miércoles, 9 de octubre de 2013
sábado, 21 de septiembre de 2013
Pablo Neruda Padre Otoñabundo
Pablo Neruda Padre otoñabundo
A cuarenta años de su luz
rodea con su mano la nueva sombra del ala que crece
nace en los bosques de la ceniza terrestre
y teje los altos besos del follaje
lo arrastra la rabia del viento
los vientos de la noche
tenebrosa de vientos
vientos de la aurora del verbo
árbol de largas ramazones
reclinado en la semilla
ilumina las palabras
con su silencio mineral
de tiempo y de especie
de fuego brasa y espíritu
de agua estrella y dolor
corazón de pan
de harina de trigo rumoroso
que el tiempo lava y desenvuelve
ordena y continúa
su poesía parte y regresa
regional dolorosa y lluviosa
—lluvia y humareda—
a punto el pan para la guerra
raíz vuelo fogarada
venido de alturas insondables
secreto y oscuro en sus orígenes
solitario y fragante
ruta entre los montes
sacude su canto cristalino en las praderas
riega los campos y da pan al hambriento
camina entre las espigas
semillas para la América
subterráneo submarino
se junta con el camino de todos
desciende como gota
entre la paz sulfúrica
y las olas profundas
como un ciego regresa al jazmín
de la gastada primavera
del aire al aire como una red vacía
fue entre las calles y la atmósfera
llegando y despidiendo
conversa a pleno día con fantasmas solares
explora la cavidad del material
escondido en el secreto de la tierra
determina las relaciones olvidadas
del otoño y del hombre
alta ciudad de piedras escalares
madre de piedra espuma de los cóndores
alto arrecife de la aurora humana
escala torrencial párpado inmenso
ola de plata dirección del tiempo
campana patriarcal de los dormidos
sube conmigo amor americano
yo vengo a hablar por vuestra boca muerta
a través de la tierra juntad todos
los silenciosos labios derramados
afilad los cuchillos que guardasteis
ponedlos en mi pecho y en mi mano
acudid a mis venas y a mi boca
hablad por mis palabras y mi sangre
América en tu mano Amerikúa
canto de sol y terribles presagios
noche triste de espigas y de versos negros
no se rinde la novia sumergida
en la garganta pastoril de América
en el sur los dignos antepasados de tu estirpe
se remontan a las alturas de Los Andes
se codean de tú a tú con los cóndores
para encontrarse verso a verso entre tus fauces
piedra con piedra en tu mundo hijo de Wiracocha
de Moctezuma Guaicaipuro
estrella dulce aquella diosa india
América enterrada guardaste tanta hambre
águila herida habla con las palabras de la sangre
acude a las venas de la lucha
entre hierros y volcanes derramada la herida
se hace un silencio de agua diluido en la esperanza
esperó largo tiempo solo
con el corazón acongojado
por la oscuridad de la noche
de pronto apareció una luz y otra luz
el camino se llenó de luces
presenció las maravillosas danzas rituales
y escuchó hasta que salió el sol
la belleza que florece en la oscuridad
la deliciosa música que invadía el camino
en la verdad o en el error
hasta sus últimas consecuencias
decidió que su actitud dentro de la sociedad
y ante la vida
debía ser también
humildemente partidaria
sus deberes de poeta no sólo le indicaron
la fraternidad con la rosa y la simetría
con el exaltado amor y con la nostalgia infinita
sino también con las ásperas tareas humanas
del hambre y el llanto la ternura y la cólera
el grito la tristumbre la agonía
a puro sol escribe
a plena calle a pleno mar
en donde puede canta
sólo la noche errante lo detiene
no se cansa de ir y de volver
no le para la muerte con su piedra
y sigue y sigue porque sigue y canta
porque canta y porque canta
a plena luz camina por la sombra
ni un hombre más que pase sin que reine
ni una mujer sin su diadema
cree que los que hicieron tantas cosas
deben ser dueños de todas las cosas
y los que hacen el pan deben comer
y deben tener luz los de la mina
y de alguna manera decidir
dónde plantar los árboles de nuevo
nacido para nacer
para volver a ser
vuelve furia y perfume
está en su sitio de siempre
no hay luna que no lo conozca
ni caminos que no lo esperen
hijo de la lluvia
en movimiento perpetuo
un hombre claro y confundido
lluvioso y alegre
enérgico y otoñabundo
galopando en el viento
sobre el caballo de la lluvia
vieja lágrima enterrada que vuelve a ser semilla
aceptó la pasión
desarrolló el misterio
y se abrió paso entre los corazones del pueblo
le tocó padecer y luchar amar y cantar
