miércoles, 21 de marzo de 2012

OTRO VIAJE







OTRO VIAJE


Ya en los campos de Jaén,
amanece. Corre el tren
por sus brillantes rieles,
devorando matorrales,
alcaceles,
terraplenes, pedregales,
olivares, caseríos,
praderas y cardizales,
montes y valles sombríos.
Tras la turbia ventanilla,
pasa la devanadera
del campo de primavera.
La luz en el techo brilla
de mi vagón de tercera.
Entre nubarrones blancos,
oro y grana;
la niebla de la mañana
huyendo por los barrancos.
¡Este insomne sueño mío!
¡Este frío
de un amanecer en vela!...
Resonante,
jadeante,
marcha el tren. El campo vuela.
Enfrente de mí, un señor
sobre su manta dormido;
un fraile y un cazador
—el perro a sus pies tendido—.
Yo contemplo mi equipaje,
mi viejo saco de cuero;
y recuerdo otro viaje
hacia las tierras del Duero.
Otro viaje de ayer
por la tierra castellana,
—¡pinos del amanecer
entre Almazán y Quintana!—
¡Y alegría
de un viajar en compañía!
¡Y la unión
que ha roto la muerte un día!
¡Mano fría
que aprietas mi corazón!
Tren camina, silba, humea,
acarrea
tu ejército de vagones,
ajetrea
maletas y corazones.
Soledad,
sequedad.
Tan pobre me estoy quedando,
que ya ni siquiera estoy
conmigo, ni sé si voy
conmigo a solas viajando.


ANTONIO MACHADO

martes, 20 de marzo de 2012

larga sombra de cópula y prodigio












larga sombra de cópula y prodigio

Pablo Mora


Día Mundial de la Poesía




rosa del mar al pie de la tormenta en la rosada desnudez del alba en las manos del mar silencio alado la engendra el mar la arena su oleaje la sombra primigenia de la luna los zumbidos del alba la interrogan la tarde el sol la lluvia las albadas la insomne playa el cielo la locura la piedra junto al mar de queja asombra cavila el mar como la ola empina de pronto al mar cobija y oye al mar camino de las alas de la noche en ella cabe el mar en piedra viva en noche en cielo en tierra en sueño en sombra



claridades de sombra opalescente sueño desenterrado lacerado flor reseca enroscada retorcida personificación reflejo altivo jadeo de mujer sobre la arena benigna resistencia de las cosas implacable sonrojo de las venas la perenne cuestión de los modales profunda y antiquísima visión soplo oleaje vela azul tormenta azul enrojecido amoratado el gris vagando en las colinas pardas los colores los sueños visionarios aconteceres del alucinado

un pedazo de pan para los pájaros un alarido entre la guerra la imagen vegetal de la lechuga un alpargata recibiendo sol gota de lluvia roedura ajada la sílaba final del viento errabundaje vuelo trashumancia mientras murmura alrededor la noche en la punta del tiempo navegando justa medida del asombro humano sed de viento de pan de sombra y huella manera de sentir junto a los otros para sacar la flor de las cenizas la eternidad en sol andando raza que canta en la tormenta yunque espiritual en la refriega vino legítimo del sueño en armas lumbre fulgor verdad nostalgia cósmica un eco colectivo corregido ágora del delirio y la tragedia secreto en flor lugar del alumbraje

la fundación universal del ser el hombre ante el espejo de su sombra retrato del mundo y sus costumbres algo visión fidelidad relámpago milagro de la vida compartida íngrima huella hembra deslumbrante no le conocemos longitud altura ciclo molecular peso específico mas le conocemos su sabor exacto es un sabor a trigo a leche y miel a rosas a durazno que como un corazón recién nacido palpita entre los dedos de las hojas por su sola dulzura sostenido

rasgón terrazgo espada triza cópula ramaje ramazón o ramalazo las palabras compiten y complotan capaces de recuperar al hombre o de inventar al sol o al propio vino se levantan temprano con el alba

