jueves, 19 de noviembre de 2009

El poeta es un estorbo





El poeta es un estorbo
Pablo Mora

A propósito del Encuentro con el Poeta Juan Calzadilla en Aragua

El poeta es un estorbo, ya lo sé. Lo mejor que llega a expresar de sí no da pie para que se le considere un ciudadano de provecho. Lo que dice no es por cierto lo más edificante que de un buen ciudadano pueda oírse. Ni será tan divertido su tono como para que se le aplauda por eso. Y si fuera próspero. Y si llegara a expresarse bien, sin miedo ni remordimiento tampoco ganará puntos para que le asignen por eso una butaca de primera fila en el Congreso. Ni la audacia de su discurso conmoverá tanto como para esperar de él que tome las riendas saltando al coso de los asuntos públicos armado de una flor y una metralleta. Nada brillante se encontrará así pues en su discurso para que yo, tomado en trance, ponga por él mis manos sobre el fuego. Pues ni el alma del peor virus de mala muerte estará ausente cuando para juzgarlo al lector le toque apretar el gatillo. (Juan Calzadilla).

Los poetas, en la posmodernidad, escasean. Y, sin embargo, los seudopoetas abundan.El verdadero poeta, ese que si le quitan la posibilidad de escribir prefiere la muerte a la vida; ese que escribe por necesidad; ese que penetra el ser de las cosas y que es profeta porque ve “lo abierto”, lo verdadero, lo que subyace; ese que no se queda con la mera contingencia, sino que habita lo formal; ese hombre (antes que estorbo) — ¡temo! — está en peligro de extinción. (Chester Thomas C.).

La creencia de que en la tradición literaria española existe una profunda riqueza que ha de saber aprovechar sabiamente nuestra actual poesía, es un tremendo estorbo. (Enrique Falcón). Los poemas de Pablo Neruda no alcanzan a explicarse sin el estorbo de su figura de poeta militante. Así los de San Juan sin el estorbo de su mística gracia. Como ningún Cantar de los Cantares sin el leve estorbo de su esplendoroso amor. Y menos al Vallejo sin el hosco muñón de su lluviaje.

La poesía siempre es acción, del sentimiento, de la sensación, del acto creativo, nunca resultado definitivo, porque todo poema es una pieza de un engranaje y de un proceso nunca acabado. El poeta observa siempre la realidad con detenimiento, después trabaja una traza, y otra, con esmero, para cosechar el poema con la atmósfera necesaria que nos sumerja en el universo que quiere construir. Al mismo tiempo, dosifica los elementos y les busca su función, clara, precisa y adecuada. La actividad de cualquier poeta, como la de todo artista, consiste en percibir las cosas con más claridad que el resto de los mortales, con lo que es fácil comprender cómo, para muchos, el vate resulta un estorbo, aunque al mismo tiempo se le mire con envidia, como si fuera un alma delicada, capaz de sentirse herido por cualquier realidad. La poesía, entonces, es una forma de percibir las cosas y convertirlas en lenguaje, porque todo arte es un lenguaje especial. (Silvano Andrés de la Morena).

Vulgar estorbo, pálido follaje… vivo dentro de cuatro paredes matemáticas alineadas a metro. Me rodean apáticas almillas que no saben ni un ápice siquiera de esta fiebre azulada que nutre mi quimera. Uso una piel postiza que me la rayo en gris. Cuervo que bajo el ala guarda una flor de lis. Me causa cierta risa mi pico fiero y torvo que yo misma me creo pura farsa y estorbo. (Alfonsina Storni).

“Temido, odiado, amado, el escritor posee el deseo de ser a la vez un estorbo para el mundo que es y un creador del mundo que puede ser”, subrayó Fuentes. El poeta almacena estorbos, esconde tesoros, guarda nombres que no fueron, alfabetos violetas y palabras ocres de una tinta ponzoñosa. Ejerce el pasatiempo de todo desahuciado: asusta a los niños y llora de martes a viernes. (Gabriel Fuster).

Al poeta, al soñador, al sueño amigo de los años, como a un estorbo nos apartan, enmudecen y destruyen… “Sólo estamos de estorbo aquí en la tierra.” (Mario Andrés Campa Landeros).

pablumbre@hotmail.com


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