le tocaron en el reparto del mundo
el triunfo y la derrota
probó el gusto del pan y el de la sangre
en la casa de su poesía
no permanece nada
sino lo que fue escrito con sangre
para ser escuchado por la sangre
canto fecundación
su poesía trabaja haciendo harina
es una insurrección
no se ofendió el poeta porque lo llamaron subversivo
esperamos cada día cambios inmensos
vivimos con entusiasmo la mutación del orden humano
la primavera es insurreccional
al poeta debemos exigirle sitio en la calle y en el combate
así como en la luz y en la sombra
el honor de la poesía fue salir a la calle
fue tomar parte en este y en el otro combate
no se asustó el poeta cuando le dijeron insurgente
no vivió en sí mismo
vivió la vida de los otros
su vida una vida hecha de todas las vidas
asumió el deber antiguo de los poetas
la defensa del pueblo
el amor debe poner sobre la mesa sus cartas de fuego
su premio ese momento grave de su vida
cuando en el fondo del carbón de Lota
a pleno sol en la calichera abrasada
desde el socavón del pique subió un hombre
como si ascendiera desde el infierno
con la cara transformada por el trabajo terrible
con los ojos enrojecidos por el polvo
y alargándole la mano endurecida
le dijo con ojos brillantes
“te conocía desde hace mucho tiempo hermano”
ése el laurel de su poesía
ese agujero en la pampa terrible
de donde sale un obrero a quien el viento y la noche
y las estrellas de Chile le han dicho muchas veces
“no estás solo hay un poeta que piensa en tus dolores”
compatriotas del mundo
kinchiltunes de amor
llegó la hora del trece
calendario perfecto de los tiempos
de la serpiente de plumas encantadas
hasta las hondas lejanías del guillatún
la machi está alegre por el vendaval
mientras él viene del surco del sentir
llega a la tierra de su voz
para cantar una canción desde sus alas crecientes
dice amor y el mundo se puebla de palomas
de suavizadísimos vestigios construyó
con hacha cuchillo cortaplumas
madererías de amor
y edificó pequeñas casas de catorce tablas
para que en ellas vivieran los ojos de su amada
el volumen azul de su dulzura
y allí donde respiran los claveles
desplegará un traje que resista
la eternidad de un beso victorioso
algo pasa y la vida continúa
ya todo lo que falta será azul
lo que ya necesita es florecer
y eso es trabajo de la primavera
este presente liso como una tabla fresco
esta hora este día limpio como una copa nueva
álzalo ofrécelo a la vida
llévalo a la calle y al jardín
paséalo ponlo frente al sol
tintinéalo recuérdalo
nada en él de cobarde o de maldad
—del pasado no hay una telaraña—
echémoslo al voleo
dejémoslo correr
grabémoslo hondo en el fogón
defiéndelo consiéntelo quiérelo
hazlo surco arado sueño cabecera
hazlo árbol fuego girasol lucero
arroyo fogonazo campanada
vereda fogarada resplandor
álzate temprano ábrete camino
sube la cima donde ondean
—de noche— las luciérnagas
tú eres tu camino tu aldabón
ándate silencioso fraternal
silbando en el camino
asegura furente la batalla
elévate soldado en el fragor
a pesar del presagio corre vuela
en el viento en la sierra en la arboleda
¡Tú sólo eres un sol alienta brilla!
¡Tú siempre tu presente sueña alumbra!
¡Sube a nacer conmigo hermano!
Pablo Neruda Padre otoñabundo
Catatumbo de sangre americana
al fin el mundo supo de tu sombra
al borde de tus últimos latidos
Vástago de raigambre diluviana
interrogaste al tiempo en cada aurora
y frente al mar, clavada tu mirada
velaste con tu propia rebeldía
Fueron tus resistencias permanentes
y con todas las buenas intenciones
regaste por el orbe tu semilla
Camarada araucano obligatorio
por el sol de tu sueño planetario
tendrás siempre una América en tu mano
Pablo Mora
INVOCACIÓN A LA PAZ
INVOCACIÓN A LA PAZ
Pablo Mora
En el Día Internacional de la Paz
ANCHA SOLEDAD de los desiertos. Sol en los tejados. Silenciosa frescura del aljibe. Vellón azul rondando por el aire. Voz en alta llamarada. Milagro para el rayo en muerte de la guerra. Canto de la brisa, el sol y las quebradas. Amor que no puede caminar como una hoja.
Una hoja entre el viento que camina o un camino entre el vientre de la hoja que se va. Hoja y camino. Camino caminando con el viento. Incógnita en el tiempo. Una pregunta en pie para los hombres. Colina para otear a Dios. Hondonada para hallar la luz. La cresta de un lucero, por el postigo corazón mirando.
