jueves, 20 de junio de 2013
Cuando haya que recordarla
Cuando haya que recordarla
Pablo Mora
Cuando haya que recordar el limonero henchido de recuerdos de la primera casa perdida entre la fronda. La tristeza de las piedras que hospedaron las leguas de las mulas. La aldea, la siempreviva, el amor ardiente, los caminos, las veredas. Los borbollones del río crecido en la cintura de los sueños. La calle donde la vida se quebrara en dos, de viaje hacia la nieve. Las locuras mayores de la infancia. Las golondrinas, arrendajos, gonzalitos y turpiales. El primer barquito echado en la quebrada. Las cinco de la tarde, cuando nos guindamos de una estrella. La sopa de frijoles o el piquillo de pescado.
Cuando haya que recordar el primer llanto anudado en la garganta. El latido emergiendo del postigo. La lluvia, la floresta, la neblina. La orfandad, la sombra, los zarzales. El fogón tiznado del olvido. Los místicos rebaños. Los riscos, los soles, las madejas, los regresos. El abrazo bañado por la luz del candelabro. La soledad de nuestro sino. La vieja casa, refugio de penas y alegrías. Cuando haya que recordar que fuimos a pesar del mundo y sus caprichos; que entre la noche de la guerra, del hambre y de la muerte, como gota de lluvia deshojada, la sombra de una casa nos aguarda al pie de un árbol encendido en llanto.
Cuando haya que recordar su caspiroleta, su risa, su sonrisa y coscorrones. Su ceño donde escondía su gracia y su fiereza niña, la infinita lejura, el horizonte. Su celo para que nadie llegara a contagiarnos. Su usted sí es. Váyase a dormir temprano. Mucho cuidado. Que Dios lo bendiga y lo haga bueno. No regrese tan tarde. Córtese ese pelo, esa barba, esos bigotes.
Cuando haya que recordar sus repisas, aderezos y corotos. Sus materos, sus flores, sus almohadas y pañuelos. Su alma, sus besos, su gracia, su alegría y su tristeza. Cuando haya que pulsarle la cuerda a la esperanza. O recordar a la hermana de la lumbre en su ternura, desmoronando la angustia de los hombres, manteniendo su pulso en plena llama ante la dura ramazón del odio. A la camarada de siempre, jornalera.
Cuando haya que recordar que se llamó Josefa Teresa sin que casi los jardines la advirtieran. La plana primera con que apostabas con el tiempo tus cabellos; la clineja que arropaba tu garganta niña y el aire despeinando el sueño. Tu ternura, tu donaire y tu sonrisa. Tu mirada en lontananza en busca del lucero. El carriel, las zapatillas y la canastica tricolor, multicolor, guindando oronda en tu cintura. La niña que contigo anduvo, el padre que te compró el primer anillo, los tantos besos que te brindó el Sol, las tantas lágrimas que te largó la vida. El niño que te hizo madre, el pobre que apiadó tu gracia, el lirio que alzaste en tu jardín. El día del pobre, el día del niño, del hombre que gime entre la guerra, que muere en el desierto o tirita en la trinchera; que a tientas busca el pan; que roba entre los hombres, que grita Libertad; que tiene hambre, maldice, se ahoga y se arrepiente; que respira, se abotona y se santigua. El Día del Hombre, del hombre que te trajo para que conocieras a tu madre por la risa. Del niño que estuvo en tu mirada y ahora navega por el mundo vuelto trizas.
Cuando haya que recordarla
Cuando haya que recordarla
Pablo Mora
Cuando haya que recordar el limonero henchido de recuerdos de la primera casa perdida entre la fronda. La tristeza de las piedras que hospedaron las leguas de las mulas. La aldea, la siempreviva, el amor ardiente, los caminos, las veredas. Los borbollones del río crecido en la cintura de los sueños. La calle donde la vida se quebrara en dos, de viaje hacia la nieve. Las locuras mayores de la infancia. Las golondrinas, arrendajos, gonzalitos y turpiales. El primer barquito echado en la quebrada. Las cinco de la tarde, cuando nos guindamos de una estrella. La sopa de frijoles o el piquillo de pescado.
Cuando haya que recordar el primer llanto anudado en la garganta. El latido emergiendo del postigo. La lluvia, la floresta, la neblina. La orfandad, la sombra, los zarzales. El fogón tiznado del olvido. Los místicos rebaños. Los riscos, los soles, las madejas, los regresos. El abrazo bañado por la luz del candelabro. La soledad de nuestro sino. La vieja casa, refugio de penas y alegrías. Cuando haya que recordar que fuimos a pesar del mundo y sus caprichos; que entre la noche de la guerra, del hambre y de la muerte, como gota de lluvia deshojada, la sombra de una casa nos aguarda al pie de un árbol encendido en llanto.
Cuando haya que recordar su caspiroleta, su risa, su sonrisa y coscorrones. Su ceño donde escondía su gracia y su fiereza niña, la infinita lejura, el horizonte. Su celo para que nadie llegara a contagiarnos. Su usted sí es. Váyase a dormir temprano. Mucho cuidado. Que Dios lo bendiga y lo haga bueno. No regrese tan tarde. Córtese ese pelo, esa barba, esos bigotes.
Cuando haya que recordar sus repisas, aderezos y corotos. Sus materos, sus flores, sus almohadas y pañuelos. Su alma, sus besos, su gracia, su alegría y su tristeza. Cuando haya que pulsarle la cuerda a la esperanza. O recordar a la hermana de la lumbre en su ternura, desmoronando la angustia de los hombres, manteniendo su pulso en plena llama ante la dura ramazón del odio. A la camarada de siempre, jornalera.
Cuando haya que recordar que se llamó Josefa Teresa sin que casi los jardines la advirtieran. La plana primera con que apostabas con el tiempo tus cabellos; la clineja que arropaba tu garganta niña y el aire despeinando el sueño. Tu ternura, tu donaire y tu sonrisa. Tu mirada en lontananza en busca del lucero. El carriel, las zapatillas y la canastica tricolor, multicolor, guindando oronda en tu cintura. La niña que contigo anduvo, el padre que te compró el primer anillo, los tantos besos que te brindó el Sol, las tantas lágrimas que te largó la vida. El niño que te hizo madre, el pobre que apiadó tu gracia, el lirio que alzaste en tu jardín. El día del pobre, el día del niño, del hombre que gime entre la guerra, que muere en el desierto o tirita en la trinchera; que a tientas busca el pan; que roba entre los hombres, que grita Libertad; que tiene hambre, maldice, se ahoga y se arrepiente; que respira, se abotona y se santigua. El Día del Hombre, del hombre que te trajo para que conocieras a tu madre por la risa. Del niño que estuvo en tu mirada y ahora navega por el mundo vuelto trizas.
domingo, 9 de junio de 2013
VUELO DE TURPIALES
VUELO DE TURPIALES
Entre los vaivenes del dolor
la huella, la memoria imborrable de unos angelitos
De lo alto de la cumbre y la neblina
volaban los turpiales a sus nidos;
viajaban en amores confundidos
en busca de su vida peregrina.
Contaban con su suerte cristalina,
con sus cantos de amor estremecidos;
soñaban con sus sueños escondidos
al pie de la enramada campesina.
De pronto un viento tropezó en raudales
y en brusco giro les truncó su canto,
su vida y su ternura y su alborada.
Y en un vuelo de cóndores zagales
consiguieron a Dios en pleno llanto
llorando por su tierra destrozada.
Pablo Mora
9 de Junio de 1984
miércoles, 29 de mayo de 2013
HICIMOS LA MOCHILA
PABLO MORA
Poeta venezolano, finalista de la Primera Marathon Electrónica de Poesía 1998 organizada por la Fundación de Poetas. A continuación, su trabajo premiado.
HICIMOS LA MOCHILA
y nos volvimos vagabundos Apoyamos las palabras sobre la sangre Cargamos los dados en la apuesta Arrestamos al viento al sol las mariposas Supimos del alma del silencio de la piedra que alguna vez fue estrella del sagrado terror de la locura Fuimos un retrato del alma de la tierra Dejamos pasar la noche por encima de nosotros mientras las islas no se cansaban de bañarse Nos hicimos a la lluvia Matamos la tristumbre Rompimos alfileres paraguas y repisas Inventamos ratos penas alegrías y tardanzas Echamos un vistazo al mundo Nos provocó quedarnos solos en la tierra Faltó ponerle trampas a la muerte http://blinda.hotusa.org/olimpiadas/mora.htm
http://blinda.hotusa.org/olimpiadas/mora.htm
http://blinda.hotusa.org/olimpiadas/mora.htm
Generación Almada
Generación Almada
A la Generación Almada*
A la Poesía, Sociedad Anónima
A las cuatrocientas salidas del asendereado caballero
Ahora mira la lluvia esparcida por el mes de noviembre,
las luces de la ciudad
y el dinero que cae en migajas los sábados a las seis,
espera
el despertar temible de Iberoamérica
y comienza a peinarte, a salir a la calle, a seguir
laborando por todos
los que callan, y avanzan, y protestan y empuñan
la luz como un cuchillo o la paz como un fusil.
Blas de Otero: Escrito con lluvia.
De claro en claro
Ardidura chamuscada, cuello de tierra, voz de la tierra, dulzumbre, admiración, muerte arrinconada, flauta de huesos, todo huesos, enjuto rostro, de carnes seco, atarantado, descuadernado, desabrochado, desencajado, estrafalario, inaudito, extraño, firme en arrestos y en palabras, por todo lo descubierto de la tierra, avalancha, trueno, tempestad, imparable sobre el sueño. Testigo de la noche primigenia, en vuelo de latidos y esperanzas, quimeras, necedades, desatinos, encaje del mar juvenecido, lujuria del alba descubierta, pena capital de la belleza; aventura crispada de milagros, grito salpicando en la garganta, nunca jamás la lumbre acuartelada. Roble sideral, valiente, comedido, sufridor de trabajos y de encantos, a los pies de la muerte y la derrota, funda la sinrazón mientras fulgura. Amorosa insensatez los gigantes, irreales horizontes. Ciñe en la noche el pávido lucero, la encendida razón de la locura, mantiene en alto la memoria en cierne, su tea en lucha sin cesar contra los males, por la transida plenitud del sueño, velando a pensamientos desatados.
Vive fuera de sí o muy adentro, sabe el tamaño exacto de la pena, conoce el lado oscuro de la rosa y la terrible majestad del pan. De lumbre en lumbre, en orfandad suprema -hijas de los trigales y las piedras-, su cólera y ternura vagando andan por campos farallones y veredas. Vigilia del asombro detenido, marchándose de prisa sin moverse, estatua en soledad, en estampida, remontando hacia adentro de la lumbre, entre umbrales abrojos y neblinas, subterránea fuente al descubierto.
Noche a noche, de claro en claro y de turbio en turbio. Desde la noche, hacia la noche -reina negra-, profunda, eterna. Atención, vigilia, cuido. Todo, nada, fuerza, gravedad, olvido, abdicación, presencia extraña, serpiente, delicia, monstrua bella, atroz. Crepúsculo, razón, delirio. Incendio, brasa, quemadura, Amoroso intercambio de una ronda.
Revelación. Asombrada luz. Carne, redención, fracaso, gloria o esplendor. Sudar la noche. Vivir el morir. A pesar, en contra de la nada y de la muerte, tarde para los dioses, prontos para el ser. Rampante sombra. El gozo, la lujuria, la partida. Distensión del alma. Pozo sulfuroso, cenagal de sangre. Alfabeto pecaminoso, desordenado, asestado. Dos veces, dos notas, doble, triple línea, en el mismo lugar. Aria breve. Tarde en celo, en sueño.
Justo un toque de campanas para alborotar plumajes. El vientre, el útero, un modo de estar, de preservar los mil ojos de la memoria, el orden cósmico, el magma, la visión, el timbre, los arpegios. Uno más engarzado en la alambrada; vibrando en el camino, el clamor del hombre, su alarido, su gozo eterno, su asombro inextinguible, el vino, el himno de la vida, itinerario, término, confín, halando al mundo.
Razón de la locura
Sacando cuentas, esperando olvidos. Sintiendo las tinieblas y el relámpago. El ansia desgarrada de la luz. El canto, el rezo, el grito, el alarido. El coro, la canción, el griterío. El aullido terrible de los hombres. En el lugar del hambre todavía. En el lugar del grito todavía. A la espera del juicio, la sentencia. Frente a todos los triunfos y derrotas. Nos espera la sombra de la estrella. Primero fue el barro. Y el barro se hizo llanto. Siempre fue el llanto y estamos en el llanto. Seguimos en las sombras todavía. Al pie del grito. Vivos, en este barro todavía. Crujientes vendavales milenarios. Los pliegues de los siglos cabizbajos. Alarido crispado en huracán. Entre noches de pálpito y conjura nos quedamos de pronto sin presente, sin futuro, sin fe, sin osadía. Desde el fugaz umbral de los fogones, crepitando en enigmas postergados, pregunta que pregunta por el hombre, por la transida plenitud del sueño, la encendida razón de la locura.
Grito de hombre o de mujer. Grito perdido en los tejados. Grito del tiempo desguazado. Grito en soledad encabritada. Grito de guerra dolorida. Grito de rabia desplomada. Grito de demencia asqueada. Grito de hombre, de mujer. Grito de todos, grito macho. Grito hembra, hermafrodita. Grito, aullido, hambre a gritos. Grito, reto en el lugar del grito. Grito en la palabra, en el coro. Grito, en la canción asombro. Grito en el riel, en la barriada. Grito insomne al descubierto. Grito espeluznando la antigua noche. Grito salvaje, eterno, zigzagueado. Grito alzado rodando por la calle. Grito, visión, misterio, subversión. Grito, magma, hojarasca, huracandad. Grito volcánico, auroral, carnal. Grito greda, alma, fragua, tempestad. Grito cósmico, faro, barro alzado. Grito macho, hembra, hermafrodita, flor. El grito a sangre y fuego, a paso largo, capaz de amar, capaz de armar la paz.
Esta es la sombra antigua repitiéndose, por fin él ocupándose del hombre, el hombre, pincelazo en el paisaje, ara de dolor, barro, claroscuro, como un faro en mitad del ventisquero, mochuelo en las tronadas de la noche, abandonado al agua y sus quimeras, el hombre en ventanuras del azul sobre los fogonazos de sus huesos, delirante al acecho de otra aurora sobre la polvareda de los sueños, entre borrasca, grito y alborada, locura al cinto en lucha con su pena, andando, andando, andando, andando, andando.
Por obra y gracia del asombro el hombre, el hombre, rayo que arde en la tormenta, alarido crispado, verbo, cosmos, el hombre a punta de hombre y tempestad, el hombre, simplemente el hombre yendo, en paz consigo, con su pena al hombro, al descubierto, hermano universal, ceniza, granizada en singladura, en pulpa, en hueso, en lluvia, en soledad, semilla germinal a la intemperie, resistiendo en la tierra de la noche como un árbol al pie de la tormenta, asombro a la intemperie, al descubierto, insomne, terminal, asombro insomne.
Proviene de una despeñadura enloquecida. Insinúa una suave sonrisa divinal. Respira la celeste mirada de su sol. Consume la agónica tristeza de las hojas. Interpreta la silenciosa huracandad del tiempo. Cavila debajo de la noche y la tormenta. Desangra en las cinco parcelas de la Tierra. Agoniza en la nieve, en el llanto y en el plato. Cabalga con toda la tristumbre de los montes. Transita en tempestades mundanal miseria. Maldice las horrendas torturas del hermano. Consagra la levadura eterna de los panes. Conoce los pasos permanentes de la sombra. Despliega temores, ramalazos y portentos. Se agita en el fuego bravío de la mar. Mendiga la lumbre de la gota en el alambre. Quisiera recuperar el curricán perdido. Tritura las indómitas fieras que lo acosan. Renace de entre la podredumbre de la fosa. Se entrega en las redes de un tiempo submarino. Violenta volcánico la luz de otras estrellas. Arremete contra la infancia alada de las rosas. Se astilla ante el antiguo malecón del puerto. Desgarra el alma fulgurante de la flor. Se aferra a las entrañas de su viejo pan. Desguaza furente el huracán en alta mar. Desgaja las indomables fauces de la sombra. Se eterniza sepultado en la fragua de la guerra. Mientras yace en su sombra, apenas ilusoria, nos acusa, nos grita y nos reclama.
La risa le va durando hasta más allá de la Mancha.
Armaduras y luceros
Rodeados de pueblo, de malhadados libros, combatientes, versos perdidos, arrugados, rumiando hierba fresca, fusiles, cadenas, sudando a mares, leyendo historia e injusticias, objetos usados, apreciados, despreciados, noche arriba, sueño arriba, indios, buitres, poemas y canciones, vomitando salmos, cuevas, miedos y luciérnagas, soltando armaduras y luceros, entre el río, caminando, soñando, trashumando, limpiando dolores, asperezas, arrebatos, silenciosa, lenta, apresurada, exactamente, cantando, silbando, arborescentes, telúricos, orquídeos, amarantos, bosques eternos, en tempestad de sueños aurorales, bebiendo a grandes tragos, lanza en ristre, verso a verso, texto a texto, imágenes, voces y visiones; pendencias, batallas, riñas, agresiones, desafíos, a libertad por todos los caminos.
Barro modelado, soplado, savia, cicuta, dolor, llanto, locura, cruce de vientos, jaula poblada de caminos, sombra vagabunda, confundida, ráfaga inaudita, lacerada carne del sentido, lodo desolado, lo oscuro, lo que quema, lo que ata, ladridos del silencio, alud de gritos, pasos sobre los sueños, alucinamiento de vacío, abordaje, cosmos sin término, esperanza acuchillada, de puntillas, nueva voz, cauce nuevo, dorada comarca, ovillo luminoso, reverso del reloj, desvelo, turbulencia, sinrazón, palabra vieja, nueva, fecunda noche, recuerdo ensombrecido, hambremar en vuelo, tiempo prohibido, sombra loca, tecla enloquecida, deshojado día, minuto, grieta, instante a la deriva, al escondido, imagen saturada, fuego de cosechas, entraña recorrida, sudor, curso, viento, luchafuego, perraje angelical, valerosa fe, noche por venir, futuro pie, flujo, entrega, paso eterno, colores vagabundos, sonrisa de acuarela, mansa presencia, leve agitación viniendo, enderezando, yendo, no lo siendo, una coma sin bolsillos, vacío, derrumbe íntimo, penumbra antigua, sin saber qué hacer con tanta lluvia en el pañuelo, itinerario, encanto, otra eternidad, confín, a tientas, en busca de un lugar, sucios, descalzos, ángeles, laya sideral, figura triste, entreverado loco, capricho niño, salvaje enredadera, humo que se aleja, ascenso del ave, flor abierta, ola desierta, costa desierta, huella desierta, valiente, leal, devota, fiel, rostro emputecido, carcomida letra, mayúscula de América susurrando sus secretos, reptiles traspasando la frontera.
