viernes, 26 de junio de 2009

Tras una nueva historia

Pablo Mora*


A pesar de que nunca hemos sido y que ya no somos lo que somos; ya no hablamos por nosotros mismos; pensamos como ellos; tenemos la libertad que ellos nos permiten o nos dan. A pesar de que en sus manos está el salvoconducto, está la muerte; que nuestra palabra la detendrá la maquinaria de los imperios; que ya no somos lo que somos; somos lo que ellos quieren que seamos. A pesar de que “hoy, la historia de los otros, de los dominadores, los sobreexplotadores, los masacradores, ha invadido hasta tal punto nuestros más recónditos recintos, que se acuestan y levantan con nosotros, sin que nos demos cuenta de ello. Hablamos sus palabras, aun cuando estemos en su contra. Utilizamos sus mismas armas, aun cuando nuestros combatientes se atrincheren del lado opuesto. Proponemos sus mismas soluciones aunque el lenguaje se disfrace de porvenir. Habitamos sus recintos, creyendo que son nuestros. Estamos entrampados por ellos. Y hasta el verso sigue la ruta que nos dejaron señalada.” A pesar de que desde las orillas del mundo, nuestra palabra corre el riesgo de no ser, el gran dilema: hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse. A pesar del maremágnum de devastación, desconcierto y desesperanza, no queda sino volcarse al rescate de la conciencia del hombre, sus potencialidades, su humanidad que aún no florece. A pesar de que nuestra conciencia nos la crearon y crean otros, no resta sino construir una nueva palabra, un nuevo camino. Tomarle la palabra a la esperanza. Definir quiénes somos, qué queremos, hacia dónde vamos. Historia, palabra, camino, con sabor a cosecha colectiva, a soplo de viento cósmico, a mañana andina esclarecida, a razón de ser con horizonte redimido. Coautores de una historia nueva, testigos de una alborada que se asoma.

“Más que nunca la palabra ha de convertirse en una saeta y ha de recuperar su poder de creación, su condición dinamitera, su dimensión planetaria. De lo que se trata, hoy, es de construir una nueva historia. Una historia que no tiene sabor a nombre, a héroe, a caudillo, a divinidad, sino a colectivo, a hombre a secas, a hombre íntegro, a hombre solidario y fraterno, a hombre hermano del hombre, a hombre cosechador de estrellas, sembrador de huertos, pájaro de un bosque de alegrías. A hombre con conciencia de su esencia de hombre. Es la conciencia de la complementariedad de todo lo que vive, que hace posible un hombre con sabor a universo, poblador de estrellas, expedicionario de las sombras, gigante hacedor del milagro de la vida, en ese estadio exacto en el que le corresponde actuar, como intermediario del infinito.”

Entre magia, gozo y guerra, hacer lo que nos falta sin cortarle la cabeza a la nueva, vieja Libertad. Esquivar ruinas, rendijas y tragedias, por la puerta grande entrar al futuro. Procurar que no se desvanezca más la Fraternidad, la legalidad de nuestras cosas y modales entre la humana bruma. Reconocer, entre lluvias, quebrantos y derrotas, la Igualdad que todavía no conocen las palomas. Sujetos de la historia, en la corriente, entre desierto y lumbre, construir la nueva levadura, el nuevo pan: la paz, el lauro, la memoria. Despiertos con el despertar del viento nuevo. ¡A libertad por todos los caminos!

Tras un periodismo inteligente, competente, comprometido y moderno, dispuesto a forjar el mejor tejido social en aras de la trama y el diseño de la sociedad futura; lejos de una “terrífica imagen de una monolítica industria de la consciencia”, fruto de una visión adialéctica y obsoleta, se ha de configurar un mensaje estrictamente positivo: lenguaje, palabra, proyectiles de paz en busca de un consenso socio-político, surgido de la emoción-razón del colectivo, donde emerja la “verdad” de la suma-mosaico de las tantas verdades, diversas, contradictorias, en concomitante sinergia constructiva.

Encuentro de dos o más subjetividades, la objetividad se desplaza entre la libertad, la complejidad y la completitud de la “verdad”. Si de “máquina de la verdad” hemos de hablar para referirnos a los mass-media, igualmente hemos de indignarnos ante las continuas humillaciones que, hoy, padece el hombre, hasta descubrir el sentido de la vida personal dentro de la realización o construcción colectiva.

Aunque se ha dicho que el periodismo constituye “una ciencia que trata de algo falso en la medida que es real”, en cuanto verdadero reflejo del real mismo, coautor de la nueva historia, testigo de la humana faena, fija la mirada en la vorágine, en las inclemencias cotidianas, ha de ocuparse de la racionalización de las voces locales, nacionales, mundiales, de cara a su existencia, sobrevivencia, devenir, más acá de la paz, de la belleza, la justicia, la fraternidad y la certeza de la vida humana.


*Profesor Titular, Jubilado, Universidad Nacional Experimental del Táchira.

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