Susurro de los árboles, tu sueño. Tu corazón, del tamaño del mar que conocemos. Tu cabellera, los ríos, las quebradas, los riachuelos. Diminuta, te escondes en los sauces que duermen a los lagos, en los cipreses de la tumba ajena, en los aljibes de las casas solas; en los zaguanes del amor del viento o en las pestañas de la madre pobre.
Hojarasca entre la noche de los pájaros. Tronco fatigado por el tiempo y la tormenta. Latido de fogata crepitando entre la fronda.
Lumbre y mujer para la misma sombra. Sueño y silbido para el mismo abismo. Amanecer y tarde florecidos, floreciendo en las sienes de la flora. Lucero y arrebol, azules horas. Cocuyo entre rastrojos vespertinos, iluminando el resplandor tardío, las noches de vigilia arrobadora.
Júbilo, alumbramiento, bienvenida. Ara en fulgor para el altar del tiempo, para elevar el corazón festivo. Trino con que cantamos a la vida, cuando la suerte nos ofrece el huerto para sembrar de estrellas el camino.
El pan, el oro, la solemne sombra en esplendor divino, la alegría. Infancia en llama, en canto, en lejanía que el transparente corazón la nombra. La soledad que en la vereda asombra al trigo, al viento, al lirio en noche fría. Ardiente claridad la poesía que el huracán del corazón alfombra.
Encanto de la luz, la Navidad que alumbra el triunfo matinal del hombre y el silencioso arroyo del deseo. En glorias del amor, la huracandad con que la brisa de la luna asombre la encantadora música de Orfeo.
Conoces nuestra locura como nadie más conoce. Nos visitas muy de madrugada o cuando cae el sol sobre el tejado. Contigo "supimos los misterios de las cosas como si fuéramos espías de los dioses". Sus secretos descubrimos.
Conoces todas las nieves, todos los riscos, todos los gestos de los hombres, todo el espesor del viento, la justa medida de la espera junto a la luz total de nuestras cosas. Fabricas los sueños del jardín. Doblegas la furia de la guerra. En cada atrinchera nos proteges; nos cubres en cada retirada y avanzas con nosotros, la primera.
Has asistido a mil batallas y tienes otras mil por combatir. Ilesa saldrás en cada portachuelo. Ninguna polvareda nublará tu paso, menos las luces de tus blancos senos.
Mientras seamos capaces de asistir a un terremoto sobre un rayo de luna o a una tempestad en una gota de sol, crecerá tu sombra, Hilandera Majestuosa, la de todos los hilos de los sueños.
Desde los Decretos de Belén y de la Sala de Actos del Smolni, con el mundo entero por testigo, tranquilidad no del orden existente, sino la de un orden nuevo, en busca de una humanidad nueva.
La de elevar al hombre nuestro sueño.
La de tan amarte y tan morirte, P A Z.
Plegaria por la paz
Cuando el aire huele a pólvora la guerra envejece el corazón.
En la noche de la guerra, del hambre y de la lluvia,
aparece, gigante, la sombra de la muerte.
Habrá de haber tiempo para la Poesía,
si no quieren pueblos y hombres
sucumbir antes de tiempo.
Por los niños perdidos en la guerra:
¡Señor, danos menos fuerza para la guerra
y más valor para la paz!
Una leve sospecha nos consume:
al borde de esta nueva primavera
van los hombres derecho hacia la guerra,
dispuestos a acabar con la alborada.
Amigos y enemigos se confunden
con los mismos presagios de la muerte;
no bastan los sollozos de las flores
para calmar las furias de los vientos.
Definitivamente se pelea.
La sangre de los hombres se derrama.
Cada vez son más altas las hogueras.
La pavura del hombre se agiganta.
Al verse codo a codo en la trinchera
ni dueño de su sombra ya se siente.
Hablamos de la muerte, compañero,
la misma que nos tiene sin cuidado,
la que ha perdido el precio entre nosotros,
la muerte, la infalible compañera.
Pensamos en los campos de batalla,
en ellos se nos funde la esperanza.
Pensamos en mejores madrugadas
para el pan amasado con la aurora.
Pisoteada está la primavera.
Son pocas las mañanas que nos quedan.
No está quedando tiempo para el sueño.
Cuidemos entretanto a nuestros hijos
mientras trenzan sus sueños lentamente.
Sigamos con la vida que nos resta.
Por los niños perdidos en la guerra:
¡Señor, danos menos fuerza para la guerra
y más valor para la paz!