Aldea de pájaros bajo el costado izquierdo, a lo Guaicaipuro, sin franela, sin cadenas, sin escopeta pero sin miedo: brazoflecha, canción primigenia, canción para siempre, convocados sólo por el desafío, desnudos como la rabia, ebrios de futuro y de júbilo, algo entre tanto pueblo, algo de la región florentina, indeleble gota del Arauca, triunfales en el reto y la porfía; primos de Tamanaco, palabrarma, furia, gentileza, tierra brava, tierra de polvo y de agua; palabrapueblopólvora, desierto, mar, pozo, no paisaje manso, patria preñada de coraje, agravios, sinrazones, aventuras, dulce imperio… lugar, míresele por donde se lo mire, forjado a fuerza de victoria y victoria y más victoria alzada, almada.
Almácigos en guardia
Samain diría el aire es quieto y de una contenida tristeza. El Hidalgo dice hoy la Muerte está soldando cada lindero a cada hebra de cabello perdido, desde la cubeta de un frontal, donde hay algas, toronjiles que cantan divinos almácigos en guardia. Las manos avanzan de diez en fondo, desde un martes cenagoso que ha días está en los lagrimales helado. Y preguntamos por el encuentro absoluto, por cuanto pasa de aquí para allá. Por haber sido niños y también por habernos juntado mucho en la vida, reclusos para siempre nos irán a encerrar. Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría que no lo estáis. Pero, en verdad, estáis muertos. Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Bomba aburrida del cuartel achica tiempo tiempo tiempo tiempo. Piensa el presente, guárdame para mañana mañana mañana mañana. Aguardemos así, obedientes y sin más remedio, la vuelta, el desagravio de los mayores siempre delanteros dejándonos en casa a los pequeños, como si también nosotros no pudiésemos partir. ¿Aguedita, Nativa, Miguel? Llamo, busco al tanteo en la oscuridad. No me vayan a ver dejado solo, y el último recluso sea yo. Busco volvver de golpe el golpe. A su halago, enveto bolivarianas fragosidades. Lloro en mi mano, recuerdo, escribo y remacho una lágrima en mi pómulo. Oh las cuatro paredes de la celda. Oh las cuatro paredes albicantes que sin remedio dan al mismo número. Amorosa llavera de innumerables llaves, si vieras hasta qué hora son cuatro estas paredes. Sólo yo me voy quedando con la diestra en alto, en busca de terciario brazo que ha de pupilar, entre mi dónde y mi gallo incierto. Es posible que me persigan hasta cuatro magistrados. Es posible que me juzguen pedro. Alfan alfiles a adherirse a las junturas, al fondo, a los testuces, al sobrelecho de los numeradores a pie. Tal el tiempo de las rondas. Tal el del rodeo para los planes futuros. Cristiano espero, espero siempre de hinojos en la piedra circular que está en las cien esquinas de esta suerte tan vaga a donde asomo. Quién sabe madrugada. El cancerbero cuatro veces al día maneja su candado, chancea con los presos. Por entre los barrotes pone el punto fiscal, inadvertido, a la pista de lo que hablo, lo que como, lo que sueño. Quiere el corvino ya no hayan adentros, y cómo nos duele esto que quiere el cancerbero. ¿Puedo decir que nos han traicionada? No. ¿Qué todos fueron buenos? Tampoco. En la celda también se acurrucan los rincones. Y me retiro hasta azular, y retrayéndome endurezco, hasta apretarme el alma. Es de madera mi paciencia, sorda, vegetal. Esta noche desciendo. Rocinante me desciende, ante la puerta de la casa, donde me despedí con el cantar del gallo. Está cerrada y nadie responde. Llamo de nuevo, y nada. Callamos y nos ponemos a sollozar, y el animal relincha, relincha más todavía. Oh voces y ciudades que pasan cabalgando en un dedo tendido que señala a calva Unidad. Amémonos los vivos a los vivos, que siempre no estaremos como estamos. Jamás, hombres humanos, hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera, en el vaso, en la carnicería, en la aritmética! Jamás tanto cariño doloroso, jamás, tan cerca arremetió lo lejos. ¡Ah!, desgraciadamente, hombres humanos, hay, hermanos, muchísimo que hacer. Cuándo nos veremos con los demás, al borde de una mañana eterna, ¡desayunados todos! Si lloviera esta noche, retiraríame de aquí a mil años. Mejor a cien no más. Como si nada hubiese ocurrido, haría la cuenta de que vengo todavía. Nunca, sino ahora, supe que existía una puerta, otra puerta, y el canto cordial de las distancias. ¿Hasta dónde me alcanzará esta lluvia? Hay siempre que subir ¡nunca bajar! ¿No subimos acaso para abajo? Canta, lluvia, en la costa aún sin mar! Calla, crepúsculo futuro, y recógete a reír en lo íntimo de este celo de gallos ajisecos soberbiamente, soberbiamente ennavajados. ¡Cae agua de revólveres lavados! Vamos, pues, compañero; nos espera tu sombra apercibida, nos espera tu sombra acuartelada. Todo aparentemente sigue igual. Camaradas, varios días el viento cambia de aire. Como insomnes almácigos en guardia, en la cárcel con sueño de esperanza, estará nuestra sombra cuestionando. Esto es urgente, el tiempo apremia, el día. ¡Hasta cuando volvamos! ¡Hasta siempre! Y entonces tocarás cómo tu sombra es ésta mía desvestida y entonces olerás cómo he sufrido. Sobre el hosco muñón de la tristeza, sólo tu brazo, ciego en el vacío.
Sin coraza fiel ni limpio acero
A tientas viaja, a espaldas de su sombra. Con amplias tiendas en Marte y en la Luna, desolada, la tierra sólo es queja, lamentación, huracandad y grito, sin árboles, sin lagos y sin nieves; sin huertas, sin almácigos, sin hombres. Apenas duerme el sol en altas cimas, al lado del rugido de los vientos, en noche sepulcral, horrenda y fría, lecho de fauces, fosas y lamentos. Soledad, soledad, la de la tierra, con sólo el sol soldado y centinela. Casi sueño, el hombre, sombra de paso por la noche en sombra, árbol sin tierra, fuego entumecido. El agorero llanto de los pájaros esconde en su garganta la cigarra -guitarra augusta en forestal plegaria-. Mañana cuando tornen las luciérnagas, el sol sobre la copa de los árboles brindará por el sueño de los hombres, por el canto del bosque y sus caudales, porque regresen todos los caminos y sol y nieve sigan siendo hermanos.
A ciegas cada noche o en vigilia, reconocemos nuestra casa entre la luz de los postigos. Una que otra luciérnaga alumbra la esperanza. El aire bailotea en la espesura, los gallos poco a poco se despiertan y echan al voleo su largo canto. Todo debe ir con acento cuando la vida de regreso llama, cuando se aclaran todos los caminos. Buscaremos todo, al final encontraremos nuestro viaje. Iremos al paso de una sombra. Modo de jugar a muerte, a noche, a vida. Juego antiguo, incógnito, perdido, para asaltar el alba ante el altar del viento enfurecido. Si supiesen los hombres del camino, tornarían repletos de regresos. Si el hombre se midiese con el viento, sabría que todo pasa como el sueño.
Benignas sean las horas nuevas. Benigno el campo, los hogares. Benignos los arados. Benigno el pan multiplicado en paz y en libertad. Benigna la sierra, la arboleda. Un pueblo hambriento confía en sus pasos. Es tiempo de escribir con mayúscula el amor. Es tiempo de que el prado sea más verde. De que aminore el mal, el miedo, la prisión. De que en medio del fogón resplandezca Paz. De que aparezcan otra ley, otro campo, otra ciudad. Otro pueblo, otro trabajo, otra razón. Otro palacio, vida y dignidad.
Inmensa nuestra noche. Nuestra vigilia, inmensa. Nuestra huida de la muerte. Nuestro asombro o noche sepulcral. Donde tanto fue diezmado, desguazado, consumido, arrebatado. Vivos todavía bajo la sombra de la noche, mensajera de misterios. Cabe la lumbre de un amanecer repleto de razones. Al compás de un mismo sueño. Dispuestos a alcanzar el horizonte. Desde estas alboradas soñolientas. Desde el relente de este portachuelo. Vivos bajo el caudal enloquecido. Bajo la lumbre agazapada, el cósmico pavor de la centella. Ante la huerta, jalonando soles, siglos, madrugadas, ventisqueros. Cruzando ríos en noches espantosas. Cruzando mares. Invocando orillas inasibles. Capeando turbias confusiones. Remando entre tifón o torbellino. Después del vendaval, el cataclismo y la vorágine. Después del arrebato. Después del llanto, el miedo, el desespero. El hombre al desamparo de los dioses. A cielo descubierto, galopando tristumbres, soledades y esperanzas.
Asombro el de los magmas furibundos. De mano del lucero. Junto al grano y la simiente. A la derecha de la sombra. Del remolino, el vórtice o corriente. De la sombra a la pena. De la pena al sollozo. Del sollozo al sueño. De la Nada a la Vida. De la Vida a la Muerte. De la Muerte al Misterio. Sobre las entrañas de la noche. Ya sin coraza fiel ni limpio acero. De cara hacia el misterio para siempre. La noche sepulcral donde morimos cuando a nacer apenas empezamos.
Sentencia de Quijotes
Mientras el oráculo inunda con su eco, dejando que el universo se mueva a su alrededor, en la honda noche diluvial de esta hora en que el sueño pertinaz de la vida corre peligro de quebranto, en esta hora tristísima del hombre, en esta hora de guerra planetaria, en la noche de la guerra, del hambre y de la lluvia, donde aparece, gigante, la sombra de la muerte, en este instante estremecido del alba, antes que a Dios le sea fácil matar del todo su obra, empecinados en sus caprichos de que son pocos los que sueñan el mundo, pensando que son sus únicos espectadores, que si dejaran de verlo se moriría, desde sus “Torres de Timón”, con fervoroso asombro, como presentimiento tembloroso del amanecer horrible que amenaza estos arrabales desmantelados, Eduardo, Elis, Sael, Leonardo, Antonio, Octavio, Wiston, Oscar, Carlos, Triunfo; Gabriel, Roger, Miguel, William, Alfredo, Elsa, Lola, Iris, Xiomara, Bettina, Luz Marina, María Luisa, Dora, Meira, Amparo, Ofelia, Mery; Jorge, Tirso, Ciro, Quijano, Sancho, Simón, Alonso, Homero, Luis José, Freddy, Antonio María, Pedro Pablo, Pablo, dos poetas, cinco poetas, diez poetas, veinte poetas, cien, mil, quinientos mil, gallos flacos, desgreñados, cantando juntos a la vez, Quijotes de la Tierra, a coro en el asombro, en soledad centenaria, trasnocharán, hasta que la noche gastada se quede en los ojos de los ciegos y nuevamente el mundo sea salvado.
Alzados en almas, al rincón del fuego, de este infierno, este fango, este fondo, presidio, cementerio o noche albada, a golpes, sin silencio, sin remedio, conscientes de que se habrá logrado una real conciencia de clase, alcanzado una sociedad más justa y un modelo de democracia directa cuando los oprimidos de todaspartes aprendamos a decir no, a objetar lo que no conviene; a negar todo orden que vaya en detrimento de nuestros derechos originales; cuando el grito negador-creador recorra las fronteras desde aquí, desde los almendros, los eucaliptos y las azoteas, desde aquel lado de la oscuridad, desde dentro del socavón y de la lluvia, desde el Rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda, hasta Lanzarote del Lago y Amadís de Gaula, Felixmarte de Hircania y Don Belianís de Grecia; desde las soledades sonoras de los Andes hasta las azules somnolencias de los Alpes; desde las galopantes regiones esteparias hasta los calcinantes sueños de las cálidas arenas; desde las septentrionales águilas nevadas hasta las vallejianas resonancias proletarias de las quenas; desde los espejos enterrados del alma hasta los confines donde, tal vez afuera, lejos de la tierra, titilen las estrellas; desde el Caño de la Guacharaca hasta el Raudal del Muerto, desde el Río Bravo hasta la Tierra del Fuego, desde un lugar de la Mancha hasta la eternidad; convencidos de que el despertar no es otra cosa que el fruto de la resistencia cultural de los pueblos indios y afrodescendientes que llevan más de quinientos años dando la pelea al invasor; de que los sueños no aceptan prólogos ni epílogos, de que hay mucho por hacer, mucho por corregir y todo por inventar, hasta asegurar el camino a una sociedad intercultural y equitativa, plena de individuos libres y felices… a punta de belleza y de locura, sobrevivientes de la muerte cotidiana sin sentido, frente al brutal mundo de la contrautopía, limpias las armas, de galope y aprisa, con adarga, celada y suerte almados, con seco y polvoroso rostro, con gentil talante, embrazada vida, persuasión, proeza, palabralanza en mano, embelleciendo y subvirtiendo todo acoso, alienación, diatriba; seguros de que no morirá la flor de la palabra y menos su jardín, donde aclaran los abismos, la palabra insomne, los cuarenta mil millardos de millas de hombres luz; gozosos en una pompa de jabón donde caben, enteritos, todos los sueños; mientras esperan que la noche no sea propiedad de los lobos solamente y sí ferviente procesión de altaneras madrugadas; venidos de la noche, yendo hacia la noche, mordidos por la alegría, heridos, tras las huellas del sol; unidas las manos para que el mundo no esté en pocas manos sino en todas las manos… ensartando éstos y otros tantos disparates, fantásticas, increíbles desventuras, sentencian que decir es fundar, derribar gigantes y dragones, que la palabra que se escribe sobre el papel es más duradera que el mármol, más resistente que el bronce y más efectiva contra la opresión que el fusil y la pólvora; que los tambores transmiten la buena nueva: los invasores no son inmortales; que se trata de vivir contra morir.
Plegaria cósmica
Más allá del cosmos, de cara al sol y desde oriente; al norte, al este, al sur, al oeste, galaxias, soles, astros, montes, dioses, rogad por nosotros, por el huracán y la gaviota, por las mil cruces siderales, por las luciérnagas sin noche, por el aullido, el grito, el griterío, por las primaveras encendidas, por los ocupados y confusos, por las alas rotas en el itinerario, por los presagios alumbrados, por los justos para que enciendan de nuevo sus milagros, por la piedra, el enigma, el insomne, el insomnio y el asombro, por el plenilunio enamorado de noches que no acaban, durante mil años después del mundo, las latas, los ejércitos batracios.
Por la espalda -trozo hambriento y desgreñado-, por el castigo siempre miserable, por la meca, el muro, sus nichos y la cúpula dorada, por el delirio de los sanos ojos, por la lengua pegada al paladar del tacto, por el padre nuestro, el odio nuestro, el mártir nuestro, la horca, el yugo, el verdugo y la palabra huérfana, por el pus latiéndole a la herida, sobre el vientre de la tierra desguazada.
Por el escalofrío del que reza a pie, de rodillas, de dorso, de frente, de perfil, inverso, adverso, por los opacos, roñosos, divinos arrepentidos, fatigados guerrilleros, héroes, vueltos, pesados, entregados; por el rastro del abecedario, por la babel y el sinsentido, por el cascabel encigarrado, por la boca, el acero, la alambrada.
Por el arroyo, arrullo del mutismo, por el malvado, el humilde, el ángel, el humano redimido, por la salamandra, el limpia casas, por el cocodrilo, el ciempiés, la iguana, por el misterio de la alondra ennegrecida, por los que follan, almuerzan, se abotonan, por la sombra insomne de esta noche incierta, por los extáticos, los desnudos, los relámpagos; por el sueldo micro o el sin sueldo, por los olores, los sabores y los panes, por el ladrón enriquecido, empobreciendo, por el desnudo, el suspiro y el empeño, por las veredas del gusano, por el santuario, cotizaciones y valores, por los celulares vertebrados capitales, por los descosidos, los distintos, los vestidos.
Por los azules excrementos, por los fuegos, por las lenguas, por los dioses, por el remanso estremecido, por el ligero, el inevitable, el insolente, por el indicativo, imperativo, activo, impertinente o desactivo; por el barro, sus flores, sus simientes, por las mutilaciones, los rodeos, las posiciones, por los cumplimientos e incumplimientos, por los canallas, las sospechas, por los bastardos y bribones, por los asquerosos y cobardes.
Por los borbotones, los impotentes y reversos, por los inocentes, los helados, los repletos, por los rotos, los usados, los doblados, los desgarrados, los caídos, encarnados, por la apetencia, la brecha, la vereda, los caminos, por el pan escaso y la avaricia pronta, por la calma, la borrasca o la herejía.
Por las tortillas, las especias, los emplastos, por los terremotos, los rosarios, los bordones, por el gemido, el grito, el alarido, por el envuelto, el quieto y el inquieto, por el furor del viento, por el incrédulo, el silbante y el creyente, por el pleito vuestro y nuestro, por la maleza incierta, por el enredo, la resaca, el miedo, por el desaguadero, la desolladura, el pan que sobra, por la cólera, el odio, la inclemencia, por el engaño y el terror y la creencia, por el descubrimiento, encubrimiento, cubrimiento, por la náusea, la quema, las cenizas, por el rayo, el espejo, la muralla.
Por el ciego, el apoyo, el fundamento, por el secreto, la tumba, la palabra, la ventana o la cortina abierta; por el beso, el barro y el planeta, por el envite, el alfarero y el nonato, por los matices y las gasas del silencio, por los pétalos del sol mugiente, por las piernas callejeras salerosas, por las sombras y las luces rotas, por el gargajo, el tártago, el trabajo y el tartajo, por la liebre, por el libre, el blindado y el venado tuerto; por el dado, el perfume y el misterio, por vivir, por morir o estar presentes, por los paréntesis solos moribundos, por las balas, las dudas y las tardes, por los nombres severos de las deudas, por la inclemente soledad del orbe, por la tardanza de quien porta el pan, por el burdel -la cópula perfecta-.
