sábado, 14 de abril de 2012

Uu colibrí convoca a una marcha por la paz









Marcha por la paz

Pablo Mora

Un colibrí convoca a una marcha por la paz.

Cuando el aire huele a pólvora la guerra envejece el corazón. En la noche de la guerra, del hambre y de la lluvia, aparece, gigante, la sombra de la muerte. Habrá de haber tiempo para la Poesía, si no quieren pueblos y hombres sucumbir antes de tiempo. Por los niños perdidos en la guerra ¡Señor, danos menos fuerza para la guerra y más valor para la paz!

Una leve sospecha nos consume: al borde de esta nueva primavera van los hombres derecho hacia la guerra dispuestos a acabar con la alborada. Amigos y enemigos se confunden con los mismos presagios de la muerte; no bastan los sollozos de las flores para calmar las furias de los vientos.

Definitivamente se pelea. La sangre de los hombres se derrama. Cada vez son más altas las hogueras. La pavura del hombre se agiganta. Al verse codo a codo en la trinchera ni dueño de su sombra ya se siente. Un colibrí convoca a una marcha por la paz.

Hablamos de la muerte, compañero, la misma que nos tiene sin cuidado, la que ha perdido el precio entre nosotros, la muerte, la infalible compañera. Pensamos en los campos de batalla, en ellos se nos funde la esperanza. Pensamos en mejores madrugadas para el pan amasado con la aurora.

Pisoteada está la primavera. Son pocas las mañanas que nos quedan. No está quedando tiempo para el sueño. Cuidemos entretanto a nuestros hijos mientras trenzan sus sueños lentamente. Sigamos con la vida que nos resta. Por los niños perdidos en la guerra: ¡Señor, danos menos fuerza para la guerra y más valor para la paz!

Es tiempo de velar por la esperanza, por los nuevos caminos de la aurora. Es tiempo de acercarnos a la madre, a pedirle el aliento de la vida. Es tiempo de mirar a las estrellas, de andar con el hermano que nos queda a la huerta perdida entre la aldea para ver qué semillas recoger.

Es tiempo de arrumbar los macundales, de encontrarnos de nuevo con la vida para invocar la aurora del vidente. Es tiempo del mejor amanecer, de esperar, bien armados de paciencia, acampar en espléndidas ciudades. Un colibrí convoca a una marcha por la paz.

pablumbre@hotmail.com

marcha por la paz










Un colibrí convoca a una marcha por la paz.

Pablo mora

jueves, 12 de abril de 2012

Había una vez








Había una vez

Érase una vez
La primera vez
La segunda vez
Cada vez
Alguna vez
Cierta vez
Esta vez

Había una vez
Por esta vez
Aquella vez
Una vez
A su vez
Una que otra vez
Ninguna vez

Hubo una vez
A la vez
A su vez
Tal vez
Tal cual vez
Otra vez
Rara vez

Era una vez
De cuando en vez
De una sola vez
De vez en vez
De una vez
Una vez
La última vez


Pablo Mora

lunes, 9 de abril de 2012

mochila en mano





mochila en mano


a Pablo Mora -mochila en mano-


llueve azul abril
poesíasociedadanónima
asombroso devenir
entre susurros y llanto
mochila en mano
recala llovizna entre las fuentes
mares y acantilados
néctar de miel bajo las farolas
retoza volcánico sobre la roca
y el coral extra galáctico es
como el sueño de un colibrí amanecido
una flor que se mece en las espigas
un tiempo sin medida ni fronteras
mágica escarcha que
ilumina la noche
y con sus arcoíris de ámbar
le teje siemprevivas al alma