Es tiempo de velar por la esperanza,
por los nuevos caminos de la aurora.
Es tiempo de acercarnos a la madre
a pedirle el aliento de la vida.
Es tiempo de mirar a las estrellas,
de andar con el hermano que nos queda
a la huerta perdida entre la aldea
para ver qué semillas recoger.
Es tiempo de arrumbar los macundales,
de encontrarnos de nuevo con la vida
para invocar la aurora del vidente.
Es tiempo del mejor amanecer,
de esperar, bien armados de paciencia,
acampar en espléndidas ciudades.
martes, 17 de septiembre de 2013
Siempre crece un pino
Siempre crece un pino
Marchándose sin prisa como vino
y agitado en su copa por el viento,
mi corazón es un arroyo lento
en cuya orilla siempre crece un pino.
En cuya orilla siempre crece un pino,
mi corazón es un arroyo lento,
agitado en su copa por el viento,
marchándose sin prisa como vino.
Marchándose sin prisa como vino,
agitado en su copa por el viento,
en cuya orilla siempre crece un pino.
En cuya orilla siempre crece un pino,
mi corazón es un arroyo lento,
marchándose sin prisa como vino.
Luis Pastori
Alicia
Alicia
Alicia: Jezabel, Martha, María.
Alicia: fuente limpia, rama nueva.
Alicia: uva del tiempo, corza mía.
Alicia: mirlo blanco, yo te quiero.
Luis Pastori
Alicia: el azulejo y la alcancía
Alicia: abril para que el alma llueva
Alicia: junco y nieve estrella nueva
Alicia: Jezabel, Marta, María.
Alicia: en el azul del mar de leva
Alicia: en la colina poesía
Alicia: canto brisa sauce día
Alicia: fuente limpia, rama nueva.
Alicia: en el umbral la sinfonía
Alicia: claridad destino río
Alicia: uva del tiempo, corza mía.
Alicia: Arturo Aldebarán lucero
Alicia: en Altaír yo te sonrío
Alicia: mirlo blanco, yo te quiero.
Pablo Mora
viernes, 13 de septiembre de 2013
viernes, 6 de septiembre de 2013
Que no sea sino la paz
Que no sea sino la paz
…que no se detenga.
Templada tu ira, borrón de papel, noche del universo…
Diana Poblet
la palabra que no se detenga antes sea grito logos despojamiento y explosión alborada insondable desgarradura epifanía umbral desafío gozo llamamiento hervor desnudez carnalidad inacabable rotación complot liberador subversión compasión expectación incubación conciliación aguda cómplice sabia comprensiva indetenible cosmos desplazamiento fulgor revelación no se detenga antes sea correlación soberbia alada implacable sospecha infinita ingenuidad huracán jugada prometeica radical indesignable religación riqueza plenitud nocturnidad dialogante deidad enamorada rotación enigma pasional milagro asombro inescrutable plenitud oscura claridad tiniebla iluminada desnudez total que no se detenga antes sea eje solar lucidez de sol hartura entrega gozo desenfreno apaciguante intimidad de sombras aleteo de muchedumbre de luciérnagas en el sueño del desierto enfurecido el buitre leonado de la guerra en los pavores de la Palestina aullido de Dios sobre el planeta que no sea sino la paz
conciencia tiempo vida espiral agite penas ansias trizas llanto desvarío azul temprano vieja copa desprecio grito reina silencio fuerza noche amor imposible suspiro beso alma juicio embriaguez cuento lloro angustia desamor cuenta juramento soledad recuerdo abrazo dicho paloma alas adiós locura soñador enamorado sin quehacer sin noche sin cordura sufrimiento abrazo árbol pena careta jardín tempritud salida llaga luna brasa pena alta nube alto desconsuelo alto sol amor arriba abajo abajo arriba desespero pobre árbol campo campana campanario callejón rojo corazón camino atajo pedazo brazo fe orgullo gota luz ojos luz final camino espera tiempo querer perdón corrido valor flor domingo martes lunes grito bala corazón ausencia ventura llanto niño anunciación presente eterno mundo nuevo nuevo día cerca sueño arrullo terciopelo nubes juntas juntos sueños manos corazón ausencia jazmín amanecer lejos cerca luz vagancia hechura lejanía estrellita tristeza alegría pobreza corazón barrio humilde barrio cerca llanto aventurero camino jinete baraja caminito jardín canción ojos noche estrella campana viento melodía cristal calle cuesta mundo sombrero ala vida entera ser alegría tiempo viejo incansable copa pendiente solitaria sueño pronto mentira confesión
Cristina Mery Eduardo Fernando que no la detengan No nos la dejaremos arrebatar
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