martes, 17 de septiembre de 2013

Siempre crece un pino

Siempre crece un pino Marchándose sin prisa como vino y agitado en su copa por el viento, mi corazón es un arroyo lento en cuya orilla siempre crece un pino. En cuya orilla siempre crece un pino, mi corazón es un arroyo lento, agitado en su copa por el viento, marchándose sin prisa como vino. Marchándose sin prisa como vino, agitado en su copa por el viento, en cuya orilla siempre crece un pino. En cuya orilla siempre crece un pino, mi corazón es un arroyo lento, marchándose sin prisa como vino. Luis Pastori

Alicia

Alicia Alicia: Jezabel, Martha, María. Alicia: fuente limpia, rama nueva. Alicia: uva del tiempo, corza mía. Alicia: mirlo blanco, yo te quiero. Luis Pastori Alicia: el azulejo y la alcancía Alicia: abril para que el alma llueva Alicia: junco y nieve estrella nueva Alicia: Jezabel, Marta, María. Alicia: en el azul del mar de leva Alicia: en la colina poesía Alicia: canto brisa sauce día Alicia: fuente limpia, rama nueva. Alicia: en el umbral la sinfonía Alicia: claridad destino río Alicia: uva del tiempo, corza mía. Alicia: Arturo Aldebarán lucero Alicia: en Altaír yo te sonrío Alicia: mirlo blanco, yo te quiero. Pablo Mora

viernes, 13 de septiembre de 2013

viernes, 6 de septiembre de 2013

Que no sea sino la paz

Que no sea sino la paz …que no se detenga. Templada tu ira, borrón de papel, noche del universo… Diana Poblet la palabra que no se detenga antes sea grito logos despojamiento y explosión alborada insondable desgarradura epifanía umbral desafío gozo llamamiento hervor desnudez carnalidad inacabable rotación complot liberador subversión compasión expectación incubación conciliación aguda cómplice sabia comprensiva indetenible cosmos desplazamiento fulgor revelación no se detenga antes sea correlación soberbia alada implacable sospecha infinita ingenuidad huracán jugada prometeica radical indesignable religación riqueza plenitud nocturnidad dialogante deidad enamorada rotación enigma pasional milagro asombro inescrutable plenitud oscura claridad tiniebla iluminada desnudez total que no se detenga antes sea eje solar lucidez de sol hartura entrega gozo desenfreno apaciguante intimidad de sombras aleteo de muchedumbre de luciérnagas en el sueño del desierto enfurecido el buitre leonado de la guerra en los pavores de la Palestina aullido de Dios sobre el planeta que no sea sino la paz conciencia tiempo vida espiral agite penas ansias trizas llanto desvarío azul temprano vieja copa desprecio grito reina silencio fuerza noche amor imposible suspiro beso alma juicio embriaguez cuento lloro angustia desamor cuenta juramento soledad recuerdo abrazo dicho paloma alas adiós locura soñador enamorado sin quehacer sin noche sin cordura sufrimiento abrazo árbol pena careta jardín tempritud salida llaga luna brasa pena alta nube alto desconsuelo alto sol amor arriba abajo abajo arriba desespero pobre árbol campo campana campanario callejón rojo corazón camino atajo pedazo brazo fe orgullo gota luz ojos luz final camino espera tiempo querer perdón corrido valor flor domingo martes lunes grito bala corazón ausencia ventura llanto niño anunciación presente eterno mundo nuevo nuevo día cerca sueño arrullo terciopelo nubes juntas juntos sueños manos corazón ausencia jazmín amanecer lejos cerca luz vagancia hechura lejanía estrellita tristeza alegría pobreza corazón barrio humilde barrio cerca llanto aventurero camino jinete baraja caminito jardín canción ojos noche estrella campana viento melodía cristal calle cuesta mundo sombrero ala vida entera ser alegría tiempo viejo incansable copa pendiente solitaria sueño pronto mentira confesión Cristina Mery Eduardo Fernando que no la detengan No nos la dejaremos arrebatar