Por las flores que brotarán en las calles de Kandahar, por los presagios fulgurantes del hombre emplumado, por las ventanas que se abren más allá de las oscuras noches, por todas las historias que la ausencia nos cuenta, por quienes cañonean niños en las calles de Najaf y de Falluja, por los imperios rapaces al acecho contra el hombre, por la humanidad en marcha contra la barbarie.
Por el claro misterio de la luz, por el sol de la noche más gozosa, por la amarilla dulzura del oriente, por la tenue caricia de lo incógnito, por la antigua quebrada de la fronda, por la nostalgia vuelta hacia la infancia, por la aurora que se abre en el misterio, por el rayo furente de la vida, por el arroyo que quedó dormido, por la sencillez espiritual de un nido, por el claro sigilo del amor, por la desfachatez del cristofué, por la luz total de nuestras cosas, por la cuajada plenitud del grano.
Por los sonrojados, luminosos luceros catatumbos, mirando de reojo, por el viento durmiendo entre los árboles o a la intemperie el niño; por la emoción de quien anhela el mar desde su aldea, por el tiempo desafiando la fiesta de los hombres, por los cuentos y mitos en sombras de alborada, por la fruta y el sabor de sus perfectas mieles, por la dulce soledad del tiempo manso; por el himno triunfal de la alegría, por la lumbre amarilla del camino, por estos girasoles que nos miran, por la vida esa gloria suspendida, por el fulgente camino de la luz, por embriagar de luz la eternidad.
Por la nieve que duerme allá en Saluggia, por la nieve que nunca vio mi aldea, por la canción de cuna de la nieve, por la inmensa dulzura de la nieve, por el niño dormido entre la nieve, por el retorno eterno de la nieve; por la muerte sin tregua construida, por lo que está perdido, va o termina, por el hombre que gira con el día, por el hombre sin tiempo ni sin fin, tan sólo un animal desconocido.
Por la mágica mutilación, el afinamiento primordial, el sentido del sinsentido, camino y universo y atalaya; por el arma celeste, la palabra, para fundar un mundo para el nido, manos abiertas, pájaro en vuelo, con hambre de luz para la siembra.
Por el postigo y su presagio cuervo, por los instantes, cienes y millardos, los izquierdos, los neutros, los derechos, por lo oscuro, lo ralo, por lo ebrio, por lo hembro, lo sobrio, por lo macho, por las piedras, cimientos y cuadriles, por las señales de la santa lluvia, por quebradas, florestas, renacuajos, por los solteros, cuerdos y borrachos, por la tos, la sonrisa y las estrofas, por la guerra, la paz, por los de arriba, los del centro, sin nada, los sin heces, los de abajo, de cara al sol de oriente, por la última estrella que veremos.
Por la buenaventura de la rosa, por el atardecer de los venados, por el alma llanera dulcecita, por la primera labradora a pie, por mí, por ti, Tolú y la Trifaldi, por la casa en el aire y en el suelo, por la varilla de llegar al cielo, por los guaduales cuando van al río, por la hazaña, la fama que eternice, por la soberbia Kalamary en celo, por Darío Fray Luis y sus versiones, por la lujuria del primer jardín, por la guabina santandereana, por las penas del río cuando brise.
Por el tiempo que dura la agonía, por las espadas ángeles y aldeas, por todos los resabios rocinantes, por el plural con una sola sombra, por el poema aquel inagotable, por el misterio del divino loco, por la noche que se arma en ciego sueño, por la puerta falsa del corral de campo, por los cuchillos de la lluvia a secas, la amenaza del gato en pleno hechizo, por el barco encantado y sus aceñas, por los dos golpes a la endeble espada, por la razón y sinrazón del viento, por el sordo pecado de la luna.
* Razón de ser: confabulación tachirense
En octubre del año 2000, después de un buen par de pininos, sobre el banco de la paciencia, la escalera o la barricada, irrumpe en la ciudad de San Cristóbal, Estado Táchira, Venezuela, un verdadero complot contra la pululante abulia literaria. “Nadie Nos Edita Editores” es nombre-eslogan-escudo para el trajín de los neo-conspiradores y sus primeros dardos-poemarios. Toman una de las emisoras de radio con “Después de Misa”. Para salvarse de los espantos de la media noche y para “meterle el dedo en el ojo al silencio” fundan Los Jueves Inéditos. Coleccionan sus libros en Dragones de Papel. Piensan en un periódico propio y al instante aparece la Revista Sujeto Almado (1), con versión electrónica, advirtiendo de entrada que es peligroso asomarse a su interior. Chucho (Freddy Ñáñez), el fundador, el motor de tal confabulación.
El Grupo entra en acción, se instala justo en los albores del siglo XXI con el firme propósito de constituirse en hito fundacional capaz de pasar la página de la reivindicación de la nueva poesía tachirense. Haciendo honor a significativos testimonios culturales como la BATT (Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses), La Cueva Pictolírica, el Grupo Literario El Parnasillo, el Taller Literario Zaranda, el Periódico Voz y Rima, El Árbol Editores, la Peña Manuel Felipe Rugeles, deviene en verdadero zaguán por donde la nueva literatura regional tachirense responde por el nuevo texto de los nuevos tiempos. A un lustro de vida, es ya bisagra natural dispuesta a fundir y multiplicar, sinérgicamente, los frutos hasta ahora cosechados en uno y otro ámbito. A través de la pulcra presentación de Sujeto Almado, asistimos periódicamente a un permanente debate ideológico-literario que oscila entre los vericuetos de la razón poética y los intríngulis descaradamente dolorosos del saqueo hegemónico mundial.
Estamos, así, delante de un Movimiento que apuesta a la belleza y la locura, únicos argumentos para sobrevivir a la muerte cotidiana sin sentido. Frente al brutal mundo donde a diario se fortalece la contra-utopía, esgrime la palabra honda, la que embellece y subvierte todo acoso, alienación, diatriba. Muy agazapadamente, se propone inventar nuevos mundos y Apocalipsis. Perfectamente sabe de las falsedades de la Literatura.
¡Y miren si han sido capaces de fundar! Pretenden la refundación del quehacer literario a través de una confrontación participativa, con miras a salirle al paso a la palabra nueva, protagónica, capaz de enarbolarla como verdadera subversión o resistencia ante todo arremetimiento o impune dominación. Desde el incienso hasta el quejido del papel y más allá del viento, mientras inventan pasiones para ejercitarse, mientras se siguen robando el fuego, empuñando la luz como un cuchillo o la paz como un fusil, saben que la ruta es larga, afuera y descalza. Por eso su grito no otro que: ¡Generación Almada! ¡A navegar! ¡A soñar! ¡Hasta embriagar la realidad!
PABLO MORA: POIESOLOGÍA. Feunet. San Cristóbal,2005. 510 pp.
A la Generación Almada*
A la Poesía, Sociedad Anónima
A las cuatrocientas salidas del asendereado caballero
Ahora mira la lluvia esparcida por el mes de noviembre,
las luces de la ciudad
y el dinero que cae en migajas los sábados a las seis,
espera
el despertar temible de Iberoamérica
y comienza a peinarte, a salir a la calle, a seguir
laborando por todos
los que callan, y avanzan, y protestan y empuñan
la luz como un cuchillo o la paz como un fusil.
Blas de Otero: Escrito con lluvia.
De claro en claro
Ardidura chamuscada, cuello de tierra, voz de la tierra, dulzumbre, admiración, muerte arrinconada, flauta de huesos, todo huesos, enjuto rostro, de carnes seco, atarantado, descuadernado, desabrochado, desencajado, estrafalario, inaudito, extraño, firme en arrestos y en palabras, por todo lo descubierto de la tierra, avalancha, trueno, tempestad, imparable sobre el sueño. Testigo de la noche primigenia, en vuelo de latidos y esperanzas, quimeras, necedades, desatinos, encaje del mar juvenecido, lujuria del alba descubierta, pena capital de la belleza; aventura crispada de milagros, grito salpicando en la garganta, nunca jamás la lumbre acuartelada. Roble sideral, valiente, comedido, sufridor de trabajos y de encantos, a los pies de la muerte y la derrota, funda la sinrazón mientras fulgura. Amorosa insensatez los gigantes, irreales horizontes. Ciñe en la noche el pávido lucero, la encendida razón de la locura, mantiene en alto la memoria en cierne, su tea en lucha sin cesar contra los males, por la transida plenitud del sueño, velando a pensamientos desatados.
Vive fuera de sí o muy adentro, sabe el tamaño exacto de la pena, conoce el lado oscuro de la rosa y la terrible majestad del pan. De lumbre en lumbre, en orfandad suprema -hijas de los trigales y las piedras-, su cólera y ternura vagando andan por campos farallones y veredas. Vigilia del asombro detenido, marchándose de prisa sin moverse, estatua en soledad, en estampida, remontando hacia adentro de la lumbre, entre umbrales abrojos y neblinas, subterránea fuente al descubierto.
Noche a noche, de claro en claro y de turbio en turbio. Desde la noche, hacia la noche -reina negra-, profunda, eterna. Atención, vigilia, cuido. Todo, nada, fuerza, gravedad, olvido, abdicación, presencia extraña, serpiente, delicia, monstrua bella, atroz. Crepúsculo, razón, delirio. Incendio, brasa, quemadura, Amoroso intercambio de una ronda.
Revelación. Asombrada luz. Carne, redención, fracaso, gloria o esplendor. Sudar la noche. Vivir el morir. A pesar, en contra de la nada y de la muerte, tarde para los dioses, prontos para el ser. Rampante sombra. El gozo, la lujuria, la partida. Distensión del alma. Pozo sulfuroso, cenagal de sangre. Alfabeto pecaminoso, desordenado, asestado. Dos veces, dos notas, doble, triple línea, en el mismo lugar. Aria breve. Tarde en celo, en sueño.
Justo un toque de campanas para alborotar plumajes. El vientre, el útero, un modo de estar, de preservar los mil ojos de la memoria, el orden cósmico, el magma, la visión, el timbre, los arpegios. Uno más engarzado en la alambrada; vibrando en el camino, el clamor del hombre, su alarido, su gozo eterno, su asombro inextinguible, el vino, el himno de la vida, itinerario, término, confín, halando al mundo.
Razón de la locura
Sacando cuentas, esperando olvidos. Sintiendo las tinieblas y el relámpago. El ansia desgarrada de la luz. El canto, el rezo, el grito, el alarido. El coro, la canción, el griterío. El aullido terrible de los hombres. En el lugar del hambre todavía. En el lugar del grito todavía. A la espera del juicio, la sentencia. Frente a todos los triunfos y derrotas. Nos espera la sombra de la estrella. Primero fue el barro. Y el barro se hizo llanto. Siempre fue el llanto y estamos en el llanto. Seguimos en las sombras todavía. Al pie del grito. Vivos, en este barro todavía. Crujientes vendavales milenarios. Los pliegues de los siglos cabizbajos. Alarido crispado en huracán. Entre noches de pálpito y conjura nos quedamos de pronto sin presente, sin futuro, sin fe, sin osadía. Desde el fugaz umbral de los fogones, crepitando en enigmas postergados, pregunta que pregunta por el hombre, por la transida plenitud del sueño, la encendida razón de la locura.
Grito de hombre o de mujer. Grito perdido en los tejados. Grito del tiempo desguazado. Grito en soledad encabritada. Grito de guerra dolorida. Grito de rabia desplomada. Grito de demencia asqueada. Grito de hombre, de mujer. Grito de todos, grito macho. Grito hembra, hermafrodita. Grito, aullido, hambre a gritos. Grito, reto en el lugar del grito. Grito en la palabra, en el coro. Grito, en la canción asombro. Grito en el riel, en la barriada. Grito insomne al descubierto. Grito espeluznando la antigua noche. Grito salvaje, eterno, zigzagueado. Grito alzado rodando por la calle. Grito, visión, misterio, subversión. Grito, magma, hojarasca, huracandad. Grito volcánico, auroral, carnal. Grito greda, alma, fragua, tempestad. Grito cósmico, faro, barro alzado. Grito macho, hembra, hermafrodita, flor. El grito a sangre y fuego, a paso largo, capaz de amar, capaz de armar la paz.
Esta es la sombra antigua repitiéndose, por fin él ocupándose del hombre, el hombre, pincelazo en el paisaje, ara de dolor, barro, claroscuro, como un faro en mitad del ventisquero, mochuelo en las tronadas de la noche, abandonado al agua y sus quimeras, el hombre en ventanuras del azul sobre los fogonazos de sus huesos, delirante al acecho de otra aurora sobre la polvareda de los sueños, entre borrasca, grito y alborada, locura al cinto en lucha con su pena, andando, andando, andando, andando, andando.
Por obra y gracia del asombro el hombre, el hombre, rayo que arde en la tormenta, alarido crispado, verbo, cosmos, el hombre a punta de hombre y tempestad, el hombre, simplemente el hombre yendo, en paz consigo, con su pena al hombro, al descubierto, hermano universal, ceniza, granizada en singladura, en pulpa, en hueso, en lluvia, en soledad, semilla germinal a la intemperie, resistiendo en la tierra de la noche como un árbol al pie de la tormenta, asombro a la intemperie, al descubierto, insomne, terminal, asombro insomne.
Proviene de una despeñadura enloquecida. Insinúa una suave sonrisa divinal. Respira la celeste mirada de su sol. Consume la agónica tristeza de las hojas. Interpreta la silenciosa huracandad del tiempo. Cavila debajo de la noche y la tormenta. Desangra en las cinco parcelas de la Tierra. Agoniza en la nieve, en el llanto y en el plato. Cabalga con toda la tristumbre de los montes. Transita en tempestades mundanal miseria. Maldice las horrendas torturas del hermano. Consagra la levadura eterna de los panes. Conoce los pasos permanentes de la sombra. Despliega temores, ramalazos y portentos. Se agita en el fuego bravío de la mar. Mendiga la lumbre de la gota en el alambre. Quisiera recuperar el curricán perdido. Tritura las indómitas fieras que lo acosan. Renace de entre la podredumbre de la fosa. Se entrega en las redes de un tiempo submarino. Violenta volcánico la luz de otras estrellas. Arremete contra la infancia alada de las rosas. Se astilla ante el antiguo malecón del puerto. Desgarra el alma fulgurante de la flor. Se aferra a las entrañas de su viejo pan. Desguaza furente el huracán en alta mar. Desgaja las indomables fauces de la sombra. Se eterniza sepultado en la fragua de la guerra. Mientras yace en su sombra, apenas ilusoria, nos acusa, nos grita y nos reclama.
La risa le va durando hasta más allá de la Mancha.
Armaduras y luceros
Rodeados de pueblo, de malhadados libros, combatientes, versos perdidos, arrugados, rumiando hierba fresca, fusiles, cadenas, sudando a mares, leyendo historia e injusticias, objetos usados, apreciados, despreciados, noche arriba, sueño arriba, indios, buitres, poemas y canciones, vomitando salmos, cuevas, miedos y luciérnagas, soltando armaduras y luceros, entre el río, caminando, soñando, trashumando, limpiando dolores, asperezas, arrebatos, silenciosa, lenta, apresurada, exactamente, cantando, silbando, arborescentes, telúricos, orquídeos, amarantos, bosques eternos, en tempestad de sueños aurorales, bebiendo a grandes tragos, lanza en ristre, verso a verso, texto a texto, imágenes, voces y visiones; pendencias, batallas, riñas, agresiones, desafíos, a libertad por todos los caminos.
Barro modelado, soplado, savia, cicuta, dolor, llanto, locura, cruce de vientos, jaula poblada de caminos, sombra vagabunda, confundida, ráfaga inaudita, lacerada carne del sentido, lodo desolado, lo oscuro, lo que quema, lo que ata, ladridos del silencio, alud de gritos, pasos sobre los sueños, alucinamiento de vacío, abordaje, cosmos sin término, esperanza acuchillada, de puntillas, nueva voz, cauce nuevo, dorada comarca, ovillo luminoso, reverso del reloj, desvelo, turbulencia, sinrazón, palabra vieja, nueva, fecunda noche, recuerdo ensombrecido, hambremar en vuelo, tiempo prohibido, sombra loca, tecla enloquecida, deshojado día, minuto, grieta, instante a la deriva, al escondido, imagen saturada, fuego de cosechas, entraña recorrida, sudor, curso, viento, luchafuego, perraje angelical, valerosa fe, noche por venir, futuro pie, flujo, entrega, paso eterno, colores vagabundos, sonrisa de acuarela, mansa presencia, leve agitación viniendo, enderezando, yendo, no lo siendo, una coma sin bolsillos, vacío, derrumbe íntimo, penumbra antigua, sin saber qué hacer con tanta lluvia en el pañuelo, itinerario, encanto, otra eternidad, confín, a tientas, en busca de un lugar, sucios, descalzos, ángeles, laya sideral, figura triste, entreverado loco, capricho niño, salvaje enredadera, humo que se aleja, ascenso del ave, flor abierta, ola desierta, costa desierta, huella desierta, valiente, leal, devota, fiel, rostro emputecido, carcomida letra, mayúscula de América susurrando sus secretos, reptiles traspasando la frontera.
Aldea de pájaros bajo el costado izquierdo, a lo Guaicaipuro, sin franela, sin cadenas, sin escopeta pero sin miedo: brazoflecha, canción primigenia, canción para siempre, convocados sólo por el desafío, desnudos como la rabia, ebrios de futuro y de júbilo, algo entre tanto pueblo, algo de la región florentina, indeleble gota del Arauca, triunfales en el reto y la porfía; primos de Tamanaco, palabrarma, furia, gentileza, tierra brava, tierra de polvo y de agua; palabrapueblopólvora, desierto, mar, pozo, no paisaje manso, patria preñada de coraje, agravios, sinrazones, aventuras, dulce imperio… lugar, míresele por donde se lo mire, forjado a fuerza de victoria y victoria y más victoria alzada, almada.