mantiene abierta la palabra al hombre cabalga que cabalga en las tinieblas relumbra vela brilla resplandece para que el canto siempre permanezca viene del fondo de los siglos sigue vuelve como la aurora y el ocaso sabe de noche sabe de alborada del sagrado silencio de las piedras del lugar en que el grito nos religa las cosas no sabrán cuando ella parta

el modo en que amanecen hombre y agua la imagen intrincada de los sueños manera de llevar a pelo el día sed de sal sol de abrazo noche vuelo desnuda yegua para amanecerla hasta la última siembra última lumbre hasta la última lucha última milla hasta el último jadeo segundo esperanza de fe plenificada furiosa tempestad de noche y día es la arena enredada entre las olas el mar que se desborda sobre el risco feliz morada del soñar antiguo sobre el azul espejo de las aguas es la mirada de la noche en vela el paso de los duendes sobre el mar el relente susurro de los árboles la sal la espuma el sol la madrugada


breve lechuza ardiente lujuriosa
sorpresivamente alada
reciamente atuendo
oscuramente lumbre
súbitamente viva
humanamente cierta
airadamente tierna
nocturnamente yendo
desnuda levedad a ras de suelo


jaula de cristal hembra jadeante jirón de prado nube pura sol y casa y universo y clarinada jovial esencia hendiduras configuración del inacabamiento ruptura momentánea fluir inagotable del murmullo fraternas potestades del asombro

contra la sed y el hambre sobre el puente contra todo forma de vida asombro deshojado sueño de la piedra piedra de los sueños fecunda entraña de la luz andadura pasturanza festín de sombra y llama plato de aromada miel idilio diosa aparejada milagro del insomnio desatado en la nochumbre a vista del rocío amanecido blanca palomica en soledad herida en uno de los ojos de pronto reclinada flujo y reflujo en comunión altiva relámpago la sombra del designio desangrado crepúsculo del ocio

lejana silenciosa larga sombra alta vigilia rastro de la tierra bramido sordo de la parda luz ventanas goznes muros quemaduras clamor del hambre grito poderoso infinita orilla aire detenido sagrada apuesta vengativa luz paloma caracol y compraventa feraz gloriosa repentina ilesa íntima soledad amenazada la línea precisa del abismo para llegar a tientas a la nada desde el morir al no morir viviendo del otro lado de la sombra en luz

se detiene estremece sube baja viene del sueño viene de la nada toca tierra lleva sonidos de metales de sangre de hambre guerra horror pavura conoce el canto de las aves el silencio del paraguas la melancolía del guanábano el sitio del silencio las alas de la noche y de la lluvia el gemido de las nieves las voces de la sangre honda navegación paso del día el regreso del sueño el rastro del celaje su grito de cigarra la navega en la muerte y se cuida de lo vivo ronda entre soledad por muchas albas sale de su envoltura puro asombro querer apoderarse de los sueños de las cosas las luces y los pájaros larga sombra de cópula y prodigio


alba engrifada cielo animal prado en manos del sol que se despierta virilmente el hombre en cósmica entrega permanente sigue al arroyo en su silencio lúgubre a la intemperie al descubierto el más airado grito de la tierra el más largo suspiro de la fronda el más verde silencio iluminado


lenta alucinación de estrellas rotas planicie en llamas jubiloso asombro jungla de sueños jaspes arrojados cóndores en parejas blanquecinas agua ajada cascadas jadeantes sed de mitos en sombra de alborada mística sorprendente hipnótica única nave estrellada soledosa mágica selénica arenisca del desierto paraje azul retamas y algarrobos tótem tensado en fuego arrasador ocre perenne enloquecido abrazo alzado cabizbajo valle erguido en la antigua quebrada de la noche
A Fanny Jaretón