Si vis pacem, para bellum

Si vis pacem, para bellum Pablo Mora oír el llamamiento y presentarse en el patio de honor tomar el arma la lumbre genital en la batalla celarla antes después y en la faena alistarse entrenarse permanentemente partir de madrugada irse al frente a primera línea o retaguardia con trinchera o sin trinchera enfrentando al enemigo fuego a fuego defendiendo atacando resistiendo calada en el fusil la bayoneta empuñar la destreza necesaria sentir el apoyo del certero impacto de los misiles los ángeles custodios de la justa oír rumores nunca divulgarlos saber que el arte es una guerra en grande hablar de vez en cuando de temas menores ir formando gestos lentamente usar la propia mano como almohada trasplantar los recuerdos hacer correr un pedazo de oscuridad sobre otro recortar el espacio que queda entre las cosas sacar de circulación nuestra imagen cambiar la propia imagen periódicamente cambiar de imagen cada tanto como se cambia sueño cada noche crear un marco para cada cosa cuidarse de poseer características ajenas a nuestro destino oír todas las verdades y todas las mentiras descifrar cuidadosamente cada una de las sorpresas vespertinas o de fines de semana fin de año o fin de siglo cambiar de voz de nombre y de oficio para averiguar lo imposible comprender la semiótica de las iguanas y las lagartijas subir a la locura por la parte más accesible reparar el pensamiento para a los escamoteos de las cosas escapar de las miradas de los otros después de la propia mirada luego de la mirada de las cosas desmadejar las líneas de la mano entremezclar los ojos y las cosas desencajar el silencio del sueño aprender a olvidarse del recuerdo quebrar el hipnotismo de las cosas desenfrentarse de la vida y mirar hacia un ojo que no nos hipnotice inventar respiraciones nuevas inventar el regreso del mundo después de su desaparición llevar una mirada de repuesto o comprar alguna en el mercado inventar otra mirada y si aún faltare algo inventar también otra forma más concreta del hombre aprender a afinar la guitarra con la puntería exacta del fusil para marchar al combate con el pueblo recoger lo poco que existe y crear lo que no existe empezar a no reflejarnos ya en los charcos disolver para siempre nuestro grotesco oficio de encuadernar la nada adorar hasta la demencia la rebelión de Adán y Eva tomar en cuenta las notables diferencias entre un Pontífice y un Poeta de la Liberación valerse de la ocasión para renovar las seguridades de la alta y distinguida estimación despertar al silencio de la vida abrir el oído al ojo o echarle ojo al oído hacer silencio para darle paso a la luz colocar acento al tiempo antes de las palmadas de la muerte escuchar el aplauso de los pájaros cuando revienta en diapasón el día a pesar del estruendo de las hambres reconquistar nuestro origen reconocer que no hay quejido mayor que el del amor estar atento al parte de guerra saber que existen caminos que no hay que seguir ciudades que no hay que asediar o atacar ejércitos que no conviene hostigar preguntas que no hay que contestar y hasta órdenes que no hay por qué cumplir dejarse ser dejar que toda cosa sea a pesar de tener que competir partir andar luchar llegar vivir auscultarse encontrarse y aceptarse hundirse hurgarse ser sentirse serse saber lo estrictamente indispensable participar en el engaño en el ardid la situación o la apariencia llevar la astucia al máximo posible adaptarse a la situación sobre todo a la situación ajena avanzar por caminos tan insólitos que nunca el adversario logre descubrir dar con el más vulnerable de los puntos batirse en retirada o perseguirla contar con la moral el ánimo el terreno el clima el mando la ocasión y la doctrina descubrir el esquema general del enemigo como el agua adaptarse a las formas nuevas usar ataques directos e indirectos pulsar la ventaja y desventaja de la hazaña protegerse del árbol que se agita del pájaro que se espanta del polvo alborotado del llanto de la bandera en el contrario frente distinguir claramente entre terreno accesible deleznable angosto accidentado fronterizo clave convergente difícil o mortal conocer al enemigo como a sí mismo para que nunca la victoria sea amenazada conocer las fuerzas naturales el fuego el risco el agua por la escarpa contar con el agente secreto inevitable administrar pertrecho y proyectil adelantar vivir sobrevivir resistir hasta el último combate huir de frente atacar de retirada volver caras triunfar en la derrota ir entre escaramuza y sorpresivo encuentro halando la explosión del lauro rechazar la sentencia de la muerte asumir alto el triunfo de la vida blandiendo diapasones subversivos llevar hasta la cima la bandera y desplegarla en rancho en cada aldea hasta colmar la lágrima del pueblo coronada la lucha asegurar la militancia plena por la belleza y la verdad del hombre como un golpe de amor en cada miedo como un claro de tierra en la mirada desentrañar secretos al asombro grabar el sueño entre los árboles estar en el centro de la vida de por vida tener mucha imaginación para ver la realidad asumir absurdos enigmas laberintos y zozobras perpetuar la gloria del mundo en un grano de maíz mantener la espada en la trocha que corresponda abrir compartir la luz al mismo tiempo que la noche oscura encender lámparas en el túnel de la infamia enloquecida empuñar las manceras del arado dejar crecer el verso la vigilia el abrazo el amor la vida el juego no hay que podar la paz tal vez la rosa extasiarse asombrarse ser lumbre vino juego trashumancia ver a Dios desnudo sin hacerle caso uno no sabe si lo oyen las estrellas las piedras por la noche a solas vuelan en cada cuarto oscuro sombra insomne habrá algún árbol donde nadie llegue un horizonte que el hombre no alcance un hombre encuandecido un frailejón donde la lejanía a solas viva saber del hospedaje del silencio mirar atentamente el horizonte mientras la muerte nos espera un rato mientras la tarde se despide lenta mientras la selva hacia la noche viaja saber de la escritura de las piedras del colosal silencio de los grillos abrirle los postigos al crepúsculo tantearle a los sueños sus señales fundir los versos en tenaz acero hacer caber a Dios en un dedal al Sol en el ojo de una hormiga al mar en los labios de una perla mientras la luz ensimismada duerme ser lámpara en la noche de la aldea sin aldaba sin llave sin silbido reconocer el sueño entre la luz hasta bajarnos de la sombra in albis y encontrar otro insomne en el camino recoger las preguntas de los niños para que nunca el hombre pierda asombro nombrar la libertad la vida el fuego la fuerza de los sueños de los ríos las canciones las hierbas de la tarde morir cantando sacudir asombros darle vida a la tierra la alegría a la lluvia color al arco iris romper cercas sembrar enredaderas amanecer con nuevos alumbrajes preparar un manjar que a todos sacie a la gacela bajo el tamarindo conocer las entrañas de las hojas el corazón del bosque y sus vitrales el páramo sus cuitas y plegarias desenterrar el misterio de la rosa ahuyentar la sombra y sus reveses escapar del ladrido de la calle del hosco muñón del peregrino del puñal que en la acera nos espera o del barco que acecha nuestras costas dar con el ámbar del primer arroyo traspapelar la terquedad del lunes aullar juntos delante de los cielos escucharle al pobre su alarido compartir esperanzas con el árbol expulsar el despojo mutilado ser libres así el fuego nos cercene quitar algunas comas al crepúsculo ver la noche sin que nadie contradiga eludir la risa ensangrentada dar con una migaja de soledad marina atravesar tragedias agonías alero interrogante incertidumbre dar forma al vacío ojos al poema para que pueda cruzar la calle alas a Dios para que llegue al hombre robarle sin que sepa una sonrisa al sol en la arboleda cruzar no la aurora sino el alma en que ampara su soñar aupar asolear la eternidad escuchar la soledad y dirigirle la palabra llegar con los ojos abiertos a la mirada final pedirle a la luz que nos espere reprocharle al alba su tardanza correr con el peligro de la vida acercarse a los que sueñan o sollozan o tienen hambre y sed bajo el cielo verse en el que tiene más de mil años de pedir pan y sueño en el que no tiene camino que seguir detenerse a la orilla sangrante de una pena adentro de las pequeñas casas de cartón escuchar el sonido de las lágrimas acordarse del viaje hacia la sombra alumbrar la maravilla encender relámpagos asombrar al tiempo sentir las sombras fundar los sueños amar al viento limpiar el poder cuando corrompa unir lo posible con lo imposible llevar el infinito a cuestas sentarse en el lugar del hambre llevar a peso las palabras reinar sobre la muerte salvarse juntos saber cuándo con qué fuerza de qué modo asumir nuestro destino salvaguardar al hombre que florece la lumbre lubricante de la piedra descargar nuestros almácigos vivir mientras el alma nos suene morir cuando la hora nos llegue ver regresar la primavera pasar a tiempo la palabra abrirse desgarrarse con el otro rebelarse en la muerte bochornosa ir tras la flora del variado enigma llegar a la mejilla de la tarde amar la tierra amar al monte al hombre los cangilones de hambre a la intemperie rescatar las preguntas de los otros preguntar por la rosa por el hombre oírle los crujidos a las horas palpar la inofensiva algarabía sumarse a la marea la insurgencia ataque o contraataque necesarios ponderar las armas de los perros y los pájaros el diapasón del bosque del silencio los pozos de las rosas y los muertos la rosa que nos lleve a las estrellas recobrar el derecho de las piedras conjugar sueño polvo soledades al paso de los soles que nos resten que el sueño siempre cumpla su promesa advertir que el rumor de un pueblo almado es más bello más puro que el rocío hallarle el pan a quien lo pierda o sueñe concurrir al llamado de las flores cuando sangre el costado de la rosa pendientes del clamor de las palomas cuando aceche penumbra horror borrasca de noche retroceden los relojes toparse acompañarse entusiasmarse adherirse juntarse desaislarse asociarse zurcirse reunirse llevar en el pañuelo una granada ya pase lo que pase por si acaso alumbrarle el sendero a las luciérnagas alzar al sol la lluvia las fogatas velar por el camino de la aurora andar con el hermano que nos quede a la huerta perdida de la aldea para ver qué semillas recoger es tiempo de arrumbar los macundales de encontrarse de nuevo con las topias usar el cielo en caso necesario a la tierra en ausencia de sus manos emborronar de lluvia los poemas de lidia en lidia al alimón al quiebro en busca de la obranza volar sobre el misterio de la arena labrar el día rasguñar el cielo dejar en batallón nuestros silencios deslindar terredad de abatimiento legado salvación andaje velas darle de beber a las botellas darle tiempo al camino a que regrese porque a las noches también les da sueño Descubrir el esquema general del enemigo como el agua adaptarse a las formas nuevas usar ataques directos e indirectos pulsar la ventaja y desventaja de la hazaña protegerse del árbol que se agita del pájaro que se espanta del polvo alborotado del llanto de la bandera en el contrario frente Distinguir claramente entre terreno accesible deleznable angosto accidentado fronterizo clave convergente difícil o mortal conocer al enemigo como a sí mismo para que nunca la victoria sea amenazada conocer las fuerzas naturales el fuego el risco el agua por la escarpa contar con el agente secreto inevitable administrar pertrecho y proyectil Pronunciar la palabra decisiva confirmar que la civilización no es más que una injusticia armada una desigualdad organizada que la poesía es una insurrección que el poeta no se ofende porque le llaman subversivo cuando le dicen insurgente decidirnos por la libertad de la palabra hasta hacerla timón en nuestras manos para el hombre que empina su bravura Recobrar la palabra germinal su legendaria esquina memoriosa la pródiga semilla sobre el campo las claras madrugadas fornicantes transgredir lo decible y permisible frente a una palabra enmascarada fantasiosa una clave articulada lujuriosa pertinente una palabra activa digna apasionada certera cruda furente fehaciente empuñada insomne verdadera una palabra que golpee al mundo y acompañe al hombre urgida llameante inextinguible adecuada al enigma universal y al majestuoso corazón del hombre a pulso de vinagre vino y júbilo dejar que asome la palabra el hombre

¡Menos fuerza para la guerra. Más valor para la paz!