Almácigos en guardia
Samain diría el aire es quieto y de una contenida tristeza. El Hidalgo dice hoy la Muerte está soldando cada lindero a cada hebra de cabello perdido, desde la cubeta de un frontal, donde hay algas, toronjiles que cantan divinos almácigos en guardia. Las manos avanzan de diez en fondo, desde un martes cenagoso que ha días está en los lagrimales helado. Y preguntamos por el encuentro absoluto, por cuanto pasa de aquí para allá. Por haber sido niños y también por habernos juntado mucho en la vida, reclusos para siempre nos irán a encerrar. Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría que no lo estáis. Pero, en verdad, estáis muertos. Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Bomba aburrida del cuartel achica tiempo tiempo tiempo tiempo. Piensa el presente, guárdame para mañana mañana mañana mañana. Aguardemos así, obedientes y sin más remedio, la vuelta, el desagravio de los mayores siempre delanteros dejándonos en casa a los pequeños, como si también nosotros no pudiésemos partir. ¿Aguedita, Nativa, Miguel? Llamo, busco al tanteo en la oscuridad. No me vayan a ver dejado solo, y el último recluso sea yo. Busco volvver de golpe el golpe. A su halago, enveto bolivarianas fragosidades. Lloro en mi mano, recuerdo, escribo y remacho una lágrima en mi pómulo. Oh las cuatro paredes de la celda. Oh las cuatro paredes albicantes que sin remedio dan al mismo número. Amorosa llavera de innumerables llaves, si vieras hasta qué hora son cuatro estas paredes. Sólo yo me voy quedando con la diestra en alto, en busca de terciario brazo que ha de pupilar, entre mi dónde y mi gallo incierto. Es posible que me persigan hasta cuatro magistrados. Es posible que me juzguen pedro. Alfan alfiles a adherirse a las junturas, al fondo, a los testuces, al sobrelecho de los numeradores a pie. Tal el tiempo de las rondas. Tal el del rodeo para los planes futuros. Cristiano espero, espero siempre de hinojos en la piedra circular que está en las cien esquinas de esta suerte tan vaga a donde asomo. Quién sabe madrugada. El cancerbero cuatro veces al día maneja su candado, chancea con los presos. Por entre los barrotes pone el punto fiscal, inadvertido, a la pista de lo que hablo, lo que como, lo que sueño. Quiere el corvino ya no hayan adentros, y cómo nos duele esto que quiere el cancerbero. ¿Puedo decir que nos han traicionada? No. ¿Qué todos fueron buenos? Tampoco. En la celda también se acurrucan los rincones. Y me retiro hasta azular, y retrayéndome endurezco, hasta apretarme el alma. Es de madera mi paciencia, sorda, vegetal. Esta noche desciendo. Rocinante me desciende, ante la puerta de la casa, donde me despedí con el cantar del gallo. Está cerrada y nadie responde. Llamo de nuevo, y nada. Callamos y nos ponemos a sollozar, y el animal relincha, relincha más todavía. Oh voces y ciudades que pasan cabalgando en un dedo tendido que señala a calva Unidad. Amémonos los vivos a los vivos, que siempre no estaremos como estamos. Jamás, hombres humanos, hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera, en el vaso, en la carnicería, en la aritmética! Jamás tanto cariño doloroso, jamás, tan cerca arremetió lo lejos. ¡Ah!, desgraciadamente, hombres humanos, hay, hermanos, muchísimo que hacer. Cuándo nos veremos con los demás, al borde de una mañana eterna, ¡desayunados todos! Si lloviera esta noche, retiraríame de aquí a mil años. Mejor a cien no más. Como si nada hubiese ocurrido, haría la cuenta de que vengo todavía. Nunca, sino ahora, supe que existía una puerta, otra puerta, y el canto cordial de las distancias. ¿Hasta dónde me alcanzará esta lluvia? Hay siempre que subir ¡nunca bajar! ¿No subimos acaso para abajo? Canta, lluvia, en la costa aún sin mar! Calla, crepúsculo futuro, y recógete a reír en lo íntimo de este celo de gallos ajisecos soberbiamente, soberbiamente ennavajados. ¡Cae agua de revólveres lavados! Vamos, pues, compañero; nos espera tu sombra apercibida, nos espera tu sombra acuartelada. Todo aparentemente sigue igual. Camaradas, varios días el viento cambia de aire. Como insomnes almácigos en guardia, en la cárcel con sueño de esperanza, estará nuestra sombra cuestionando. Esto es urgente, el tiempo apremia, el día. ¡Hasta cuando volvamos! ¡Hasta siempre! Y entonces tocarás cómo tu sombra es ésta mía desvestida y entonces olerás cómo he sufrido. Sobre el hosco muñón de la tristeza, sólo tu brazo, ciego en el vacío.
Sin coraza fiel ni limpio acero
A tientas viaja, a espaldas de su sombra. Con amplias tiendas en Marte y en la Luna, desolada, la tierra sólo es queja, lamentación, huracandad y grito, sin árboles, sin lagos y sin nieves; sin huertas, sin almácigos, sin hombres. Apenas duerme el sol en altas cimas, al lado del rugido de los vientos, en noche sepulcral, horrenda y fría, lecho de fauces, fosas y lamentos. Soledad, soledad, la de la tierra, con sólo el sol soldado y centinela. Casi sueño, el hombre, sombra de paso por la noche en sombra, árbol sin tierra, fuego entumecido. El agorero llanto de los pájaros esconde en su garganta la cigarra -guitarra augusta en forestal plegaria-. Mañana cuando tornen las luciérnagas, el sol sobre la copa de los árboles brindará por el sueño de los hombres, por el canto del bosque y sus caudales, porque regresen todos los caminos y sol y nieve sigan siendo hermanos.
A ciegas cada noche o en vigilia, reconocemos nuestra casa entre la luz de los postigos. Una que otra luciérnaga alumbra la esperanza. El aire bailotea en la espesura, los gallos poco a poco se despiertan y echan al voleo su largo canto. Todo debe ir con acento cuando la vida de regreso llama, cuando se aclaran todos los caminos. Buscaremos todo, al final encontraremos nuestro viaje. Iremos al paso de una sombra. Modo de jugar a muerte, a noche, a vida. Juego antiguo, incógnito, perdido, para asaltar el alba ante el altar del viento enfurecido. Si supiesen los hombres del camino, tornarían repletos de regresos. Si el hombre se midiese con el viento, sabría que todo pasa como el sueño.
Benignas sean las horas nuevas. Benigno el campo, los hogares. Benignos los arados. Benigno el pan multiplicado en paz y en libertad. Benigna la sierra, la arboleda. Un pueblo hambriento confía en sus pasos. Es tiempo de escribir con mayúscula el amor. Es tiempo de que el prado sea más verde. De que aminore el mal, el miedo, la prisión. De que en medio del fogón resplandezca Paz. De que aparezcan otra ley, otro campo, otra ciudad. Otro pueblo, otro trabajo, otra razón. Otro palacio, vida y dignidad.
Inmensa nuestra noche. Nuestra vigilia, inmensa. Nuestra huida de la muerte. Nuestro asombro o noche sepulcral. Donde tanto fue diezmado, desguazado, consumido, arrebatado. Vivos todavía bajo la sombra de la noche, mensajera de misterios. Cabe la lumbre de un amanecer repleto de razones. Al compás de un mismo sueño. Dispuestos a alcanzar el horizonte. Desde estas alboradas soñolientas. Desde el relente de este portachuelo. Vivos bajo el caudal enloquecido. Bajo la lumbre agazapada, el cósmico pavor de la centella. Ante la huerta, jalonando soles, siglos, madrugadas, ventisqueros. Cruzando ríos en noches espantosas. Cruzando mares. Invocando orillas inasibles. Capeando turbias confusiones. Remando entre tifón o torbellino. Después del vendaval, el cataclismo y la vorágine. Después del arrebato. Después del llanto, el miedo, el desespero. El hombre al desamparo de los dioses. A cielo descubierto, galopando tristumbres, soledades y esperanzas.
Asombro el de los magmas furibundos. De mano del lucero. Junto al grano y la simiente. A la derecha de la sombra. Del remolino, el vórtice o corriente. De la sombra a la pena. De la pena al sollozo. Del sollozo al sueño. De la Nada a la Vida. De la Vida a la Muerte. De la Muerte al Misterio. Sobre las entrañas de la noche. Ya sin coraza fiel ni limpio acero. De cara hacia el misterio para siempre. La noche sepulcral donde morimos cuando a nacer apenas empezamos.
Sentencia de Quijotes
Mientras el oráculo inunda con su eco, dejando que el universo se mueva a su alrededor, en la honda noche diluvial de esta hora en que el sueño pertinaz de la vida corre peligro de quebranto, en esta hora tristísima del hombre, en esta hora de guerra planetaria, en la noche de la guerra, del hambre y de la lluvia, donde aparece, gigante, la sombra de la muerte, en este instante estremecido del alba, antes que a Dios le sea fácil matar del todo su obra, empecinados en sus caprichos de que son pocos los que sueñan el mundo, pensando que son sus únicos espectadores, que si dejaran de verlo se moriría, desde sus “Torres de Timón”, con fervoroso asombro, como presentimiento tembloroso del amanecer horrible que amenaza estos arrabales desmantelados, Eduardo, Elis, Sael, Leonardo, Antonio, Octavio, Wiston, Oscar, Carlos, Triunfo; Gabriel, Roger, Miguel, William, Alfredo, Elsa, Lola, Iris, Xiomara, Bettina, Luz Marina, María Luisa, Dora, Meira, Amparo, Ofelia, Mery; Jorge, Tirso, Ciro, Quijano, Sancho, Simón, Alonso, Homero, Luis José, Freddy, Antonio María, Pedro Pablo, Pablo, dos poetas, cinco poetas, diez poetas, veinte poetas, cien, mil, quinientos mil, gallos flacos, desgreñados, cantando juntos a la vez, Quijotes de la Tierra, a coro en el asombro, en soledad centenaria, trasnocharán, hasta que la noche gastada se quede en los ojos de los ciegos y nuevamente el mundo sea salvado.
Alzados en almas, al rincón del fuego, de este infierno, este fango, este fondo, presidio, cementerio o noche albada, a golpes, sin silencio, sin remedio, conscientes de que se habrá logrado una real conciencia de clase, alcanzado una sociedad más justa y un modelo de democracia directa cuando los oprimidos de todaspartes aprendamos a decir no, a objetar lo que no conviene; a negar todo orden que vaya en detrimento de nuestros derechos originales; cuando el grito negador-creador recorra las fronteras desde aquí, desde los almendros, los eucaliptos y las azoteas, desde aquel lado de la oscuridad, desde dentro del socavón y de la lluvia, desde el Rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda, hasta Lanzarote del Lago y Amadís de Gaula, Felixmarte de Hircania y Don Belianís de Grecia; desde las soledades sonoras de los Andes hasta las azules somnolencias de los Alpes; desde las galopantes regiones esteparias hasta los calcinantes sueños de las cálidas arenas; desde las septentrionales águilas nevadas hasta las vallejianas resonancias proletarias de las quenas; desde los espejos enterrados del alma hasta los confines donde, tal vez afuera, lejos de la tierra, titilen las estrellas; desde el Caño de la Guacharaca hasta el Raudal del Muerto, desde el Río Bravo hasta la Tierra del Fuego, desde un lugar de la Mancha hasta la eternidad; convencidos de que el despertar no es otra cosa que el fruto de la resistencia cultural de los pueblos indios y afrodescendientes que llevan más de quinientos años dando la pelea al invasor; de que los sueños no aceptan prólogos ni epílogos, de que hay mucho por hacer, mucho por corregir y todo por inventar, hasta asegurar el camino a una sociedad intercultural y equitativa, plena de individuos libres y felices… a punta de belleza y de locura, sobrevivientes de la muerte cotidiana sin sentido, frente al brutal mundo de la contrautopía, limpias las armas, de galope y aprisa, con adarga, celada y suerte almados, con seco y polvoroso rostro, con gentil talante, embrazada vida, persuasión, proeza, palabralanza en mano, embelleciendo y subvirtiendo todo acoso, alienación, diatriba; seguros de que no morirá la flor de la palabra y menos su jardín, donde aclaran los abismos, la palabra insomne, los cuarenta mil millardos de millas de hombres luz; gozosos en una pompa de jabón donde caben, enteritos, todos los sueños; mientras esperan que la noche no sea propiedad de los lobos solamente y sí ferviente procesión de altaneras madrugadas; venidos de la noche, yendo hacia la noche, mordidos por la alegría, heridos, tras las huellas del sol; unidas las manos para que el mundo no esté en pocas manos sino en todas las manos… ensartando éstos y otros tantos disparates, fantásticas, increíbles desventuras, sentencian que decir es fundar, derribar gigantes y dragones, que la palabra que se escribe sobre el papel es más duradera que el mármol, más resistente que el bronce y más efectiva contra la opresión que el fusil y la pólvora; que los tambores transmiten la buena nueva: los invasores no son inmortales; que se trata de vivir contra morir.
Plegaria cósmica
Más allá del cosmos, de cara al sol y desde oriente; al norte, al este, al sur, al oeste, galaxias, soles, astros, montes, dioses, rogad por nosotros, por el huracán y la gaviota, por las mil cruces siderales, por las luciérnagas sin noche, por el aullido, el grito, el griterío, por las primaveras encendidas, por los ocupados y confusos, por las alas rotas en el itinerario, por los presagios alumbrados, por los justos para que enciendan de nuevo sus milagros, por la piedra, el enigma, el insomne, el insomnio y el asombro, por el plenilunio enamorado de noches que no acaban, durante mil años después del mundo, las latas, los ejércitos batracios.
Por la espalda -trozo hambriento y desgreñado-, por el castigo siempre miserable, por la meca, el muro, sus nichos y la cúpula dorada, por el delirio de los sanos ojos, por la lengua pegada al paladar del tacto, por el padre nuestro, el odio nuestro, el mártir nuestro, la horca, el yugo, el verdugo y la palabra huérfana, por el pus latiéndole a la herida, sobre el vientre de la tierra desguazada.
Por el escalofrío del que reza a pie, de rodillas, de dorso, de frente, de perfil, inverso, adverso, por los opacos, roñosos, divinos arrepentidos, fatigados guerrilleros, héroes, vueltos, pesados, entregados; por el rastro del abecedario, por la babel y el sinsentido, por el cascabel encigarrado, por la boca, el acero, la alambrada.
Por el arroyo, arrullo del mutismo, por el malvado, el humilde, el ángel, el humano redimido, por la salamandra, el limpia casas, por el cocodrilo, el ciempiés, la iguana, por el misterio de la alondra ennegrecida, por los que follan, almuerzan, se abotonan, por la sombra insomne de esta noche incierta, por los extáticos, los desnudos, los relámpagos; por el sueldo micro o el sin sueldo, por los olores, los sabores y los panes, por el ladrón enriquecido, empobreciendo, por el desnudo, el suspiro y el empeño, por las veredas del gusano, por el santuario, cotizaciones y valores, por los celulares vertebrados capitales, por los descosidos, los distintos, los vestidos.
Por los azules excrementos, por los fuegos, por las lenguas, por los dioses, por el remanso estremecido, por el ligero, el inevitable, el insolente, por el indicativo, imperativo, activo, impertinente o desactivo; por el barro, sus flores, sus simientes, por las mutilaciones, los rodeos, las posiciones, por los cumplimientos e incumplimientos, por los canallas, las sospechas, por los bastardos y bribones, por los asquerosos y cobardes.
Por los borbotones, los impotentes y reversos, por los inocentes, los helados, los repletos, por los rotos, los usados, los doblados, los desgarrados, los caídos, encarnados, por la apetencia, la brecha, la vereda, los caminos, por el pan escaso y la avaricia pronta, por la calma, la borrasca o la herejía.
Por las tortillas, las especias, los emplastos, por los terremotos, los rosarios, los bordones, por el gemido, el grito, el alarido, por el envuelto, el quieto y el inquieto, por el furor del viento, por el incrédulo, el silbante y el creyente, por el pleito vuestro y nuestro, por la maleza incierta, por el enredo, la resaca, el miedo, por el desaguadero, la desolladura, el pan que sobra, por la cólera, el odio, la inclemencia, por el engaño y el terror y la creencia, por el descubrimiento, encubrimiento, cubrimiento, por la náusea, la quema, las cenizas, por el rayo, el espejo, la muralla.
Por el ciego, el apoyo, el fundamento, por el secreto, la tumba, la palabra, la ventana o la cortina abierta; por el beso, el barro y el planeta, por el envite, el alfarero y el nonato, por los matices y las gasas del silencio, por los pétalos del sol mugiente, por las piernas callejeras salerosas, por las sombras y las luces rotas, por el gargajo, el tártago, el trabajo y el tartajo, por la liebre, por el libre, el blindado y el venado tuerto; por el dado, el perfume y el misterio, por vivir, por morir o estar presentes, por los paréntesis solos moribundos, por las balas, las dudas y las tardes, por los nombres severos de las deudas, por la inclemente soledad del orbe, por la tardanza de quien porta el pan, por el burdel -la cópula perfecta-.
Por las flores que brotarán en las calles de Kandahar, por los presagios fulgurantes del hombre emplumado, por las ventanas que se abren más allá de las oscuras noches, por todas las historias que la ausencia nos cuenta, por quienes cañonean niños en las calles de Najaf y de Falluja, por los imperios rapaces al acecho contra el hombre, por la humanidad en marcha contra la barbarie.
Por el claro misterio de la luz, por el sol de la noche más gozosa, por la amarilla dulzura del oriente, por la tenue caricia de lo incógnito, por la antigua quebrada de la fronda, por la nostalgia vuelta hacia la infancia, por la aurora que se abre en el misterio, por el rayo furente de la vida, por el arroyo que quedó dormido, por la sencillez espiritual de un nido, por el claro sigilo del amor, por la desfachatez del cristofué, por la luz total de nuestras cosas, por la cuajada plenitud del grano.
Por los sonrojados, luminosos luceros catatumbos, mirando de reojo, por el viento durmiendo entre los árboles o a la intemperie el niño; por la emoción de quien anhela el mar desde su aldea, por el tiempo desafiando la fiesta de los hombres, por los cuentos y mitos en sombras de alborada, por la fruta y el sabor de sus perfectas mieles, por la dulce soledad del tiempo manso; por el himno triunfal de la alegría, por la lumbre amarilla del camino, por estos girasoles que nos miran, por la vida esa gloria suspendida, por el fulgente camino de la luz, por embriagar de luz la eternidad.
Por la nieve que duerme allá en Saluggia, por la nieve que nunca vio mi aldea, por la canción de cuna de la nieve, por la inmensa dulzura de la nieve, por el niño dormido entre la nieve, por el retorno eterno de la nieve; por la muerte sin tregua construida, por lo que está perdido, va o termina, por el hombre que gira con el día, por el hombre sin tiempo ni sin fin, tan sólo un animal desconocido.
