pasado no te distraerá, entonces serás siempre nuevo.”


pablumbre@hotimail.com



miércoles, 22 de junio de 2011

TEATRO PARA EVANGELIZAR






TEATRO PARA EVANGELIZAR


Escrito por Felipe Guerrero
Miércoles, 15 de Junio de 2011 07:39
Ayer, nomás ayer, en ocasión de las fiestas patronales de mi pueblo, llegaban a la tierra de nuestra infancia, grupos teatrales que llenaron de sueños e ilusiones nuestra infantil inocencia.

Antes, mucho antes abrirse las cortinas para que los artistas mostraran sus representaciones, aparecían colocados en las esquinas los murales que anunciaban esta experiencia teatral llena de magia.

Era el gran espectáculo para vivir cada año las historias de estos curiosos personajes descubriendo los secretos y dones que caracterizan a cada uno de los protagonistas del acto.

El teatro siempre ha representado una importante parte de la cultura humana, una noble empresa construida a lo largo de muchos siglos, prácticamente desde que el hombre empezó a registrar sus hazañas, sus descubrimientos, sus ideas, sus creencias, en fin, su cultura.

Con razón el poeta señaló que «El mundo es el teatro de la vida, algunos son actores de comedia, otros representan la tragedia, pero todos tenemos un papel que de antemano está escrito, para algunos es cruel, para los más… es un rito»

El teatro es una rama del arte escénico vinculada a la actuación, a través de la cual se representan historias frente a una audiencia con la combinación de discurso, gestos, escenografía, músico y sonidos. Es como decían los griegos un «lugar para contemplar».

En esta aldea de San Cristóbal, el teatro o ese «lugar para contemplar» se inicia en la segunda mitad del siglo XIX. En efecto el 16 de mayo de 1854, representa un hito histórico ya que ese día se funda en esta ciudad el Instituto Dramático.

Apenas despuntando el siglo XX, la ciudad disfruta de algunas obras teatrales que se presentan en el desaparecido Teatro Garbiras, ubicado en la carrera 4 con la calle 6.

Para 1904, el culto público de la villa asistió para ver la actuación en este importante teatro de la Compañía de Doña María Terrades y Valdepares.

Para el año 1917, el Teatro Garbiras cambia su escenario por una pantalla, donde los sancristobalenses comienzan a disfrutar del cine mudo, particularmente de las genialidades de Charlie Chaplin.

Desde los inicios de la segunda mitad del siglo XX aparece un gran movimiento teatral en la ciudad de La Grita con el Grupo Experimental de Teatro bajo la dirección del maestro Chileno Laurencio Gallardo Vega.

Aparte de estos esfuerzos, la actividad teatral da un gran paso en el occidente venezolano, particularmente en el Liceo Simón Bolívar, con la entusiasta presencia del presbítero José Gregorio Pérez Rojas, quien formó un grupo de teatro estudiantil de altísima calidad.

Esta agrupación teatral se caracterizó por el empleo de técnicas modernas de la actuación y de la puesta en escena. El Padre José Gregorio Pérez Rojas, montó piezas de grandes dramaturgos universales como J. B Pristley, G. Bernard Shaw y Henrik Ibsen, entre otros. El grupo de teatro del Liceo Simón Bolívar, no sólo llevó a cabo presentaciones en la ciudad de San Cristóbal, sino que desbordó las fronteras regionales para mostrar su arte a nivel nacional e internacional.

Estas rápidas pinceladas sobre el teatro en nuestra realidad, hemos querido recordarlas porque en esta estación, el Consejo Universitario de la Universidad Nacional Experimental del Táchira tomó la justiciera decisión de otorgar el Doctorado Honoris Causa, Post Morten, al Presbítero Licenciado José Gregorio Pérez Rojas.

El Padre Pérez Rojas es un tachirense que nació en la ciudad de Rubio el 28 de Noviembre de 1924. Se hizo Licenciado en Teología y Filosofía de la Universidad

Católica de Santiago de Chile, con elevados méritos académicos. Regresó a su tierra natal y ejerció su labor pastoral como Vicario de la Parroquia Coromoto. Fue Profesor del Colegio «La Salle«» y del Liceo «Simón Bolívar».

Con gran acierto dirigió la página Literaria del Diario Católico. Fue redactor de Programas del Radio Periódico Católico Semanal de San Cristóbal. Simultáneamente fue Presidente de la Asociación Venezolana de Educación Católica, Seccional San Cristóbal desde 1948 hasta 1964 en diversos periodos.

Ejerció con gran brillantez la tarea de ser Profesor de Psicología y Filosofía del Liceo «Simón Bolívar» por más de 25 años.

En el año 1950 fundó y dirigió el Grupo de Teatro Liceista del Liceo «Simón Bolívar», hasta el año 1972.