¡Menos fuerza para la guerra. Más valor para la paz!
creo en Vietnam en Sabra y en Chatila donde la noche se zurció de sangre en las flores que brotarán en las calles de Kandahar en los niños cañoneados por los imperios rapaces al acecho en las noches de Najaf Irak Siria el Líbano y Falluja en los cuchillos de la lluvia a secas en la amenaza del gato en pleno hechizo en el barco encantado y sus aceñas en los dos golpes a la endeble espada en la razón y sinrazón del viento en la luna descalza y a caballo ¡Menos fuerza para la guerra. Más valor para la paz! ( Pablo Mora: Del Olvidado Asombro)

domingo, 1 de septiembre de 2013

Invocación a la paz

Invocación a la paz Pablo Mora Ancha soledad de los desiertos. Sol en los tejados. Silenciosa frescura del aljibe. Vellón azul rondando por el aire. Voz en alta llamarada. Milagro para el rayo en muerte de la guerra. Canto de la brisa, el sol y las quebradas. Amor que no puede caminar como una hoja. Una hoja entre el viento que camina o un camino entre el vientre de la hoja que se va. Hoja y camino. Camino caminando con el viento. Incógnita en el tiempo. Una pregunta en pie para los hombres. Colina para otear a Dios. Hondonada para hallar la luz. La cresta de un lucero, por el postigo corazón mirando. Susurro de los árboles, tu sueño. Tu corazón, del tamaño del mar que conocemos. Tu cabellera, los ríos, las quebradas, los riachuelos. Diminuta, te escondes en los sauces que duermen a los lagos, en los cipreses de la tumba ajena, en los aljibes de las casas solas; en los zaguanes del amor del viento o en las pestañas de la madre pobre. Hojarasca entre la noche de los pájaros. Tronco fatigado por el tiempo y la tormenta. Latido de fogata crepitando entre la fronda. Lumbre y mujer para la misma sombra. Sueño y silbido para el mismo abismo. Amanecer y tarde florecidos, floreciendo en las sienes de la flora. Lucero y arrebol, azules horas. Cocuyo entre rastrojos vespertinos, iluminando el resplandor tardío, las noches de vigilia arrobadora. Júbilo, alumbramiento, bienvenida. Ara en fulgor para el altar del tiempo, para elevar el corazón festivo. Trino con que cantamos a la vida, cuando la suerte nos ofrece el huerto para sembrar de estrellas el camino. El pan, el oro, la solemne sombra en esplendor divino, la alegría. Infancia en llama, en canto, en lejanía que el transparente corazón la nombra. La soledad que en la vereda asombra al trigo, al viento, al lirio en noche fría. Ardiente claridad la poesía que el huracán del corazón alfombra. Encanto de la luz, la Navidad que alumbra el triunfo matinal del hombre y el silencioso arroyo del deseo. En glorias del amor, la huracandad con que la brisa de la luna asombre la encantadora música de Orfeo. Conoces nuestra locura como nadie más conoce. Nos visitas muy de madrugada o cuando cae el sol sobre el tejado. Contigo “supimos los misterios de las cosas como si fuéramos espías de los dioses”. Sus secretos descubrimos. Conoces todas las nieves, todos los riscos, todos los gestos de los hombres, todo el espesor del viento, la justa medida de la espera junto a la luz total de nuestras cosas. Fabricas los sueños del jardín. Doblegas la furia de la guerra. En cada atrinchera nos proteges; nos cubres en cada retirada y avanzas con nosotros, la primera. Has asistido a mil batallas y tienes otras mil por combatir. Ilesa saldrás en cada portachuelo. Ninguna polvareda nublará tu paso, menos las luces de tus blancos senos. Mientras seamos capaces de asistir a un terremoto sobre un rayo de luna o a una tempestad en una gota de sol, crecerá tu sombra, Hilandera Majestuosa, la de todos los hilos de los sueños. Amenazada, abraza tú la humanidad a través del corazón del hombre. Desde los Decretos de Belén y de la Sala de Actos del Smolni, con el mundo entero por testigo, tranquilidad no del orden existente, sino la de un orden nuevo, en busca de una humanidad nueva. La de elevar al hombre nuestro sueño. La de tan amarte y tan morirte, P A Z.

viernes, 30 de agosto de 2013

Plegaria por la Paz

Plegaria por la paz Pablo Mora Cuando el aire huele a pólvora la guerra envejece el corazón. En la noche de la guerra, del hambre y de la lluvia, aparece, gigante, la sombra de la muerte. Habrá de haber tiempo para la Poesía, si no quieren pueblos y hombres sucumbir antes de tiempo. Por los niños perdidos en la guerra: ¡Señor, danos menos fuerza para la guerra y más valor para la paz! Una leve sospecha nos consume: al borde de esta nueva primavera van los hombres derecho hacia la guerra, dispuestos a acabar con la alborada. Amigos y enemigos se confunden con los mismos presagios de la muerte; no bastan los sollozos de las flores para calmar las furias de los vientos. Definitivamente se pelea. La sangre de los hombres se derrama. Cada vez son más altas las hogueras. La pavura del hombre se agiganta. Al verse codo a codo en la trinchera ni dueño de su sombra ya se siente. Hablamos de la muerte, compañero, la misma que nos tiene sin cuidado, la que ha perdido el precio entre nosotros, la muerte, la infalible compañera. Pensamos en los campos de batalla, en ellos se nos funde la esperanza. Pensamos en mejores madrugadas para el pan amasado con la aurora. Pisoteada está la primavera. Son pocas las mañanas que nos quedan. No está quedando tiempo para el sueño. Cuidemos entretanto a nuestros hijos mientras trenzan sus sueños lentamente. Sigamos con la vida que nos resta. Por los niños perdidos en la guerra: ¡Señor, danos menos fuerza para la guerra y más valor para la paz! Es tiempo de velar por la esperanza, por los nuevos caminos de la aurora. Es tiempo de acercarnos a la madre a pedirle el aliento de la vida.
Es tiempo del mejor amanecer, de esperar, bien armados de paciencia, acampar en espléndidas ciudades.