Por la mágica mutilación, el afinamiento primordial, el sentido del sinsentido, camino y universo y atalaya; por el arma celeste, la palabra, para fundar un mundo para el nido, manos abiertas, pájaro en vuelo, con hambre de luz para la siembra.
Por el postigo y su presagio cuervo, por los instantes, cienes y millardos, los izquierdos, los neutros, los derechos, por lo oscuro, lo ralo, por lo ebrio, por lo hembro, lo sobrio, por lo macho, por las piedras, cimientos y cuadriles, por las señales de la santa lluvia, por quebradas, florestas, renacuajos, por los solteros, cuerdos y borrachos, por la tos, la sonrisa y las estrofas, por la guerra, la paz, por los de arriba, los del centro, sin nada, los sin heces, los de abajo, de cara al sol de oriente, por la última estrella que veremos.
Por la buenaventura de la rosa, por el atardecer de los venados, por el alma llanera dulcecita, por la primera labradora a pie, por mí, por ti, Tolú y la Trifaldi, por la casa en el aire y en el suelo, por la varilla de llegar al cielo, por los guaduales cuando van al río, por la hazaña, la fama que eternice, por la soberbia Kalamary en celo, por Darío Fray Luis y sus versiones, por la lujuria del primer jardín, por la guabina santandereana, por las penas del río cuando brise.
Por el tiempo que dura la agonía, por las espadas ángeles y aldeas, por todos los resabios rocinantes, por el plural con una sola sombra, por el poema aquel inagotable, por el misterio del divino loco, por la noche que se arma en ciego sueño, por la puerta falsa del corral de campo, por los cuchillos de la lluvia a secas, la amenaza del gato en pleno hechizo, por el barco encantado y sus aceñas, por los dos golpes a la endeble espada, por la razón y sinrazón del viento, por el sordo pecado de la luna.
* Razón de ser: confabulación tachirense
En octubre del año 2000, después de un buen par de pininos, sobre el banco de la paciencia, la escalera o la barricada, irrumpe en la ciudad de San Cristóbal, Estado Táchira, Venezuela, un verdadero complot contra la pululante abulia literaria. “Nadie Nos Edita Editores” es nombre-eslogan-escudo para el trajín de los neo-conspiradores y sus primeros dardos-poemarios. Toman una de las emisoras de radio con “Después de Misa”. Para salvarse de los espantos de la media noche y para “meterle el dedo en el ojo al silencio” fundan Los Jueves Inéditos. Coleccionan sus libros en Dragones de Papel. Piensan en un periódico propio y al instante aparece la Revista Sujeto Almado (1), con versión electrónica, advirtiendo de entrada que es peligroso asomarse a su interior. Chucho (Freddy Ñáñez), el fundador, el motor de tal confabulación.
El Grupo entra en acción, se instala justo en los albores del siglo XXI con el firme propósito de constituirse en hito fundacional capaz de pasar la página de la reivindicación de la nueva poesía tachirense. Haciendo honor a significativos testimonios culturales como la BATT (Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses), La Cueva Pictolírica, el Grupo Literario El Parnasillo, el Taller Literario Zaranda, el Periódico Voz y Rima, El Árbol Editores, la Peña Manuel Felipe Rugeles, deviene en verdadero zaguán por donde la nueva literatura regional tachirense responde por el nuevo texto de los nuevos tiempos. A un lustro de vida, es ya bisagra natural dispuesta a fundir y multiplicar, sinérgicamente, los frutos hasta ahora cosechados en uno y otro ámbito. A través de la pulcra presentación de Sujeto Almado, asistimos periódicamente a un permanente debate ideológico-literario que oscila entre los vericuetos de la razón poética y los intríngulis descaradamente dolorosos del saqueo hegemónico mundial.
Estamos, así, delante de un Movimiento que apuesta a la belleza y la locura, únicos argumentos para sobrevivir a la muerte cotidiana sin sentido. Frente al brutal mundo donde a diario se fortalece la contra-utopía, esgrime la palabra honda, la que embellece y subvierte todo acoso, alienación, diatriba. Muy agazapadamente, se propone inventar nuevos mundos y Apocalipsis. Perfectamente sabe de las falsedades de la Literatura.
¡Y miren si han sido capaces de fundar! Pretenden la refundación del quehacer literario a través de una confrontación participativa, con miras a salirle al paso a la palabra nueva, protagónica, capaz de enarbolarla como verdadera subversión o resistencia ante todo arremetimiento o impune dominación. Desde el incienso hasta el quejido del papel y más allá del viento, mientras inventan pasiones para ejercitarse, mientras se siguen robando el fuego, empuñando la luz como un cuchillo o la paz como un fusil, saben que la ruta es larga, afuera y descalza. Por eso su grito no otro que: ¡Generación Almada! ¡A navegar! ¡A soñar! ¡Hasta embriagar la realidad!
PABLO MORA: POIESOLOGÍA. Feunet. San Cristóbal,2005. 510 pp.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Un cura rojo italiano
Un cura rojo italiano
Pablo Mora
Don Andrea Gallo nació en Génova el 13 de julio de 1928. Acaba de morir, este 22 de mayo de 2013. De profesión sacerdote, conocido entre todos como el Cura Rojo, o el Padre de la acera. Desde hace más de tres decenios tuvo en pie la comunidad de San Benedicto en el Puerto, de Génova, donde desarrolló proyectos para marginados, específicamente iniciativas destinadas a aquéllos que sufren adicción a los estupefacientes y prostitución. Sobresalió su vida en cuanto activista social. Don Gallo siempre se mantuvo en la cresta de la onda, no hubo una semana que no saliese a la calle a lanzar un mensaje de protesta, para defender a los más vulnerables, como los drogadictos o los sudamericanos de Génova. Amigo de teólogos de la liberación, de revolucionarios, de cantantes e intelectuales entre ellos: Fabrizio De Andrè, Vasco Rossi, Fernanda Pivano, Manu Chao y Tonino Carotone. De Aleida Guevara (la hija del Ché). De directores de cine como Ettore Scola o Mario Monicelli.
Fue protagonista del gran y verdadero resurgimiento italiano, habiendo participado en una brigada partisana donde el comandante, un ex- teniente del ejército italiano, era su hermano mayor, Dino Gallo. Él había escogido el camino de la resistencia; la brigada se llamaba Paolo Cozzo, siendo Don Andrea el partisano “Nin”, actuando en los alrededores de Génova. Como un partisano, ve la llegada de la democracia y la liberación.
Estuvo muy vinculado con las luchas de América Latina, convencido de que en su país tenían que hacer como están haciendo allí: empezar desde abajo, creando una red de ciudadanos que tengan conocimiento, que crean en la formación, que vayan a los barrios y reanuden los contactos, que tomen nota de las necesidades de los ciudadanos, que éstos a su vez tomen conciencia, que los sindicatos tomen conciencia. Que se dé un nuevo modelo de agregación y una nueva participación democrática. Que poco a poco crezcan estas redes de participación y solidaridad para empezar a hacer presión en los llamados consejos municipales, en los consejos provinciales, en el parlamento regional, para llegar hasta el Parlamento nacional. Entre sus maestros, el más grande, suspendido a divinis lamentablemente: Giulio Girardi, gran teólogo de la liberación, estudioso de la Iglesia y el Marxismo. El único italiano invitado por Fidel Castro, después de la visita de Juan Pablo II a Cuba, donde se encontraban Frei Betto y Leonardo Boff para analizar la visita del Papa a Cuba. Acostumbraba repetir: “Mi faro sigue en Medellín donde en el 1968 nació la Teología de la Liberación, donde se decretó que la Iglesia no es para los pobres, sino que está con los pobres.”
Muerto a 84 años en Génova, la de Gallo fue una vida dedicada a las luchas por el trabajo y por la defensa de los oprimidos. Representó a la iglesia de los desasistidos. A diario fue acusado de comunista. “Es cierto, soy comunista, sostenía. No olvido jamás la Biblia y el Evangelio. Y no olvido es verdad lo escrito por Marx.” En la iglesia de San Benedicto de Génova, en ocasión de la celebración de los 42 años de la comunidad, Don Gallo de un momento a otro se quitó la bufanada roja que portaba y comenzó a flamearla, en medio de la feligresía, como si fuese una bandera, cantando Bella Ciao. No sucede a menudo ver entonar una canción de tal género por un sacerdote y los fieles al final de una misa.
Don Andrea Gallo nació en Génova el 13 de julio de 1928. Acaba de morir, este 22 de mayo de 2013. De profesión sacerdote, conocido entre todos como el Cura Rojo, o el Padre de la acera. Desde hace más de tres decenios tuvo en pie la comunidad de San Benedicto en el Puerto, de Génova, donde desarrolló proyectos para marginados, específicamente iniciativas destinadas a aquéllos que sufren adicción a los estupefacientes y prostitución. Sobresalió su vida en cuanto activista social. Don Gallo siempre se mantuvo en la cresta de la onda, no hubo una semana que no saliese a la calle a lanzar un mensaje de protesta, para defender a los más vulnerables, como los drogadictos o los sudamericanos de Génova. Amigo de teólogos de la liberación, de revolucionarios, de cantantes e intelectuales entre ellos: Fabrizio De Andrè, Vasco Rossi, Fernanda Pivano, Manu Chao y Tonino Carotone. De Aleida Guevara (la hija del Ché). De directores de cine como Ettore Scola o Mario Monicelli.
Fue protagonista del gran y verdadero resurgimiento italiano, habiendo participado en una brigada partisana donde el comandante, un ex- teniente del ejército italiano, era su hermano mayor, Dino Gallo. Él había escogido el camino de la resistencia; la brigada se llamaba Paolo Cozzo, siendo Don Andrea el partisano “Nin”, actuando en los alrededores de Génova. Como un partisano, ve la llegada de la democracia y la liberación.
Estuvo muy vinculado con las luchas de América Latina, convencido de que en su país tenían que hacer como están haciendo allí: empezar desde abajo, creando una red de ciudadanos que tengan conocimiento, que crean en la formación, que vayan a los barrios y reanuden los contactos, que tomen nota de las necesidades de los ciudadanos, que éstos a su vez tomen conciencia, que los sindicatos tomen conciencia. Que se dé un nuevo modelo de agregación y una nueva participación democrática. Que poco a poco crezcan estas redes de participación y solidaridad para empezar a hacer presión en los llamados consejos municipales, en los consejos provinciales, en el parlamento regional, para llegar hasta el Parlamento nacional. Entre sus maestros, el más grande, suspendido a divinis lamentablemente: Giulio Girardi, gran teólogo de la liberación, estudioso de la Iglesia y el Marxismo. El único italiano invitado por Fidel Castro, después de la visita de Juan Pablo II a Cuba, donde se encontraban Frei Betto y Leonardo Boff para analizar la visita del Papa a Cuba. Acostumbraba repetir: “Mi faro sigue en Medellín donde en el 1968 nació la Teología de la Liberación, donde se decretó que la Iglesia no es para los pobres, sino que está con los pobres.”
Muerto a 84 años en Génova, la de Gallo fue una vida dedicada a las luchas por el trabajo y por la defensa de los oprimidos. Representó a la iglesia de los desasistidos. A diario fue acusado de comunista. “Es cierto, soy comunista, sostenía. No olvido jamás la Biblia y el Evangelio. Y no olvido es verdad lo escrito por Marx.” En la iglesia de San Benedicto de Génova, en ocasión de la celebración de los 42 años de la comunidad, Don Gallo de un momento a otro se quitó la bufanada roja que portaba y comenzó a flamearla, en medio de la feligresía, como si fuese una bandera, cantando Bella Ciao. No sucede a menudo ver entonar una canción de tal género por un sacerdote y los fieles al final de una misa.
Gerardo Diego
EL CIPRÉS DE SILOS
A Ángel del Río
Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.
Mástil de soledad, prodigio isleño,
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.
Cuando te vi señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,
como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.
jueves, 16 de mayo de 2013
Aula Magna
Aula Magna
Pablo Mora
Aula Magna para abrir espacio a la circulación de nuestras ideas, nuestros diálogos, asambleas, proyectos; representaciones teatrales, manifestaciones artísticas, culturales, sociales, políticas o religiosas. Aula Magna para responder a la consolidación universitaria tachirense, a la progresiva interinstitucionalidad universitaria regional, pertrechada a través de iniciativas individuales, profesionales, grupales, económicas, intelectuales, científicas o artísticas. Aula Magna a modo de puerta grande, fronteriza, donde la vigilia creadora latinoamericana tenga plena cabida y acampe con sus propios sueños, es decir, con nuestra común historia y nuestro común mañana. Aula Magna porque paulatinamente San Cristóbal viene perfilándose como un Gran Ateneo, si reparamos en el significativo número de centros universitarios que se levantan sobre nuestra entidad federal, además de las innumerables iniciativas culturales de todo orden y excelencia que comienzan a ser rutina entre nosotros. Aula Magna, construcción o complejo arquitectónico inteligentemente ubicado, perfecta y proyectivamente diseñado, como para albergar el suficiente número de asistentes a las superiores convocatorias que se vayan presentando en ocasión del debate, la reflexión, el análisis, el estudio, la investigación y el planteamiento y disfrute cultural de nuestros proyectos, de nuestro proyecto. Aula Magna ante la imperiosa necesidad del aforo regional frente a una población ávida del último saber; de compartir los logros intermultidisciplinarios, artístico-científico-culturales de propios y extraños. Aula Magna o recinto de usos múltiples, complejo cultural que cuente con las máximas innovaciones del diseño contemporáneo, capaz de ser asiento de tanto fervor cultural como el que cada día aflora entre nosotros; al tiempo que signifique digna palestra en esta bella encrucijada latinoamericana. Aula Magna para responder a jornadas, ciclos de conferencias, simposios, congresos, seminarios, asambleas; para albergar actos cívico-culturales de alta significación; para las tantas esclarecidas clases magistrales de nuestras universidades. Aula Magna puesto que la cultura es universal y en ella todos hemos de tener cupo, valimiento, poder, máxime en esta hora de integración latinoamericana, donde infinitas serían las ocasiones de encuentro y reflexión entre nuestros pueblos, nuestra gente y sus mensajeros o embajadores culturales, dentro de los legítimos signos del saber, del crear, del crecer y el trascender. Aula Magna para ejercer a plenitud “los poderes creadores del pueblo”. Para vivir dentro de los grandes objetivos de la humanidad. Para servir a la vida, a la cultura de nuestro pueblo. Para el mundo de hoy y de mañana, con la gracia imponente de nuestras madrugadas, atalayas, insomnios, vigilias, trochas, atajos o caminos. Aula Magna para un nuevo comienzo. Para transformar la cultura de guerra y de violencia en una cultura de paz y tolerancia. Para forjar un mundo más digno y armonioso, un mundo de justicia, solidaridad y prosperidad. Una cultura de paz que haga posible el desarrollo duradero, la realización y satisfacción personal de cada ser humano. Aula Magna de una vez y para siempre.
pablumbre@hotmail.com
Pablo Mora
Pablo Mora
Aula Magna para abrir espacio a la circulación de nuestras ideas, nuestros diálogos, asambleas, proyectos; representaciones teatrales, manifestaciones artísticas, culturales, sociales, políticas o religiosas. Aula Magna para responder a la consolidación universitaria tachirense, a la progresiva interinstitucionalidad universitaria regional, pertrechada a través de iniciativas individuales, profesionales, grupales, económicas, intelectuales, científicas o artísticas. Aula Magna a modo de puerta grande, fronteriza, donde la vigilia creadora latinoamericana tenga plena cabida y acampe con sus propios sueños, es decir, con nuestra común historia y nuestro común mañana. Aula Magna porque paulatinamente San Cristóbal viene perfilándose como un Gran Ateneo, si reparamos en el significativo número de centros universitarios que se levantan sobre nuestra entidad federal, además de las innumerables iniciativas culturales de todo orden y excelencia que comienzan a ser rutina entre nosotros. Aula Magna, construcción o complejo arquitectónico inteligentemente ubicado, perfecta y proyectivamente diseñado, como para albergar el suficiente número de asistentes a las superiores convocatorias que se vayan presentando en ocasión del debate, la reflexión, el análisis, el estudio, la investigación y el planteamiento y disfrute cultural de nuestros proyectos, de nuestro proyecto. Aula Magna ante la imperiosa necesidad del aforo regional frente a una población ávida del último saber; de compartir los logros intermultidisciplinarios, artístico-científico-culturales de propios y extraños. Aula Magna o recinto de usos múltiples, complejo cultural que cuente con las máximas innovaciones del diseño contemporáneo, capaz de ser asiento de tanto fervor cultural como el que cada día aflora entre nosotros; al tiempo que signifique digna palestra en esta bella encrucijada latinoamericana. Aula Magna para responder a jornadas, ciclos de conferencias, simposios, congresos, seminarios, asambleas; para albergar actos cívico-culturales de alta significación; para las tantas esclarecidas clases magistrales de nuestras universidades. Aula Magna puesto que la cultura es universal y en ella todos hemos de tener cupo, valimiento, poder, máxime en esta hora de integración latinoamericana, donde infinitas serían las ocasiones de encuentro y reflexión entre nuestros pueblos, nuestra gente y sus mensajeros o embajadores culturales, dentro de los legítimos signos del saber, del crear, del crecer y el trascender. Aula Magna para ejercer a plenitud “los poderes creadores del pueblo”. Para vivir dentro de los grandes objetivos de la humanidad. Para servir a la vida, a la cultura de nuestro pueblo. Para el mundo de hoy y de mañana, con la gracia imponente de nuestras madrugadas, atalayas, insomnios, vigilias, trochas, atajos o caminos. Aula Magna para un nuevo comienzo. Para transformar la cultura de guerra y de violencia en una cultura de paz y tolerancia. Para forjar un mundo más digno y armonioso, un mundo de justicia, solidaridad y prosperidad. Una cultura de paz que haga posible el desarrollo duradero, la realización y satisfacción personal de cada ser humano. Aula Magna de una vez y para siempre.
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Pablo Mora
domingo, 12 de mayo de 2013
VASITO DE AGUA DE COCO
Cuando empecé la subida,
vasito de agua en la mano,
mi madre me digo en vano:
váyase yendo en la vida.
El niño aquel que venía
desquiciado, medio loco,
vasito de agua de coco
cuando la luz sorprendía.
Brillaba mi poesía
en la flor de la vereda.