como una luna enamorada
en su ola
nos transporta

como un geranio en flor
nos deletrea el alba

llueve
llueve y llueve
y sigue lloviendo


F. Bellido




http://poesia-nos-queda-la-palabra.blogspot.com.es/2012/04/llueve-y-llueve.html

Fernando Bellido
http://nosquedalapalabra-fer-blog.blogspot.com/

domingo, 8 de abril de 2012

soledad






me quedo
con la arruga
y el amor

Rada


me quedo con mi soledad afín con mi soledad azul con mi soledad atroz con mi soledad felina me quedo con mi soledad arena con mi soledad arruga con mi soledad amiga con mi soledad severa me quedo con mi soledad lunada con mi soledad salvaje con mi soledad gemida me quedo con la arruga del amor

me quedo con mi soledad espuma con mi soledad antigua con mi soledad bendita con mi soledad adentro me quedo con mi soledad añeja con mi soledad futura con mi soledad soñada con mi soledad florida me quedo con mi soledad eterna con mi soledad dorada con mi soledad trapera me quedo con mi soledad a secas

me quedo con mi soledad gaviota con mi soledad ansiada con mi soledad genuina me quedo con mi soledad preñada me quedo con mi soledad alada con mi soledad a pie con mi soledad francisca con mi soledad cristiana me quedo con mi soledad dormida desnuda presente descalza me quedo con mi soledad insomne despierta con mi soledad ahumada me quedo con mi soledad al hombro me quedo con la soledad sin mí


A Freddy Ñáñez


Pablo Mora
De: Sombra Antigua

sábado, 7 de abril de 2012

A mis soledades voy






A mis soledades voy...

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.

¡No sé qué tiene la aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos!

Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.

Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.

De cuantas cosas me cansan,
fácimente me defiendo;
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.

El dirá que yo lo soy,
pero con falso argumento,
que humildad y necedad
no caben en un sujeto.

La diferencia conozco,
porque en él y en mí contemplo,
su locura en su arrogancia,
mi humildad en su desprecio.

O sabe naturaleza
más que supo en otro tiempo,
o tantos que nacen sabios
es porque lo dicen ellos.

Sólo sé que no sé nada,
dixo un filósofo, haciendo
la cuenta con su humildad,
adonde lo más es menos.

No me precio de entendido,
de desdichado me precio,
que los que no son dichosos,
¿cómo pueden ser discretos?

No puede durar el mundo,
porque dicen, y lo creo,
que suena a vidrio quebrado
y que ha de romperse presto.

Señales son del jüicio
ver que todos le perdemos,
unos por carta de más
otros por cartas de menos.

Dijeron que antiguamente
se fue la verdad al cielo;
tal la pusieron los hombres
que desde entonces no ha vuelto.

En dos edades vivimos
los propios y los ajenos:
la de plata los extraños
y la de cobre los nuestros.

¿A quién no dará cuidado,
si es español verdadero,
ver los hombres a lo antiguo
y el valor a lo moderno?

Dixo Dios que comería
su pan el hombre primero
con el sudor de su cara
por quebrar su mandamiento,

y algunos inobedientes
a la vergüenza y al miedo,
con las prendas de su honor
han trocado los efectos.

Virtud y filosofía
peregrina como ciegos;
el uno se lleva al otro,
llorando van y pidiendo.

Dos polos tiene la tierra,
universal movimiento;
la mejor vida el favor,
la mejor sangre el dinero.

Oigo tañer las campanas,
y no me espanto, aunque puedo,
que en lugar de tantas cruces
haya tantos hombres muertos.

Mirando estoy los sepulcros
cuyos mármoles eternos
están diciendo sin lengua
que no lo fueron sus dueños.

¡Oh, bien haya quien los hizo,
porque solamente en ellos
de los poderosos grandes
se vengaron los pequeños!

Fea pintan a la envidia,
yo confieso que la tengo
de unos hombres que no saben
quién vive pared en medio.

Sin libros y sin papeles,
sin tratos, cuentas ni cuentos,
cuando quieren escribir
piden prestado el tintero.

Sin ser pobres ni ser ricos,
tienen chimenea y huerto;
no los despiertan cuidados,
ni pretensiones, ni pleitos.