miércoles, 28 de agosto de 2013

del olvidado asombro de estar vivos

del olvidado asombro de estar vivos el poeta no tiene por qué sacudirle el polvo a los zapatos de las letras en última instancia debería escribirlas descalzas y luego dejarlas caer para que sientan el piso tan frío de una página en blanco Ernesto Román Orozco creo en el color rojo de la rosa con que la Tierra toda vestirá en el rojo de tanta llamarada viva creo en la insomne lumbre que nos crea creo en el cielo insomne del asombro en la iguana venida de las olas en el necio delirio de los jueves en la casa de la sombra en el abrazo de las albas en los postigos de los ojos en la muerte girando en los talones girando en los Guantánamos cagando en los hambrones en la mesita de noche de los pobres en sus relojes sus lagañas sus barajas y pistolas de agua en los sueños de los millones de niños que apenas si les queda ojos rostro boca o corazón creo en el África azulada por la noche en el quejido azuloso de su raza a quien le duele el hambre las verduras la trocha los maltratos en sus niños quienes antes que dormir quisieran nunca despertar mientras juegan con la calavera de sus padres en el Cristo de las Trincheras acampado en la ruinosa oscuridad de un vetusto monasterio sin una mano sin pies entre borrasca plomo y lluvia a ras de furia quien me enseñó el color tostado de la piel cuando se va a la guerra colérico cordero al descubierto resuelto miliciano justiciero nuevamente con látigo inclemente arrojando a los nuevos mercaderes A Lydda Franco Farías A Elio Jerez Valero en la gota de lluvia en el alambre en el encaje del mar cuando todavía no se había destejido en la esquina del tiempo que resurge en la sombra del otro del antiguo en el grito del hombre frente al mar en el metal la cólera el combate en la lucha del canto del mendigo en el hosco muñón de la tristeza en la hondonada gris de los cimientos el silencio que ahoga y amordaza la sombra de la muerte que reúne el aullido del pan acá en la puerta el concierto solar de las mañanas el borde de la tarde en estampida creo en el pobre envuelto en tempestad en el injerto sideral del guamo en los sures furentes del turpial en el espacio en Borges en el tiempo en las vocales de Rimbaud en la hojarasca briosa en el paso respetable de la hoja por las aceras de la tierra aurora en Francisco así Dios no lo distinga en Federico en su alba nazarena creo en Niall y sus sabias abubillas en el ave sagrada de su verbo en el buitre leonado de su insomnio en el orgasmo de la Palestina en el coraje de las rosas rojas A Nidaa Khoury A Niall Binns en el mayo francés en el invierno ruso en el febrero caraqueño en la locura galopando auroras en el año en que nos propusimos ser solares como Reverón y el viento en la solemne soledad del Sol en mis huesos descalzos soleados creo en el que solamente ha nacido en el gato triste en el piojo ciego en estas dudas estos días horas esta noche este sábado este rato creo en un vals en un montón de asombros creo en el pobre desgraciado y roto creo en el hideputa endecasílabo creo en las hojas secas de la luna creo en el tiempo de las ramas verdes en la plegaria cósmica del árbol en la rosada desnudez del alba en la arena quemada por el muro en la sublime mariposa en celo en la hermosa serpiente penetrando el limo original de la lujuria en aquel que erige un altar hombre en el luengo misterio del asombro en el justo pecado de los dioses en la cena el abismo y el camino en el signo mundano de los rostros en la culminación de las serpientes en la vid los sarmientos y los pobres en el reparto de los panes y las casas en la vigilia hecha por el hombre en los racimos del hambre y la miseria en la santidad de los samanes en la garganta del helecho en pie en la amapola en luna descubierta en el regreso a trancos de la muerte en la mesa el poder y las mentiras en el cósmico origen de la vida creo en la matadura de la memoria voraz que atiza los relámpagos en el desbocado potro que golpea en el pecho sus chispeantes cascos herrados por el viento en el vórtice abierto que engulla nuestra esperanza desolada en la desolladura del barro que seremos en el errante diluvio de los párpados insomnes en el estridente relincho del rayo de los pájaros en la justicia universal del alba creo en los ojos que se van de viaje en el polvo en el sueño la agonía creo en el par de lámparas donde arden los amigos en el zaguán dormido de un aljibe minuciosamente santo en el hambre madre antigua y atroz de la incestuosa guerra en el espejo de la antigua sombra el laberinto del asombro antiguo en la ceniza en asombroso olvido en la luciérnaga porque en la noche cree en el tiempo la cólera y ternura en la tarde que mira desde el fondo en el bronce el ayer la lejanía en el viento que envuelve tempestad en el cordaje de la noche en lluvia creo en Vietnam en Sabra y en Chatila donde la noche se zurció de sangre en las flores que brotarán en las calles de Kandahar en los niños cañoneados por los imperios rapaces al acecho en las noches de Najaf Irak Siria el Líbano y Falluja en los cuchillos de la lluvia a secas en la amenaza del gato en pleno hechizo en el barco encantado y sus aceñas en los dos golpes a la endeble espada en la razón y sinrazón del viento en la luna descalza y a caballo creo en la libertad de los cangrejos en que tal vez afuera lejos de la tierra titilen las estrellas en la confirmación de las bandejas en la ginecocracia de las lilas en la desolación de los cubiertos creo en la salvación de la palabra con Nidaa en el perdón de los herejes en la resurrección de la alegría en la jodienda de la poesía creo en la vida eterna de los versos Pablo Mora: “Del olvidado asombro”

miércoles, 21 de agosto de 2013

DEL OLVIDADO ASOMBRO

DEL OLVIDADO ASOMBRO constituye una compilación poética de cinco libros anteriores del autor: De la noche insomne (1992), Asombro al descubierto (1996), Insomnio Terminal (2001), Sombra antigua (2005) y Sangre zurcida (2008). Todo porque al alba, la belleza, la palabra, las hemos oído gritar en la montaña. Porque antes del alba fue la Poesía. La palabra, soplo de aire que desde la primigenia mañana del génesis tiene poder de creación. Porque habrá de haber lugar para la Poesía si no quieren pueblos y hombres sucumbir. El olvidado asombro de estar vivos es uno de los 584 versos endecasílabos perfectos de los que consta Piedra de sol (1957) libro de Octavio Paz, un poemario hoy emblemático, uno de los más grandes del siglo XX en las letras hispanoamericanas. El nombre de nuestro décimo sexto libro proviene del célebre verso del poeta mexicano Octavio Paz: “El olvidado asombro de estar vivos” de Piedra de Sol. Paz hace alusión a las cosas cotidianas con las que el ser humano convive diariamente sin darle la importancia que merecen; entre éstas, el paisaje, los amaneceres, las máscaras, el cielo. Acá la estrofa en referencia, de marras: "… El mundo nace cuando dos se besan", dice el poeta, y añade: "el cuarto como un fruto se entreabre/ o estalla como un astro taciturno/ y las leyes comidas de ratones,/ las rejas de los bancos y las cárceles,/ las rejas de papel, las alambradas,/ los timbres y las púas y los pinchos,/ el sermón monocorde de las armas,/ el escorpión meloso y con bonete,/ el tigre con chistera, presidente/ del Club Vegetariano y la Cruz Roja,/ el burro pedagogo, el cocodrilo/ metido a redentor, padre de pueblos,/ el Jefe, el tiburón, el arquitecto/ del porvenir, el cerdo uniformado,/ el hijo predilecto de la Iglesia/ que se lava la negra dentadura/ con el agua bendita y toma clases/ de inglés y democracia, las paredes/ invisibles, las máscaras podridas/ que dividen al hombre de los hombres,/ al hombre de sí mismo, se derrumban/ por un instante inmenso y vislumbramos/ nuestra unidad perdida, el desamparo/ que es ser hombres, la gloria que es ser hombres/ y compartir el pan, el sol, la muerte,/ el olvidado asombro de estar vivos". Al respecto, José Gregorio Vásquez se expresa así: “Un saludo a Pablo Mora, mi paisano, a quien celebro en silencio, siempre desde mi pequeño mundo de palabras. Desde hace años escucho su poesía correr, gritar, callar ir, soñar, andar por las calles de una ciudad y otra. La voz de Pablo circunda el invisible sonido de la poesía en Táchira”. Vásquez sostiene que los versos de Mora cuentan con una sonoridad extraordinaria en cada página. “No es algo viejo, nuevo o de ahora, puede apegarse a cualquier situación, pues goza de universalidad”. Freddy Ñáñez, nuestro editor, al respecto opina: “Estoy muy agradecido con tus generosas palabras sobre el DH que es, como ya lo adviertes, un hijo de la poiesología. Con respecto a tu libro Del olvidado asombro, soy yo quien agradece el privilegio de haberlo editado. No sólo porque se hace justicia con una poesía que latió inadvertida para un país literario centralizado que ya comenzaba a quejarse del agotamiento de sus formas. Entonces el verso de Pablo Mora es un estertor ante el cual todo está inédito y por hacerse…” Nosotros a su vez decimos, sostenemos: Creemos en la poesía como una sociedad anónima. Somos una sola voz, quienes escribimos la obra, los de antes, los de ahora y los de mañana. En una como carrera de relevo. O cuerpo Poético. Creemos en la Poesía, Sociedad Anónima, como denomina a uno de sus sonetos Gabriel Celaya. Nuestra poesía no es sólo nuestra, la hacen a través nuestro mil asistencias. Creemos en que nadie es nadie, salvo nuestra salvación en la obra común. Nunca se está solo. Solos, no somos nada, nadie; juntos, inmortales. Creemos en la obra colectiva y anónima, parte del sueño de una superconductividad. Poesía, Sociedad Anónima —como lo advierte y señala María Luisa Alonso de Espitia— en cuanto somos una sola voz quienes escribimos ahora conjuntamente con los que escribieron antes y con los que escribirán después. Poesía, Sociedad Anónima, posición de humanidad solidaria ante la espiritualidad de la especie. Sociedad Anónima, no sólo referida al presente sino también con trascendencia futura. Metalógica, metalenguaje, metaespiritualidad del ser de la especie al interior de una herencia poética. Para dar una somera pincelada a los cinco libros que integran Del olvidado asombro: De la sombra antigua, De la noche insomne, que a las costas de la divina antigüedad nos atan. Insomnio Terminal, donde los recuerdos maúllan hasta el amanecer, donde se sostiene que para vivir hay que vigilar, que a la tierra se vino a estar de guardia, nocte dieque incubando. Asombro al descubierto, una vivencia, un asombro que se pasa a limpio, un renglón que se le añade al mundo, un almácigo que es expone al sol, un coro en el que canta un insomne, un deseo de arrear la luz, claridad hechizada en el camino, querer encontrarle al silencio su guarida hasta dar con esa raza que canta en la tormenta. Sangre Zurcida, para empatar o zurcir el espacio de la caída, rari nantes in gurgite vasto. Donde todos los ímpetus crecieron al amparo de lunas invernales. para el hombre lluvioso otoñabundo duro y puro a lo largo de los renglones para el cántico el castigo para los callados y oprimidos para los dolores amigos y ajenos para quien viene del pueblo y canta para el pueblo para quien padece de sombra o a la luz camina para el letargo de las horas donde yacen el alarido la conciencia las carnes vulneradas para despertar a latigazos el silencio para los estambres las astillas y estallidos para estrenar truenos trenos trinos tiros franjas fraguas fragores fogonazos para el canto del silencio para el silencio de la sombra para espiar cada aurora y comprobar claramente que el día no existe que la noche se apoderó del mundo para respirar juntos el silencio el silencio el silencio del silencio. DEL OLVIDADO ASOMBRO para el hombre zurcido compartido o quien canta celebra y santifica o el que denigra al odio y sus resabios para el viento de las praderías para el caballo sobre el mar o el que viene solo de la aldea o solamente en las praderas vaga para el hueso innominado el
intransigente terriblemente abierto y en acecho para la copa sonorosa la que se rompe toda cuando suena