No hay quien conmigo pueda,
ni la tromba huracanada,
soy mucho menos que nada
en mi locura que queda.
Vasito de agua de coco
con tu sabor endulzado,
me fui en la vida de lado,
¡malhaya mi amor tan poco!
Así fue como de loco
me encontré con mi tristeza,
la misma que en tarde reza
por su aldea y por su lampo.
Grítenme piedras del campo
cuando griten su belleza.
Siervo sin tierra mi padre
madrugándole a la aurora
—triste vasija que llora
las lágrimas de mi madre—.
¿Dónde la luna que encuadre
las soledades sin vino?
Zarzas, ortiga y espino,
amaneceres en vano,
fueron dándole la mano
a las llagas del destino.
De vuelta ya de la vida
torna mi infancia a su aldea,
la antigua lumbre que arrea
a mi locura dolida.
No hay pena desconocida
que no distingan mis pasos:
ramazón y ramalazos,
el delta de mi amargura
por donde va mi ventura
a golpe, sangre y leñazos.
Siempre en la tarde me espera
—guijarro del infinito—
el terrenísimo rito
del hombre, fragua y hoguera.
Y al ir a la sementera
encuentro sólo la risa,
ínfimo leño de brisa,
tizón para la esperanza,
y mi lamento no alcanza
a traicionar la sonrisa.
Yo no sé bien qué sueños, faltan, sobran,
me dejan ya los duendes de la aldea,
los arroyos, los Alpes, las creencias;
apenas me distinguen las gavetas.
Apenas si recuerdo mis cimientos,
apenas si me oyen las luciérnagas.
Tal vez ni Dios siquiera a ciencia cierta
sepa de Pablo y de sus cuerdas sueltas.
Ante toda palabra que aparece hinca
Pablo el quejido de su pena,
cabalga la palabra al descubierto.
Cuenta con cartas frías y arrugadas
donde bardo y Dios pactan con el Diablo
desde el Antiguo y Nuevo Testamento.
Pablo Mora
miércoles, 8 de mayo de 2013
Compañera del alma, compañera
Compañera del alma, compañera
Pablo Mora
La madre mira desde la lejanía la noche es una antigua lejanía la noche siempre entre la sombra siempre la sombra antigua que a los hombres mira que a las costas de la divina antigüedad nos ata
Vas por el mundo porque existe el hombre antes del grito de la eterna entraña, velas callada el fuego de la vida, madre te llaman por llamarte hermana. Hermana de la lumbre en la ternura, desmoronas la angustia de los hombres y mantienes su pulso en pleno vuelo ante la dura ramazón del odio. Compañera de siempre, compañera, únicamente necesito vida para llamarte siempre jardinera. Quédate, no te vayas tan temprano que solamente tú sabrás colmarnos, jornalera de siempre, jardinera.
Desde el pulsar profundo del latido emerge tu presencia campesina y el eco de tu gracia se adivina cuando surge entre el aire florecido. Acorralas conmigo tu gemido en la choza abrazada de neblina y, entonces, tu recuerdo se encamina tras el fogón tiznado del olvido. A pesar de la lluvia y los zarzales sigo con tu orfandad en mi aventura, al lado de tu sombra en los cañales, porque mi esfuerzo siempre te figura entre riscos de sol y peñascales pulsándole la cuerda a la amargura.
Madeja embrujadora de mis años envuelta en el redil de la inocencia, qué lejos el primor de tu presencia de la cumbre mortal de tus peldaños. Imagen de los místicos rebaños trenzados en la infancia de la ausencia con neblina de luz y transparencia, ¿dónde el azul de tantos desengaños? ¿Dónde, madre, estrecharte entre mi beso sino en tu tierno abrazo campesino bañado por la luz del candelabro? ¿Dónde, madre, encontrar nuestro regreso sino en la soledad de nuestro sino mientras hurgo la tierra en que me labro?
En la aldea de noche un reverbero, un anafre azulando madrugadas, un sueño en cierne, en lumbre, en alto, en alas, un camino, un aprieto, a solas yendo. El camino extendió sus manos lejos, el sueño acompañó la siembra alada, el anafre fue dicha soberana, en tanto el reverbero iba fulgiendo. Camino, anafre, reverbero y sueño tejieron la esperanza cristalina donde toda mañana fue llegando. Con la tarde afloraba el azulejo, la noche toda infancia devolvía desde mil novecientos quince y tantos.
¿Dónde el anafre en fresca madrugada, dónde el sueño tejido en el camino, dónde la cumbre deshojada en sino, dónde la siembra en dicha engalanada? ¿Dónde el anafre en calma tersa, alada, dónde la aurora desafiando trino, borrasca, cumbre, portachuelo, vino, dónde la siembra en dulce fogarada? ¿Dónde el azul de tantos desengaños, dónde la paz en místicos rebaños, dónde la antigua luz del candelabro? ¿Dónde lluvia, zarzales y quebrantos, dónde la tierra en que de azul te labro, dónde este 2007 y cuántos tantos?
Cosías presagiosas serranías desde la orilla más pura de tu alma; con toda la paciencia, en santa calma, mil colchas conocieron de tus días. En cordajes bordabas sinfonías, bordabas sueño, lontananza, palma, segura de que en vida todo empalma nunca tus manos del amor vacías. A pulso de donaire y gallardía, coqueta entre coquetas, bien oronda, tu vida la llevabas muy erguida. Venada, intacta, atenta, en lozanía, gozas del fruto de tu enhiesta fronda desde este dos mil trece esclarecida.
La madre mira desde la lejanía la noche es una antigua lejanía la noche siempre entre la sombra siempre la sombra antigua que a los hombres mira que a las costas de la divina antigüedad nos ata
Vas por el mundo porque existe el hombre antes del grito de la eterna entraña, velas callada el fuego de la vida, madre te llaman por llamarte hermana. Hermana de la lumbre en la ternura, desmoronas la angustia de los hombres y mantienes su pulso en pleno vuelo ante la dura ramazón del odio. Compañera de siempre, compañera, únicamente necesito vida para llamarte siempre jardinera. Quédate, no te vayas tan temprano que solamente tú sabrás colmarnos, jornalera de siempre, jardinera.
Desde el pulsar profundo del latido emerge tu presencia campesina y el eco de tu gracia se adivina cuando surge entre el aire florecido. Acorralas conmigo tu gemido en la choza abrazada de neblina y, entonces, tu recuerdo se encamina tras el fogón tiznado del olvido. A pesar de la lluvia y los zarzales sigo con tu orfandad en mi aventura, al lado de tu sombra en los cañales, porque mi esfuerzo siempre te figura entre riscos de sol y peñascales pulsándole la cuerda a la amargura.
Madeja embrujadora de mis años envuelta en el redil de la inocencia, qué lejos el primor de tu presencia de la cumbre mortal de tus peldaños. Imagen de los místicos rebaños trenzados en la infancia de la ausencia con neblina de luz y transparencia, ¿dónde el azul de tantos desengaños? ¿Dónde, madre, estrecharte entre mi beso sino en tu tierno abrazo campesino bañado por la luz del candelabro? ¿Dónde, madre, encontrar nuestro regreso sino en la soledad de nuestro sino mientras hurgo la tierra en que me labro?
En la aldea de noche un reverbero, un anafre azulando madrugadas, un sueño en cierne, en lumbre, en alto, en alas, un camino, un aprieto, a solas yendo. El camino extendió sus manos lejos, el sueño acompañó la siembra alada, el anafre fue dicha soberana, en tanto el reverbero iba fulgiendo. Camino, anafre, reverbero y sueño tejieron la esperanza cristalina donde toda mañana fue llegando. Con la tarde afloraba el azulejo, la noche toda infancia devolvía desde mil novecientos quince y tantos.
¿Dónde el anafre en fresca madrugada, dónde el sueño tejido en el camino, dónde la cumbre deshojada en sino, dónde la siembra en dicha engalanada? ¿Dónde el anafre en calma tersa, alada, dónde la aurora desafiando trino, borrasca, cumbre, portachuelo, vino, dónde la siembra en dulce fogarada? ¿Dónde el azul de tantos desengaños, dónde la paz en místicos rebaños, dónde la antigua luz del candelabro? ¿Dónde lluvia, zarzales y quebrantos, dónde la tierra en que de azul te labro, dónde este 2007 y cuántos tantos?
Cosías presagiosas serranías desde la orilla más pura de tu alma; con toda la paciencia, en santa calma, mil colchas conocieron de tus días. En cordajes bordabas sinfonías, bordabas sueño, lontananza, palma, segura de que en vida todo empalma nunca tus manos del amor vacías. A pulso de donaire y gallardía, coqueta entre coquetas, bien oronda, tu vida la llevabas muy erguida. Venada, intacta, atenta, en lozanía, gozas del fruto de tu enhiesta fronda desde este dos mil trece esclarecida.
jueves, 2 de mayo de 2013
Mons. Óscar Arnulfo Romero
Mons. Óscar Arnulfo Romero
Pablo Mora
Viernes, 03 de mayo de 2013
El proceso beatificación de San Romero de América —paramuchos— había sido bloqueado durante años en el Vaticano, pero con la llegadareciente a la jefatura de la Santa Sede del Papa Francisco las cosas han dadoun giro que mantiene a El Salvador en optimista expectativa. Así, la causa dela beatificación de Monseñor Romeroacaba de ser desbloqueada en estos días, según informa el arzobispo VincenzoPaglia, quien es el postulador de la causa de santificación de Romero, y quienconfirmó que se había reunido el pasado sábado, 20 de abril, con el Papa y quela decisión pontificia de seguir adelante con el proceso de canonización delllamado “obispo mártir” había salido de dicho encuentro. La autorización dadapor el papa Francisco es una señal fuerte para todo un sector del clerolatinoamericano que, sin estar comprometido con las posiciones más radicales dela Teología de la Liberación, ha actuado a favor de los más pobres, a vecescorriendo riegos. El presidente salvadoreño, Mauricio Funes, visitará al PapaFrancisco, en la Santa Sede, en este mes de mayo, para agradecerlepersonalmente sus gestiones a favor de la beatificación. “Noticia, que segúnél, renace la esperanza de ver reconocida la figura de nuestro obispo mártir,quien entregara su vida por los pobres y desamparados de El Salvador”.
Antes de ser asesinado, Romero era tildado como “curacomunista” por los generales, coroneles, políticos y empresarios deultraderecha que formaban parte de agrupaciones nacionalistas y anticomunistas.Sus denuncias contra la violencia armada, incluida la incipiente guerrilla,fueron cada vez más constantes. Le llamaban “la voz de los sin voz”.
Monseñor Romero era un obispo moderado, pero bastantecercano a las corrientes más a la izquierda de la Teología de la Liberación. Suasesinato lo convirtió en un icono en los medios progresistas. Monseñor habíadenunciado el hecho de que los campesinos salvadoreños autorizados a tomarposesión de las tierras gracias a la reforma agraria hubiesen tenido queenfrentarse a gente armada, y puso a su disposición la radio de su diócesis.
El 24 de marzo de 1980, Óscar Arnulfo Romero es asesinadopor un francotirador mientras oficiaba misa en la Capilla del Hospital de laDivina Providencia. En ocasión del XX aniversario de su muerte, en el año 2000,tuvo ocasión la creación de una Fundación Monseñor Romero, así como lapropuesta de beatificación que cuenta con el apoyo de católicos de muy diversospaíses, una forma de reivindicación del papel que desarrolla una parteimportante de la Iglesia Católica en América Latina. Sus últimas palabras,antes de sonar el fatal disparo que oímos, consternados, en la ciudad de Monza,fueron: “…Que este Cuerpo Inmolado y esta Sangre Sacrificada por los hombresnos alimenten también para dar nuestro cuerpo y nuestra sangre al sufrimiento ydolor, como Cristo, no para sí, sino para dar conceptos de justicia y de paz anuestro pueblo.”
Cuando el desencanto parece enseñoreado en cada hombre ycada pueblo, que un único dolor nos hermane; que sólo el dolor común nossantifique… Menos fuerza para la guerra; más valor para la paz.
martes, 30 de abril de 2013
Oda al Obrero
ODA AL OBRERO
Sangre sed sudor
sangras hombría y sed de amor
sientes sed sudas semillas
suenas a barro sufres a cántaros
suspiras por la lluvia y por el sol
sonríes ante el florecer
siembras callos
semillas te circundan
surcos abres con tus huellas
sabio de semillas y sembrados
sembrador de gloria
segador de frutos
soñador de surcos
sangras sudas y surges entre todos
Obrero de mi llano
obrero de mi monte
obrero de mi aldea
señor de los señores
salvador del agro y del verdor
siglos te coronan
siglos coronan tu gloria y tu sudor
sol de toda aurora
soldado de toda patria
soldado del arado
soldado del trapiche
soldado del molino
soldado del viento y del amor
sal del mundo y sus riquezas
salmista de los valles y veredas
sacerdote del trabajo
semillero del tiempo y la esperanza
sacristán del pan y sacristán del vino
sobradamente conocemos tu sed
y tu sudor y tu sequía y tu simplísimo salario
Sobran siempre tus salvadores
y nunca viene el salvador
mas tú sigues siendo
el surtidor del verde de la espera
Ser vivo
sirves
sufres
sobórnante
sobrecárgante
sudas
surcas
siembras
sueñas
sufres y
surges y
sobrevives entre todos
Solícito obrero universal
simple y llanamente campesino
sobre un mundo de metales
sumergido
menos hombre
más máquina
más pobre cada día
Sobran semillas
Sé el propio segador de tu sembrado
Semillas te pedirán mañana
Sal de tu sueño salte de tu sombra
Surge
Siega y siembra
Siembra y segarás
Sal de tu pozo salta de tu sueño
Sumérgete en el campo
¡Tú solo eres un sol alienta brilla!
PABLO MORA
Almácigo A coro en el asombro
domingo, 28 de abril de 2013
Creer en la vida
Creer en la vida
Pablo Mora
Sumidos en las tremebundas cárcavas del cósmico pavor, esclavos de las crujientes angustias de la humanidad, en convivencia con parejos avatares, asidos a un común dolor, hemos de constituirnos a partir de una vida social acumulada. Antes que fundirnos en una fe única, una doctrina única, explorar la posibilidad de un consenso que, partiendo de la devastación horripilante, conduzca a la concreción del proyecto en el que la danza de la vida signe la esperanza, el renacer de una humanidad nueva, donde conciencia y fraternidad apuntalen todo progreso, todo porvenir, altibajo, desafío, logro, rejoneo.
“Convencidos de que al horror hay que salirle al paso, hay que desmantelarlo, sajarlo, y que hay que hacerlo ya, ahora mismo, organizada, precipitada, impostergablemente, fundando una sociedad de hermanos, en nuestra casa, en el trabajo, en la calle, en el país y el continente, en el planeta que se quiebra… abrirle pasos a los tiempos de amor que inundarán el corazón del hombre el día en que aprenda al fin a mirarse en las pupilas infinitas de su propio asombro.” (Mery Sananes).
Fraguar una conciencia colectiva, fincar nuestra vivencialidad, convivialidad, en las relaciones inter subjetivas provenientes de nuestras cocreaciones y sociocreaciones, puesto que podremos conocernos partiendo del otro y de los otros, hasta tener que ser otro para ser sí mismo. La libertad individual, la capacidad o potencialidad de nuestras “creaciones” solo llegan a plasmarse a través de nuestras vivencias mutuas, compartidas, ya que el hombre, como la “verdad”, se hace y crece en comunión con los otros seres humanos.
Rescatar la dignidad de la palabravida, en solidaridad creciente. Lejos de una egocracia fatua, insustancial, intrascendente, enrumbarnos hacia una egococreación con miras a alcanzar la máxima sociocreación que el momento nos demande. Buscar nuestro amanecer en la obra común. Decidirnos por el fortalecimiento de una corporeidad psicosocial tal que sea capaz de construir el cuerpo real del hormigón histórico, donde tengan vida por igual el silencio del bosque, el sueño de la máquina, el estupor del viento, el ingente alarido de los pobres, los aullidos de Dios sobre el planeta.
Acercarnos al dolor del día. Servirle a la vida, rescatarla, liberarla, ejercer la vida. Lidiarla al alimón, al quiebro, al cuarteo. Perseverar en la defensa del pan, la libertad, la deliberancia, la disidencia o convergencia. Que entre todos hagamos nuestra casa. Nuestro fogón. Nuestra alegría. Que no sean solo sombra nuestros días. Agregarle algo al mundo si queremos que valga nuestro paso.
La mayor dimensión por el hombre conocida: la vida. La orden del día, la consigna entonces: fraguar, festejar la vida, apuntalar, enarbolar la vida, debatir la vida, entusiasmar la vida, celebrar la vida. Oír la vida. Creer en la vida. Al lado de la vida de por vida. Por cada llanto, levantar un camino. Por cada acoso, encender una esperanza. Por cada muerte, una lumbre. Una luz, por cada oscuridad
pablumbre@hotmail.com
Pablo Mora
Sumidos en las tremebundas cárcavas del cósmico pavor, esclavos de las crujientes angustias de la humanidad, en convivencia con parejos avatares, asidos a un común dolor, hemos de constituirnos a partir de una vida social acumulada. Antes que fundirnos en una fe única, una doctrina única, explorar la posibilidad de un consenso que, partiendo de la devastación horripilante, conduzca a la concreción del proyecto en el que la danza de la vida signe la esperanza, el renacer de una humanidad nueva, donde conciencia y fraternidad apuntalen todo progreso, todo porvenir, altibajo, desafío, logro, rejoneo.
“Convencidos de que al horror hay que salirle al paso, hay que desmantelarlo, sajarlo, y que hay que hacerlo ya, ahora mismo, organizada, precipitada, impostergablemente, fundando una sociedad de hermanos, en nuestra casa, en el trabajo, en la calle, en el país y el continente, en el planeta que se quiebra… abrirle pasos a los tiempos de amor que inundarán el corazón del hombre el día en que aprenda al fin a mirarse en las pupilas infinitas de su propio asombro.” (Mery Sananes).
Fraguar una conciencia colectiva, fincar nuestra vivencialidad, convivialidad, en las relaciones inter subjetivas provenientes de nuestras cocreaciones y sociocreaciones, puesto que podremos conocernos partiendo del otro y de los otros, hasta tener que ser otro para ser sí mismo. La libertad individual, la capacidad o potencialidad de nuestras “creaciones” solo llegan a plasmarse a través de nuestras vivencias mutuas, compartidas, ya que el hombre, como la “verdad”, se hace y crece en comunión con los otros seres humanos.