Profesor fundador de la Cátedra Introducción a la Filosofía en la Escuela de Letras de la Universidad Católica Andrés Bello Extensión San Cristóbal. Fue Director de la Escuela de Educación de la misma Universidad Católica. Miembro Fundador de la Universidad y del «Liceo de Aplicación».

Fue miembro activo de la Asociación de Escritores Venezolanos, Seccional Táchira.

El Padre José Gregorio Pérez Rojas escribió entre otras obras: «Lecciones de Filosofía», publicada en 1962 y «Mural Humano», publicado en 1976.

En esta hora de júbilo para la cultura tachirense, resulta obligante recordar a este maestro que nos dejó innumerables constancias de expresiones de la cultura universal.

Cuando se prestaba poca atención al teatro, el Padre Pérez Rojas se ocupó de idear estrategias de sobrevivencia, casi siempre al margen de las llamadas prácticas y normas oficiales en donde se combinaban de manera inteligente la resistencia y la astucia.

Aún recordamos que siendo niños en las tablas del teatro fue donde conocimos la existencia de espacios particularmente destinados al reclamo y a la denuncia. El teatro siempre ha sido el lugar desde donde los cristianos pueden ser profetas.

Hoy, esas expresiones las encontramos en la calle, en la avenida o en el cruce de semáforos.

Los nuevos tiempos han entregado esos territorios para el protagonismo de innumerables actividades. Junto al tránsito vehicular y peatonal está el encuentro social, y las otras manifestaciones que algunos identifican como «informales»

Ayer y hoy, como expresiones de la hora, aparece el reclamo cargado de arte.

Y… con ellos la construcción de un imaginario callejero, no siempre coincidente con la perspectiva de quienes tienen el poder; porque todos estos excluidos representan «una sobrecarga imaginaria en la cultura urbana, forman parte de una densa red simbólica en permanente construcción y expansión»

Lo que hoy se identifica como «sector informal», no es otra cosa que la modalidad actual del histórico protagonismo popular; es la Venezuela profunda que se apropia de calles y de plazas para vivir y sobrevivir en la ciudad. Y estos nuevos nómadas urbanos lo hacen como pueden, con la precariedad, la necesidad, la desesperación, la astucia y el desafío que les impone el desempleo y la llamada «economía formal».

Ayer, apenas ayer el Padre Pérez Rojas mostraba a la sociedad esas precariedades del entorno desde el maravilloso mundo del teatro.

Y… en esos escenarios informales la temperatura es muy baja; porque aparte de soportar las bajas temperaturas, se suma el gélido frío que produce la falta de amor cristiano.

Por ahí apareció el Padre José Gregorio Pérez Rojas quien supo oír la grave pregunta del Apóstol Santiago: «¿Qué provecho saca uno cuando dice que tiene fe, pero no la demuestra?. ¿Acaso le puede salvar su fe?. Si a un hermano le falta ropa y carece de alimento y uno le dice: que le vaya bien, que no sienta frío, ni hambre, sin darle lo que necesita ¿De qué le sirve?» (Sant. 2,14-16)

Y… José Gregorio Pérez Rojas se vistió de actor para evangelizar desde el teatro.

Y… la Buena Nueva llegó para alegrar a los que en medio de grandes sufrimientos hacen reír a los otros.

Y… la Buena Nueva cayó en tierra fértil porque el mensaje amoroso del evangelio es para todos, pero se dirige especialmente a aquellos que soportan sin esperanza.

En estos días nos vamos a volver a topar con el maestro José Gregorio Pérez Rojas.

La Universidad Nacional Experimental del Táchira será el escenario para el encuentro con este cristiano marcado por el signo de los tiempos.

Seguramente vamos a tener un enriquecedor diálogo cargado de vitalidad, porque siempre son refrescantes las conversaciones cuando estamos hablando con los creadores de imágenes, los hacedores de sueños, los hombres del teatro.

Este Padre Pérez Rojas es un apostador de las cosas ciertas, sembrador de semillas y esperanzas…

En cada una de sus palabras se muestra como un apasionado del mundo lúdico y esa su constancia para testimoniar amor a la verdad, la paz y el respeto a la dignidad de los seres humanos, porque ahí en medio del cortinaje es donde se nutre todo lo existencial y lo auténtico en un mundo cada vez más a la deriva por ese afán de muchos de exterminar lo vital.

Nos vamos a encontrar con José Gregorio Pérez Rojas y será seguramente un encuentro en definitiva con un poeta que sabe y reconoce su itinerario y como aquellos antiguos juglares recrea los espacios, el tiempo y la sonoridad.