martes, 13 de agosto de 2013

Mi copa por la vida

Mi copa por la vida Pablo Mora A Fidel en sus 87 años
Fresca, pronta, alegre, cabizbaja. A veces agridura, dulceamarga. A ratos torpe, en fuga pensativa. Sorpresivamente alada. Reciamente atuendo. Oscuramente lumbre. Breve lechuza lujuriosa. Temblor, magia, pluma, serranía. Alegría, música, amanecer. Incandescencia, revelación, azar. Buena, próxima, lejana. Larga, corta. Misterio, cercanía. Alba, sol, rocío, penumbra, nieve presurosa. Estrella, ala, gemido, canto, trino. Collage, arte, poesía. Alborozo, secreto, fracaso, marcha, contramarcha, triunfo. Ángel, vuelo, lecho, pan. Hosca, difícil, comprensiva. Latido, danza, pas de deux. Camino, raíz, ramaje, savia, canto, nido. Aleteo, presagio y aventura. Rescoldo, llama, hoguera. La mentira, la indolencia, la verdad. Súbitamente viva. Humanamente cierta. Airadamente tierna. Nocturnamente yendo. Quehacer, destino, enigma. Lo que sucede, sucedió o ha de suceder. Desnuda levedad a ras de suelo. Luchar. Atravesar. Desafiar. Resistir. Sobrevivir. Jugar con la muerte. Sueño, juego, paso, triunfo, resplandor, asombro. La forma en que acontece el tiempo, el otro río. El modo en que amanece el hombre. La forma intrincada de los sueños. La manera de llevar las horas. De llevar los días. De llevar la sombra. Sed de abrazo y vuelo. En vuelo al sol de la noche, al corazón de la oscuridad, para amanecerla en luz. Semilla, lucha, siembra. Hasta el último segundo, el último rincón, el último lugar. Esperanza de fe plenificada. Furiosa tempestad de noche y día. Es la arena enredada entre las olas, el mar que se desborda sobre el risco, feliz morada del soñar antiguo sobre el azul espejo de las aguas. Es la mirada de la noche en vela, el paso de los duendes sobre el mar, el relente susurro de los árboles, la sal, la espuma, el sol, las madrugadas Lejana, silenciosa, larga sombra. Alta vigilia, rastro de la tierra. Bramido sordo de la parda luz. Ventanas, goznes, muros, quemaduras. Clamor del hambre, grito poderoso. Infinita orilla, aire detenido. Sagrada apuesta, vengativa luz. Paloma, caracol y compraventa. Feraz, gloriosa, repentina, ilesa. Íntima soledad amenazada. La línea precisa del abismo. Para llegar a tientas a la nada. Desde el morir al no morir viviendo. Del otro lado de la sombra en luz. Amplio solar de pena y amargura, recinto para el llanto y la alegría, larga tonada, larga travesía. Viejo estribillo en clave de ternura. Duro aguijón para la suerte dura, ardua vereda la de cada día, ancho portón para la misma vía, hondo estallido en tiempo de premura. Ruta sin fondo en la lejana infancia, donde el azul peregrinaba un día sin darnos cuenta de su gris fragancia. Lanza en ristre, con firme rebeldía va nuestra vida en fúlgida arrogancia, componiendo su propia sinfonía. El asunto es acompañar la vida a sol y sombra, donde sea preciso; saber de donde nos sacó el hechizo y contar con la última embestida. No importa el llanto o la final salida, la vida es solamente el compromiso de estar donde la vida misma quiso: al lado de la vida de por vida. Abundarán ventiscas y huracanes al dar con el confín de nuestros días cuando en batalla, casi como canes, lidiaremos las propias agonías. Disputarán, entonces, nuestros manes llanto, grito, dolor y rebeldías. Hoy levanto mi copa por la vida. (Gustavo Pereira).