Ante la Gran palma de Ceilán o Palmira (Corypha umbraculifera)
del Jardín Botánico de Caracas, en los momentos en que regala su florescencia
a los caraqueños y visitantes en el año 2003

misterio en su preñez al descubierto racimo esplendoroso de los ángeles mujeridad mujer mujeridad arrogante desnudo de los dioses un par de vulvas —coito deshojado— abiertas al orgasmo de los cielos tal vez un duende en llamas rozagante los ojos de la tarde de paseo o llamas del Perú enfogaradas perdidas en sus sueños sonorosos floración vena fuego sol y vino provoca hacer amor con tanta gracia
acaso los pezones de la noche las orejas de un ciervo milenario acaso Dios pariente de esta palma enamorando madrugada a solas mirada de las horas presurosas el mágico esplendor de la arrogancia palmira palmaflor palma florida venida del Ceilán a nuestra casa
estallido de besos vesperales guitarra de los soles y los sones poema vegetal lección hermosa la auroranoche tu fragancia envidia fragante malabar de lento paso camino de la muerte en desespero paraguas señorial silvestre alado regia corona de encendido encanto eclipse fantasmal del odio fiero majo abanico de la diosa tierra
altivo tótem de la cruenta urbe desplegado en la cresta de sus barrios cirio encendido milagroso asombro sagrado talismán en hora aciaga cigarra campanada de rebato estremeciendo el porvenir del sueño bandera de combate en paz o en guerra al horizonte en gloria levantada
¡Gran Palma de Ceilán! ¡Oh Gran Palmira! ¡Apláudante los dioses tu desfile!

A Mery Sananes

De: Sangre Zurcida

ODA A LA POESÍA










ODA A LA POESÍA

Voy a contarte en secreto
quién soy yo,
así, en voz alta,
me dirás quién eres,
quiero saber quién eres,
cuánto ganas,
en qué taller trabajas,
en qué mina,
en qué farmacia,
tengo una obligación terrible
y es saberlo,
saberlo todo,
día y noche saber
cómo te llamas,
ése es mi oficio,
conocer una vida
no es bastante
ni conocer todas las vidas
es necesario,
verás,
hay que desentrañar,
rascar a fondo
y como en una tela
las líneas ocultaron,
con el color, la trama
del tejido,
yo borro los colores
y busco hasta encontrar
el tejido profundo,
así también encuentro
la unidad de los hombres,
y en el pan
busco
más allá de la forma:
me gusta el pan, lo muerdo,
y entonces
veo el trigo,
los trigales tempranos,
la verde forma de la primavera
las raíces, el agua,
por eso
más allá del pan,
veo la tierra,
la unidad de la tierra,
el agua,
el hombre,
y así todo lo pruebo
buscándote
en todo,
ando, nado, navego
hasta encontrarte,
y entonces te pregunto
cómo te llamas,
calle y número,
para que tú recibas
mis cartas,
para que yo te diga
quién soy y cuánto gano,
dónde vivo,
y cómo era mi padre.
Ves tú qué simple soy,
qué simple eres,
no se trata
de nada complicado,
yo trabajo contigo,
tú vives, vas y vienes
de un lado a otro,
es muy sencillo:
eres la vida,
eres tan transparente
como el agua,
y así soy yo,
mi obligación es ésa:
ser transparente,
cada día
me educo,
cada día me peino
pensando como piensas,
y ando
como tú andas,
como, como tú comes,
tengo en mis brazos a mi amor
como a tu novia tú,
y entonces
cuando esto está probado,
cuando somos iguales
escribo,
escribo con tu vida y con la mía,
con tu amor y los míos,
con todos tus dolores
y entonces
ya somos diferentes
porque, mi mano en tu hombro,
como viejos amigos
te digo en las orejas;
no sufras,
ya llega el día,
ven,
ven conmigo,
ven
con todos
los que a ti se parecen,
los más sencillos,
ven,
no sufras,
ven conmigo,
porque aunque no lo sepas,
eso yo sí lo sé:
yo sé hacia dónde vamos,
y es ésta la palabra:
no sufras
porque ganaremos,
ganaremos nosotros,
los más sencillos,
ganaremos,
aunque tú no lo creas,
ganaremos.


Pablo Neruda

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO










LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.