Estoy seguro que José Gregorio Pérez Rojas nos va a estar observando junto a los coros celestiales porque el ya vive en la patria de la eterna primavera…

José Gregorio Pérez Rojas supo cumplir con el mandato «Todo cuanto hagas a uno de estos pequeños, a mi me lo has hecho» (Marcos 25, 45)

El teatro fue el púlpito desde el cual predicó Pérez Rojas porque utilizo el TEATRO PARA EVANGELIZAR



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El Maestro Pérez Rojas





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escrito por Felipe Guerrero
martes, 21 de junio de 2011
El gran poeta Constantino Kavafis escribió estos versos con palabras que quisiera mías: «Voces ideales y amadas de aquellos que murieron... A veces hablan en nuestros sueños; a veces las escucha nuestro espíritu en el pensamiento. Y con su rumor por un instante retornan ecos de primera poesía de la vida nuestra, como una música, en la noche, lejana, que se apaga»

A pesar de que en estos tiempos vivimos la estación de los olvidos, con lo cual se pretende echar una cobija de silencio sobre las obras construidas ayer; a pesar de que se hace todo lo posible y lo imposible, para que aquella música, en la noche lejana se apague...Y realmente se apague para siempre....los que creemos en el valor de la persona, los que militamos en la cultura de la gratitud por lo realizado; celebramos jubilosos la justiciera decisión de la Universidad Nacional Experimental del Táchira al conferirle el Doctorado Honoris Causa al Maestro José Gregorio Pérez Rojas.

Han pasado varias lunas desde que el Maestro Pérez Rojas se vistió de ausencia, pero nadie puede decir que lo hemos olvidado. Cómo no recordar a una persona que vivió dignamente y de quien jamás supimos no porque no los sufriera, sino porque lo callaba con el aplomo de su raza, los dolores de las espinas de la vida que nunca lograron entristecerlo ni silenciarlo.

Era Maestro y era amigo... Para José Gregorio Pérez Rojas la amistad era otra cosa. Y si de amigos se trata, la sociedad tachirense representada por la Universidad Nacional Experimental del Táchira, demuestra el cariñoso recuerdo que siente por su obra al otorgarle este merecido Doctorado.

Una vida, una obra, un testimonio y una voz eterna de un ser excepcional como el maestro Pérez Rojas, no se apagará jamás, pues cuando la creación es fruto de un amor profundo, su acción se seguirá oyendo una y otra vez aunque parezca lejana.

Por eso en esta hora justiciera, afirmamos con el poeta que «...aunque lejana una y otra vez, a veces habla en nuestros sueños». Hoy los sueños rinden homenaje permanente a un ser humano que fue luchador solidario, disciplinado, práctico, paciente, trabajador responsable y con un extraordinario sentido del servicio como lo hacen los auténticos discípulos del hijo del carpintero de Nazareth.

Hoy nos reencontramos con el maestro y amigo José Gregorio Pérez Rojas para proclamar: ¡ GOYO VIVE... ¡.

Te guardamos en tus clases magistrales, te guardamos asistiendo a nuestras reuniones, te guardamos con tu permanente compañía cruzando las calles indefensas pero invencible de la vida, te guardamos disfrutando de un encuentro de futbol, te guardamos charlando de los años vividos, te guardamos recordando a tu familia, de la escuela donde pasaste la infancia, de los amigos entrañables y de los extrañados, de los tiempos felices que se fueron y de los que estaban por venir, de la música, del arte, de las formas de sobrellevar animoso tantos disgustos, de tus proyectos que construías y reconstruías con la febril laboriosidad de las hormigas, de la vida, de tus discípulos que eran tus hijos.

Y son tus hijos los que nos reunimos para celebrar tu recuerdo.

Al calor del fogón de la Universidad Nacional Experimental del Táchira, nos reencontramos para compartir la ofrenda de gratitud por tu vida.

Nos refugiamos en tu mirada amable, en tu sonrisa solidaria, en la paz de tu andar desmenuzando sombras, en la calma ancestral de tus consejos, en la Iglesia de tu fe, en su campana terca y repicante, en tus flores que nunca se marchitaban, en el jardín hermoso al que la fatiga jamás pudo arrebatarle sus colores, en tus tiempos de lucha... Me refugio en tu voz, en tu ser lo que fuiste sin mayor pretensión que ser Maestro.

Hay quienes nunca se mueren, Maestro Goyo... Personas que siguen latiendo en otros corazones y se mantienen intactas en nuestra sola condición de ser humano. Tú fuiste así, tú eres de esos seres que donde quiera que estén viven con nosotros, que son parte nuestra, que nos salvan el amor y nos regalan la feliz sensación de ser de alguien.

Recordado Maestro Pérez Rojas... Tu voz no será acallada...La música y el universo está contigo...

Y... también con nosotros.

felipeguerrero11@gmail.com