lunes, 29 de julio de 2013

Del olvidado asombro de estar vivos

Del olvidado asombro de estar vivos Pablo Mora
creo en el color rojo de la rosa con que la Tierra toda vestirá en el rojo de tanta llamarada viva creo en la insomne lumbre que nos crea creo en el cielo insomne del asombro en la iguana venida de las olas en el necio delirio de los jueves en la casa de la sombra en el abrazo de las albas en los postigos de los ojos en la muerte girando en los talones girando en los Guantánamos cagando en los hambrones en la mesita de noche de los pobres en sus relojes sus lagañas sus barajas y pistolas de agua en los sueños de los millones de niños que apenas si les queda ojos rostro boca o corazón creo en el África azulada por la noche en el quejido azuloso de su raza a quien le duele el hambre las verduras la trocha los maltratos en sus niños quienes antes que dormir quisieran nunca despertar mientras juegan con la calavera de sus padres en el Cristo de las Trincheras acampado en la ruinosa oscuridad de un vetusto monasterio sin una mano sin pies entre borrasca plomo y lluvia a ras de furia quien me enseñó el color tostado de la piel cuando se va a la guerra colérico cordero al descubierto resuelto miliciano justiciero nuevamente con látigo inclemente arrojando a los nuevos mercaderes en la gota de lluvia en el alambre en el encaje del mar cuando todavía no se había destejido en la esquina del tiempo que resurge en la sombra del otro del antiguo en el grito del hombre frente al mar en el metal la cólera el combate en la lucha del canto del mendigo en el hosco muñón de la tristeza en la hondonada gris de los cimientos el silencio que ahoga y amordaza la sombra de la muerte que reúne el aullido del pan acá en la puerta el concierto solar de las mañanas el borde de la tarde en estampida creo en el pobre envuelto en tempestad en el injerto sideral del guamo en los sures furentes del turpial en el espacio en Borges en el tiempo en las vocales de Rimbaud en la hojarasca briosa en el paso respetable de la hoja por las aceras de la tierra aurora en Francisco así Dios no lo distinga en Federico en su alba nazarena creo en Niall y sus sabias abubillas en el ave sagrada de su verbo en el buitre leonado de su insomnio en el orgasmo de la Palestina en el coraje de las rosas rojas en el mayo francés en el invierno ruso en el febrero caraqueño en la locura galopando auroras en el año en que nos propusimos ser solares como Reverón y el viento en la solemne soledad del Sol en mis huesos descalzos soleados creo en el que solamente ha nacido en el gato triste en el piojo ciego en estas dudas estos días horas esta noche este sábado este rato creo en un vals en un montón de asombros creo en el pobre desgraciado y roto creo en el hideputa endecasílabo creo en las hojas secas de la luna creo en el tiempo de las ramas verdes en la plegaria cósmica del árbol en la rosada desnudez del alba en la arena quemada por el muro en la sublime mariposa en celo en la hermosa serpiente penetrando el limo original de la lujuria en aquel que erige un altar hombre en el luengo misterio del asombro en el justo pecado de los dioses en la cena el abismo y el camino en el signo mundano de los rostros en la culminación de las serpientes en la vid los sarmientos y los pobres en el reparto de los panes y las casas en la vigilia hecha por el hombre en los racimos del hambre y la miseria en la santidad de los samanes en la garganta del helecho en pie en la amapola en luna descubierta en el regreso a trancos de la muerte en la mesa el poder y las mentiras en el cósmico origen de la vida creo en la matadura de la memoria voraz que atiza los relámpagos en el desbocado potro que golpea en el pecho sus chispeantes cascos herrados por el viento en el vórtice abierto que engulla nuestra esperanza desolada en la desolladura del barro que seremos en el errante diluvio de los párpados insomnes en el estridente relincho del rayo de los pájaros en la justicia universal del alba creo en los ojos que se van de viaje en el polvo en el sueño la agonía creo en el par de lámparas donde arden los amigos en el zaguán dormido de un aljibe minuciosamente santo en el hambre madre antigua y atroz de la incestuosa guerra en el espejo de la antigua sombra el laberinto del asombro antiguo en la ceniza en asombroso olvido en la luciérnaga porque en la noche cree en el tiempo la cólera y ternura en la tarde que mira desde el fondo en el bronce el ayer la lejanía en el viento que envuelve tempestad en el cordaje de la noche en lluvia creo en Vietnam en Sabra y en Chatila donde la noche se zurció de sangre en las flores que brotarán en las calles de Kandahar en los niños cañoneados por los imperios rapaces al acecho en las noches de Najaf Irak Siria el Líbano y Falluja en los cuchillos de la lluvia a secas en la amenaza del gato en pleno hechizo en el barco encantado y sus aceñas en los dos golpes a la endeble espada en la razón y sinrazón del viento en la luna descalza y a caballo creo en la libertad de los cangrejos en que tal vez afuera lejos de la tierra titilen las estrellas en la confirmación de las bandejas en la ginecocracia de las lilas en la desolación de los cubiertos creo en la salvación de la palabra con Nidaa en el perdón de los herejes en la resurrección de la alegría en la jodienda de la poesía creo en la vida eterna de los versos De Sangre Zurcida Pablo Mora

Deep Field

Deep Field ¿De qué sueño de qué sombra está hecha la materia alada? ¿A qué hora de la noche propiamente nacerán las flores? ¿Qué sueño a las costas de la divina antigüedad nos ata? ¿Oirás el secreto de las piedras el aire y las estrellas Será la noche un duende o la muerte rondando en las entrañas Seremos sólo un sueño de la insomne lumbre que nos crea? ¿Si de pronto el cielo si de pronto la estrella se acabara Donde duerme la sombra de la noche nace la esperanza? ¿Asombro sombra sueño soplo polvo polvillo noche alba En pasto en noche en cielo en tierra en humo en polvo en sombra en nada? Pablo Mora