Rescatar la dignidad de la palabravida, en solidaridad creciente. Lejos de una egocracia fatua, insustancial, intrascendente, enrumbarnos hacia una egococreación con miras a alcanzar la máxima sociocreación que el momento nos demande. Buscar nuestro amanecer en la obra común. Decidirnos por el fortalecimiento de una corporeidad psicosocial tal que sea capaz de construir el cuerpo real del hormigón histórico, donde tengan vida por igual el silencio del bosque, el sueño de la máquina, el estupor del viento, el ingente alarido de los pobres, los aullidos de Dios sobre el planeta.
Acercarnos al dolor del día. Servirle a la vida, rescatarla, liberarla, ejercer la vida. Lidiarla al alimón, al quiebro, al cuarteo. Perseverar en la defensa del pan, la libertad, la deliberancia, la disidencia o convergencia. Que entre todos hagamos nuestra casa. Nuestro fogón. Nuestra alegría. Que no sean solo sombra nuestros días. Agregarle algo al mundo si queremos que valga nuestro paso.
La mayor dimensión por el hombre conocida: la vida. La orden del día, la consigna entonces: fraguar, festejar la vida, apuntalar, enarbolar la vida, debatir la vida, entusiasmar la vida, celebrar la vida. Oír la vida. Creer en la vida. Al lado de la vida de por vida. Por cada llanto, levantar un camino. Por cada acoso, encender una esperanza. Por cada muerte, una lumbre. Una luz, por cada oscuridad
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jueves, 18 de abril de 2013
Armar a Dios
Pablo Mora
Instruirse, alistarse, organizarse. Vivir conforme a nuestro fuero interno. Tejer bien la madeja colectiva. Entretejer asombros al mañana. Deplorar la injusticia, el pie descalzo, la lluvia engarrotada, el desvalido —miserable torpeza de la noche—. Oírle los crujidos a las horas. Palpar la inofensiva algarabía. Sumarse a la marea, la insurgencia, ataque o contraataque necesarios. Ir a contracorriente de la muerte, del abismo insondable, tenebroso. Ponderar el momento, la salida; las armas de los perros y los pájaros; el diapasón del bosque del silencio; los presentes, ausentes, los reales; los pozos de las rosas y los muertos; la rosa que nos lleve a las estrellas: la rosa roja en el azul del sueño, en su azarosa búsqueda del tiempo por ver el rumbo que la tierra escoja.
Insistir, persistir en la gestión. Fortalecer la vena del camino. Archivar cometidas y derrotas. Recobrar el derecho de las piedras. Conjugar sueño, polvo, soledades. Perderse entre la niebla de la albada. Informar, informarse, vigilar. Celar lo estrictamente necesario. Administrar pertrechos, desengaños, triunfantes en la lumbre de las sombras, contra la terquedad y la asechanza. Hacerle honor a la Divisa Humana, al hormigón de la feliz partida, al paso de los soles que nos resten. Que el sueño siempre cumpla su promesa. Advertir que el rumor de un pueblo almado es más bello, más puro que el rocío. Hallarle el pan a quien lo pierda o sueñe.
Concurrir al llamado de las flores, cuando sangre el costado de la rosa. Pendientes del dolor de las palomas, cuando aceche penumbra, horror, borrasca. A pesar de aspavientos o fracasos, disponer de la vida mientras tanto, hasta que alguien decida lo contrario. De noche retroceden los relojes. Apostar a la paz, a la victoria. Que se apiadan los dioses de nosotros, de nuestra rabia, cólera o locura. Toparse, acompañarse, entusiasmarse. Adherirse, juntarse, desaislarse. Unirse, reunirse y asociarse. Llevar en el pañuelo una granada, ya pase lo que pase, por si acaso. Alumbrarle el sendero a las luciérnagas. Alzar al sol el grito la bandera. Velar por el camino de la aurora. Andar con el hermano que nos quede a la huerta perdida de la aldea para ver qué semillas recoger. Es tiempo de arrumbar los macundales, de encontrarse de nuevo con la vida.
Usar el cielo en caso necesario; a la tierra o las semillas. Emborronar de lluvia los poemas. Desempeñarse, amarse e ingeniárselas. De lidia en lidia, al alimón, al quiebro, en busca de la obranza, el propio temple. Fuera del alcatrazo de la muerte. Muy lejos de la sombra para siempre. Volar sobre el misterio de la arena. Labrar el día, rasguñar el cielo. Dejar en batallón nuestros silencios. Deslindar terredad de abatimiento; legado, salvación, andaje, velas; concomitancia, urgencia, nave o barca; madrugada, alarido, terquedad. Apostar al insomnio su demora.
Darle tiempo al camino a que regrese. Descubrir el espacio, igual el mundo. Escarbar, explorar, crecer, llegar. Encontrar, encontrarse, desplazarse. Afrontar, afirmarse y alcanzarse. Encendida la lámpara en la noche, candil intermitente de la aldea. Hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse. Prender la mecha al viento, armar al pobre. Armar a Dios definitivamente. Amar al prójimo y amarte. Definitivamente amar al hombre.
pablumbre@hotmail.com
lunes, 15 de abril de 2013
GÉNESIS
In memoriam:
José Antonio Escalona-Escalona
Se despertó de pronto la espesura.
Primero fue la luz. Después el viento.
Brotaron de la noche las semillas
y el rojo sol amaneció en los frutos.
Sobre los escarpados peñascales
saltaron, libres de temor, las bestias
Y en un vuelo de cóndores de espuma
las aguas emprendieron su jornada.
El hombre, entonces, amasó la tierra.
Todos los árboles se hicieron suyos
y suya fue la red de los caminos.
Nació sin nombre la primer aldea.
La vida tuvo la noción del tiempo.
Y vino Dios y santiguó la tierra.
Pablo Mora
Se despertó de pronto la espesura.
Primero fue la luz. Después el viento.
Brotaron de la noche las semillas
y el rojo sol amaneció en los frutos.
Sobre los escarpados peñascales
saltaron, libres de temor, las bestias
Y en un vuelo de cóndores de espuma
las aguas emprendieron su jornada.
El hombre, entonces, amasó la tierra.
Todos los árboles se hicieron suyos
y suya fue la red de los caminos.
Nació sin nombre la primer aldea.
La vida tuvo la noción del tiempo.
Y vino Dios y santiguó la tierra.
Pablo Mora
martes, 9 de abril de 2013
OÍR EL LLAMAMIENTO
OÍR EL LLAMAMIENTO
Pablo Mora
oír el llamamiento y presentarse en el patio de honor tomar el arma —la lumbre genital en la batalla— celarla antes después y en la faena alistarse entrenarse permanentemente partir de madrugada irse al frente a primera línea o retaguardia con trinchera o sin trinchera enfrentando al enemigo fuego a fuego defendiendo atacando resistiendo calada en el fusil la bayoneta empuñar la destreza necesaria sentir el apoyo del certero impacto de los misiles los ángeles custodios de la justa oír rumores nunca divulgarlos saber que el arte es una guerra en grande
hablar de vez en cuando de temas menores ir formando gestos lentamente usar la propia mano como almohada trasplantar los recuerdos hacer correr un pedazo de oscuridad sobre otro recortar el espacio que queda entre las cosas sacar de circulación nuestra imagen cambiar la propia imagen periódicamente cambiar de imagen cada tanto como se cambia de sueño cada noche
saber lo estrictamente indispensable participar en el engaño en el ardid la situación o la apariencia llevar la astucia al máximo posible adaptarse a la situación sobre todo a la situación ajena avanzar por caminos tan insólitos que nunca el adversario logre descubrir dar con el más vulnerable de los puntos batirse en retirada o perseguirla contar con la moral el ánimo el terreno el clima el mando la ocasión y la doctrina
descubrir el esquema general del enemigo como el agua adaptarse a las formas nuevas usar ataques directos e indirectos pulsar la ventaja y desventaja de la hazaña protegerse del árbol que se agita del pájaro que se espanta del polvo alborotado del llanto de la bandera en el contrario frente
distinguir claramente entre terreno accesible deleznable angosto accidentado fronterizo clave convergente difícil o mortal conocer al enemigo como a sí mismo para que nunca la victoria sea amenazada conocer las fuerzas naturales el fuego el risco el agua por la escarpa contar con el agente secreto inevitable administrar pertrecho y proyectil
oírle los crujidos a las horas palpar la inofensiva algarabía sumarse a la marea la insurgencia ataque o contraataque necesarios ponderar las armas de los perros y los pájaros el diapasón del bosque del silencio los pozos de las rosas y los muertos la rosa que nos lleve a las estrellas recobrar el derecho de las piedras conjugar sueño polvo soledades al paso de los soles que nos resten que el sueño siempre cumpla su promesa advertir que el rumor de un pueblo almado es más bello más puro que el rocío hallarle el pan a quien lo pierda o sueñe concurrir al llamado de las flores cuando sangre el costado de la rosa pendientes del clamor de las palomas cuando aceche penumbra horror borrasca de noche retroceden los relojes
crear un marco para cada cosa cuidarse de poseer características ajenas a nuestro destino oír todas las verdades y todas las mentiras descifrar cuidadosamente cada una de las sorpresas vespertinas o de fines de semana fin de año o fin de siglo cambiar de voz de nombre y de oficio para averiguar lo imposible comprender la semiótica de las iguanas y las lagartijas
subir a la locura por la parte más accesible reparar el pensamiento para a los escamoteos de las cosas escapar de las miradas de los otros después de la propia mirada luego de la mirada de las cosas aprender a olvidarse del recuerdo desmadejar las líneas de la mano entremezclar los ojos y las cosas desencajar el silencio del sueño
quebrar el hipnotismo de las cosas desenfrentarse de la vida y mirar hacia un ojo que no nos hipnotice inventar respiraciones nuevas inventar el regreso del mundo después de su desaparición llevar una mirada de repuesto o comprar alguna en el mercado inventar otra mirada y si aún faltare algo inventar también otra forma más concreta del hombre
aprender a afinar la guitarra con la puntería exacta del fusil para marchar al combate con el pueblo recoger lo poco que existe y crear lo que no existe empezar a no reflejarnos ya en los charcos disolver para siempre nuestro grotesco oficio de encuadernar la nada adorar hasta la demencia la rebelión de Adán y Eva tomar en cuenta las notables diferencias entre un Pontífice y un Poeta de la Liberación valerse de la ocasión para renovar las seguridades de alta y distinguida consideración
despertar al silencio de la vida abrir el oído al ojo o echarle ojo al oído hacer silencio para darle paso a la luz colocar acento al tiempo antes de las palmadas de la muerte escuchar el aplauso de los pájaros cuando revienta en diapasón el día a pesar del estruendo de las hambres tentar medir pulsar darle tiempo al camino a que regrese
reconquistar nuestro origen reconocer que no hay quejido mayor que el del amor estar atento al parte de guerra saber que existen caminos que no hay que seguir ciudades que no hay que asediar o atacar ejércitos que no conviene hostigar preguntas que no hay que contestar y hasta órdenes que no hay por qué cumplir dejarse ser dejar que toda cosa sea a pesar de tener que competir partir andar luchar llegar vivir auscultarse encontrarse y aceptarse hundirse hurgarse ser sentirse serse
adelantar vivir sobrevivir resistir hasta el último combate huir de frente atacar de retirada volver caras triunfar en la derrota ir entre escaramuza y sorpresivo encuentro halando la explosión del lauro rechazar la sentencia de la muerte asumir alto el triunfo de la vida
blandiendo diapasones subversivos llevar hasta la cima la bandera y desplegarla en rancho en cada aldea hasta colmar la lágrima del pueblo coronada la lucha asegurar la militancia plena por la belleza y la verdad del hombre como un golpe de amor en cada miedo como un claro de tierra en la mirada
desentrañar los secretos al asombro grabar el sueño entre los árboles estar en el centro de la vida de por vida tener mucha imaginación para ver la realidad asumir absurdos enigmas laberintos y zozobras perpetuar la gloria del mundo en un grano de maíz mantener la espada en la trocha que corresponda abrir compartir la luz al mismo tiempo que la noche oscura encender lámparas en el túnel de la infamia enloquecida empuñar las manceras del arado en el lugar apropiado en el momento apropiado y en la circunstancia apropiada
dejar crecer el verso la vigilia el abrazo el amor la vida el juego no hay que podar la paz tal vez la rosa extasiarse asombrarse ser lumbre vino juego trashumancia ver a Dios desnudo sin hacerle caso uno no sabe si lo oyen las estrellas las piedras por la noche a solas vuelan en cada cuarto oscuro sombra insomne habrá algún árbol donde nadie llegue un horizonte que el hombre no alcance un hombre encuandecido un frailejón en niebla entelerido una ceiba una sombra envejecida donde viva la lejanía
saber del hospedaje del silencio mirar atentamente el horizonte mientras la muerte nos espera un rato mientras la tarde se despide lenta mientras la selva hacia la noche viaja
saber de la escritura de las piedras del colosal silencio de los grillos abrirle los postigos al crepúsculo tantearle a los sueños sus luceros fundir los versos en tenaz acero
hacer caber a Dios en un dedal al Sol en el ojo de una hormiga al mar en los labios de una perla mientras la luz ensimismada duerme
ser lámpara en la noche de la aldea sin aldaba sin llave sin silbido reconocer el sueño entre la luz hasta bajarnos de la sombra in albis y encontrar otro insomne en el camino
recoger las preguntas de los niños para que nunca el hombre pierda asombro nombrar la libertad la vida el fuego la fuerza de los sueños de los ríos las canciones las hierbas de la tarde morir cantando sacudir asombros darle vida a la tierra la alegría a la lluvia color al arco iris romper cercas sembrar enredaderas amanecer con nuevos alumbrajes preparar un manjar que a todos sacie a la gacela bajo el tamarindo
conocer las entrañas de las hojas el corazón del bosque y sus vitrales el páramo sus cuitas y plegarias desenterrar el misterio de la rosa ahuyentar la sombra y sus reveses escapar del ladrido de la calle del hosco muñón del peregrino del puñal que en la acera nos espera o del barco que acecha nuestras costas dar con el ámbar del primer arroyo traspapelar la terquedad del lunes aullar juntos delante de los cielos escucharle al pobre su alarido compartir esperanzas con el árbol expulsar el despojo mutilado ser libres así el fuego nos cercene quitar algunas comas al crepúsculo ver la noche sin que nadie contradiga eludir la risa ensangrentada dar con una migaja de soledad marina atravesar tragedias agonías alero interrogante incertidumbre
dar forma al vacío ojos al poema para que pueda cruzar la calle alas a Dios para que llegue al hombre robarle sin que sepa una sonrisa al sol en la arboleda cruzar no la aurora sino el alma en que ampara su soñar aupar asolear la eternidad escuchar la soledad y dirigirle la palabra llegar con los ojos abiertos a la mirada final pedirle a la luz que nos espere reprocharle al alba su tardanza correr con el peligro de la vida
acercarse a los que sueñan o sollozan o tienen hambre y sed bajo el cielo verse en el que tiene más de mil años de pedir pan y sueño en el que no tiene camino que seguir detenerse a la orilla sangrante de una pena adentro de las pequeñas casas de cartón escuchar el sonido de las lágrimas
acordarse del viaje hacia la sombra alumbrar la maravilla encender relámpagos asombrar al tiempo sentir las sombras fundar los sueños amar al viento limpiar el poder cuando corrompa unir lo posible con lo imposible llevar el infinito a cuestas sentarse en el lugar del hambre llevar a peso las palabras reinar sobre la muerte salvarse juntos saber cuándo con qué fuerza de qué modo asumir nuestro destino
salvaguardar al hombre que florece la lumbre lubricante de la piedra descargar nuestros almácigos vivir mientras el alma nos suene morir cuando la hora nos llegue ver regresar la primavera pasar a tiempo la palabra abrirse desgarrarse con el otro
pronunciar la palabra decisiva confirmar que la civilización no es más que una injusticia armada que la poesía es una insurrección que el poeta no se ofende porque le llaman subversivo cuando le dicen insurgente decidirnos por la libertad de la palabra hasta hacerla timón en nuestras manos para el hombre que empina su bravura
rebelarse en la muerte bochornosa ir tras la flora del variado enigma llegar a la mejilla de la tarde amar la tierra amar al monte al hombre los cangilones de hambre a la intemperie rescatar las preguntas de los otros preguntar por la rosa por el hombre
recobrar la palabra germinal su legendaria esquina memoriosa la pródiga semilla sobre el campo las claras madrugadas fornicantes transgredir lo decible y permisible frente a una palabra enmascarada fantasiosa una clave articulada lujuriosa pertinente una palabra activa digna apasionada certera cruda furente fehaciente empuñada insomne verdadera una palabra que golpee al mundo y acompañe al hombre urgida llameante inextinguible adecuada al enigma universal y al majestuoso corazón del hombre a pulso de vinagre vino y júbilo dejar que asome la palabra el hombre
toparse acompañarse entusiasmarse adherirse juntarse desaislarse asociarse zurcirse reunirse llevar en el pañuelo una granada ya pase lo que pase por si acaso alumbrarle el sendero a las luciérnagas alzar al sol la lluvia las fogatas velar por el camino de la aurora andar con el hermano que nos quede a la huerta perdida de la aldea para ver qué semillas recoger es tiempo de arrumbar los macundales de encontrarse de nuevo con las topias usar el cielo en caso necesario a la tierra en ausencia de sus manos emborronar de lluvia los poemas de lidia en lidia al alimón al quiebro en busca de la obranza volar sobre el misterio de la arena labrar el día rasguñar el cielo dejar en batallón nuestros silencios deslindar terredad de abatimiento legado salvación andaje velas darle de beber a las botellas darle tiempo al camino a que regrese porque a las noches también les da sueño
hacer esto o aquello hacerlo todo a tiempo hacer reír así sea con una sonrisa de gato el problema radica en la sonrisa todos entienden menos los idiotas se castigan las costumbres riendo o con la fuerza de un artículo de fondo bajo un paraguas toda duda cabe todos los besos ecos y jadeos todos los escenarios de Broadway todos los alaridos todos los cuernos de las fotos todos los zapatos de la lluvia importante saber en qué guerra estamos dónde fuimos o estuvimos esto es imprescindible y por supuesto entender muy bien al mar nadie sabe qué hacer con tanta lluvia
De “Sangre Zurcida”
A la luz de Sun-Tzu y Roberto Juarroz
Pablo Mora