Gabriel Celaya

INVOCACIÓN A LA POESÍA






INVOCACIÓN A LA POESÍA

Pablo Mora

En el Día Mundial de la Poesía



ANCHA SOLEDAD de los desiertos. Sol en los tejados. Silenciosa frescura del aljibe. Vellón azul rondando por el aire. Voz en alta llamarada. Milagro para el rayo en muerte de la guerra. Canto de la brisa, el sol y las quebradas. Amor que no puede caminar como una hoja.
Una hoja entre el viento que camina o un camino entre el vientre de la hoja que se va. Hoja y camino. Camino caminando con el viento. Incógnita en el tiempo. Una pregunta en pie para los hombres. Colina para otear a Dios. Hondonada para hallar la luz. La cresta de un lucero, por el postigo corazón mirando.
Susurro de los árboles, tu sueño. Tu corazón, del tamaño del mar que conocemos. Tu cabellera, los ríos, las quebradas, los riachuelos. Diminuta, te escondes en los sauces que duermen a los lagos, en los cipreses de la tumba ajena, en los aljibes de las casas solas; en los zaguanes del amor del viento o en las pestañas de la madre pobre.
Hojarasca entre la noche de los pájaros. Tronco fatigado por el tiempo y la tormenta. Latido de fogata crepitando entre la fronda.
Lumbre y mujer para la misma sombra. Sueño y silbido para el mismo abismo. Amanecer y tarde florecidos, floreciendo en las sienes de la flora. Lucero y arrebol, azules horas. Cocuyo entre rastrojos vespertinos, iluminando el resplandor tardío, las noches de vigilia arrobadora.
Júbilo, alumbramiento, bienvenida. Ara en fulgor para el altar del tiempo, para elevar el corazón festivo. Trino con que cantamos a la vida, cuando la suerte nos ofrece el huerto para sembrar de estrellas el camino.
El pan, el oro, la solemne sombra en esplendor divino, la alegría. Infancia en llama, en canto, en lejanía que el transparente corazón la nombra. La soledad que en la vereda asombra al trigo, al viento, al lirio en noche fría. Ardiente claridad la poesía que el huracán del corazón alfombra.
Encanto de la luz, la Navidad que alumbra el triunfo matinal del hombre y el silencioso arroyo del deseo. En glorias del amor, la huracandad con que la brisa de la luna asombre la encantadora música de Orfeo.
Conoces nuestra locura como nadie más conoce. Nos visitas muy de madrugada o cuando cae el sol sobre el tejado. Contigo "supimos los misterios de las cosas como si fuéramos espías de los dioses". Sus secretos descubrimos.
Conoces todas las nieves, todos los riscos, todos los gestos de los hombres, todo el espesor del viento, la justa medida de la espera junto a la luz total de nuestras cosas. Fabricas los sueños del jardín. Doblegas la furia de la guerra. En cada atrinchera nos proteges; nos cubres en cada retirada y avanzas con nosotros, la primera.
Has asistido a mil batallas y tienes otras mil por combatir. Ilesa saldrás en cada portachuelo. Ninguna polvareda nublará tu paso, menos las luces de tus blancos senos.
Mientras seamos capaces de asistir a un terremoto sobre un rayo de luna o a una tempestad en una gota de sol, crecerá tu sombra, Hilandera Majestuosa, la de todos los hilos de los sueños.
Desde los Decretos de Belén y de la Sala de Actos del Smolni, con el mundo entero por testigo, tranquilidad no del orden existente, sino la de un orden nuevo, en busca de una humanidad nueva.
La de elevar al hombre nuestro sueño.
La de tan amarte y tan morirte, P A Z.