domingo, 28 de julio de 2013

Se prendió la macaquera

Se prendió la macaquera Pablo Mora pablumbre@hotmail.com En el 59 Aniversario de Hugo Rafael Chávez Frías Porque son tantos y tales los estragos y crueldades, matanzas y destrucciones, despoblaciones, robos, violencias y tiranías... Fray Bartolomé de Las Casas
Là où ça sent la merde ça sent l’être. L’homme aurait très bien pu ne pas chier, ne pas ouvrir la poche anale, mais il a choisi de chier comme il aurait choisi de vivre au lieu de consentir à vivre mort. C’est que pour ne pas faire caca, il lui aurait fallu consentir à ne pas être, mais il n’a pas pu se résoudre à perdre l’être, c’est-à-dire à mourir vivant. Il y a dans l’être quelque chose de particulièrement tentant pour l’homme et ce quelque chose est justement LE CACA. (ici rugissements.) Antonin Artaud PAJARITO QUE VENÍS TAN CANSADO Pajarito que venís tan cansado y que te arrecostás en la piedra a beber Decíme. ¿No sos Polimnia? Toda la tarde estuvo mirándome desde No sé donde Toda la tarde Y ahora que te veo caigo en cuenta Venís a consolarme Vos que siempre estuviste para consolar Te figurás ahora un pájaro Ah pájaro esponjadito Mansamente en la piedra y por la yerbita te acercás —"Yo soy Polimnia" Y con razón que una luz de resucitados ha caído aquí mismo Polimnia riéndote Polimnia echándome la bendición —Corazón purísimo. Pajarito que llegas del cielo Figuración de un alma Ya quisiera yo meterte aquí en el pecho darte de comer Meterte aquí en el pecho Y que te quedaras allí lo más del corazón. Ramón Palomares La gracia rebelde del zambo a la desnuda, purulenta realeza, borbónica dinastía en llagadura, emplaza. Vivacidad la del macaco. Desde tierra del sol el grito empuña todavía. Barlovento, el indio, el fantasma, el alma de la tribu, en el macaco, columna vertebral del canto y el latido ante el horrendo desaguadero de la muerte, frente al rapaz imperio y su avaricia loca, espumeante de historias, tragedias y misterios. Ante la oscuridad que ronda, el tráfico de la retórica y el desprecio, entre el vértigo en el vacío de la caverna, el tifón, la errancia, el desvarío, delante de los destellos de odio, racismo, supremacía, del summum imperium, bien valen el ejército de palabras, las cáusticas punzadas, el ácido summum del macaco. Falo grande con todas las verduras de las cumbres. En pelea de gallos ajisecos, ennavajados, en macacoa macanudamente entre macacos, macanuda noticia, vaina macanuda. Roma pregunta ahora por ese que llaman el macaco, Fany consulta acerca del macaco, Eduardo, Francisco, preguntan que preguntan por macaco. Entero el orbe indaga ahora por macaco. Macacoa la del macaco. Al macaco al fin tendrán que llevarlo a Hollywood. El macaco vuelve, huele a ser. ¡Cantaleta mayor la del macaco! ¡Sorprendente el Fenómeno Macaco! guarango chontaduro cañahuate chaguaramo apamate guayacán samán araguaney o flamboyán macaco al descubierto universal recto duro durable resistente calcáreo frondoso para siempre incorruptible eterno refulgente indomable macaco caguairán solidario macaco en singladura macaco a punta de hombre y tempestad macaco fuego pueblo y hacha y tierra por obra y gracia de macaco el hombre en grito en huella en seña en estampida andando andando andando andando andando Regocija el alma armada del macaco. Cavila, habla, grita el macaco. Macaca la hembra del macaco —macaca leonina macaca mulatta macaca nigra radiata sinica thibetana tonkeana kongeana—. Ojo de tigre, mundo zurdo, adentro desde afuera… afuera desde adentro, bajo un mismo sol, una patria, un porhacer, va, viene, se alza, levanta, crece la voz del macaco: dice lo que siente, navega a contracorriente, en la calle alucinada o ciega, entre la gente. Allá los realistas, los cómplices, nosotros, pasión patria, los patriotas. En cielo, tierra, mar, el macaco primer primate en el espacio, en el desierto, en nieve, lluvia, guerra, muerte y paz. Cave canem. Cuidado con el perro que roncan los macacos. Noche y día aúlla el macaco. Amanecerá y veremos en albadas al macaco. De esta parte del charco, los macacos. En la otra orilla, los payasos reales genocidas. Las noches, los panas conocen al macaco. Las potestades lo distinguen. En Caracas, los compañones del macaco. En Chile, en Rusia, en China, aquende, allende, el macaco. Macacoa la del macaco. El pueblo macaco, el llanto macaco, la puta macaca, la vulva macaca, el falo macaco, la lluvia macaca, la rosa roja macaca; arichuna macaca, españa macaca, atacama macaca, ¿América española? ¡Zape, macaca! Macaco el mono, dios macaco. Pezones, bombillas, paraguas, macacos. Se prendió la macaquera. Arriba los macacos. A tiros y sablazos, desde estas vueltas y revueltas, simios, monos tropicales, lascivos seres, incorregibles, bárbaros, aventureros, pendencieros, petulantes advenedizos, motilones, sangre en rebeldía al borde de la noche tempranera, engranajes listos, entrecejo insomne, juntos en la sombra, los macacos, a liberar, a restaurar, a madrugar, la luna alumbra nuevas intenciones. Arriba las señas, las peñas, las grietas, los sudores del macaco. Nunca atrás. Que ningún muro nos separe. En el anfiteatro de dioses, reyes, infiernos, lupanares y demonios, el macaco. Cuando la rabia inunde el ser, cuando falte la mistela zanjonera, cuando haya que volver el arma al alma, cuando reclame el mestizaje, cuando urja gritar, brincar, saltar, cuando haya que sumergirse, aparecer, allanar, golpear, amar o armar, desde las tinieblas, desde la magia animal, desde rumba o cumbia, desde los ojos de los brujos, desde la calle zurcida, despierta, alborotada, de ida y vuelta hacia el futuro, de Caracas a Nueva York, de Río de Janeiro a Zimbabwe o Barcelona, arranca, se rebela, nunca se detiene, nadie se salva del macaco, menos el macaco. El origen del hombre, del lenguaje, del destino; el conocimiento, la conciencia, el razonamiento, el mundo; mito, ciencia, filosofía, asombro; lo no comprendido, maquiritare, piedra, jerigonza, jeroglífico, canto; la contraseña, el salvoconducto, el indio que llevamos repleto de claves para el mundo y su conquista, Pachacámac, Atampam, Guanam, Jadán, Gualanlema, Quilaquilago, Caxicóndor, Pumacuri, Tomayco, Cuchitaype, Guaicaipuro, Paramaconi, Sorocaima, Duchinachay, Dumbay…¡El macaco! De tránsito, perseguidos, persiguiendo, con nuestros viejos nuevos trastos, cántaros, chícaras, chorotes resabios, arrecheras y tapices, mientras cantan los gallos de otro modo, cuando canten los gallos de otro mundo, al despertar la nueva madrugada, despiertos con el pueblo, a libertad por todos los caminos, por atajos, escapes o veredas, de manos, a la orden del macaco. Abaluyia, Kavirondo, Orekajuvakai, el macaco —el guardián, el vigía, el custodio, el centinela, el hombre en el mundo para el hombre, la voz del otro, el mono más sabio, el que tuvo la idea, el que imitó animales feroces para alentar a sus congéneres; grito en la palabra articulada, propicia, briosa, la social, el instrumento, la precisa, la relación, la praxis, la sintaxis, la epopeya, la identidad, el linaje, la herencia, el terrazgo, integración, comunicación, transformación: la nota esencial, demostrativa, constante, persuasiva, incluyente, expresiva, indicativa, resolutiva, musical, alternativa, decisiva—. Popol Vuh, Ñamandu, la creación, la energía, la tierra, sus entrañas, el macaco —el trabajo verbal, el apunte, la gota de hiel, de miel, cambio de tiempo y de lugar, el ritmo, el fluir del tiempo con un cambio de escenario, inteligencia, contrainteligencia, estrategia, comando, logística… el camino, la experiencia, la tendencia, la rebelión… cuerda alargada, prolongada… ciclón, fuego, tambor, turpial, marimba… frente, brazo, pecho, sudados… palabra sudada… arena sudada… lo previsto, imprevisto, la persuasión, la previsión, la provisión, el pertrecho, el proyectil, la satisfacción, la acción, la ordenación social… el terreno accesible, deleznable, angosto, accidentado, fronterizo, clave, convergente, difícil o mortal… el esquema general, el ataque directo e indirecto, el agente secreto inevitable, la sabana, el monte, la cima, la bandera desplegada en rancho, la militancia, la belleza y la verdad del hombre como un claro de tierra en la mirada—.

miércoles, 24 de julio de 2013

RETO BOLIVARIANO

RETO BOLIVARIANO
Pablo Mora Reto_Bolivariano_Pablo_Mora.mp3 Created Dec 21, 2009 by Cesar Omaña http://www.box.net/shared/s6mocy8o67 A 230 años de su Gloria ¡Creo en ti, perenne Hijo de la Gloria! ¡Inmarcesible Rayo de la Guerra! ¡Comandante invencible de Los Andes! ¡Espada vencedora de los Dioses! Creo en el Ávila, fanal primero donde irradió el fulgor de tu existencia. En el vientre que arrulló tu gloria y en el maestro que templó tu mente. En el pueblo que siguió tus pasos y en la nodriza negra de tu infancia. Creo en la Roma en que juraste un día dar tu sangre por nuestra Libertad. En el mar en que acampaste cuando la Patria te confió el primer mandado. En la ternura que le diste a Fanny con el aliento de tu amor a prisa. Creo en la flama de amor de Manuelita, en la fulguración de tus soldados y en la estampida de palomos briosos en busca del Jinete redivivo. Creo en la nívea pila bautismal al fraguarte inmortal Libertador, en la pila sagrada de Los Andes. En el Llano que se fue contigo, erguido fiel por nuestra libertad. En la lealtad del corazón del negro en llamas que inmoló la Patria. Creo en el Mariscal en que creíste y en la desgarradura de Berruecos. Creo en tu arrojo que envidiaste a Piar y en el Piar que tuviera que morir para abrir paso a tu esperanza egregia en medio de la lucha sin cuartel. Creo en Petión, el de la noble mano, al enjugar la lágrima al esclavo. En la furiosa huracandad de Pisba, acicate feroz de tus soldados, en el alumbramiento de la helada, hijo de aquél que se quedó en la cuesta. Creo en la majestad del Chimborazo donde de pie entendiste al viejo Tiempo. En tu rostro desafiando el mar cuando, lejos, clamabas por la Patria. En los ásperos callos de tus manos para el hambre de América harapienta. Creo en tus brazos y en tus puños creo desde la eternidad encabritados. En el samán que te albergara creo, en tus noches, tus selvas, tus caminos. Creo en el tamarindo de Angostura donde amarraras tu esperanza al río. En el entrecejo de tus iras y en el crispado acento de tu verbo. Creo en tu hamaca, compañera fiel en cada escaramuza libertaria. En la orfandad de tus monturas viejas, añorándote a ti, ¡Oh Padre Nuestro! Creo en las plateadas herraduras, hechizos del galope redentor. En tu espada que atizó la gloria, sembrando sobre sombras libertad. Creo en Palomo y su inmortal relincho cuando, gozoso, te sabía campal. También en los secretos que confiabas a tu mula Orejona y obediente. Creo en el tremedal de Casacoima: regazo en el delirio de tus sueños. Creo en Pichincha y creo en Boyacá y en Junín, Carabobo y Ayacucho. Creo en la cruenta imagen que tenías de aquella América rapaz del Norte. En el recio camarada Rooke quien a la noche le ofrendó su brazo. En la Gran Colombia que fundaste y en el sueño de América, la Patria. Creo en tu pensamiento, fulminante hoguera de visiones sempiternas. Creo en Jamaica y creo en Angostura donde fijaste el rumbo a nuestra América. En la América tuya tan dolida, ágora ayer: la comunión del mundo. En Tinjacá y en tu Nevado perro, en tu pobreza y tu camisa rota para la desnudez de Santa Marta. En el fulgurar de tu relámpago perdido en la hondonada del vacío. En el alarido de la noche con la última proclama de la unión. Creo en la redención de nuestro suelo por tus huestes apenas comenzada. En nuestra soledad iluminada por tu ejército ahora clandestino. En la reciedumbre de tu furia amparada en melífera ternura. Creo en tu sangre guaicaipura y éuscara, hermana de la sangre de Lautaro, ¡Oh Fénix trashumante, la esperanza de los partos solares por venir! Creo en la Guerra de Tupac Amaru, la Guerra a Muerte que empuñara el Ande. En Martí cuando corrió a buscarte en la noche sangrienta de tu América y en la montaña que soñó tribuna, entre relámpago y furente rayo, y un manojo de pueblos en tu puño, rendidos los tiranos a tus pies. Creo en el Che, en Camilo y en Sandino para tu valentía encarnaduras. Creo en todos los hijos de la Tierra capaces de fraguar la nueva aurora. En la hospitalidad de estas neblinas creo, remanso de tu luengo insomnio. Definitivamente creo en Ti, ¡Omnipotente Padre de la Patria! Y aunque tú ya una Patria nos dejaste, creo en la Patria que nos falta hacer. Creo en ti, ¡Adalid de Libertad! Desde estos ventisqueros de los Andes, donde una América de pie te espera para salir a libertar más patrias así tengamos que retar a Dios con tal de no seguir arando el mar.