oír el llamamiento y presentarse en el patio de honor tomar el arma —la lumbre genital en la batalla— celarla antes después y en la faena alistarse entrenarse permanentemente partir de madrugada irse al frente a primera línea o retaguardia con trinchera o sin trinchera enfrentando al enemigo fuego a fuego defendiendo atacando resistiendo calada en el fusil la bayoneta empuñar la destreza necesaria sentir el apoyo del certero impacto de los misiles los ángeles custodios de la justa oír rumores nunca divulgarlos saber que el arte es una guerra en grande
hablar de vez en cuando de temas menores ir formando gestos lentamente usar la propia mano como almohada trasplantar los recuerdos hacer correr un pedazo de oscuridad sobre otro recortar el espacio que queda entre las cosas sacar de circulación nuestra imagen cambiar la propia imagen periódicamente cambiar de imagen cada tanto como se cambia de sueño cada noche
saber lo estrictamente indispensable participar en el engaño en el ardid la situación o la apariencia llevar la astucia al máximo posible adaptarse a la situación sobre todo a la situación ajena avanzar por caminos tan insólitos que nunca el adversario logre descubrir dar con el más vulnerable de los puntos batirse en retirada o perseguirla contar con la moral el ánimo el terreno el clima el mando la ocasión y la doctrina
descubrir el esquema general del enemigo como el agua adaptarse a las formas nuevas usar ataques directos e indirectos pulsar la ventaja y desventaja de la hazaña protegerse del árbol que se agita del pájaro que se espanta del polvo alborotado del llanto de la bandera en el contrario frente
distinguir claramente entre terreno accesible deleznable angosto accidentado fronterizo clave convergente difícil o mortal conocer al enemigo como a sí mismo para que nunca la victoria sea amenazada conocer las fuerzas naturales el fuego el risco el agua por la escarpa contar con el agente secreto inevitable administrar pertrecho y proyectil
oírle los crujidos a las horas palpar la inofensiva algarabía sumarse a la marea la insurgencia ataque o contraataque necesarios ponderar las armas de los perros y los pájaros el diapasón del bosque del silencio los pozos de las rosas y los muertos la rosa que nos lleve a las estrellas recobrar el derecho de las piedras conjugar sueño polvo soledades al paso de los soles que nos resten que el sueño siempre cumpla su promesa advertir que el rumor de un pueblo almado es más bello más puro que el rocío hallarle el pan a quien lo pierda o sueñe concurrir al llamado de las flores cuando sangre el costado de la rosa pendientes del clamor de las palomas cuando aceche penumbra horror borrasca de noche retroceden los relojes
crear un marco para cada cosa cuidarse de poseer características ajenas a nuestro destino oír todas las verdades y todas las mentiras descifrar cuidadosamente cada una de las sorpresas vespertinas o de fines de semana fin de año o fin de siglo cambiar de voz de nombre y de oficio para averiguar lo imposible comprender la semiótica de las iguanas y las lagartijas
subir a la locura por la parte más accesible reparar el pensamiento para a los escamoteos de las cosas escapar de las miradas de los otros después de la propia mirada luego de la mirada de las cosas aprender a olvidarse del recuerdo desmadejar las líneas de la mano entremezclar los ojos y las cosas desencajar el silencio del sueño
quebrar el hipnotismo de las cosas desenfrentarse de la vida y mirar hacia un ojo que no nos hipnotice inventar respiraciones nuevas inventar el regreso del mundo después de su desaparición llevar una mirada de repuesto o comprar alguna en el mercado inventar otra mirada y si aún faltare algo inventar también otra forma más concreta del hombre
aprender a afinar la guitarra con la puntería exacta del fusil para marchar al combate con el pueblo recoger lo poco que existe y crear lo que no existe empezar a no reflejarnos ya en los charcos disolver para siempre nuestro grotesco oficio de encuadernar la nada adorar hasta la demencia la rebelión de Adán y Eva tomar en cuenta las notables diferencias entre un Pontífice y un Poeta de la Liberación valerse de la ocasión para renovar las seguridades de alta y distinguida consideración
despertar al silencio de la vida abrir el oído al ojo o echarle ojo al oído hacer silencio para darle paso a la luz colocar acento al tiempo antes de las palmadas de la muerte escuchar el aplauso de los pájaros cuando revienta en diapasón el día a pesar del estruendo de las hambres tentar medir pulsar darle tiempo al camino a que regrese
reconquistar nuestro origen reconocer que no hay quejido mayor que el del amor estar atento al parte de guerra saber que existen caminos que no hay que seguir ciudades que no hay que asediar o atacar ejércitos que no conviene hostigar preguntas que no hay que contestar y hasta órdenes que no hay por qué cumplir dejarse ser dejar que toda cosa sea a pesar de tener que competir partir andar luchar llegar vivir auscultarse encontrarse y aceptarse hundirse hurgarse ser sentirse serse
adelantar vivir sobrevivir resistir hasta el último combate huir de frente atacar de retirada volver caras triunfar en la derrota ir entre escaramuza y sorpresivo encuentro halando la explosión del lauro rechazar la sentencia de la muerte asumir alto el triunfo de la vida
blandiendo diapasones subversivos llevar hasta la cima la bandera y desplegarla en rancho en cada aldea hasta colmar la lágrima del pueblo coronada la lucha asegurar la militancia plena por la belleza y la verdad del hombre como un golpe de amor en cada miedo como un claro de tierra en la mirada
desentrañar los secretos al asombro grabar el sueño entre los árboles estar en el centro de la vida de por vida tener mucha imaginación para ver la realidad asumir absurdos enigmas laberintos y zozobras perpetuar la gloria del mundo en un grano de maíz mantener la espada en la trocha que corresponda abrir compartir la luz al mismo tiempo que la noche oscura encender lámparas en el túnel de la infamia enloquecida empuñar las manceras del arado en el lugar apropiado en el momento apropiado y en la circunstancia apropiada
dejar crecer el verso la vigilia el abrazo el amor la vida el juego no hay que podar la paz tal vez la rosa extasiarse asombrarse ser lumbre vino juego trashumancia ver a Dios desnudo sin hacerle caso uno no sabe si lo oyen las estrellas las piedras por la noche a solas vuelan en cada cuarto oscuro sombra insomne habrá algún árbol donde nadie llegue un horizonte que el hombre no alcance un hombre encuandecido un frailejón en niebla entelerido una ceiba una sombra envejecida donde viva la lejanía
saber del hospedaje del silencio mirar atentamente el horizonte mientras la muerte nos espera un rato mientras la tarde se despide lenta mientras la selva hacia la noche viaja
saber de la escritura de las piedras del colosal silencio de los grillos abrirle los postigos al crepúsculo tantearle a los sueños sus luceros fundir los versos en tenaz acero
hacer caber a Dios en un dedal al Sol en el ojo de una hormiga al mar en los labios de una perla mientras la luz ensimismada duerme
ser lámpara en la noche de la aldea sin aldaba sin llave sin silbido reconocer el sueño entre la luz hasta bajarnos de la sombra in albis y encontrar otro insomne en el camino
recoger las preguntas de los niños para que nunca el hombre pierda asombro nombrar la libertad la vida el fuego la fuerza de los sueños de los ríos las canciones las hierbas de la tarde morir cantando sacudir asombros darle vida a la tierra la alegría a la lluvia color al arco iris romper cercas sembrar enredaderas amanecer con nuevos alumbrajes preparar un manjar que a todos sacie a la gacela bajo el tamarindo
conocer las entrañas de las hojas el corazón del bosque y sus vitrales el páramo sus cuitas y plegarias desenterrar el misterio de la rosa ahuyentar la sombra y sus reveses escapar del ladrido de la calle del hosco muñón del peregrino del puñal que en la acera nos espera o del barco que acecha nuestras costas dar con el ámbar del primer arroyo traspapelar la terquedad del lunes aullar juntos delante de los cielos escucharle al pobre su alarido compartir esperanzas con el árbol expulsar el despojo mutilado ser libres así el fuego nos cercene quitar algunas comas al crepúsculo ver la noche sin que nadie contradiga eludir la risa ensangrentada dar con una migaja de soledad marina atravesar tragedias agonías alero interrogante incertidumbre
dar forma al vacío ojos al poema para que pueda cruzar la calle alas a Dios para que llegue al hombre robarle sin que sepa una sonrisa al sol en la arboleda cruzar no la aurora sino el alma en que ampara su soñar aupar asolear la eternidad escuchar la soledad y dirigirle la palabra llegar con los ojos abiertos a la mirada final pedirle a la luz que nos espere reprocharle al alba su tardanza correr con el peligro de la vida
acercarse a los que sueñan o sollozan o tienen hambre y sed bajo el cielo verse en el que tiene más de mil años de pedir pan y sueño en el que no tiene camino que seguir detenerse a la orilla sangrante de una pena adentro de las pequeñas casas de cartón escuchar el sonido de las lágrimas
acordarse del viaje hacia la sombra alumbrar la maravilla encender relámpagos asombrar al tiempo sentir las sombras fundar los sueños amar al viento limpiar el poder cuando corrompa unir lo posible con lo imposible llevar el infinito a cuestas sentarse en el lugar del hambre llevar a peso las palabras reinar sobre la muerte salvarse juntos saber cuándo con qué fuerza de qué modo asumir nuestro destino
salvaguardar al hombre que florece la lumbre lubricante de la piedra descargar nuestros almácigos vivir mientras el alma nos suene morir cuando la hora nos llegue ver regresar la primavera pasar a tiempo la palabra abrirse desgarrarse con el otro
pronunciar la palabra decisiva confirmar que la civilización no es más que una injusticia armada que la poesía es una insurrección que el poeta no se ofende porque le llaman subversivo cuando le dicen insurgente decidirnos por la libertad de la palabra hasta hacerla timón en nuestras manos para el hombre que empina su bravura
rebelarse en la muerte bochornosa ir tras la flora del variado enigma llegar a la mejilla de la tarde amar la tierra amar al monte al hombre los cangilones de hambre a la intemperie rescatar las preguntas de los otros preguntar por la rosa por el hombre
recobrar la palabra germinal su legendaria esquina memoriosa la pródiga semilla sobre el campo las claras madrugadas fornicantes transgredir lo decible y permisible frente a una palabra enmascarada fantasiosa una clave articulada lujuriosa pertinente una palabra activa digna apasionada certera cruda furente fehaciente empuñada insomne verdadera una palabra que golpee al mundo y acompañe al hombre urgida llameante inextinguible adecuada al enigma universal y al majestuoso corazón del hombre a pulso de vinagre vino y júbilo dejar que asome la palabra el hombre
toparse acompañarse entusiasmarse adherirse juntarse desaislarse asociarse zurcirse reunirse llevar en el pañuelo una granada ya pase lo que pase por si acaso alumbrarle el sendero a las luciérnagas alzar al sol la lluvia las fogatas velar por el camino de la aurora andar con el hermano que nos quede a la huerta perdida de la aldea para ver qué semillas recoger es tiempo de arrumbar los macundales de encontrarse de nuevo con las topias usar el cielo en caso necesario a la tierra en ausencia de sus manos emborronar de lluvia los poemas de lidia en lidia al alimón al quiebro en busca de la obranza volar sobre el misterio de la arena labrar el día rasguñar el cielo dejar en batallón nuestros silencios deslindar terredad de abatimiento legado salvación andaje velas darle de beber a las botellas darle tiempo al camino a que regrese porque a las noches también les da sueño
hacer esto o aquello hacerlo todo a tiempo hacer reír así sea con una sonrisa de gato el problema radica en la sonrisa todos entienden menos los idiotas se castigan las costumbres riendo o con la fuerza de un artículo de fondo bajo un paraguas toda duda cabe todos los besos ecos y jadeos todos los escenarios de Broadway todos los alaridos todos los cuernos de las fotos todos los zapatos de la lluvia importante saber en qué guerra estamos dónde fuimos o estuvimos esto es imprescindible y por supuesto entender muy bien al mar nadie sabe qué hacer con tanta lluvia
De “Sangre Zurcida”
A la luz de Sun-Tzu y Roberto Juarroz
domingo, 7 de abril de 2013
martes, 2 de abril de 2013
Por un arma en paz
Por un arma en paz
Pablo Mora
Buscaremos madrugadas, insomnios rotos, infantes llantos, tempestades; nidos solos, silencios desbocados, aguas frescas, subversiones; patrullas, trincheras, rabias; luces, truenos, mayos; caprichos, persistencias, claridades. Buscaremos claveles y jazmines, voces, verdades y canciones; proyectos y bandejas, arados y charapos; albricias tempraneras, calles, plazas; frailejones, pancartas, esperanzas; presentes infinitos, aspavientos, macundales; vientos, sueños, contras, azabaches, persistencias, bendiciones. Sabremos de arrebatos; del columpio de la rabia, del camino que lleva al desespero; de las edades del grito y la asechanza; de la vagina, de la pereza, de las prisas; del hambre, del ladrido imperial, de los bellacos. Sabremos del instante, del naufragio, de las amargas grietas del roble; de los burdeles del aire, de las esquinas del sueño; de los apellidos del árbol, de las arenas del mal; de los basurales del pobre, de los molinos sin viento, de las entrañas del daño.
Sabremos de las distintas caras cristianas; de los entierros sin hombros; de los suburbios sin santos; de los jirones de sueldo; de los retazos del agua; de las gargantas sin voz; de los charcos del dólar; de los gemidos del banco; de la señal del centavo. Armaremos salones, cajas, calles, plazas; armaremos casonas, sueños, soles, tardes; milagros, camerinos y tarimas; aceras, consignas, faroles y banderas. Armaremos de acero los cantos. Hasta de dos en dos armarnos y amarnos hasta el fin. Echaremos las sombras al viento, a las espaldas los arroyos del tiempo, las barricadas sin paz. Revisaremos listas, nóminas, retratos.
Contrataremos, solicitaremos, inscribiremos a Dios. Perdonaremos a la cizaña, a la ortiga, a los zancudos, a los cables, a la luz, a los técnicos, a su trabajo subliminal. Volveremos al sitio, al encuentro, al abrazo, con la frente en el cielo y el arma sin voz. Caminaremos despacio jardines, arrebol, sabana, aldea, alba, barrio, luna, madrugada. Juntaremos casa, avío, diapasón, resabios, fincas y razones; víveres, dinero, el aceite, los garbanzos, el carriel. Cuenta rendiremos. Ajustaremos tragos, brindis, trasnochos, alegrías. Tornaremos al cimiento, a los caminos, a las ruanas, al cuatro, las veredas. Contaremos con el voto de los pájaros, con el aplauso de la tarde, con la confianza del vino, con las señas de la luz.
Alistaremos las mesas, las jarras, las cafeteras, los manteles. Iremos a la marcha de los árboles. Al murciélago trizas volveremos. Echaremos el resto, apañaremos el sol. Daremos nuestra vida por un arma en paz. Contemos con la vida. Cantémosle a la tierra, al bahareque, al oro, al riesgo, al desafío. Inspeccionemos armas, demonios, insignias, santidades; andanzas, amenazas, mensajes, bodegas, secretos y arsenales químicos, biológicos, nucleares. Desenterremos el mal y sus secuaces. Reunamos tantos inspectores como sea posible. Crucemos las fronteras del imperio. Ingresemos en sus antros, en el fondo de sus cajas negras. Desarmemos sus desvergonzadas locuras, con la fuerza de la paz.
De “Sombra Antigua”
domingo, 31 de marzo de 2013
Abrilerías
Abrilerías
Pablo Mora
Aire de abril para mi luz andina para mi cafetal para mi aldea florida de tristeza y conticinio de soledad de musgo y de vereda Abril amor para el tejado azul para el zaguán también adormecido de esperar tu presencia azul marina y las fugas de amor en primavera Desde niño anhelaba tu color el de mi cerro y mi colina azul cabalgando risueño por el cielo Aire de abril amor para la lluvia trenzada de neblina aquí en mi aldea Abril por fin para nacer contigo
Voy en abril, seguro de que existo desde que un viento largo allá en mi aldea —sin saber la colina de mi sombra— dejó mi sueño andando por la vida Creo en abril en su reinado eterno en su ancho pedestal de sombra verde en la audacia taurina de su cielo en su leve y dulcífera armonía Abril contigo va mi corazón mi sueño mi dolor y mi tardanza contigo abril me alcanzará la aurora cuando lejano ya de aquella aldea te encuentre abril en plena primavera durmiendo el corazón a alguna rosa
Me moriré en abril con aguacero un día que la lluvia ya recuerda aunque nunca escuchemos las campanas irán aquella tarde a nuestro entierro Seguro un jueves como es hoy de abril un día de este siglo que amanece seguramente un día a la intemperie o sábado o domingo un día de estos Pablo ha muerto dirán las pomarrosas la aldea lo sabrá sus cafetales el limonero y el amor ardiente También los cangilones y Vallejo almácigos insomnios aspavientos la soledad la lluvia los caminos...
Con todo, cierto, no hablan nunca de muerte las pomarrosas. Ni los aguaceros de abril cobijan ausencias. En primavera, los jueves tienen sabor a miércoles. Y los cafetales, los limoneros, los inventarios y los insomnios no son otra cosa que rituales en los que la vida borda sus más hermosos designios. Si algún día hemos de marcharnos, se irá nuestra sombra, no el rayo solar que se posa en el corazón de las rosas. Y los paisajes, lejos de entristecerse, sonreirán para darnos la bienvenida al solar de su reino florecido. Lo dice el abril que nos pertenece.
“En abril las pomarrosas deletrean sobre los árboles gajitos de eternidad las chicharras con su silbo iluminan el largo túnel de donde vienen los sapitos dibujan sobre los charcos una infinita canción de amor las siemprevivas se encienden como linternitas de la mañana los caminitos de agua hacen alianza con los guijarros para escribir un diálogo con el río las arbolas se ponen su floreado traje de primavera para transmutar los inviernos en el verde infinito de la vida que no cesa
abril es el andén solar donde la lluvia fabrica arco iris las hojas se orillan en las ramas las semillas consagran su travesía hacia el azucarado confite de las frutas tiempo azul de azulejos territorio en vuelo de mariposas almácigo de sepias y jazmín quien arriba al continente de la vida desde sus abrilerías queda poblado por siempre entre sus hierbas aromado de amanecer y eternidad” (MS).
pablumbre@hotmail.com
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