Ni mumuraron del grande,
ni ofendieron al pequeño;
nunca, como yo, afirmaron
parabién, ni pascua dieron.

Con esta envidia que digo
y lo que paso en silencio,
a mis soledades voy,
de mis soledades vengo.

Lope de Vega

martes, 3 de abril de 2012

Jesús en su trinchera guerrillero










Jesús en su trinchera guerrillero

Pablo Mora

Jesús, volcado sobre el mundo, injerto entre los continentes y los mares, sobrepasa el fragor de los azares y acampa en el confín de cada puerto. Jesús, con el mensaje al descubierto, despliega su bondad entre los lares y apacigua el dolor, los avatares, con hondo afán entre su amor despierto. Artífice de paz y sobrehumano bastión por su evangelio altivo, ardiente, fragua la hermandad en cada hermano. Y es símbolo de amor incandescente, para el mundo Patriarca Soberano, con veinte siglos en su enhiesta frente.
Jesús, en el zaguán contemplativo, le señala al mendigo su sendero; le acompaña en su duro derrotero y prodiga el milagro, compasivo. Jesús, el incansable, pensativo, escándalo, abatido, prisionero; Jesús, la encarnación del misionero, entre la historia un punto suspensivo. Jesús, en cada amanecer presente, convierte las tinieblas en aurora y expande por el orbe su simiente. Jesús, con su mirada abrasadora, al desgranar perdón al penitente eternízase en su obra redentora.

Jesús, radiante péndulo del mundo, precisa cada horario de la historia y surca los solares de la gloria con claro acento y con compás rotundo. Jesús, paciente, fraternal, fecundo, enclavado en la cruz de la victoria, martilla al peregrino la memoria con ancha paz y con amor profundo. Jesús, en el pesebre, en el Calvario, Jesús, pastor, hermano, misionero, Jesús, inconfundible visionario. Jesús, en los olivos, prisionero. Jesús, el del proverbio lapidario. Jesús, en su trinchera, guerrillero.
Cristo de las Trincheras, el que reposa en el Mosteiro da Batalha – Portugal -. Sin una mano, sin pies, después de haber estado en el frente, de sol a sol, entre borrasca, plomo y lluvia, en una y otra guerra, a ras de guerra, hoy, permanente lámpara votiva en la ruinosa oscuridad de un vetusto monasterio, espeluznando al mundo en fantasmal plegaria. Cristo, el hombre, eternamente, un gran dolor en viaje, en esta ominosa hora menguada, humosa, que en sombras nos envuelve. Sed de mundo, cerviz de noche, contrito, solitario y muerto. Cristo pobre del pobre… buen hermano, colérico cordero al descubierto, nuevamente con látigo inclemente arrojando a los nuevos mercaderes, tan pierna arriba en su agonía, al aire el brazo, en ademán resuelto y justiciero, combatiente, insurgente, fiel miliciano… Tú —el revolucionario más valiente—. Tú —el más rebelde y noble montonero—.
Cristo de las Trincheras, Cristo ahumado, al frente de la guerra, guerrillero, frente al hambre, pedazo de madero, entre la guerra con color tostado. Al descubierto, roto, desolado, fuego encendido, fuego prisionero; en la trinchera, siempre de primero, de la batalla el Cristo mutilado. De trinchera en trinchera, chispa, lumbre, encendido en amor, enfogarado, en sangre, en ruego, en alba y mansedumbre. Cristo de La Batalha, iluminado, en lanza, en ristre, en cruz, en muchedumbre, al hombre ruega en llamarada alzado.
Tú que sin duda fuiste el más valiente de los hombres. El revolucionario que prefirió morir en el Calvario antes que doblegarse mansamente. ¡Sal de tu Iglesia! ¡Coge la montaña! ¡Y a quienes luchan rige y acompaña en tan heroica y santa rebeldía!