sábado, 20 de julio de 2013

Caguairán

Caguairán por obra y gracia del insomnio el hombre el hombre rayo que arde en la tormenta alarido crispado en huracán por fin él ocupándose del hombre el hombre simplemente el hombre a solas en paz consigo con su pena al hombro al descubierto hermano universal guarango chontaduro cañahuate chaguaramo apamate guayacán samán araguaney o flamboyán universal ceniza en singladura en pulpa en hueso en lluvia en soledad recto duro durable resistente calcáreo frondoso para siempre incorruptible eterno refulgente. Caguairán indomable frente al viento la semilla del hombre germinando quiebra hacha fidel fuego pueblo y tierra el hombre a punta de hombre y tempestad semilla germinal a la intemperie andando andando andando andando andando Pablo Mora

viernes, 12 de julio de 2013

Pablo Neruda

Pablo Neruda (Parral, 12 de julio de 1904 – Santiago, 23 de septiembre de 1973) Pablo Neruda, Padre otoñabundo, Catatumbo de sangre americana, al fin el mundo supo de tu sombra al borde de tus últimos latidos. Vástago de raigambre diluviana, interrogaste al tiempo en cada aurora y frente al mar, clavada tu mirada, velaste con tu propia rebeldía. Fueron tus resistencias permanentes y con todas las buenas intenciones regaste por el orbe tu semilla. Camarada, araucano obligatorio, por el sol de tu sueño planetario tendrás siempre una América en tu mano. Pablo Mora

martes, 9 de julio de 2013

Dios que diga con confianza si se siente a gusto si algo le hace falta que cuente con nosotros que explique bien quién va a hacer al hombre que diga quién lo hizo a Él y se acabó el problema. Pablo Mora: "Sombra Antigua
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sábado, 22 de junio de 2013

A solas

A solas Cada vez nuestra vida suena menos, la aturden los presagios de las horas, la embelesan los ritos de los pájaros, las tardes se la llevan a la noche, Hay un faro, una luz, unos candiles reflejando la rosa presagiosa, un puerto como barca estremecida, unas velas que esperan por el viento. Tres cosas nomás entre los rincones, el sueño ya añorando la partida, un hombre allí abandonado, solo. Cuenta la arena de la sombra yerta de manos del asombro vespertino, un hombre a solas yendo hacia el misterio. Pablo Mora Las Acacias, junio de 2013

jueves, 20 de junio de 2013

Une tu mano

Une tu mano
Pablo Mora El supremo hizo al hombre, igual el hombre a Dios. Por entre enmarañados cortinajes cosió sus sueños. Lentamente todos las veredas fueron nuevas. De las manos hamacas capelladas, pampas y montañas en colosal carrera victoriosa. Monturas, cangilones, ventanuras salieron de las manos. Alforjas, flechas, arcos, garabatos para asir las esperanzas los debemos a las manos. Las jarras, los chorotes, la escoba y el pollero —la mochila—, tambores, furrucos, bandolas, requintos, zambombas, cuatros y guitarras a fuego y sombra van con nuestros sueños que hacen nuestras manos. Nuestra primera vasija fue la mano. Regamos nuestra cara y a andar echamos. Venimos de las manos, con ellas vamos. Sólo nos falta hacer al hombre con las manos. Mancha de sangre zurcida, sombra zurcida de noche, asombro, insomnio zurcidos de sangre, mano a mano, juntamos cantos, telas y palabras, empatamos zurcimos el espacio. Primero fue la aldea, quien nos dio su mano. O la tierna luna que alumbraba. Luego la maestra de la primera plana. Y, así, la de quinto y sexto. Hasta que llegó la amiga con sus tiernos ojos, con sus dulces manos. Ya en la universidad, manos nos sobraron. En los escarceos políticos de nuestra juventud, íbamos de mano de los sabios. Saltamos a la vida, con un titulo en la mano. Fuimos, llegamos, regresamos asidos de alguna mano. Siempre vamos de la mano, con la mano. El hombre es un ángel con una sola ala, que requiere del ala del hermano, madre, padre, amigo, para llegar, para volar, para existir, para ser. Nos lo recuerda el poema “Humanos de un ala” de Oscar René Mendoza Vizcaíno, quien nos insiste en que todos aprenderemos a respetarnos y a no quebrar la otra ala, la de la otra persona, porque podemos estar acabando con nuestra oportunidad de volar. Ciertamente, nadie es nadie ni hace nada por cuenta propia. Una como fuerza, tentación, llamada, nos lleva a hacer lo que hacemos. Convencidos de que todo lleva directamente al encuentro humano, la solidaridad humana, la comunión humana, el diálogo humano, concluimos en que el amor —la fraternidad— es, indudablemente, la clave del existir, de la existencia: sin el otro, nada seríamos. Y hasta cabe preguntarse si el “ala” tachirense de nuestra conversación, la expresión que se usa como apelativo cariñoso para dirigirse a alguien, entre nosotros, nos lleve a pensar que el hombre no sea más que ala. Un ala para acompañar al otro. Y así cuando nos saludamos, por ejemplo: ¡Qué tal, ala! o cuando nos despedimos: ¡Nos vemos, ala! no estemos sino haciendo honor al ala que somos o a la que necesitamos mientras existimos. Uno no es más que la suma de eslabones surgidos en el camino de la vida. Todo nos remonta al poema “Revolución” de Gonzalo Arango: Una mano / más una mano / no son dos manos / Son manos unidas / Une tu mano / a nuestras manos / para que el mundo / no esté en pocas manos / sino en todas las manos