pablumbre@hotmail.com

lunes, 19 de marzo de 2012

La Belleza









La Belleza


Y un poeta dijo, «Háblenos de la Belleza».
¿Dónde buscarás la belleza, y cómo la hallarás a menos que ella misma sea tu vía y tu guía?
Y, ¿cómo hablarás de ella a menos que ella sea la tejedora de tu habla?
Los apenados y los heridos dicen, «La belleza es simpática y cariñosa.
Como una joven madre medio-tímida de su propia gloria ella anda entre nosotros».
Y los apasionados dicen, «No, la belleza es cosa de fuerza y temor.
Como la tempestad ella sacude la tierra debajo de nosotros y el cielo encima».
Los cansados y los rendidos dicen, «La belleza es de susurros bajos. Ella habla en nuestro espíritu.
Su voz abre paso a nuestros silencios como la luz débil que tiembla de miedo de la sombra».
Pero los inquietos dicen, «La hemos oído gritar entre las montañas,
Y con sus gritas vino el sonido de cascos, y de alas y de rugidos de leones».
En la noche los vigilantes dicen, «La belleza subirá con el amanecer desde el este.»
Y en el mediodía los trabajadores y los caminantes dicen, «La hemos visto doblada encima de la tierra desde las ventanas de la puesta del Sol».
En el invierno dicen los atados por la nieve, «Ella vendrá con la primavera saltando por las colinas».
Y en el calor del verano los cosechadores dicen, «La hemos visto bailando con las hojas del otoño, y le vimos un cúmulo de nieve en el pelo».
Todas de estas cosas Uds. han dicho de la belleza.
Pero de verdad hablaron no de ella sino de necesidades satisfechas,
Y la belleza no es una necesidad sino un éxtasis.
No es una boca con sed ni una mano vacía extendida,
Sino un corazón en fuego y un alma encantado.
No es el imagen que verían ni la canción que oirían,
Sino un imagen que ven aunque se cierran los ojos y una canción que oyen aunque se cierran el oído.
No es la savia dentro de la corteza cavado, ni una ala sujetada a una garra,
Sino un jardín siempre en flor y una bandada de ángeles siempre en vuelo.
Gente de Orphalese, la belleza es la vida cuando la vida revela su cara sagrada.
Pero Uds. son la vida y Uds. son el velo.
La belleza es la eternidad mirándose en el espejo.
Pero Uds. son la eternidad y Uds. son el espejo.


De. “El profeta”
Escrito por Gibrán Jalil Gibrán

TRÍPTICO A CÉSAR VALLEJO







TRÍPTICO A CÉSAR VALLEJO

"... contra el sol: ¡César Vallejo,
de perfil y de repente".
Elio Jerez Valero


I
Canto astillado por su propia quena,
llama y prado incendiados en la altura;
centinela esculpido en su pavura,
valle repleto de esperanza ajena.
Recia vertiente de tu antigua vena
el autóctono grito de amargura,
y el eco de tu raza quemadura
en los heraldos negros de la pena.
Cómo crepita el múltiple alarido
de tus pómulos y húmeros hambrientos!
Cómo retumba el íngrimo crujido
de tus angustias y tus sufrimientos!
Cómo gime el clamor de tu latido
en la hondonada gris de tus cimientos!


II

¿César Vallejo, seguirá parejo
el alambre punzante del quebranto
o habremos de regar tu propio llanto
cual si fuéramos trizas de tu espejo?
¿César Vallejo, cesará el cortejo?
¿César Vallejo, se ahogará tu canto?
¿Sí, César - no el Augusto sino el Santo -
César Vallejo, cesará Vallejo?
¡No cesará, Vallejo, tu ternura,
tu desnudez es traje de grandeza
que escondes en tu propia arquitectura!
¡No cesará, Vallejo, tu firmeza
ya que haces del dolor arboladura
sobre el hosco muñón de tu tristeza!


III

Cementerio de quenas en la entraña
lamentación del Ande americano;
lazarillo del pobre y de su arcano
que las vertientes de su llanto empaña.
Estallido de lumbre en tu montaña
que es borbotón de queja entre tu mano
para advertir al fuero castellano:
¡Cuídate, España, de tu propia España!
Tintos de la proclama de tu voz,
cuídanse del martillo sin la hoz
desde el viejo Alicante a Extramadura.
Y, así, desde tu muerte, siempre altivo,
amor en mano, el corazón cautivo,
vigilas tu rebelde sembradura.



Pablo Mora

De “ALMÁCIGO 2”